{"id":753,"date":"2015-05-28T08:27:28","date_gmt":"2015-05-28T08:27:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/vivirenelfilo\/?p=753"},"modified":"2018-12-05T11:16:52","modified_gmt":"2018-12-05T11:16:52","slug":"sobrevivir-al-genio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/vivirenelfilo\/2015\/05\/28\/sobrevivir-al-genio\/","title":{"rendered":"Sobrevivir al genio"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/vivirenelfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/05\/005-orson-welles-and-rita-hayworth-theredlist.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-754\" title=\"1947: Orson Welles and Rita Hayworth, his wife at the time, costarred in Columbia Pictures' The Lady from Shanghai. Welles was also the writer and director of the film.\" src=\"\/vivirenelfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/05\/005-orson-welles-and-rita-hayworth-theredlist.jpg\" alt=\"\" width=\"1800\" height=\"1457\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/05\/005-orson-welles-and-rita-hayworth-theredlist.jpg 1800w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/05\/005-orson-welles-and-rita-hayworth-theredlist-300x243.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/05\/005-orson-welles-and-rita-hayworth-theredlist-768x622.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/05\/005-orson-welles-and-rita-hayworth-theredlist-1024x829.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1800px) 100vw, 1800px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Todos los amores matan<\/strong>. Siempre. El aut\u00e9ntico amor es una fuerza transformadora que arrasa con antiguos h\u00e1bitos, que nos hace valientes, osados, que detesta el Status Quo y que anhelar\u00e1 con vehemencia dinamitar el orden establecido. Pero hay amores que incluso sobrepasan esa barrera. <strong>Hay mortales que dif\u00edcilmente encajan en la estructura b\u00e1sica que nos es com\u00fan: huesos, v\u00edsceras, coraz\u00f3n, pasiones, celos, odios, posesi\u00f3n<\/strong>. Hay mortales dotados con el don de los dones. La fuerza creadora.<\/p>\n<p>La<strong> creatividad puede ser una maldici\u00f3n para quien la padece<\/strong>. De hecho, dir\u00eda sin ambagajes que lo es. Es una amante sin g\u00e9nero que suele dar lindos hijos pero que deja innumerables v\u00edctimas en el proceso de creaci\u00f3n.\u00a0 <strong>El creador siempre andar\u00e1 con un leitmotiv en su vida. Alrededor de \u00e9l construir\u00e1 su cosmogon\u00eda particular y entonces, aparece la musa<\/strong>. Ese ser que Nabokov llam\u00f3 Lolita, pero que se nos presenta a lo largo de la historia bajo otros nombres, otros rostros,otras anatom\u00edas. El creador se enamorar\u00e1 una vez y ciento de ella.\u00a0 Le quitar\u00e1 todos los afeites que no encajan con su imagen ideal. Quiz\u00e1 unos tacones, quiz\u00e1 unos pendientes de perlas. Porque ella siempre es fresca y juvenil. Y llevar\u00e1 el pelo largo y jeans. Y detestar\u00e1 verla enfundada en un traje de noche aunque le resulte evidentemente hermosa. <strong>Porque ella no tiene ya derecho a ser ella<\/strong>. Ella naci\u00f3, alguien la puso en este mundo pero una vez tocada por su mano ya no es ella. Es quien el creador decide que sea. Y se agarrar\u00e1 a una mirada de fuego, a una sonrisa limpia, a unos labios carnosos, a unos pechos casi adolescentes y recortar\u00e1 todo lo que le sobra.<\/p>\n<p><strong>El creador necesita a su musa pero, qu\u00e9 duda cabe, \u00a0todas las musas son respondonas,inteligentes<\/strong>. No se limitar\u00e1n al papel que el creador se empe\u00f1ar\u00e1 en darles.