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	<title>Zona de embarqueItalia &#8211; Zona de embarque</title>
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	<description>Curiosidades y crónicas viajeras</description>
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		<title>El abuelo se va de Erasmus</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2022 12:17:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Alojamientos]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; En las comidas familiares de los domingos siempre faltaba algún nieto. Cuando preguntaba por él, la respuesta era la misma: “Está de Erasmus”. La hija mediana notaba cómo el abuelo siempre se quedaba pensativo. Nada advertían los más jóvenes de la mesa; Hacían fotos de la paella antes de que desapareciera y se la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>En las comidas familiares de los domingos siempre faltaba algún nieto. Cuando preguntaba por él, la respuesta era la misma: “Está de Erasmus”. La hija mediana notaba cómo el abuelo siempre se quedaba pensativo. Nada advertían los más jóvenes de la mesa; Hacían fotos de la paella antes de que desapareciera y se la enviaban -con los emoticones de la sabrosura- a quien estaba estudiando a más de mil kilómetros de distancia.</p>
<p>En otras ocasiones, cuando el nieto regresaba, la sobremesa del domingo se alargaba con las anécdotas de su estancia. El primero estuvo en Finlandia; después otro nieto eligió Letonia; la tercera, Cerdeña… El caso es que el abuelo llevaba buen recuento de destinos y, entre todos sus nietos habían recorrido casi Europa entera.</p>
<p><strong>Antes del segundo cuatrimestre</strong></p>
<p>Esperó al domingo prenavideño para dar la noticia. Por suerte ese día estaban todos a la mesa. Se levantó, golpeó el vaso con el tenedor para darle más realce a la buena nueva que iba a anunciar: “Familia, yo también me voy de Erasmus. La abuela y yo viviremos el segundo cuatrimestre en Florencia”.</p>
<p>Los gritos de sorpresa; los brazos alzados con los vasos; las exclamaciones de asombro e incredulidad en las caras de todos… Un <em>totum revolutum</em> que alteró el ritmo de la comida. Eso sí, la paella no se llegó a enfriar. Desapareció como de costumbre. Esta vez nadie hizo fotos.</p>
<p>Hasta el día de la revolución en la mesa, sólo lo sabían él y su mujer. En cuestión de segundos todos estaban organizándose para ir a Milán: “¿Hasta cuándo estaréis?”; “Papá, qué calladito te lo tenías”; “Yo tengo libre una semana de febrero”; “Hay vuelos directos desde Alicante”; “Voy a hacerles el pasaporte a los críos”…</p>
<p><strong>Cambio de rumbo</strong></p>
<p>Al jubilarse aquella responsabilidad de su firma en las escrituras y actas la cambió por otras rúbricas mucho más leves que estampaba a diario en las hojas del control de asistencia de las clases en la Universidad. Desde siempre su gran pasión había sido el Arte. Buenísimas notas desde el primer examen. En cuanto se abrió el plazo, rellenó el formulario y, ¡qué alegría cuándo recibió la notificación con la aceptación de la beca! El destino elegido para Erasmus no podía ser otro que Florencia.</p>
<p><strong>Una nueva vida en Italia</strong></p>
<p>El matrimonio, anticipándose con sabiduría a aquellos avisos de la familia, alquiló una vivienda amplia con muchas habitaciones en el centro de Florencia. Y efectivamente, aquellas primeras amenazas de visitas de hijos y nietos, no quedaron en tales; Raro era el fin de semana en el que alguno de ellos no estuviera alojado en la &#8220;nueva casa familiar&#8221; florentina.</p>
<p>Eso sí, ahora eran las pizzas -bien grandes- las protagonistas del menú dominguero.</p>
<p><a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2022/12/avesred.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-1639 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2022/12/avesred-186x300.jpg" alt="" width="186" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2022/12/avesred-186x300.jpg 186w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2022/12/avesred.jpg 476w" sizes="(max-width: 186px) 100vw, 186px" /></a></p>
<p>Esta historia está basada en un caso real: un amigo notario jubilado, convertido en estudiante Erasmus y disfrutando de la vida y de su pasión por el arte en Florencia cumplidos los setenta.</p>
<p>En esta época del año de ilusión y de renovación de intenciones, quería compartir con Vds. este bonito -y verídico- ejemplo de que la vida siempre nos puede abrir una puerta nueva.</p>
<p>Queridos lectores, muchas gracias por estos doce ratos de lectura compartidos este año. Que pasen Vds. una ¡Feliz Navidad! Y, llegado el caso de que encuentren una puerta entreabierta, ojalá la abran de par en par. ¡Ah! Recuerden que, entre los requisitos para ser “estudiante Erasmus”, no hay límite de edad. ¿Nos vemos en Florencia?</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿En tu parque o en el mío?</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Feb 2021 11:03:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Parece ya ser un asunto de la prehistoria cuando dividíamos la vida en dos dimensiones, la famosa disyuntiva del modo online y offline. Ser analógico o digital, ésa era la cuestión. Una amiga me cuenta su gran pesar: “Vivo en modo Zoom”. No le falta razón, muchas horas de nuestra vida junto al ordenador [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Parece ya ser un asunto de la prehistoria cuando dividíamos la vida en dos dimensiones, la famosa disyuntiva del modo online y offline. Ser analógico o digital, ésa era la cuestión.</p>
<p>Una amiga me cuenta su gran pesar: <strong>“Vivo en modo Zoom”</strong>. No le falta razón, muchas horas de nuestra vida junto al ordenador se reducen a dos sentidos: la vista y el oído únicamente.</p>
<p>Con el fin de mitigar un poco este trance de la pandemia, somos muchos los que estamos haciendo una lista de cosas buenas. Entre ellas hay una que quisiera compartir con Vds. Es de mis favoritas.</p>
<p>Y así, de paso, romper un poco la monotonía de este vivir a través de la pantalla; En estas fechas de arrebato primaveral, con Cupido rondándonos, les propongo, apagarla, olvidar el teclado y celebrarlo al aire libre (por supuesto, mascarilla mediante). <strong>¡Nos vamos a los jardines!</strong></p>
<p>Para ligar con los bares cerrados, la propuesta más exitosa por ahora es: “¿Quedamos en tu parque o en el mío?”. Convendrán conmigo que es mucho más romántica que aquella indirecta (¿directa?) de: “¿en tu casa o en la mía?”. <a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2021/02/far1red.jpg"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-1501 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2021/02/far1red-234x300.jpg" alt="" width="234" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2021/02/far1red-234x300.jpg 234w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2021/02/far1red.jpg 598w" sizes="(max-width: 234px) 100vw, 234px" /></a></p>
