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	<title>Vivir en el filorelatos &#8211; Vivir en el filo</title>
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	<description>Relaciones, amor, vida. Lo que de verdad importa</description>
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	<title>relatos &#8211; Vivir en el filo</title>
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		<title>Las dos velocidades del amor</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Oct 2014 06:26:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[puntoG]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>

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		<description><![CDATA[Frente a frente, él toma la cabeza de ella como hacen los lamas en señal de reconocimiento. Ella le cabalga sin pausa, sorprende esa cercanía, ese gesto entre tierno y fraternal en el fragor de tanto fuego y pasión. Pero quizá esa mezcla de hermanamiento, placer y éxtasis, de entrega mutua sea lo más parecido a [&#8230;]]]></description>
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<div><a href="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2014/10/cartero2.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-678" title="cartero2" src="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2014/10/cartero2.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/10/cartero2.jpg 600w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/10/cartero2-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></div>
<div></div>
<div></div>
<div>Frente a frente, él toma la cabeza de ella como hacen los lamas en señal de reconocimiento. <strong>Ella le cabalga sin pausa, sorprende esa cercanía, ese gesto entre tierno y fraternal en el fragor de tanto fuego y pasión</strong>. Pero quizá esa mezcla de hermanamiento, placer y éxtasis, de entrega mutua sea lo más parecido a hacer el amor. ¿O quizá no? Porque hay momentos de urgencia, de sorprendente conexión; de <strong>&#8220;no hay más remedio que entrar a matar&#8221; tras apenas cinco minutos de besos</strong>. Y es lo que toca. Esa deliciosa excitación contagiosa que pone los corazones de cero a cien en apenas unos segundos. ¿Es eso peor que tomarse las cosas con calma?</div>
<div></div>
<div>Hice una pequeña encuesta entre mis seguidores de Facebook y, sorprendentemente, el <strong>&#8220;aquí te pillo aquí te mato&#8221;</strong> ganó por goleada, también entre las chicas. Quizá por la sorpresa, porque <strong>esa rapidez la hemos aprendido del cine, que se recrea en los detalles a la velocidad de los fotogramas, no a la real</strong>; que ha llenado nuestra cabeza de planos, contra planos hermosisimos. De besos que recorren todo el cuerpo en fracciones de segundo; De manos que se esconden debajo de la ropa; de bocas que arrancan la lencería a dentelladas. De una mesa de cocina a la que el amante salvaje despoja de contenido para follarse a <strong>Jessica Lange de forma inmisericorde en &#8220;El cartero siempre llama dos veces&#8221;;</strong> Por no hablar de la colección de imágenes que nos dejó la mediocre &#8220;Nueve semanas y media&#8221;: lluvia, bocas de metro, tiendas de colchones.</div>
<div>Pero a lo que iba; ¿Es mejor una cosa que otra? Personalmente me disgustan las prisas. Todo lo que me supone un placer requiere su tiempo: leer, comer, dormir y hacer el amor.</div>
<div>Me encanta la filosofía del tantra (todo, salvo lo de llegar al orgasmo sin tocarse, ya bastante poco nos tocamos los unos a los otros en este mundo pantallizado). E<strong>l tantra dice que nos recreemos en el deseo; que el lenguaje de las miradas </strong>hace más rica cualquier caricia —el cine, sin embargo, nos enseña que los protagonistas cierran los ojos casi siempre que están pasándoselo en grande — Que las palabras son también un pata importante de ese momento mágico y sagrado del coito y que <strong>los beso</strong>s son fundamentales, ineludibles: &#8220;besa con suavidad, explorando los labios del otro, deslizando tus labios sobre los de él o ella, alternando la presión, ejerciendo una suave succión, acariciando con la punta de tu lengua su mucosa bucal&#8221;; total nada. Que entregarse al acto de besar —dicen— supone una transmisión de sensaciones nada desdeñable.</div>
<div></div>
<div>Así las cosas, <strong>en este mundo de dos velocidades, quizá el amor y el sexo también tengan dos velocidades</strong>. Relaciones que avanzan y fluyen contra todo pronóstico; otras que se ralentizan hasta morir de aburrimiento y coitos de extrema necesidad –a veces no sólo física, a veces para confirmar una verdad, para reafirmar con hechos lo que el hombre dice con palabras — o días de armoniosa conjunción de cuerpos y almas donde la palabras, las vivencias, las conversaciones, una buena comida, e incluso una siesta reparadora juegan entre las sábanas de aquellos que se aman.</div>
<div></div>
<p>&nbsp;</p>
