{"id":792,"date":"2015-09-14T15:26:30","date_gmt":"2015-09-14T15:26:30","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/vivirenelfilo\/?p=792"},"modified":"2018-12-05T11:16:44","modified_gmt":"2018-12-05T11:16:44","slug":"piel-maestra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/vivirenelfilo\/2015\/09\/14\/piel-maestra\/","title":{"rendered":"Piel maestra"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div><a href=\"\/vivirenelfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/09\/PIEL.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-793\" title=\"PIEL\" src=\"\/vivirenelfilo\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/09\/PIEL.jpg\" alt=\"\" width=\"428\" height=\"640\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/09\/PIEL.jpg 428w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/18\/2015\/09\/PIEL-201x300.jpg 201w\" sizes=\"(max-width: 428px) 100vw, 428px\" \/><\/a><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Nuestro cerebro nos enga\u00f1a<\/strong>. Percibimos el mundo seg\u00fan nuestras necesidades. As\u00ed de simple y de contundente. Lo afirman esta semana en la revista cient\u00edfica Current Biology. En este caso, aplicado a las caricias. Los investigadores concluyeron que\u00a0<strong>percibimos la piel ajena m\u00e1s suave<\/strong>\u00a0que la nuestra propia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Est\u00e1 claro que los sujetos investigados se tocaban poco, porque, lo que es a mi, \u00a0me encanta mi piel: su brillo, su textura, su olor. Pocas pieles me gustan m\u00e1s que la m\u00eda. Es m\u00e1s, creo que tendr\u00eda un aut\u00e9ntico problema si me encaprichase de otra epidermis.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Nuestro\u00a0<strong>principal \u00f3rgano sexual\u00a0<\/strong>es, precisamente, la piel. Ah\u00ed la tenemos, bronceada o no, suave o rugosa, dispuesta para el placer. La piel, esa gran olvidada.\u00a0<strong>Se llenan los sex-shops de antifaces, l\u00e1tigos y lencer\u00eda cuando, en la mayor\u00eda de las ocasiones, lo \u00fanico que se necesita es un tarro de body milk\u00a0<\/strong>y una razonable qu\u00edmica sexual.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Probablemente, los sujetos estudiados acarician poco. En realidad,\u00a0<strong>los humanos nos tocamos menos a mayor grado de civilizaci\u00f3n<\/strong>. Y es una pena. Por eso les choca. De pronto, descubren ese tesoro que son los cuatro kilos de piel que nos visten de pies a cabeza.<\/div>\n<div>Soy una gran observadora de pieles. Ser\u00e1 porque por parte de mi familia materna todas las mujeres han nacido con una dosis extra de col\u00e1geno; porque se presume de ello en las conversaciones, porque me asombr\u00f3 la piel de mi abuela con casi 70 a\u00f1os y sin una arruga, ni una descamaci\u00f3n; \u00a0esa piel que vest\u00edan sus piernas blancas, sin m\u00e1cula. No estaba mal para una se\u00f1ora de la huerta, madre de cinco hijas.<\/div>\n<div><strong>Las caricias son el pegamento social, dicen en el estudio. Igual que el sexo es el pegamento del matrimonio<\/strong>.<\/div>\n<div>Soy una fan del contacto humano. Aunque en ocasiones me sature. Aunque sea extremadamente selectiva. En un seminario, unas cuantas atrevidas y atrevidos nos ofrecimos para un\u00a0<strong>experimento. Nos vendaron los ojos y, uno a uno, fueron pasando todos los alumnos<\/strong>\u00a0del curso con el objetivo de ofrecer caricias hasta donde uno se quisiera dejar. Por supuesto, todo el mundo fue totalmente respetuoso pero, incluso con los ojos cerrados, se percibe y se identifica con facilidad a aquellos con los que nos tratamos m\u00e1s a menudo. Incluso, descubr\u00ed sin problema y con muchas risas a mi compa\u00f1era de habitaci\u00f3n durante esos d\u00edas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>El sentimiento de simpat\u00eda es algo muy sutil y la primera reh\u00e9n del encanto ajeno es nuestra piel<\/strong>. Por eso, en realidad, somos tan vulnerables y por m\u00e1s que nos escondamos bajo un manto de fortaleza, nuestra piel nos delata.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Me alegra que cada d\u00eda\u00a0<strong>la inteligencia emocional y el coraz\u00f3n est\u00e9n m\u00e1s presentes en las organizaciones\u00a0<\/strong>porque, al igual que es importante el rendimiento, para mi tienen una gran trascendencia los valores, la esencia. Lo que nos distingue con mucho de los dem\u00e1s. Cierto, hay lobos con piel de cordero y la piel ajena puede mentirnos, igual que nos mentimos a nosotros mismos; igual que en ocasiones preferimos dejarnos enga\u00f1ar pero\u00a0<strong>igual que los gur\u00fas del marketing recurren a nuestro cerebro reptiliano para que gastemos,\u00a0 nosotros deber\u00edamos usarlo en provecho propio<\/strong>. Y hacerle caso. El ser humano es puro instinto y pura supervivencia y nuestro envoltorio, nuestra piel, nos proporciona valiosa informaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Cierto, n<strong>o podremos medir los valores de los dem\u00e1s, su honestidad e inteligencia s\u00f3lo\u00a0 por el brillo o la opacidad de su piel pero si una piel te gusta; si hay &#8220;feeling&#8221;<\/strong>\u00a0con alguien, deber\u00edamos dejarnos llevar por \u00e9l.<\/div>\n<div>Ya lo afirm\u00e9 en una ocasi\u00f3n:<strong>\u00a0nuestro cuerpo sabe m\u00e1s de nosotros que nosotros mismos<\/strong>.<\/div>\n<div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestro cerebro nos enga\u00f1a. Percibimos el mundo seg\u00fan nuestras necesidades. As\u00ed de simple y de contundente. Lo afirman esta semana en la revista cient\u00edfica Current Biology. En este caso, aplicado a las caricias. Los investigadores concluyeron que\u00a0percibimos la piel ajena m\u00e1s suave\u00a0que la nuestra propia. 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