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	<title>De perifollos y servilletas | Las Zarabandas de García Martínez - Blogs laverdad.es</title>
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		<title>De perifollos y servilletas | Las Zarabandas de García Martínez - Blogs laverdad.es</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Feb 2005 06:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carmen Castelo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[García Martínez –  2 Febrero 2005 Admito que, ante la sesión del Congreso en la que se presentó el Plan Ibarreche, mi curiosidad no era exactamente la del periodista. Se trataba de una atracción morbosa, «cosa maligna», que diría Sánchez Ferlosio. Debíase ello, como bien sabe el lector, a que por primera vez se planteaba, en [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><strong>García Martínez –  2 Febrero 2005</strong></p>
<p>Admito que, ante la sesión del Congreso en la que se presentó el Plan Ibarreche, mi curiosidad no era exactamente la del periodista. Se trataba de una atracción morbosa, «cosa maligna», que diría Sánchez Ferlosio.<br>
Debíase ello, como bien sabe el lector, a que por primera vez se planteaba, en forma tan solemne, la imposible (?) secesión de un trozo de España. Por un lado, me daban ganas, como a tantos, de emplear la tarde en otra cosa menos perturbadora. Por otro, el morbo me empujaba a arrimarme al televisor.<br>
Así es que, comoquiera que me tragué el rollo -o buena parte del mismo, que tampoco es cosa de morir de nerviosidad-, cuento al lector, rapidico, lo que vi y escuché, por si le aprovecha.<br>
Primero intervino Ibarreche (corbata de llamativas rayas). Estuvo fino, por mucho que la procesión fuese por dentro. Después, ya en el escaño, permaneció hierático. Al decir que estuvo fino, quiero significar que justificó su propuesta con todo tipo de lo que aquí llamamos palabricas, con tal de no alarmar. Aquello de «hagamos oficial lo que en la calle es real». Más o menos.<br>
A Zapatero se le vio sentimental y suave que me estás matando. Dio a entender al vasco que, después del no rotundo que se avecinaba, todavía quedaba la posibilidad de dialogar.<br>
Rajoy, en cambio, ejerció de malo de la película. Además de estar contundente y abrasivo (un pelín menos que agresivo), desvistió de perifollos -el calificativo es suyo- el paquete que Ibarreche traía envuelto para regalo. Echó mano, con precisión y orden, de la literalidad de esas leyes que a todos nos obligan, incluido el mismísimo lehendakari.<br>
Subieron luego Durán y Lleida. Ambos, para variar, arrimaron el ascua a su sardina catalanista. (Después de beber agua, se tocaban los labios con la servilleta). Y después habló el independentista catalán. Este lo que hizo fue arrimar, no ya el ascua, sino todas las brasas de la hoguera a su particular sardina catalanista. (Después de beber agua, no se tocaba los labios con la servilleta. Debe de ser que todavía hay clases).<br>
Tras ese parlamento volví a mi mesa para dar cuenta al lector. Y, al cabo, me fui corriendo, no fuera a ser que me perdiera a Llamazares. El de IU diagnosticó que el Plan hay que meterlo en el útero vasco, para que madure. Y ya me rajé. Lorenzo Gomis escribe sobre los ejércitos. «En las últimas semanas hemos podido descubrir que el mundo disponía de una inesperada reserva de paz para echar mano de ella con eficacia en caso de desastres imprevisibles. Y después de soñar con la desaparición de los ejércitos, resulta que hemos tenido suerte de que acudan con prontitud a la tremenda agresión del ‘tsunami’. (…) Hemos visto que no hacía falta licenciar a los soldados y ahorrar partidas de gasto para acabar con las guerras. El ejército podía convertirse en una institución de ayuda y sus presupuestos, utilizarse para hacer frente a los desastres imprevistos».</p>
<p> </p>
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