<div>Una amiga viuda me comentaba la saludable vida amorosa que tuvo junto a su esposo, a veces con pena. Yo sin embargo la envidio de un modo sano. <strong>Esas parejas que mantienen el amor, el fuego y el deseo casi inalterable a lo largo de los años son la rara excepción.</strong> Quizá ellos mejor que nadie podrían explicar las bondades de amar a dos velocidades. De gozar con la parsimonia y con la prisa</div>
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		<title>Urgencia perfecta</title>
		<link>https://blogs.laverdad.es/vivirenelfilo/2014/08/20/urgencia-perfecta/</link>
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		<pubDate>Wed, 20 Aug 2014 14:55:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[relatos]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>
		<category><![CDATA[sueños húmedos]]></category>

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		<description><![CDATA[Acostada en su cama le deseaba. Un fuego en las entrañas se abría paso sin compasión. Vientre enloquecido. El sexo cobraba vida propia y ya no quería otro alimento que aquel pene poderoso y brillante. Aquellos besos de lenguas infinitas. De ternura infinita. Y no quería mojarse pero quizá era su propio pubis el que extrañaba [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><a href="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2014/08/erotic.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-653" title="erotic" src="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2014/08/erotic.jpg" alt="" width="201" height="300" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/08/erotic.jpg 388w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/08/erotic-201x300.jpg 201w" sizes="(max-width: 201px) 100vw, 201px" /></a></div>
<div></div>
<div>Acostada en su cama le deseaba. <strong>Un fuego en las entrañas se abría paso sin compasión</strong>. Vientre enloquecido. El sexo cobraba vida propia y ya no quería otro alimento que aquel pene poderoso y brillante. Aquellos besos de lenguas infinitas. De ternura infinita. Y no quería mojarse pero quizá era su propio pubis el que extrañaba la fuerza, su fuerza. Ni más fiero ni más manso. Las justa fuerza que se agarraba a sus caderas, que la hacía temblar, desesperarse, descabalgarse. Y regresar a aquel coche y sus estrecheces. Y al descampado y el ansia. Y las prisas y los visitantes inoportunos. Y se decía que todo estaba bien como estaba. A pesar de no ser una suite de cinco estrellas, estaban ellos. Sus pieles rozándose. Sus pieles sabias.</div>
<div></div>
<div>Su mano acariciando aquel mástil de pasión. La boca rodeando el glande, describiendo e intentando aprender el camino de su placer. Los diestros dedos masculinos que se colaban en la frondosa materia de sus cavidades. Los de ella que recorrían sus labios, que se adentraban en la boca.</div>
<div>Sus gestos de insoportable disfrute.</div>
<div>Y le miraba comer de su pecho. Y le miraba y todo era perfecto. Las estrecheces, hasta los miedos.</div>
<div></div>
<div>Y ahora, en esta cama blanca, le deseaba tanto que su ansia podía gritar.</div>
<div>Ojalá lo pueda oír –pensaba– Ojalá, como yo, lo pueda sentir ahora, palpitante, exigente, urgente entre sus piernas. Igual que yo lo siento entre las mías.</div>
<div><strong>El deseo tenía su nombre, tenía su voz, tenía sus ojos y sus manos. Y podía ser en ese momento la esclava de su deseo. Sumisa y postrada ante sus ojos.</strong></div>
<div><strong>Lo mejor de todo es que él no la quería así. Ni sumisa ni postrada, sino libre y feliz</strong>.</div>
<div>Lo mejor de todo es que se liberaban cada vez que se amaban. Y con cada gota de ese potente filtro que eran sus fluidos en conjunción crearon un nuevo veneno. Y todo era posible. Todo era mágico en torno a ellos.</div>
<div>Podían amarse y desaparecer. Podían amarse y permanecer</div>
<div>Y el veneno perdió su componente negativo desde aquel momento.</div>
<div>Acostada en la cama fantaseaba con dos amantes, ellos dos, capaces de transformar y transformarse.</div>
<div>A pesar del infierno bajo el short. Del calor intrépido y descarado, se quedó quieta, esperando la llegada de la palma de sus manos, del dibujo de sus labios. De su propia urgencia, la de él, en torno a ella.</div>
<p>&nbsp;</p>
<div>Y cerrar el círculo. Y cerrarse en el mundo perfecto que construían sus cuerpos.</div>
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		<title>Agua (relatos de verano)</title>
		<link>https://blogs.laverdad.es/vivirenelfilo/2014/07/31/640/</link>