<p>En esta era Covid celebrar San Valentín en los parques, no sé a Vds. pero a mí me parece un planazo. Y ya, según el interés en la otra parte, se puede elegir uno más pequeño o más grande con la posibilidad de acortar o alargar el trayecto según cómo vaya la cita.</p>
<p>Si por temas de alergias primaverales esta opción no entra en sus planes, tienen la modalidad B, mucho más práctica; Es la versión: “¿En tu súper o en el mío? Los alemanes tienden más a esta variante que termina en la zona donde más margen comercial tienen: la de los vinos. Y ya de ahí… Sí proceden los puntos suspensivos.</p>
<p><strong>Llámenme teatrera</strong></p>
<p>Yo hace años que dejé de ver los parques como un rincón lleno de vegetación y de bichitos y pasé a disfrutarlo también como un hábitat 100% humanoide. Y todo fue tras la obra de teatro “La continuidad de los parques”, en la que cuatro actores interpretan más de veinte personajes distintos, cada uno con su historia: un mendigo, un barrendero, un solitario… Y, toda <strong>esta densidad del vivir confluye en apenas los dos metros de un banco</strong>.</p>
<p><strong>De la cena con velitas a un picnic con azahar<br />
<a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2021/02/BANCOFUTURORED.jpg"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-1502 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2021/02/BANCOFUTURORED-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2021/02/BANCOFUTURORED-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2021/02/BANCOFUTURORED-768x576.jpg 768w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2021/02/BANCOFUTURORED.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></strong></p>
<p>Y nos vamos un rato a descansar al Parque Valentino en Turín. Ya por el nombre habrán intuido que nuestra parada pueda tener algo que ver con algún rincón lleno de vida propia. Y efectivamente, listísimos lectores, como en la obra de teatro, les cito en el famoso “Banco de los Faroles”. Todo un derroche de ternura contagiosa.</p>
<p>Seamos realistas, es posible que la cita o el paseo no termine en un tono amoroso. No se preocupen, también tengo para Vds. un Plan B: un banco en el que pueden descansar y, árbol por medio, cada uno a lo suyo. Se encuentra en Poitiers (Francia)</p>
<p>En este tiempo de confinamiento no podemos ir hasta estos bellísimos lugares y, mi amiga sigue triste por su vivir enclaustrada en 2D. Por ello he añadido una tercera dimensión; Le he propuesto sumar un sentido más: el olfato. ¿Hay algo más amoroso que dar un paseo por la huerta murciana entre el azahar de los limoneros? Y de ahí a perderse, no hay nada. Puntos suspensivos.</p>
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		<title>La tentación vive arriba</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jul 2019 12:03:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Europa]]></category>
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		<description><![CDATA[  Era unos de los pueblos de la Toscana que por entonces no tenía oficina de turismo. Las únicas diversiones eran la pesca, el baño en el río y las partidas de dominó por las tardes. Todo un remanso de paz, hasta que llegó ella. Quería encontrarse consigo misma y lo que halló fue todo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p>Era unos de los pueblos de la Toscana que por entonces no tenía oficina de turismo. Las únicas diversiones eran la pesca, el baño en el río y las partidas de dominó por las tardes. Todo un remanso de paz, hasta que llegó ella.</p>
<p>Quería encontrarse consigo misma y lo que halló fue todo un pueblo pendiente de ella. Cuando paseaba por la calle peatonal del centro los ancianos le cedían el paso: con <strong>sus bastones simulaban una versión italiana del pase torero español.</strong></p>
<p>Y es que los habitantes de San Giovanni Valdarno jamás antes pensaron que una actriz de Hollywood pasaría el verano con ellos, como si fuera una más de sus vecinas.</p>
<p><strong>La casa de dos alturas</strong></p>
<p>La planta alta, con cuatro habitaciones, la alquilaban en verano. La familia vivía en la planta baja, y todos compartíamos el jardín. Lo que tampoco nunca imaginó el dueño (yo creo que ni en sus sueños) es que una actriz bellísima, rubia, joven, lista y encantadora se hospedaría en una de las habitaciones de la primera planta. Los parecidos con Marilyn Monroe eran más que evidentes. En las tres restantes nos alojábamos tres españolas con unas ganas de recorrer la Toscana…</p>
<p><strong>Y el hijo mientras, navegando por Grecia</strong></p>
<p>A ver qué padre que no haya visto “La tentación vive arriba” no hubiese llamado inmediatamente a su hijo para decirle: “No seas pródigo y regresa de inmediato al hogar, que en esta casa está &lt;&lt;el verdadero paraíso&gt;&gt;. Y no exagero”.  Así lo hizo. Fue verla aparecer con la maleta en el jardín y, después de recomponerse al codazo de su esposa, lo llamó.</p>
<p><strong>Y ella nos encontró a nosotras</strong></p>
<p>La actriz tenía antepasados italianos y en esta ilación con sus raíces familiares quería retomar el sentido de su vida. Ella ansiaba días de tranquilidad pero no sopesó la variable de que en la misma planta vivíamos tres españolas que después de varios baños en el río, el pueblo se nos antojaba pequeño. ¡Y eso que era bonito a más no poder!</p>
<p>Y generosas las tres, le hacíamos siempre un hueco en el coche a nuestra compañera hollywoodense de planta.</p>
<p>Y así fue como recorrí toda la Toscana con una actriz. Que si un día merendábamos en una casa-bodega entre viñedos; otro, clases de tiramisú con el cocinero de una pequeña <em>trattoria</em>; un tercer día seguíamos por Arezzo los escenarios de cine de “La vida es bella”. Y ella claro, siendo actriz, empezó a sentirse “como pez en el agua”.</p>
<p><strong>La <em>res homini</em> de todos los viajes</strong></p>
<p>Sí, su hijo -cual Ulises contemporáneo- se quedó ese verano recorriendo las islas griegas en un crucero. Me imagino que al regreso tendrían una conversación de esas padre e hijo: “Que si por qué no regresaste antes”; “que no seas pesado, mira qué islas tan bonitas papá”…</p>