\u00a0 La Elisa Doolittle de Pigmalion, le ense\u00f1ar\u00e1 unas valiosas lecciones al profesor de fon\u00e9tica que vive una vida en su perfecto mundo de dialectos, diptongos, consonantes y vocales. Porque la existencia es mucho m\u00e1s rica. La florista del Covent Garden, que pisa el suelo, que se mancha los pies con el roc\u00edo de la ma\u00f1ana, que conoce todos los secretos de la calle, tambi\u00e9n posee otra fuerza creadora: la de la supervivencia. <strong>Y aunque el creador suele estar en su torre de marfil, en su basti\u00f3n inexpugnable, finalmente se rendir\u00e1 a los encantos de su musa \u2013despu\u00e9s de todo, est\u00e1 enamorado de ella\u2013 e incluso la escuchar\u00e1 y se dejar\u00e1 influir<\/strong>.Y de pronto, llega un punto en el que desconocemos de qui\u00e9n es el terreno que pisa cada uno. Qui\u00e9n influye a qui\u00e9n.<\/p>\n<p>Como escribi\u00f3 un compositor amigo m\u00edo, llega ese momento: el de <strong>\u201cYa soy t\u00fa de tanto t\u00fa\u201d<\/strong>. Y ah\u00ed se desdibujan las fronteras.<\/p>\n<p>El genio creador es, ante todo eso, un genio. O sea, la mayor parte del tiempo, intratable. Ser\u00e1 un mentor de su musa, la adorar\u00e1, crear\u00e1 en torno a su figura, Incluso la supervisar\u00e1, estar\u00e1 en todo momento pendiente de su cotidianidad: qu\u00e9 come, cu\u00e1ntas horas duerme, c\u00f3mo y con qui\u00e9n; \u00a0cu\u00e1les son sus sue\u00f1os, qu\u00e9 hace en su tiempo libre (que cada vez ser\u00e1 menos porque \u00e9l se ocupar\u00e1 de ir tejiendo a su alrededor horas de conversaciones, momentos robados, incluso besos y sexo robados, entre cuatro paredes, en la soledad de los creadores, en lo m\u00e1s alto de la m\u00e1s alta torre); guiar\u00e1 sus pasos cada d\u00eda pero sin saber ni c\u00f3mo ella tambi\u00e9n har\u00e1 lo propio con \u00e9l.<\/p>\n<p>El genio, que la mayor parte de las veces es algo mis\u00e1ntropo, que adora la soledad, se volver\u00e1 manso a su lado, dulce y tierno pero tambi\u00e9n un rayo vengativo cuando la musa sobrepase esos l\u00edmites en los que fue creada. Desde luego, no har\u00e1n eso de comer dos veces por semana sin ganas de comer. Ser\u00e1 cuando sea. Quiz\u00e1 todos los d\u00edas de una semana ma\u00f1ana y noche. Quiz\u00e1 una vez cada dos meses. Porque entre el genio y la musa siempre media el destino, el muy cabr\u00f3n,que se entromete, quiz\u00e1 muerto de celos.<\/p>\n<p>Hay muchos ejemplos de musas con creadores.El m\u00e1s reciente, si nos atenemos a los rumores, el de UmaThurman con Tarantino. Pero tambi\u00e9n hubo otras parejas como aquella conformada durante unos breves a\u00f1os por Orson Welles y Rita Hayworth. En el rodaje <em>de La Dama de Shangay<\/em> el iluminador ped\u00eda cortar la secuencia: \u201c\u00a1Por favor, maquillaje, Miss Hayworth est\u00e1 sudando!\u201d.\u00a0 A lo que Welles respond\u00eda: \u201cMiss Hayworth no suda, resplandece\u201d.<\/p>\n<p>Ser musa, sin duda, enaltece el ego, te coloca en un pedestal del que ya nadie podr\u00e1 bajarte pero, tambi\u00e9n es insufrible en ocasiones. Los mortales normales y corrientes no te inmortalizar\u00e1n en cuadros ni canciones pero, al menos, te dejar\u00e1n respirar y ser como eres.<\/p>\n<p>Sobrevivir al genio requiere de una fuerte personalidad y de la elasticidad necesaria para absorber como una esponja todo lo positivo que una relaci\u00f3n as\u00ed sin duda te aportar\u00e1, sin poner en peligro la propia esencia y, en ocasiones, la cordura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Todos los amores matan. Siempre. El aut\u00e9ntico amor es una fuerza transformadora que arrasa con antiguos h\u00e1bitos, que nos hace valientes, osados, que detesta el Status Quo y que anhelar\u00e1 con vehemencia dinamitar el orden establecido. Pero hay amores que incluso sobrepasan esa barrera. 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