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		<pubDate>Thu, 31 Jul 2014 06:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Friego los platos con mi bikini negro. Tiene unas cuantas temporadas pero me encanta. Es semi-tanga por detrás y deja ver el trozo justo de culo para darle una forma redondeada, suave. Me salpica el agua sobre el ombligo. Son pocos vasos me digo. Pero entonces llegas tú. Te colocas justo detrás. Susurras mi [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2014/07/dos.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-641" title="dos" src="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2014/07/dos.jpg" alt="" width="300" height="199" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/07/dos.jpg 500w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2014/07/dos-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Friego los platos con mi bikini negro. Tiene unas cuantas temporadas pero me encanta. Es semi-tanga por detrás y deja ver el trozo justo de culo para darle una forma redondeada, suave. Me salpica el agua sobre el ombligo. Son pocos vasos me digo. Pero entonces llegas tú. Te colocas justo detrás. Susurras mi nombre en el oído y comienzas a meter tu mano delante de la pieza delantera del bikini. La otra se escapa hasta el pubis. &#8220;Cómo se puede ser tan sexy en una cocina&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me besas el cuello. Sabes lo que me gusta. Aprendes rápido. Yo sigo a lo mío, intentando no inmutarme pero una pequeña inundación se abre entre mis piernas. Siempre es así contigo. Es el amor, me digo. Tanto amor, que soy un río que corre caudaloso, libre hacia ti. Me mantengo firme, a pesar de que tus besos se pasean por mis brazos, por el hueco justo entre el cuello y el esternón. Y el agua sigue corriendo, fregadero abajo. Y yo, inmovilizada. Recuerdo aquella escena de El Paciente inglés cuando acaricias esa parte de mi anatomía. Escotadura supraesternal, se llama. Te lo aclaro entre suspiros. Mi respiración comienza a entrecortarse. Volverás a dejarme sin aliento, muerta de sed y le seguirá esa otra sed. Más sed de tu boca, de tus manos, de ti. &#8220;Tu boca me vuelve loca&#8221;. Te canto nuestro tonto pareado. Me das la vuelta. Cierras el grifo: &#8220;¿Qué es eso de malgastar el agua?&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8220;En El paciente inglés el protagonista bautiza esa parte del cuerpo como el Bósforo de Almasy&#8221;, te sigo explicando. Tus labios me vuelven a callar y tu mano dibuja, se recrea en ese triángulo que palpita como tu sexo, como el mío. Abro mis labios. Abro mi cuerpo. Nuestras lenguas juegan una danza muy húmeda y siento tu miembro dispuesto para mi, como siempre. La sonrisa cómplice, nuestra sonrisa, nuestras sonrisas. Agarras mi culo. &#8220;Este culo, qué culo&#8221;, exclamas en voz alta. Mis manos dibujan tu torso, levanto la camiseta y la lengua se pasea alrededor de tus pezones. Erizo tu piel. Me liberas de la parte alta del bikini. Y comes de mi pecho. Y ya no me dejas seguir. Me invades. Eres un colonizador muy hábil. Me rindo sin demasiada lucha. Y bajas hasta mi pubis y lo llenas con esa dulzura tan propia de ti. Me miras desde abajo con picardía. Tiemblo entera. Pero quiero ver tu cara, tus ojos verde turbio frente a los míos. El sabor de mi amor en tu boca. Qué rico es todo esto. Te digo. Me elevas en brazos, me colocas sobre el fregadero. Se quiere clavar el grifo en mi espalda pero logramos esquivarlo. Igual que esquivamos los miedos, igual que esquivamos las ocupaciones, los quehaceres para encontrar nuestros momentos. Estos momentos que nos dan la vida. Y me follas muy despacio. Es delicioso.</p>
<p>Me fijo en tus fuertes hombros. Mi boca se amarra a tu cuello. Es una tabla fuerte, preciosa, a la que me aso antes de naufragarte y naufragarme. Me contraigo por dentro. Te atrapo por dentro y suspiras tú. Te abandonas tú. Es una espiral de placer y belleza. Me sorprende lo guapo que eres. Me sorprende que tú me sientas tan especial. Y que no pares de alabar mi anatomía. Sin querer, el grifo vuelve a abrirse. &#8220;¿Qué es eso de malgastar agua?&#8221;, te digo</p>
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		<title>NY antes del 11S</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Sep 2013 06:34:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[11s]]></category>
		<category><![CDATA[ny]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Luis era probablemente el chico más guapo que había visto jamás. Cuando me topé con él en el impresionante hall del Hyatt de Nueva York pensé automáticamente: &#8220;Jamás se fijará en mi&#8221;. Dejaba el bullicio de Lexintong Avenue &#8211;donde comprobé que, efectivamente, NY es como las películas&#8211;  para entrar en ese lugar inmenso, repleto [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"><a style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;" href="http://4.bp.blogspot.com/-CgObjev9za4/UjAJc5PoOSI/AAAAAAAACj4/kXYhBj7Y608/s1600/ny.jpg"><img loading="lazy" src="//4.bp.blogspot.com/-CgObjev9za4/UjAJc5PoOSI/AAAAAAAACj4/kXYhBj7Y608/s320/ny.jpg" alt="" width="320" height="230" border="0" /></a></div>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Luis era probablemente el chico más guapo que había visto jamás. Cuando me topé con él en el impresionante hall del Hyatt de Nueva York pensé automáticamente: &#8220;Jamás se fijará en mi&#8221;. Dejaba el bullicio de Lexintong Avenue &#8211;donde comprobé que, efectivamente, NY es como las películas&#8211;  para entrar en ese lugar inmenso, repleto de gente que iba y venía, de botones con maletas, de viajantes despistados y al fondo esa monumental cascada, cuyo rumor inundaba todo.