<p>La historia de esta casa de la Toscana donde pasé el verano; los cafés en el jardín conversando con “la hija de Marilyn” y, en ellos, el padre que como quien no quiere la cosa se las ingeniaba tímidamente para terminar uniéndose a nuestras charlas; las noches en la plaza compartiendo helados con los ancianos… Yo no sé si también les sucede a Vds. pero por muchas catedrales, museos o paisajes espectaculares que podamos descubrir en un destino, al final el contacto y los ratos que pasamos con las gentes que conocemos en un lugar, estos “monumentos humanos” que aparecen, son siempre el mejor y más bonito recuerdo de cualquier viaje. Porque, como la música de Rachmaninoff, “nunca falla”.</p>
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		<title>Amores de verano, en versión italiana</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Oct 2018 10:23:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Italia]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; La estadística aquí se inclina por el corto plazo. Una vez que se guardan las sombrillas y se pierde el moreno de la piel, se extingue la pasión estival. Pero, no siempre es así. Los hay que superan el otoño e incluso algunos, “bien amarrados”, con larga vida. En el mes de agosto y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>La estadística aquí se inclina por el corto plazo. Una vez que se guardan las sombrillas y se pierde el moreno de la piel, se extingue la pasión estival. Pero, no siempre es así. Los hay que superan el otoño e incluso algunos, “bien amarrados”, con larga vida.</p>
<p>En el mes de agosto y en una misma semana viví dos historias de amor. Como está de moda -según leía- el poliamor, pues… Bueno, para ser más precisa, digamos que fui testigo. Vaya, sosteniendo el candil en las dos historias. Pero un testigo cualificado, eso sí. De los que se sitúan en primera fila y no se pierden detalle.</p>
<p><strong>Abrazo en forma de corazón</strong></p>
<p>Con las dos nos vamos hasta el sur de Italia y, para ubicar aún más las escenas amorosas, al interior de una gruta. La primera historia fue entre un padre y su hijo. Cada uno era el patrón de un pequeño barco y en ellos íbamos un grupo de unas veinte personas. Pusimos rumbo a la cueva. Una vez dentro, motores ya parados, era el vaivén del mar el que nos iba empujando hacia las entrañas de la tierra. El sol penetraba como si estuviéramos en el mismísimo Panteón romano –pero en “versión veneciana” entiéndase-.</p>
<p>Lo que no sabíamos era que el chorro de luz que iluminaba todo, tenía un toque mágico: durante apenas un minuto, al reflejarse sobre la roca, adquiría una forma de corazón. Y, casualidades de la vida, allí estábamos en la hora exacta las dos embarcaciones.</p>
<p>En aquel momento el padre dio un brinco y saltó desde su embarcación a la de su hijo. Se abalanzó sobre él y lo abrazó, gritándole cosas bonitas. Todas en italiano, pero se entendían. Como yo estaba en la primera fila…: “Oh amore, che bella cosa! Figlio mio, ti amo molto”. Y nos señalaba a todos con su brazo apuntando al corazón para que no nos perdiéramos detalle. <a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/10/Polignano2red.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-1118 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/10/Polignano2red-300x226.jpg" alt="polignano2red" width="300" height="226" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/10/Polignano2red-300x226.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/10/Polignano2red.jpg 628w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Como imaginarán, después de recomponernos de este brote de amor paterno, todos los tripulantes del barco estábamos móvil en mano, embelesados fotografiando el corazón (algunos, los que tenemos el lado cotilla más desarrollado, también el abrazo). Y sí, el capitán era de los de fiar: tras un minuto, el corazón de sol que vimos en la roca se desvaneció.</p>
<p><strong>El primer baño en el mar</strong></p>
<p>El caso es que ya el amor “como una corriente” se había expandido por toda la gruta y por todos nosotros porque cuando estábamos felices nadando en el agua, surgió la segunda historia amorosa.</p>
<p>Esta vez entre el padre de la embarcación (el mismo que gritaba y apretujaba a su hijo) y una chica joven holandesa bellísima. Ella no sabía nadar. Todos (el móvil ya, guardado) nos habíamos lanzado de cabeza a bañarnos. Bueno, todos, menos ella y el capitán (que ya les digo, era bueno en su quehacer).</p>
<p>Él la animaba a nadar. También le hablaba en italiano y a gritos. Ella, y todos pese a no saber italiano, entendíamos perfectamente las buenas intenciones de aquel profesor de natación improvisado que movía los brazos en el aire.</p>
<p>Y con generosidad, entre todos, fuimos enseñándola primero a flotar y a coger un poco de confianza en el agua (que ya tiene mérito que tu primer baño sea en el interior de una cueva medio a oscuras) y ya poco a poco, agarrada a uno de los salvavidas, se alejó del barco ella sola. Tal vez para dejar de oír los gritos que sí, eran animosos, pero… <a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/10/Polignano4red.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-1119 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/10/Polignano4red-300x211.jpg" alt="polignano4red" width="300" height="211" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/10/Polignano4red-300x211.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/10/Polignano4red.jpg 617w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p><strong>Amarres de por vida</strong></p>
<p>Para mí, ese baño fue el mejor de todo el verano. Pero lo más bonito aún es que las dos historias de amor son de esas que no se pueden medir con algoritmos, ni con estadísticas.  Ni tampoco con el calendario. La holandesa recordará su primera travesía a braza de un barco a otro como si hubiera cruzado el Canal de la Mancha. Y el hijo, pese a que pasó un poco de vergüenza cuando su padre se le colgó al cuello, también recordará con mucho amor este rincón del mar que se adentra en la tierra. Y es que el amor en lugares escondidos se crece aún más.</p>
<p>En este mismo pueblo italiano, Polignano a Mare, está uno de los restaurantes que aparecen en las lista de “los más románticos del mundo”. Y, cosas de la vida, también está dentro de una roca. ¿Casualidad? Qué sabio fue aquel cuando nos avisaba que el amor tiene cosas que la razón no entiende.</p>
