{"id":1130,"date":"2017-10-01T15:53:43","date_gmt":"2017-10-01T15:53:43","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/vivirenelfilo\/?p=1130"},"modified":"2018-12-05T11:15:42","modified_gmt":"2018-12-05T11:15:42","slug":"los-espejos-de-atwood","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/vivirenelfilo\/2017\/10\/01\/los-espejos-de-atwood\/","title":{"rendered":"Los espejos de Atwood"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/10\/rita-hayworth-lady-from-shanghai.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-1131\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/10\/rita-hayworth-lady-from-shanghai-300x243.png\" alt=\"rita-hayworth-lady-from-shanghai\" width=\"300\" height=\"243\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/10\/rita-hayworth-lady-from-shanghai-300x243.png 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2017\/10\/rita-hayworth-lady-from-shanghai.png 738w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Dice Margaret Atwood que un pa\u00eds sin historias ser\u00eda un pa\u00eds sin espejos<\/strong>. &#8220;\u00bfQui\u00e9n soy? se preguntar\u00e1n los ciudadanos&#8221;. No, no, olvidadlo. No pienso dedicar ni una l\u00ednea al omnipresente refer\u00e9ndum fantasma pero, qu\u00e9 duda cabe, que hay mucha ficci\u00f3n y fantas\u00eda alrededor del nacionalismo.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n de esta semana se acerca a la sempiterna bipolaridad del ser humano. He empezado por la m\u00e1s recurrente entre los creadores: <strong>el binomio ficci\u00f3n-realidad<\/strong>.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Barthes, un hecho real de m\u00e1s de cinco l\u00edneas se convierte en ficci\u00f3n. El ser humano es una m\u00e1quina de reinterpretar los datos. Al final, las vivencias son secuencias de datos que se graban en nuestro subconsciente y los recuerdos (esos datos muertos, porque el pasado es algo muerto, no lo olvid\u00e9is) son una recreaci\u00f3n de la verdad, verdadera que se adaptar\u00e1 a nuestros patrones perceptivos. <strong>Nuestra experiencia es \u00fanica, personal e intransferible,<\/strong> casi como una huella digital. Miranda en &#8220;La Tempestad&#8221; de Shakespeare se preguntaba &#8220;\u00bfEs cosa m\u00eda ver lo que veo?&#8221; para concluir &#8220;S\u00f3lo puedo ver lo que veo&#8221;. El dramaturgo brit\u00e1nico se adelant\u00f3 al psicoan\u00e1lisis unos cuantos siglos. Cosa de genios.<\/p>\n<p>As\u00ed que, con unas sutiles pinzas, dejo colgada esta duda <strong>\u00bfHasta qu\u00e9 punto los datos que duermen en nuestro cerebro, transmitidos de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n por el subconsciente colectivo familiar distorsionan mi percepci\u00f3n de la realidad?<\/strong><\/p>\n<p>El otro binomio que me apabulla es el de la necesidad de los recuerdos que teje el tapiz patrimonial de los pueblos (el espejo de Atwood) y por otro, la necesidad del aut\u00e9ntico vac\u00edo para volver a crear y generar innovaci\u00f3n y avance. Este binomio:<strong> lleno-vacio<\/strong>, <strong>historia-futuro<\/strong> es un puro nudo contradictorio. La maravillosa Margaret\u00a0 afirma que todo ser humano es intr\u00ednsecamente creativo y la materia prima de esa creaci\u00f3n son los recuerdos (&#8220;Cuando estas palabras se le hayan ido de la cabeza, se perder\u00e1n para siempre&#8221;).<strong> El arte es el coraz\u00f3n de la civilizaci\u00f3n y la escritura es el arte de las emociones pero, maldita sea, todos los escritores necesitan esa materia prima: la realidad acontecida en el pasado. O sea, los recuerdos. Y los recuerdos dice el profesor\u00a0 Hew Len, son datos muertos. Imaginaos el hedor terrible. Lo muerto al final se pudre pero al narrador, al creador de ficciones no le queda otro remedio que hacer incursiones en su vida muerta. O sea, en su pasado<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>Un exceso de recuerdos provoca un atasco emocional<\/strong>. Y eso sent\u00ed el otro d\u00eda. No depresi\u00f3n ni ansiedad sino un monumental atasco. En mi af\u00e1n recolector para poder escribir historias nuevas me he topado con una laguna tumefacta de pasado muerto que ya no sirve para nada. Atwood sostiene que <strong>el arte para el artista es una tuber\u00eda hueca, un amplificador, incluso un truco para llevarse a alguien a la cama pero, ojo, si la tuber\u00eda est\u00e1 atascada \u00bfQu\u00e9 obtendremos? Ya sab\u00e9is lo mal que huelen los desag\u00fces<\/strong>.<\/p>\n<p>A veces creo que <strong>el subconsciente colectivo de nuestra querida Espa\u00f1a<\/strong>, esta Espa\u00f1a m\u00eda, esta Espa\u00f1a nuestra, <strong>es como esa tuber\u00eda y es imperativo que el agua circule<\/strong>. Lo mismo que es deseable para mi, para cualquiera \u2014 en especial \u00a0para los creadores de todo tipo\u2014 eliminar todos los datos viejos, <strong>llegar al Nirvana, a la p\u00e1gina en blanco de Shakespeare, porque s\u00f3lo desde ah\u00ed, desde el vac\u00edo absoluto, surge la m\u00e1s genial de las inspiraciones<\/strong>. La magia inexplicable de Giocondas y Quijotes. Si nuestra vasija est\u00e1 llena, la abundancia pasar\u00e1 por nuestro lado y nada podr\u00e1 caer en ella.<\/p>\n<p><strong>Esta Espa\u00f1a bipolar pide a gritos uno o varios instantes de vac\u00edo creador. Y un poco de silencio blanco entre tanto berrinche<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Dice Margaret Atwood que un pa\u00eds sin historias ser\u00eda un pa\u00eds sin espejos. &#8220;\u00bfQui\u00e9n soy? se preguntar\u00e1n los ciudadanos&#8221;. No, no, olvidadlo. 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