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Pregunté al botones en mi torpe inglés si sabía algo de una delegación de chicos puertorriqueños. Ellos llegaron antes que yo. Me dijo que no en un torpe español que respondió a mi torpe inglés. Y ahí estaba él. Luis, el bello. &#8220;Hola. Permiteme que me presente&#8221;. De cerca era aún más guapo. Sus ojos verdes, enormes. Enorme su boca, llena de dientes, de labios carnosos, de sonrisa apabullante. &#8220;¿Con quién vienes?&#8221;</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Con el aula de Relaciones Internacionales de la U.P.I . Estoy aquí, gracias a Luis González ¿Le conoces?</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;¡¡Ese loco pendejo!!</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;No me asustes. Me aseguró que tendría habitación, que entraría en la ONU para observar los debates.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;No te preocupeh, linda. Ya lo arreglamoh pronto.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Subimos a una habitación atestada de mochilas, bolsas y sacos de dormir. &#8220;Se supone que es aquí&#8221;&#8211; me aclaró&#8211; pero esta noche yo no me quedo, me voy a Queens a casa mi amigo el chino.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Le miré tan asustada que me pidió que le acompañase. Y dormí en una litera de algún lugar de Queens, en un bloque del que, el chino, a su temprana edad, ya era propietario y gerente. Luis durmió arriba. Yo abajo. Hablamos un poquito en lo oscuro.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Me gusta como suenas</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Mi acento, dices</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Eso</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Al día siguiente conocimos a toda la familia del chino. A su prometida, que enseñaba el ombligo a pesar de los dos grados y la ventisca, y a toda la res extensa. Comimos algo delicioso. Y volvimos al hotel. La misma pesada sensación al llegar, el pesado ambiente de aquella habitación súper poblada. Los chicos comían nachos y bebían ron Cacique.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">-¿Qué hay pana? ¿Dónde tú te metiste?&#8211;preguntó el otro Luis</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">-Me fui a hangeal por ahí un rato. </span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Me miraba, se reía.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Oye ¿tú te crees que esta mujel va a dormir aquí con todos ustedes?</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;No hay problema, brodel. </span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Qué güevon</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Me preguntó: ¿Te vienes? Tengo un plan chévere para esta noche.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Tenía poco donde elegir, así que ni lo dudé.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;¿Dónde vamos?</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Sorpresa</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Nos recogió una furgoneta blanca. </span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Este es mi primo, también se llama Luis</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;¿Qué hay linda? &#8211;se presentó con un ademán en su cabeza, sin despegar las manos del volante. </span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Atravesamos el Bronx. Había grupos de personas calentando sus manos frente a latas de latón con hogueras sobre ellas y finalmente llegamos allí. A las Torres Gemelas.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Los newyorican son una casta importante en la ciudad de NY. Están por todos sitios. Fundamentalmente trabajan en la hostelería y en la seguridad. Y siempre se ecuentran en los lugares más estratégicos.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Una pizza grasienta, de gran predicamento entre los habitantes de la Gran Manzana, era nuestro salvo conducto. Ahí estaba un amigo del tío de Luís.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Pana ¿como tú estás? ¿Has comido?</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Sí comí.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Pues te traje esto y a mi sobrino con su novia. Podemos pasal ¿no?</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;A la orden, no hay problema.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Y ahí estábamos. En aquella mole que se elevaba al cielo. Sin ejecutivos, ni repartidores de correo, ni secretarias. Sólo estábamos los tres. El tío y su amigo charlaban y comían pizza. Nosotros nos adentramos hacia el centro del vestíbulo donde una palmera se perdía en las alturas. O dos palmeras. No lo recuerdo bien.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">De pronto se hizo el silencio. Luis dijo: </span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">&#8211;Linda ¿Te gustaría salir conmigo?