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		<title>Asesinato de Venecia</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Aug 2018 07:18:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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		<category><![CDATA[Turismo]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Los canales, cada vez más turbios. Ya de por sí, toda una alerta. Pese a ello, la última moda: paseos en Kayak a dos remos. Se acaban de prohibir en algunas zonas. La UNESCO de nuevo advierte: Venecia está “en cuarentena”. El estatus de Patrimonio Mundial requiere especiales cuidados. Aquella epidemia de Thomas Mann [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Los canales, cada vez más turbios. Ya de por sí, toda una alerta. Pese a ello, la última moda: paseos en Kayak a dos remos. Se acaban de prohibir en algunas zonas. La UNESCO de nuevo advierte: Venecia está “en cuarentena”. El estatus de Patrimonio Mundial requiere especiales cuidados.</p>
<p>Aquella epidemia de Thomas Mann parecer resurgir, con una nueva faz. &#8220;Al principio, se ocultaba a los turistas&#8221;. Luego, cuando ya se supo, “era extraño ver a un extranjero en la ciudad”. Hoy, lo es ver a un veneciano.</p>
<p><strong>La ciudad entera es hoy un festival</strong></p>
<p>Venecia está a merced del amarre de los cruceros y del estacionamiento de autobuses. <strong>Ya no se puede pasear. Sólo fotografiar aquí y allá. Sin tiempo.</strong> El ritmo de hordas de turistas es el nuevo vaivén de la ciudad. Son las nuevas máscaras. La ciudad se ha convertido en una máscara de sí misma.</p>
<p>De aquellos compases trágicos del Adagietto de la Sinfonía nº 5 de Gustav Mahler elegidos por Visconti, hemos pasado a otra banda sonora: al ruido constante del arrastre de las maletas. Se quiso penalizar con una tasa. Impedía el sueño pacífico de los residentes.</p>
<p><strong>Y está enferma <a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/08/venmanosred.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-1091 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/08/venmanosred-300x158.jpg" alt="venmanosred" width="300" height="158" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/08/venmanosred-300x158.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/08/venmanosred.jpg 508w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></strong></p>
<p>Ya se intuía que necesitaba una gran recuperación. En la lucha titánica ingeniería versus naturaleza, el Proyecto Moises fracasó. Quería con grandes esclusas cerrar las aguas -en lugar de abrirlas como su predecesor homónimo-. Paradojas del devenir de los tiempos. ¿Visitaremos, quién sabe, una ciudad sumergida? Hasta ahora los troncos invertidos, ese “bosque al revés”, que son los cimientos sui generis de Venecia han sabido resistir.</p>
<p>Y esta enfermedad ¿es grave? El arte se torna aquí en todo un síntoma de la afección que sufre. Las manos suplicantes de Lorenzo Quinn parecen querer sostenerla ante el peligro. Pero, ¿serán suficientes? ¿frenarán el &#8220;hundimiento&#8221;?</p>
<p>Es <strong>la factura del turismo.</strong> En esta ciudad, la cuenta de débito está siendo desmesurada. Los turistas se mueven en rebaños. Y éstos cada vez son mayores. Es <strong>la moderna trashumancia</strong>. Todos detrás de este nuevo pastor: el guía. <a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/08/venpezred2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-1092 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/08/venpezred2-300x176.jpg" alt="venpezred2" width="300" height="176" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/08/venpezred2-300x176.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/08/venpezred2-768x451.jpg 768w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/08/venpezred2.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p><strong>Venecia era un pez.   </strong></p>
<p>Al adorable “pez” que nos hizo ver –y querer- Tiziano Scarpa le quitamos el sedal y el pescadito no pudo nadar. Tenía ya todas sus escamas dañadas. ¿Muerte o fue tal vez asesinato? Los turistas no supimos cuidarlo. Las medidas de protección, tampoco resultaron eficaces. Pero <strong>¿Acaso se puede poner una multa a la belleza?</strong></p>
<p>La belleza tiene un pacto secreto con la crueldad porque esclaviza. Y, en ocasiones, tanta hermosura, lleva a derrota. A morir de éxito.</p>
<p>El Puente de los Suspiros, es hoy el de los llantos.</p>
<p>PD. Fondo musical para este post: <em>Una noche en Venecia</em>. Obertura. Johann Strauss</p>
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		<title>La prima volta</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jul 2018 07:17:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Perdonen que el título esté en italiano. Si lo escribía en español, con estos calores veraniegos, la probabilidad de que Vds. pensarán en otro tema (¡ejem!) era máxima. Pero también, con la excusa del idioma original, quería apuntar directa al destino: la bella Italia. Allí dónde “por primera vez” comenzó todo. Y para centrar [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Perdonen que el título esté en italiano. Si lo escribía en español, con estos calores veraniegos, la probabilidad de que Vds. pensarán en otro tema (¡ejem!) era máxima. Pero también, con la excusa del idioma original, <strong>quería apuntar directa al destino: la bella Italia</strong>. Allí dónde “por primera vez” comenzó todo.</p>
<p>Y para centrar más la cosa, hablamos de helados. Porque, dadas las fechas, toca refrescarse. Les “invito” a un bombón helado. Y, una que es así de generosa, a saborear… <strong>¡el primer bombón helado del mundo! ¿Gustan?</strong></p>
<p><strong>El ingenioso Sr. Pepino</strong></p>
<p>Nos ubicamos en el centro de Turín. Una plaza de esas que cuatro palacios –compitiendo entre sí en belleza- forman su perímetro: la Piazza Carignano. En una de sus esquinas, en la planta baja y ya, para que no se pierdan, en el número 8, el señor Domenico Pepino allá por el año 1884  llegó a esta ciudad con su familia y con muchas ganas de trabajar. En este local abrió su heladería. <a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/07/polo2red.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-1082 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/07/polo2red-300x221.jpg" alt="polo2red" width="300" height="221" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/07/polo2red-300x221.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/07/polo2red.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Era innovador y muy buen comerciante. Y este espíritu ha permanecido en la empresa años y años. Un buen día mientras trabajaba, uno de sus sucesores tuvo uno de esos momentos (que todos quisiéramos tener alguna vez en la vida) en el que se le ocurrió una idea que, en principio, parece insignificante y que luego, se transforma en un gran invento. Y hasta uno llega a preguntarse: “¿Cómo no se me había ocurrido antes?”. Y ya, te cambia la vida y, te hace millonario. Ese día dio con la fórmula de servir el helado cubierto con chocolate y con un palo en su interior. Por supuesto, lo patentó.</p>
