{"id":1123,"date":"2017-09-24T19:41:40","date_gmt":"2017-09-24T19:41:40","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/vivirenelfilo\/?p=1123"},"modified":"2018-12-05T11:15:47","modified_gmt":"2018-12-05T11:15:47","slug":"en-que-piensas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/vivirenelfilo\/2017\/09\/24\/en-que-piensas\/","title":{"rendered":"\u00bf En qu\u00e9 piensas?"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/09\/b30182cb7db8e4130fcef7e28ff7ae13.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-1124\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/09\/b30182cb7db8e4130fcef7e28ff7ae13-300x300.jpg\" alt=\"b30182cb7db8e4130fcef7e28ff7ae13\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/09\/b30182cb7db8e4130fcef7e28ff7ae13-300x300.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/09\/b30182cb7db8e4130fcef7e28ff7ae13-150x150.jpg 150w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/09\/b30182cb7db8e4130fcef7e28ff7ae13.jpg 564w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Pintemos la escena. Habitaci\u00f3n blanca, s\u00e1banas blancas. Un ambiente di\u00e1fano, brillante de luces oto\u00f1ales. Una pareja hace el amor. La silueta de ambos se recorta contra el fondo de la pared. Sombras chinescas y calientes. Tras la resoluci\u00f3n \u00e9l la besa. No dice palabra. Se tumba boca arriba. Est\u00e1 satisfecho, feliz. Nada necesita.<strong> El blanco del techo se le antoja, insinuante, un buen lugar para perderse. Y de repente la pregunta, esa pregunta: \u00bfEn qu\u00e9 piensas? Fin de la paz. Ellos siempre dicen que en nada y nosotras querr\u00edamos tener un gran destornillador, abrirles un agujero imaginario en la frente<\/strong> y saber, de verdad, qu\u00e9 tienen los hombres en la cabeza.<\/p>\n<p>Probablemente los hombres no guarden en ese momento un grave secreto ni una preocupaci\u00f3n. Probablemente exista una nada que nadea en el blanco de sus pensamientos post coitales y nosotras,descre\u00eddas, caemos rendidas a su misterio.<\/p>\n<p>Ah, el misterio. <strong>Ese es el gancho m\u00e1s eficaz que existe para enamorar y que nos enamoren<\/strong>. Al menos, al principio. Al menos,<strong> hasta que llega un momento en que te das cuenta que pocos misterios se resisten a la complicidad de las miradas, de las palabras clave, ese glosario que crean los enamorados y que resumen mil sensaciones en una<\/strong>. No hay misterio ni falta que hace.<\/p>\n<p><strong>De ni\u00f1a me gustaba cavar hoyos en la arena y en la tierra huertana de mis abuelos. Esos agujeros eran el escondite de mis tesoros: un trozo de espejo roto, una canica, p\u00e9talos de rosa, una margarita, una piedra chula. Regresar al d\u00eda siguiente, desenterrar los tesoros y mirarlos uno a uno era un ejercicio delicioso<\/strong>. <strong>Siento que, a veces, he realizado ritual con las cabezas de mis amantes y en su vac\u00edo mental he guardado palabras, momentos, olores, m\u00fasicas, frases<\/strong> que luego ellos han recreado y desenterrado y entregado de su fosa encef\u00e1lica. De entre su masa gris, un rayo de luz sembrado, germinado, cosechado. Buen trabajo, me digo.<\/p>\n<p>La idea de coleccionar tesoros, de rincones secretos, de espacios sagrados donde todo es posible creo que siempre me ha obsesionado pero, adem\u00e1s,<strong> las mujeres tenemos ese af\u00e1n de llegar al final de todo, de conocer todas las piezas<\/strong> del rompecabezas, de escudri\u00f1ar las cien mil neuronas del amante, como las cien mil estrellas del cielo hasta que uno despierta y piensa <strong>\u00bfPara qu\u00e9? \u00bfPara qu\u00e9 lo quieres saber absolutamente todo del otro? \u00bfNo tienes suficiente con saberlo todo de ti mismo? \u00bfAcaso est\u00e1s seguro de saberlo todo de ti mismo?<\/strong> Porque yo no.<\/p>\n<p>Chicas, dejemos de hacer la absurda y recurrente pregunta: \u00bfEn qu\u00e9 piensas? Porque despu\u00e9s de hacer el amor <strong>los hombres b\u00e1sicamente piensan: \u201cqu\u00e9 agusto me quedao y qu\u00e9 ganas tengo de dormir\u201d. No encontrar\u00e9is filosof\u00edas trascendentes, ni frases h\u00edper rom\u00e1nticas que guardar en vuestro hoyo excavado bajo la tierra<\/strong>. Adem\u00e1s, la trepanaci\u00f3n mental es una cosa muy fea. Casi mejor <strong>oc\u00fapate de crearte un interior fant\u00e1stico, tu cosmogonia personal<\/strong> en la que perderte sin ansias ni carencias de hombres que despu\u00e9s de hacer el amor miran el techo sin palabras. Encuentra el misterio en tu interior porque, sin duda, existe, nuestro subconsciente est\u00e1 plagado de informaci\u00f3n gen\u00e9tica ancestral, de tus sue\u00f1os m\u00e1s peregrinos, esos que se perdieron en la marabunta de las obligaciones y exigencias m\u00e1s urgentes.<\/p>\n<p>Chicas, vosotras sois el misterio. No digo que haya por el mundo un macho trascendente que tras el desahogo le venga a la mente un tratado sobre la velocidad de la luz, salvo, quiz\u00e1 Einstein. Y tampoco. <strong>Los hombres<\/strong>, por muy genios que sean, \u00a0<strong>siempre son literales<\/strong> y cuando dicen nada, siempre es nada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Pintemos la escena. Habitaci\u00f3n blanca, s\u00e1banas blancas. Un ambiente di\u00e1fano, brillante de luces oto\u00f1ales. Una pareja hace el amor. La silueta de ambos se recorta contra el fondo de la pared. Sombras chinescas y calientes. Tras la resoluci\u00f3n \u00e9l la besa. No dice palabra. Se tumba boca arriba. Est\u00e1 satisfecho, feliz. Nada necesita. 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