&#8211; En aquellos dos días había olvidado la belleza de Luis. Me había acostumbrado a ella. Pero vino a mi mente aquel primer pensamiento. No podía contestar. Aquel árbol espigado, enmedio de la noche, encerrado entre el cristal y el cemento, me tenía obnubilada.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Luís besó mi nuca  -Te dolerá el cuello si sigues así&#8211; Le miré y contesté: &#8220;Sí, quiero salir contigo&#8221;</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Aquel jovencito de Ponce, hijo de la gobernadora, me llevó por la noche a nuestra atestada habitación de hotel, donde era la única chica. Antes de que llegaran los demás nos escondimos bajo la cama e hicimos el amor por primera vez y allí pasamos nuestra segunda noche en NY, tras nuestro recorrido turístico nocturno por las calles peligrosas y por las hermosas torres que ardieron 17 años después. Hace casi 20 años de aquello. El mundo es un lugar muy distinto. No puedo decir que me guste. Por cierto, esa foto que veis, me la hizo Luis.</span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Killing me softly</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Sep 2013 08:19:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[microrrelatos]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>
		<category><![CDATA[sueños húmedos]]></category>

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		<description><![CDATA[Cogió mi cara entre sus manos y besó las lágrimas: “son mías”. Besó los párpados, mi boca. Con hambre. Volaba su lengua entre mi paladar. “Llevo muchos años con el mismo hombre”, le dije.   El deseo y la emoción de aquel momento alimentaban la vibración que precede al tsunami. El temblor, la fragilidad, eso éramos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><iframe loading="lazy" src="//www.youtube.com/embed/O1eOsMc2Fgg" frameborder="0" width="420" height="315"></iframe></span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Cogió mi cara entre sus manos y besó las lágrimas: “son mías”. Besó los párpados, mi boca. Con hambre. Volaba su lengua entre mi paladar. “Llevo muchos años con el mismo hombre”, le dije. </span></p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"> El deseo y la emoción de aquel momento alimentaban la vibración que precede al tsunami. El temblor, la fragilidad, eso éramos nosotros.</span></p>
<p>Se disculpó. No estaba seguro de su vigor aquel día. Demasiados nervios: “Haré que merezca la pena, te lo prometo”.</p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;"><br />
</span><br />
<span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Me sentía invadida y escéptica.</span></p>
<p>Con resolución me desvestí: “¡Qué hermosa eres! Desnuda más bella que con ropa”. Sonrió satisfecho. Yo no, no sonreía. Tenía un miedo monstruoso. Me aterraba mi propio ardor. Así que también era capaz de aquello. Capaz de la traición, de quebrantar los ideales por un calentón. Pero era mucho más que un juego. Por eso era transgresor, por eso peligroso.</p>
<p>Nos tendimos en las sábanas. Su piel morena contra la mía blanca –“resplandeces”— sólos en la gran ciudad.</p>
<p><span style="font-family: Trebuchet MS, sans-serif;">Nos envolvía una atmósfera onírica, irreal. Aquello era un milagro porque abandoné el pudor y el hastío. Porque sus besos y sus manos me recorrieron entera, me dibujaron, me esculpieron, me convirtieron en la mujer más erótica del mundo. A partir de ese día nació otra persona. Comió de mi sexo tanto tiempo que perdí la cuenta “¿Otro más?” y se reía. Y se ponía sobre mi, y me mostraba su perfil –chistoso –porque siempre le decía que tenía un bonito perfil. Y sentía el sabor de mi sexo en su boca, distinto a como sabía con otros hombres. Y me gustaba. Y le dije: “¡Me vas a matar!” Y añadió: “Killing me softly”. Y es verdad que me mató. Porque desde entonces ya no hubo paz para mi, ni sensaciones capaces de acallar las de aquella tarde de los prodigios.</span></p>
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		<title>Habitación 69</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Aug 2013 09:03:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Parejas de cine]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>
		<category><![CDATA[sueños húmedos]]></category>

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		<description><![CDATA[ Él trajo las velitas, ella a Diana Krall. Quedaron en aquella habitación de hotel. Se desvistieron aprisa. Ella era una artista de desembarazar hebillas. Él un prestidigitador de sostenes. Rachel se enseñoreó con su cuello. Sus besos calientes recorrían los pezones de Arthur, bajaba con la boca por todo su cuerpo. Ella le empujó a la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"><a style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;" href="http://3.bp.blogspot.com/-lXjkK5kg9fg/Uhh0kqRt1cI/AAAAAAAACio/-EXH52NV0-w/s1600/265-kidman2.jpg"><img loading="lazy" src="//3.bp.blogspot.com/-lXjkK5kg9fg/Uhh0kqRt1cI/AAAAAAAACio/-EXH52NV0-w/s320/265-kidman2.jpg" alt="" width="320" height="240" border="0" /></a></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><span lang="ES-TRAD"> Él trajo las velitas, ella a Diana Krall. Quedaron en aquella habitación de hotel.