<p>Jugando con la sonoridad del apellido del fundador y con la forma negra y helada, lo llamó “Il Pinguino” (un pingüino comestible).  El eslogan comercial fue: “Gelato Pepino goes everywhere&#8221;. Listo para llevar. Porque como saben, <strong>para los italianos <em>il gelato</em> es el acompañante fiel de todo el año, haga frío o calor.</strong></p>
<p><strong>¿Quién no quiere un “pingüino?</strong></p>
<p>Y claro, si se visita Turín, a nada que uno tenga un poco de curiosidad, querrá entrar para ver si todavía este pequeño invento -pero grande a la vez-, sigue en vigor. Y… ¡ya lo creo que lo está!</p>
<p>Eso sí, cosas del paso del tiempo, aquel “pingüino” que nació en 1939 hoy, se ha sofisticado un poco. Bueno, bastante. Ahora se sirve dentro de una cajita. Casi como un regalo que hay que abrir con sumo cuidado. ¿Por qué lado estará el palo? <a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/07/POLO1red.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-1083 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/07/POLO1red-235x300.jpg" alt="polo1red" width="235" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/07/POLO1red-235x300.jpg 235w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/07/POLO1red.jpg 602w" sizes="auto, (max-width: 235px) 100vw, 235px" /></a></p>
<p>Y, como habrán intuido, el precio en este devenir, también ha ido in crescendo. No te deja “helado” cuanto tienes que pagar, porque es de esos pequeños placeres que adquieren casi magia cuando uno detiene un poco el ritmo del viaje, y <strong>puede saborear <em>in situ</em> un bombón justo en el lugar donde fue inventado</strong>. Y rodeado además de bellezas arquitectónicas si se lo toma en la terraza.</p>
<p><strong>Turín, un verdadero peligro para los golosos</strong></p>
<p>Y si Vds. son amantes del dulce también tienen otro “descubrimiento” vinculado a este delicioso manjar. La famosa bebida de Turín, el “bicerín”, es un café con chocolate, crema de leche y sirope. Sí, <strong>deja un poco atrás a su caffè fratello cappuccino</strong>.</p>
<p>Me temo que debo parar ya esta “invitación”, pues no quisiera yo que, por mi generosidad, Vds. engordasen demasiado. A buen seguro, <strong>si pasean por Turín, a nada que se descuiden, el chocolate… ¡saldrá a su encuentro!</strong> Buon appetito</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>En Turín no venden paraguas</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Apr 2018 07:07:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arquitectura]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Y no es porque no llueva. Bueno, a ver, si Vds. buscan con paciencia, seguro que sí encontrarán algún pequeño negocio en el que lo puedan comprar, pero la cuestión es: ¿Lo utilizarán? Y ahí es donde yo quería llevarles. Yo lo entendería si fuera una ciudad donde escasea ese maná líquido del cielo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Y no es porque no llueva. Bueno, a ver, si Vds. buscan con paciencia, seguro que sí encontrarán algún pequeño negocio en el que lo puedan comprar, pero la cuestión es: ¿Lo utilizarán? Y ahí es donde yo quería llevarles.</p>
<p>Yo lo entendería si fuera una ciudad donde escasea ese maná líquido del cielo como pasa en Murcia que, cuando nos regalan un paraguas, se nos escapa aquello de “pero si ya tengo uno”. En otras ciudades del Norte una amiga me cuenta que allí sí se regalan paraguas a mansalva –cosa de ser prácticos, claro-. Para ellos es un complemento más de vestir y los combinan con los bolsos o zapatos.</p>
<p><strong>Soportales kilométricos</strong></p>
<p><a href="http://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/04/turinred1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-1016 alignright" src="//blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/04/turinred1-220x300.jpg" alt="turinred1" width="220" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/04/turinred1-220x300.jpg 220w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/04/turinred1.jpg 467w" sizes="auto, (max-width: 220px) 100vw, 220px" /></a>Turín tiene aproximadamente unos dieciocho kilómetros de paseo bajo soportales y además, varias galerías acristaladas. Así que si uno se anima a dar un paseo y, de repente, se pone a llover, nada alterará su plan inicial si era ir a una librería o tomar el típico café turinés “bicerin”. Podrá ir tranquilamente de una calle a otra, por muy lejos que esté, siempre bajo techo y llegar a por su libro o su café sin haberse calado lo más mínimo.</p>
<p>Así estaba yo, que no contenta con el café, quería probar también el postre típico “bonet” y me propuse llegar hasta el lugar donde los hacían más ricos, eso sí, sin salir de este paseo porticado, aunque tuviera que dar rodeos. Como estas calles son tan bonitas, lo agradecía y todo. Y así fue como recorrí casi la ciudad entera, sin salir del cobijo de los soportales.</p>
<p>Por fin cuando llegué al lugar para pecar (el chocolate es siempre un pecado) el dueño se acercó para decirme que había elegido bien este lado de la acera. Porque aunque ambos lados de una calle estén porticados, sólo en uno de ellos, el que sigue el camino más próximo hasta llegar al Palacio Real, tiene mayor caché al ser precisamente el que utilizaba la familia real años ha. Y sí, casi como una reina me sentía yo ya con tantos placeres.</p>
<p><strong>Parking junto a la vivienda, pero ajustado a las necesidades de la realeza</strong></p>
<p>Y es que esta ciudad fue diseñada para las necesidades de espacio de la familia real. Prueba de ello es que si uno se sitúa en pleno centro: en la Plaza Castello, ahí ya se ve rodeado de edificios que fueron palacios: Madama, Real… En este último, como intuyen, tenía la vivienda habitual la familia Saboya. Y estas zonas con arcos eran apropiadas al tamaño de los carruajes.</p>
<p><strong>Suelos casi palaciegos</strong></p>
<p>Muchas ciudades italianas compiten silenciosamente en estos paseos bajo los arcos. Bolonia gana en kilometraje porticado. En otras, por ejemplo en Génova, el pavimento en estas zonas resguardas de la lluvia simula alfombras y juega con diseños que, aunque no haya peligro de engancharse con el paraguas de otro viandante, sí de tropezar directamente con él, de tan absorto que uno camina, entretenido mirando el suelo.</p>
<p><strong>El cielo de Turín.</strong></p>
