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	<title>Yo también tengo cánceramor &#8211; Yo también tengo cáncer</title>
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	<description>Experiencias vividas en torno al cáncer por una periodista murciana que ha sobrevivido a la experiencia</description>
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		<title>Un huracán y una mariposa</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jul 2011 02:52:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Franco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[Aún podría meter mi corazón en una nuez al recordarlo. Me llamaron para ayudar a un matrimonio, una familia a la que el diagnóstico del cáncer está golpeando fuerte este verano. No quise negarme, tampoco habría podido porque la petición vino de alguien que, por encima de todo, me ha dado mucho durante estos últimos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aún podría meter mi corazón en una nuez al recordarlo. Me llamaron para ayudar a un matrimonio, una familia a la que el diagnóstico del cáncer está golpeando fuerte este verano. </p>
<p>No quise negarme, tampoco habría podido porque la petición vino de alguien que, por encima de todo, me ha dado mucho durante estos últimos años. Pero se trataba de mostrarle a la afectada y a su marido que este trance se supera, y yo me apunto a todo lo que se traduzca en mensaje positivo, en buen rollo. Porque sigo convencida de que todo lo que sirva para ayudar permitirá que este &#8216;agujero negro&#8217; de mi vida se convierta en una &#8216;fuente de luz&#8217;.</p>
<p>De entrada me sorprendió verla, ya había superado una sesión de quimioterapia, pero lucía tipazo y se mantenía sobre tacones, toda una proeza para mí, dadas las circunstancias. </p>
<p>Por desgracia, esa entereza duró poco. Unos minutos sentados ante unas deliciosas galletas de chocolate y naranja, unas docenas de palabras pronunciadas y todo se vino abajo. Miedo, dolor, pena y vulnerabilidad se posaron en el centro de la mesa, mojándonos a todos los que nos sentamos allí ese día. </p>
<p>Yo hablaba, hablaba sin parar relatando mis recuerdos sobre la experiencia que viví hace ya 3 años, sobre mis conclusiones, sobre los efectos secundarios de la quimioterapia, sobre este blog&#8230;</p>
<p>Enfrente, dos pares de ojos me miraban con ansiedad, con la necesidad de constatar que el paso del tiempo también es medicina que cura, que sana el corazón y limpia la pena. </p>
<p>Sus manos estaban juntas, emitiendo verdaderos trasvases de amor, de unión, de complicidad, de determinación, componiendo una escena sobrecogedora. Pero no por la situación que lamentablemente atraviesan, sino por todo lo bueno con que cuentan para enfrentarse a ella. </p>
<p>Porque ellos no pueden percibir ahora la fuerza de sus miradas cómplices, la entereza ante la dificultad que manifiestan con sus palabras, el encantador amor que se escapa del cruce de sus corazones. Y perdón si suena cursi, pero es así de tierno. </p>
<p>Recuerdos, pensamientos entrecortados, miradas de compresión y muchas, muchas palabras, quizá demasiadas. Al final emoción, esperanza, buenos deseos y fuerza, mucha fuerza, la que te da saber que esto pasa y que la vida vuelve tal cual la viviste una vez, pero con mucho más sabor. </p>
<p>Fluye la desilusión<br />
Muda desesperación<br />
Pero todo tiene alivio<br />
Menos el decir adiós<br />
(Maná, Lluvia al corazón, Drama y luz 2011)<br />
<a href='http://youtu.be/p5k8BPMndao'>Lluvia al corazón en YouTube</a></p>
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		<title>Sobre sapos y toros</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jun 2008 16:19:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Franco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Personales]]></category>
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		<description><![CDATA[Soy demasiado rebelde. Por eso me cuesta tanto aceptar las cosas, a veces, y poder avanzar. En este caso me ha ocurrido lo mismo. Me costó asimilar el diagnóstico, pero más me costó prestarme a entrar en un quirófano para que me operaran, cuando no tenía la sensación de estar enferma, y mucho menos de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Soy demasiado rebelde. Por eso me cuesta tanto aceptar las cosas, a veces, y poder avanzar. En este caso me ha ocurrido lo mismo. Me costó asimilar el diagnóstico, pero más me costó prestarme a entrar en un quirófano para que me operaran, cuando no tenía la sensación de estar enferma, y mucho menos de necesitar una operación. </p>
<p>El cáncer de mama es silencioso, no produce molestias, los juegos con mi hija y la práctica de la natación fueron los que propiciaron en su momento que pidiera que me lo quitaran, me molestaba el bulto del pecho al estirar el brazo. Y todo ello pese a que me decían que no era maligno. Así que, al final, tengo que agradecerle a mi hija y a su espíritu juguetón que me detectaran esto en estadio II, y no haberlo dejado hasta que fuera demasiado tarde. Aunque nadie sabe si ya es demasiado tarde&#8230; </p>
<p>Bueno, volviendo a las sensaciones, yo clasifico de ranas y sapos los tragos que nos hemos de pegar a veces, en contra de nuestra voluntad. Ahora llevo unos cuantos sapos tragados, y sin agua. La operación fue uno de ellos, de la noche a la mañana tenía dos cicatrices y las consiguientes limitaciones físicas. </p>
<p>Los días de hospitalización no fueron duros, salvo por la separación de mi hija. No quise que la llevaran a verme, demasiados virus y bacterias suspendidos en el aire para un organismo sano y joven como el suyo. Así que, el día que me dieron el alta, quise que la llevaran a casa nada más salir de la guardería, para verla. </p>
<p>Me habían contado que ella lo llevaba bien, que estaba entretenida y no me añoraba. Poco antes de verla me dijeron que el día antes me había comenzado a echar de menos. Yo creo que la realidad era otra, mi hija me quiere con la misma adoración que yo a ella, y me parece que en determinados momentos les tuvo que costar mucho distraerla, para que no pensara en mi durante esos 3 días. </p>
<p>Cuando llegó a casa y me vio, echó a correr llamándome &#8220;¡Mamá!¡Mamá!&#8221; y llorando. Yo la abracé como pude, llorando también, y traté de consolarla &#8220;La mami ya está aquí, y no se va, no te preocupes mi vida, que la mami no se va&#8221; pero fracasé. Así que, al final, nos echamos las dos sin comer ni nada en la cama, tratando de sofocar las lágrimas, hasta que entre suspiros, logramos quedarnos dormidas. </p>
<p>Fueron dos horas, dos dulces horas en que tuve a mi hija junto a mí, a mi lado derecho, sin moverse apenas, sin dar vueltas, solo durmiendo. Hipaba, el llanto fue intenso, y el consuelo llegaba poco a poco, con cada minuto. </p>
<p>A día de hoy llevo muchos momentos así vividos con ella, solo que la que llora soy yo, y la que hipa también. Junto a su pequeño cuerpo siento con más intensidad que nunca el miedo a morirme, a dejar de verla, de darle mi cariño, mi apoyo, mi consuelo, mi calor&#8230; Eso es lo más duro de todo. </p>
<p>Pero también, cuando me faltan las fuerzas, a su lado recargo la batería. De ella salen todos los argumentos con que estoy luchando cada día. Y a ella le pienso brindar las dos orejas y el rabo que quiero arrebatarle al toro del cáncer, que me ha dejado dos heridas por asta, con trayectorias distintas, en mi pecho y axila izquierdos. </big></p>
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