</span><span lang="ES-TRAD"> </span>Se desvistieron aprisa. Ella era una artista de desembarazar hebillas. Él un prestidigitador de sostenes. Rachel se enseñoreó con su cuello. Sus besos calientes recorrían los pezones de Arthur, bajaba con la boca por todo su cuerpo. Ella le empujó a la cama. Se encaramó a su hombre que le acariciaba la espalda, que enganchó el bikini, tan hostil en aquel territorio salvaje. Rachel introdujo su pene con suavidad y comenzó a moverse, como un platillo chino, aprisionando la verga suave y cálida. Despacio, sin pausa, al ritmo de la bossa. Él pensaba en Angela Merkel para prolongar el placer. Intentó balbucear una palabra y ella le atajó con un dedo en sus labios: “ni se te ocurra decirme que pare”. Seis canciones después, sus sexos latían al unísono. Tras una mirada casi romántica la cama hizo catacroc y Arthur cayó estrepitosamente al suelo.  Rachel soltó una sonora carcajada</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">-Perdóname ,ja, ja,ja  pero ¿Te imaginas a tu junta de accionistas viendo esta escena?</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">-Mira que eres cabrona.</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">&#8211;Es hilarante. Tú y tus calcetines y esta horrible moqueta.</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">&#8211;Creo que me he roto algo.</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">Ella se encendió un cigarrillo. Él no podía moverse ni un milímetro sin ver las estrellas.</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">-Dame.</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">-Ni de coña, tú lo estás dejando.</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">Rachel se tumbó cruzada sobre él, cogió su móvil y marcó el número de urgencias. Arthur, aprovechaba la coyuntura para acariciar su trasero.</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">&#8211;Por el amor de Dios, estate quieto que me desconcentras ¿Sí? ¿Oiga? ¡Quieres parar! No, no, se lo digo a usted. Tenemos una pequeña contingencia, un herido; nada grave, una caída tonta ja,ja, ja ¿El lugar? Los Garden Hotels ¿Qué quién soy yo? ¿Quién es usted?</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">&#8211;Te paso a Sophie, dice que es tu novia .</span></div>
]]></content:encoded>
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		<title>El columpio</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Aug 2013 08:16:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[“Imagina una de esas enormes casonas rústicas junto a las marismas de Carolina del Sur. Yo soy el columpio que pende del viejo árbol. Inmóvil, esperando que el viento del verano lo empuje. Soy tu columpio, Juan”. Norma sabía resucitar su pasión, de eso no cabía duda. Quizá por eso la huía tantas veces. La [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"><a style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;" href="http://1.bp.blogspot.com/-gXCTV607k_o/Ug8vyhriIhI/AAAAAAAACiI/2ICxGL3YFK0/s1600/columpio.jpg"><img loading="lazy" src="//1.bp.blogspot.com/-gXCTV607k_o/Ug8vyhriIhI/AAAAAAAACiI/2ICxGL3YFK0/s320/columpio.jpg" alt="" width="320" height="252" border="0" /></a></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">“Imagina una de esas enormes casonas rústicas junto a las marismas de Carolina del Sur. Yo soy el columpio que pende del viejo árbol. Inmóvil, esperando que el viento del verano lo empuje. Soy tu columpio, Juan”.</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">Norma sabía resucitar su pasión, de eso no cabía duda. Quizá por eso la huía tantas veces. La quería demasiado. Era una de las peores adicciones que conoció en su vida pero, después de todo, fue él quien la persiguió tres largos años hasta contar con sus favores. Se dijo que</span></span><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"> sí, que era momento de volver al columpio, aunque doliese tanto después.</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">&#8220;He encontrado nuestra casa, nuestro árbol, el columpio. Tráete una manta y hacemos un pic-nic. Te adoro&#8221;. Le escribió.</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">Se encontraron en una perdida aldea, en una casa abandonada que le habían prestado a Juan. Sin agua, sin luz. La sentó sobre la manta y desabotonó su camisa con mucha parsimonia. Y ahí estaban esos pechos adolescentes que le volvían loco. Todo en su cuerpo era inmaduro y él era un inmaduro, quizás por eso la amaba tanto. Y ese coñito chiquitín del que se enamoró apenas lo rozó con sus manos. “Parece mentira que hayas parido, que tengas 40 años”. </span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">Los dedos de Juan la recorrían hasta los rincones recónditos, como un cirujano. Ella agarraba su pene y lo acariciaba como con suavidad  y lascivia.  El viento sopló y movió el columpio frente a ellos.</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">-Es hora de partir –anunció Norma— Hoy será nuestra última vez.</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">Juan la amó como siempre, porque siempre podía ser la última vez. Siempre había urgencia, nervios. Siempre había emoción.</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></span></div>