<p><a href="http://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/04/turinred3.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-1018 alignright" src="//blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/04/turinred3-231x300.jpg" alt="turinred3" width="231" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/04/turinred3-231x300.jpg 231w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2018/04/turinred3.jpg 468w" sizes="auto, (max-width: 231px) 100vw, 231px" /></a>Pero pese a todas las bondades que aportan estos paseos por la ciudad sin mojarse en un día de lluvia, uno no puede dejar de ver el cielo de esta ciudad. Eso sí que sería un verdadero pecado.</p>
<p>Y si desde el suelo alzamos la vista, la mejor sorpresa en Turín es verla rodeada por Los Alpes nevados. Hay dos miradores en lo alto, ahora ya sí, a cielo descubierto.</p>
<p>A uno de ellos se accede desde el interior de una gran cúpula en un ascensor que parece volar solo hasta lo alto, con unos finos cables nadas más de sujeción. Es la Mole Antonelliana, el ícono de la ciudad (la reconocerán fácilmente porque aparece en las pequeñas monedas de dos céntimos). Bueno -que no quisiera yo ofender a los amantes del balón-, la Juventus también compite, pero desde otro frente como símbolo de Turín. Otra mirada panorámica lo es desde el Monte de los Capuchinos.</p>
<p>Porque puede que en Turín no necesitemos paraguas al estar sabiamente resguardada de la lluvia, pero esta visión de Los Alpes blancos custodiando la ciudad les dejará sin palabras.</p>
<p>En los dos lugares, los soportales y las montañas, uno puede ver&#8230; hasta el infinito.</p>
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		<title>Las entrañas de Capri son de un azul&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Aug 2015 07:00:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Italia]]></category>
		<category><![CDATA[Turismo]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; El Mediterráneo es de esos lugares para ir de isla en isla, sin hartarse. El punto de amarre de hoy los tenemos en Capri. Y dentro de la isla, sí, sí, muy dentro, se puede apreciar el azul del mar con una intensidad de esas que jamás se ha visto antes. Les cuento la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>El Mediterráneo es de esos lugares para ir de isla en isla, sin hartarse. El punto de amarre de hoy los tenemos en Capri. Y dentro de la isla, sí, sí, muy dentro, se puede apreciar el azul del mar <strong>con una intensidad de esas que jamás se ha visto antes.<a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/capriextred.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-425" title="capriextred" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/capriextred.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/capriextred.jpg 1024w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/capriextred-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/capriextred-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></strong></p>
<p>Les cuento la odisea. Estaba pasando un verano en Salerno (Italia) con un grupo de amigos españoles e italianos. Todos los españoles estábamos deseando pisar esta isla. En cambio, los italianos, que la tenían cerquísima, no habían ido; Es más, no se animaron a acompañarnos en la travesía.</p>
<h3>Bote a remos que te lleva casi al paraíso</h3>
<p>Al llegar hay unos pequeños botes en los que te dicen que llevan a la “Gruta Azul”. En grupos de unas ocho a diez personas allá que vamos. Pero <strong>justo cuando estamos delante de la gruta, indican que el precio pagado no incluye verla por dentro:</strong> “Siamo davanti la grotta azurra, chi voglia entrare dovrà pagare un supplemento”. Y claro, después de esta travesía, todos –que creíamos que sí habíamos pagado por verla- terminando con aquello tan marinero de: &#8220;¡A sus órdenes mi capitán!&#8221;. Y es que&#8230;<strong> ¡A ver quién se resiste a averiguar qué esconde la isla tras este pequeñísimo recoveco justo cuando lo tienes delante!</strong> Pero una vez dentro, este contratiempo del incremento del precio, se olvida<em> ipso facto.</em></p>
<h3>Una maniobra gimnástica para entrar en la cueva</h3>
<p><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/colabotesred.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-426" title="colabotesred" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/colabotesred.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/colabotesred.jpg 1024w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/colabotesred-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/colabotesred-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Para entrar, la cavidad (un pequeño agujero, vaya) por la que se accede es de apenas unos cincuenta centímetros de altura, que más o menos es el mismo francobordo del bote. Así que las instrucciones son: todos debemos meternos y encogernos cómo podamos dentro del bote. El capitán, con sus remos controlando la situación, nos dice que le dejemos un sitio amplio que lo necesitará para “sus maniobras”. Nos tiramos todos “al suelo” literalmente. La cueva tiene una cadena por la parte superior de la roca. El capitán se agarra a ella con sus manos, y va alternando una y otra, de forma que empuja con su peso el barco hacia dentro. Él se tira con nosotros al suelo del bote.</p>
<p>Y ya cuando entramos…<strong> ¡todo es grandiosidad! La luz que penetra por este agujero tan chiquitito invade todo, hasta cambia el color del agua.</strong> La sonoridad es también espectacular. Dan ganas de ponerse a cantar dentro de ella. Y de darse un baño. Pero yo fui en verano y había tal cola de botes esperando, que no pudimos zambullirnos dentro. En ocasiones, cuando sube un poco la marea, la entrada a la gruta desaparece por completo. Así que, tuve suerte dentro de lo que cabe.</p>
<p>Ya para la salida sabemos que tenemos que tirarnos de nuevo al suelo del bote y encogernos en posición fetal. Pero <strong>después de tanta belleza, esta pequeña incomodidad no nos importa tanto</strong>.</p>
<h3><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/interiored.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-427" title="interiored" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/interiored.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/interiored.jpg 1024w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/interiored-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/08/interiored-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>El corazón de Capri</h3>
<p>Capri es bonita por fuera: está rodeada de arrecifes espectaculares; muchas terrazas de los bares están escondidas en lo que son tejados de las casas; los jardines son de esos que casi “cuelgan” sobre mar&#8230; Si así es por fuera, por dentro no defrauda. Sus cuevas merecen la pena, aunque después de salir tengamos que hacer un poquito de estiramiento.</p>
<p>Si el verano lo asociamos a un color, el azul en el interior de esta cueva es tal, que se debería añadir una nueva numeración en la carta de colores <em>Pantone</em> con <strong>la mención: “azul caprese”.</strong></p>
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		<title>Italia, ¡bien vale una buena mesa!</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Jan 2015 08:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Gastronomía]]></category>
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		<description><![CDATA[¿En qué momento justo empieza un viaje? Esta pregunta yo la he formulado muchísimas veces. Muchos son los que me contestan que en una librería, que después de leer un libro, quedan atrapados por un lugar. Otros, que después de ver una película. Los hay que siguieron a rajatabla las ofertas y recomendaciones ya sentados en [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿En qué momento justo empieza un viaje? </strong>Esta pregunta yo la he formulado muchísimas veces. Muchos son los que me contestan que en una librería, que después de leer un libro, quedan atrapados por un lugar. Otros, que después de ver una película. Los hay que siguieron a rajatabla las ofertas y recomendaciones ya sentados en una agencia de viajes.  Comparto las tres teorías y las he vivido en primera persona. Hoy les contaré una más sobre el origen de los destinos y de cómo en torno a una buena mesa podemos planear un próximo destino y también hacer un viaje culinario que nos lleve, en este caso, a Italia. A mí me ha sucedido en varias ocasiones.</p>
<div id="attachment_269" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/De-Mu-a-Italia2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-269" class="size-medium wp-image-269" title="Viaje salida Murcia con destino a Italia" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/De-Mu-a-Italia2.jpg" alt="Viaje salida Murcia con destino a Italia" width="300" height="253" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/De-Mu-a-Italia2.jpg 909w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/De-Mu-a-Italia2-300x253.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/De-Mu-a-Italia2-768x649.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-269" class="wp-caption-text">Viaje salida Murcia con destino a Italia</p></div>
<p>En una primera, todo comenzó en un restaurante italiano situado en España. De esos que tan sólo tiene cuatro mesas. El dueño, un siciliano, terminó sentado con nosotros en la mesa contándonos cosas de su país. Y unos meses después, el grupo de amigos que aquella noche cenamos en su bar estábamos paseando por Taormina.</p>
<p>Hace unos días, de nuevo, es la cocina la que “sella un pasaporte” y nos acerca a un destino. Lo mejor de <strong>estos llamémosles “viajes culinarios” es que nuestro paladar, ojos y olfato se alinean en una especie de conjura</strong>, que te transporta a otro país. Así me sucedió nada más entrar en casa de mi amiga Cristina, el olor ya delataba que algo bueno estaba a punto de masticarse.</p>
<p>Nos había dicho que la cena sería sólo cocina italiana y, para “cruzar la frontera” desde nuestra España, tras una primera cerveza de la tierra, puso unos vasitos con un vermut que se tomaba con cuchara: sus artes en la buena cocina –unidas con algunos conocimientos de física básica- lo había convertido en estado sólido. Para trasladarnos ya a territorio italiano, este “viaje culinario” empezaba con unas <strong>piruletas de parmesano y especias que, entre tan bonitas que eran y colocadas en unas jarras de artesanía local yo, nada más llegar, había confundido con unas flores secas decorativas.</strong></p>
<p><strong><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/Panettone1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-268" title="Panettone" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/Panettone1.jpg" alt="" width="275" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/Panettone1.jpg 705w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/Panettone1-275x300.jpg 275w" sizes="auto, (max-width: 275px) 100vw, 275px" /></a></strong>Cualquier turista que venga, sobre todo al Levante español, no regresará a su país –a buen seguro- sin probar una paella. Y en el nuestro, evidentemente había también un <em>must:</em> una buena pizza no podía faltar. Que si de manzana con gorgonzola, que si otra con guindillas… Había que estar bien atento al trozo que se eligiera.</p>
<p>El toque original fue un consomé de calabaza con jengibre que habíamos probado en nuestro último viaje a Madrid. Qué tiemble el cocinero de “Ten Con Ten” que el nuestro tenía unas almendritas flotando. Y es que dónde esté un detalle de generosidad…</p>
<p>Después celebramos el día de los inocentes, culinariamente hablando. Nuestra chef (perdón: top-chef) nos ofreció lo que parecían ser -alguien habría apostado a que de verdad lo eran- unos espaguetis y… que no eran sino unos trozos de pepino cortados en tiras largas. ¡Qué rico engaño! Eso, <strong>¡qué vivan las inocentadas culinarias!<br />
</strong></p>
<p>Después del plato principal, esta vez ya sí espaguetis de verdad, llegó la hora del postre. Y claro, estando en Italia y en época navideña, nada más idóneo para la ocasión que un panettone, bañado en mascarpone. Yo, como llegué un poquito antes, fui testigo de cómo se hizo la magia con este manjar, que a simple vista se antojaba similar a nuestro arroz con leche español. En estos viajes culinarios, hay que andarse con un poco de cuidado porque la vista suele ser, a veces, engañosa.</p>
<p>Detrás de esta “magdalena gigante”, como en ocasiones en tono de broma la he oído mencionar, está la historia de Toni, que ideó este pan dulce para conquistar a la hija del panadero, haciéndose pasar por aprendiz y ocultar así su origen aristócrata. De mucho amor e ingenio nació -según cuentan- el &#8220;Pan de Toni&#8221; (nuestro hoy: Panettone). Rige actualmente un reglamento con la disciplina minuciosa de los ingredientes y la proporción exacta que han de tener para poder contar con el certificado de ser un auténtico panettone. Hasta hay un concurso para puntuar cuál es el mejor y, atención que el &#8220;Antico Forno Roscioli&#8221; en Roma ya lleva ganándolo varios años.</p>