<div style="background-color: white; color: #222222;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">La llevó a incontables estertores de placer. Se fue dentro de ella, se quedó dentro de ella. Se durmió dentro de ella y cuando despertó, sólo quedaba su camisa blanca, su falda, su perfume y el columpio que se balanceaba sinuoso, lento, satisfecho</span></span></div>
]]></content:encoded>
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		<title>Heridas de guerra</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Aug 2013 16:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[relatos]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>
		<category><![CDATA[sueños húmedos]]></category>

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		<description><![CDATA[Él la recibía desnudo. Con una mano cerraba la puerta, con la otra le agarraba el culo . Lucía dejaba caer su equipaje. Manuel le daba una patada. Directo al salón. De la breve entrada y sin cesar de besarla la conducía a la cocina: “Bebe, tendrás sed”. Primero agua, luego vino. Y volvía a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/PAREJAS2.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-487" title="PAREJAS2" src="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/PAREJAS2.jpg" alt="" width="300" height="240" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/PAREJAS2.jpg 1600w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/PAREJAS2-300x240.jpg 300w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/PAREJAS2-768x614.jpg 768w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/18/2013/08/PAREJAS2-1024x819.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<div>Él la recibía desnudo. Con una mano cerraba la puerta, con la otra le agarraba el culo . Lucía dejaba caer su equipaje. Manuel le daba una patada. Directo al salón. De la breve entrada y sin cesar de besarla la conducía a la cocina: “Bebe, tendrás sed”. Primero agua, luego vino. Y volvía a los besos.</div>
<div></div>
<div>Le arrancaba las bragas y allí mismo se arrodillaba ante ella y la hacía irse con su boca. Si era verano, se tumbaban juntos en el frío suelo e iniciaban unos preliminares interminables. A veces ella succionaba, arañaba más de la cuenta. A veces, él hacía lo propio. Dedos y bocas llegaban a lugares nunca visitados: “eres un puto colonizador ¿Lo sabías?”, bromeaba.</div>
<div>En aquella época en el cuello de Lucía se dibujaban lirios púrpura. La espalda de Manuel era un lienzo con garabatos. El interior de los amantes también acababa dañado por el fuego y la curiosidad: “Son heridas de guerra, deberías estar orgullosa.”. Así las llamaba él.</div>
<div>.</div>
<div> La siguiente parada era la cama: “Ven aquí, que te voy a bajar los humos”, le ordenaba. Y la embestía desde atrás agarrando sus caderas. Los gritos de placer y dolor se entremezclaban. Ella después le cabalgaba sin piedad. Lo inmovilizaba con sus rodillas y manos “¿Quién manda ahora, eh?”</div>
<div></div>
<div> Sus encuentros eran salvajes, activas horas de sexo, interrumpidas por algún sueñecito y las pausas ineludibles para cubrir necesidades básicas. El placer los narcotizaba. Dormían exhaustos hasta el alba y la primera erección de Manuel. Y vuelta a empezar hasta que llegaba la hora en la que Lucía tenía que partir. Apenas pisaba la calle, Manuel la llamaba: “Me quedo vacío sin ti. Es terrible”.</div>
<div></div>
<div> -Sin embargo, yo me voy llena de ti.</div>
<div></div>
<div> -Y con heridas de guerra, mi amor.</div>
<div></div>
<div> -¿Quién las curará?</div>
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		<title>Vecinos</title>
		<link>https://blogs.laverdad.es/vivirenelfilo/2013/07/29/vecinos/</link>
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		<pubDate>Mon, 29 Jul 2013 09:02:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[relatos]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>
		<category><![CDATA[sueños húmedos]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando ella entraba en el ascensor el aire se transformaba en néctar de melocotón y acordes de praliné. Cuando se miraban, a él, indefectiblemente, no importaba si había desayunado o no, le temblaban las piernas.  El primer encuentro fue un verdadero terremoto: “¿No sale?”.  -Cre, cre, creo que he olvidado algo.   -Una faena, calificó  A [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"><a style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;" href="http://2.bp.blogspot.com/-6BuV622t0Qg/UfOROGq4E9I/AAAAAAAACgM/vfRauPm9YU8/s1600/german.jpg"><img src="//2.bp.blogspot.com/-6BuV622t0Qg/UfOROGq4E9I/AAAAAAAACgM/vfRauPm9YU8/s1600/german.jpg" alt="" border="0" /></a></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">Cuando ella entraba en el ascensor el aire se transformaba en néctar de melocotón y acordes de praliné. Cuando se miraban, a él, indefectiblemente, no importaba si había desayunado o no, le temblaban las piernas. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">El primer encuentro fue un verdadero terremoto: “¿No sale?”.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"> -Cre, cre, creo que he olvidado algo. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"> -Una faena, calificó </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">A la frase le siguió una sonrisa llena de blancos dientes, un alzar de hombros bronceados y unos ojos que se clavaron en los de Inocencio como ascuas.</span></span>Agradeció que la portezuela del ascensor se cerrase obediente y se quedó a solas en aquel aire contaminado. Se apoyó en el espejo, boqueando como un pez apunto de fenecer por asfixia.</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"> En ocasiones la escuchaba gemir a través de las finas paredes de su apartamento. También los escuchaba a ellos: El de los martes se llamaba Germán: “Sí, mi amor, sigue así. Eres la mejor, esta es mi chica”. Los fines de semana, aparecía por allí Salva. Era bombero. Por las conversaciones deducía que a él le gustaba apagar sus ardores y regarla de semen: “Toma, toma, todo para ti. ¿Todo tu fuego es para mi?”. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"> -Claro, cariño—mentía . </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"> La veía entra y salir del apartamento a horas fijas. “Tendrá un trabajo”, pensaba Inocencio. Cuando se tropezaban le era imposible articular sílaba. Todo era un salivar, crujir de dientes, trastabillar palabras que se atascaban en el velo del paladar. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;"><br />
</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;">Cierto día, la puerta se abrió en el bajo y apareció ella con el pelo mojado, agitada. Apenas llevaba una toalla y las llaves en la mano: “Germán y Salva se han conocido”. Ella sabía que él sabía. Por la escalera atronaba una voz masculina. Resuelto, sereno, le tendió la mano, apuntó con su dedo al sexto piso y la convirtió en su refugiada.</span></div>
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		<title>París</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jul 2013 16:30:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Él susurró en su oído:&#8221;Qué pases un gran día, guapa&#8221;. La despertó pero no abrió los ojos. La besó en la frente. Acarició su pelo y se quedó junto a ella. Respiraba su olor. Paula se quedó muy quieta. Le sorprendía este ataque de &#8220;intimidad&#8221;. En tres años de conocerse habían sido fantásticos compañeros de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"><a style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;" href="http://1.bp.blogspot.com/-MB6VwZeu5Og/UelmSpXKIrI/AAAAAAAACfs/5S8pl49rkqI/s1600/Paris.jpg"><img loading="lazy" src="//1.bp.blogspot.com/-MB6VwZeu5Og/UelmSpXKIrI/AAAAAAAACfs/5S8pl49rkqI/s400/Paris.jpg" alt="" width="400" height="266" border="0" /></a></div>
<p>Él susurró en su oído:&#8221;Qué pases un gran día, guapa&#8221;. La despertó pero no abrió los ojos. La besó en la frente. Acarició su pelo y se quedó junto a ella. Respiraba su olor. Paula se quedó muy quieta. Le sorprendía este ataque de &#8220;intimidad&#8221;. En tres años de conocerse habían sido fantásticos compañeros de trabajo. Se gustaban pero todo era extremadamente civilizado. Hasta que ella le anunció que iba a París: &#8220;los jefes me envían para vigilarte&#8221;.</p>
<p>-Quédate en mi casa</p>
<p>-¿Estás loco? Me pagan un hotelazo</p>
<p>-Hazme caso, te mandarán al quinto infierno. Yo vivo en el Marais. Te encantará.</p>
<p>Así llegó ella a su cama, del modo más tonto.</p>
<p>Salió a pasear en su día libre. Regresó a la Sainte Chapelle, uno de sus lugares favoritos del mundo, callejeó hasta Montmartre. Horas de tiendas, pan au chocolat y Chet Baker sonando en su iPod. &#8220;Guárdate energías para esta noche, vamos al barrio latino&#8221;. La llevó a un restaurante sencillo, oscuro, con velitas &#8220;es para que no se vea la mugre&#8221;, bromeó él.&#8221; ¿Y Nicolette?&#8221;, preguntó ella. Nicolette era su prometida. &#8220;Con sus padres&#8221;,contestó. &#8220;¿Y Luis?&#8221; Luis era su prometido.&#8221;Sin sus padres&#8221;, zanjó ella.</p>
<p>Pidió una rústica sopa de cebolla. Él una botella de Veuve Clicquot. Y otra. Al salir, la tomó por el brazo al estilo antiguo. Llegaron a tropezones hasta su minúsculo apartamento. Sin parar de discutir. Ella se quitó las botas, él los zapatos. Risas, menos prendas. De pronto, ya no había ropa y se miraron con una interrogación en sus ojos ¿Qué estamos haciendo?. Se instaló el silencio. Sin palabras hicieron el amor salvajemente. Como dos desconocidos. Se derramó en ella con desesperación y civilizadamente exclamó: &#8220;No soy yo, es París. No me lo tengas en cuenta, mademoiselle&#8221;.</p>
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