<p><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/IMAG0331.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-270" title="IMAG0331" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/IMAG0331.jpg" alt="" width="200" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/IMAG0331.jpg 1728w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/IMAG0331-200x300.jpg 200w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/IMAG0331-768x1152.jpg 768w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/12/IMAG0331-683x1024.jpg 683w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a>Después de todo viaje, siempre destaca un momento especial, aquel que por haber sido muy divertido, por haber sido asombroso o verdaderamente bonito siempre se recordará. Y en este &#8220;viaje de mesa y mantel&#8221; también hubo un “momento estelar”. Después de la cena, como si estuviéramos en una auténtica discoteca de los años ochenta, las estrellas invadieron el lugar mientras hacíamos la digestión. &#8220;Volare, oh oh&#8230; felice di stare lassu&#8221;</p>
<p>Ya les digo: <strong>L’Italia, merita una buona tavola! Y es que, un poquito de Italia sobre un mantel español, siempre puede ser una excusa perfecta para ir planeando&#8230; un prossimo viaggio?</strong></p>
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		<title>El ojo de Roma</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2014 08:15:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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		<description><![CDATA[Tres palabras: cerradura, llaves y viajes ¿Tienen relación? Pues sí, hoy viajamos con este trío. El destino: Roma; Ciudad que sabe mucho de la custodia de las llaves desde hace más de mil años. Cuando estamos de viaje, tener una perspectiva aérea de la ciudad siempre es gratificante. Y más cuando uno, en la lejanía, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Tres palabras: cerradura, llaves y viajes ¿Tienen relación?</strong> Pues sí, hoy viajamos con este trío. El destino: Roma; Ciudad que sabe mucho de la custodia de las llaves desde hace más de mil años.</p>
<p>Cuando estamos de viaje, tener una perspectiva aérea de la ciudad siempre es gratificante. Y más cuando uno, en la lejanía, puede descubrir y reconocer sitios en los que ya ha estado los días previos. Uno ya se siente un poco parte del lugar. En Roma, al ser una ciudad entre colinas (era una de las muchas y sabias estrategias de los emplazamientos romanos) es fácil localizar miradores. Uno de mis favoritos es la Piazza del Quirinale. Pero el trasiego de policías al estar allí ubicada la Residencia Presidencial, le resta el plus de tranquilidad que uno busca cuando está “sobrevolando con la vista una ciudad”. Así que nos vamos a otros lugares, un poco más escondidos. ¡Schhh! Es casi un secreto lo que les voy a contar.</p>
<p><strong>Siempre nos dijeron que no estaba bien aquello de mirar por ojo de una cerradura</strong>. Pero hoy, debemos olvidar esta máxima, pues precisamente será a través de un cerrojo donde se produzca la magia de este “viaje” ocular. ¡Los cotillas se van (nos vamos) de viaje hoy!</p>
<p>Antiguamente, la ceremonia de entregar las llaves representaba el acto simbólico por el que se atribuía el poder de gestión y mando sobre un territorio concreto tras una batalla.</p>
<p>Hoy en día aún tiene un importante significado legal. La “entrega de llaves” es el momento justo cuando se entiende que una persona puede tener la posesión y la propiedad de su vivienda. Así que, como ven, estamos ante un hito de gran trascendencia.</p>
<p><strong><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/11/El-ojo-De-Roma3.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-210" title="El ojo De Roma" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/11/El-ojo-De-Roma3.jpg" alt="" width="730" height="445" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/11/El-ojo-De-Roma3.jpg 730w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/11/El-ojo-De-Roma3-300x183.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 730px) 100vw, 730px" /></a>Hay un lugar donde uno puede sentir que tiene “las llaves de Roma” ante sí.</strong> No ya en sus manos, pero si en sus ojos. Les cuento dónde está. Y les anticipo que llegado el momento… ¡los abrirán de par en par!</p>
<p>Se conoce como “el ojo de Roma” porque <strong>se puede mirar a través de una cerradura y … ¡divina visión!</strong> Sí, sí, “divina”: La cúpula entera del Vaticano aparecerá por este pequeño resquicio.</p>
<p>En esta bellísima ciudad, éste –sin lugar a dudas- es uno de esos rincones que merece la pena buscar. Si para llegar a él, hay que subir una cuesta y tomar dos autobuses, les compensará. Se encuentra en la Piazza dei Cavalieri di Malta. La puerta donde se encuentra esta cerradura “milagrosa” es la del edificio de esta orden religiosa.</p>
<p>Si se han animado a llegar, después de la magia de ver este hueco casi oculto, dar un paseo por los alrededores es una buena idea. En la zona, si es verano, hay un huerto con naranjos donde pueden disfrutar por la noche de “cinema all’aperto”. Este <strong>“giardino degli aranci” está catalogado como uno de los mejores lugares para ver el atardecer en Roma</strong> (y no es nada turístico –aún-). ¿Se imaginan, además de las vistas, el aroma?</p>
<p><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/11/jardín-de-los-naranjos-y-boca-de-la-verdad4.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-211 alignright" title="jardín de los naranjos y boca de la verdad" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/11/jardín-de-los-naranjos-y-boca-de-la-verdad4.jpg" alt="" width="342" height="478" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/11/jardín-de-los-naranjos-y-boca-de-la-verdad4.jpg 534w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2014/11/jardín-de-los-naranjos-y-boca-de-la-verdad4-214x300.jpg 214w" sizes="auto, (max-width: 342px) 100vw, 342px" /></a>En otro pequeño jardín también a tiro de piedra hay una fuente donde hay <strong>una copia más pequeña de la “bocca della verità”. Ésta, ¡sin turistas!</strong> Así que se pueden hacer las fotos que deseen (en la otra boca, la más turística, los vigilantes apremian el momento del posado y casi siempre tiene cola). También en la zona se encuentran el Circo Maximo y las Termas de Caracalla. Ya les digo, es un rincón de Roma con muchos encantos.</p>
<p>Así que, cuando uno ve a través de la cerradura, <strong>sólo queda dar las gracias al primer “cotilla”</strong>, mejor dicho (no quisiera yo ofender a nadie) a aquel “curioso” que descubrió esta maravilla y que, después, la compartió. Porque… yo también me pregunto: ¿Sería acaso el cerrajero de la Orden de Malta que supo calcular con maestría esta perspectiva? He ahí la duda. Ah, y cómo no, dar también las gracias a los caballeros de esta Orden por no poner la llave por detrás de la cerradura, que nos dejaría sin visión.</p>
<p>Se rumorea que el ojo de Roma es “uno de los mejores secretos” de Italia. ¡Schhhh! Por favor, ¡no corran mucho la voz!</p>
<p>&nbsp;</p>
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