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	<title>Zona de embarqueLondres &#8211; Zona de embarque</title>
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	<description>Curiosidades y crónicas viajeras</description>
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		<title>¿Subida de precios? Yo, me subo al autobús</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Apr 2022 12:25:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Estos días de vacaciones hemos sido testigos de aquellas viejas imágenes de la era prepandemia: atascos; terrazas completas, primera línea de la playa a rebosar… El gran dilema que nos ronda es si todo ha sido por la necesidad de escapar ahora antes de que la cosa pase a peor o, por el contrario, [&#8230;]]]></description>
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<p>Estos días de vacaciones hemos sido testigos de aquellas viejas imágenes de la era prepandemia: atascos; terrazas completas, primera línea de la playa a rebosar…</p>
<p>El gran dilema que nos ronda es si todo ha sido por la necesidad de escapar ahora antes de que la cosa pase a peor o, por el contrario, si estas son ya las señas fehacientes del anticipo de una recuperación de todo el sector turístico. He leído informes en ambos bandos. Y todos con argumentos que me convencen.</p>
<p><strong>¿Ilusión o realidad?</strong></p>
<p><a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2022/04/piscinared.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-1596 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2022/04/piscinared-300x177.jpg" alt="" width="300" height="177" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2022/04/piscinared-300x177.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2022/04/piscinared-768x454.jpg 768w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2022/04/piscinared.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Para salir de este vaivén entre el espejo ilusorio o la recuperación real quería, a modo de chuleta, dejarles un híbrido para poder seguir viajando con presupuestos de crisis, esto es, en plan monedas sueltas. Y para no hacerles el cuento largo, lo centro en tema de transporte público.</p>
<p><strong>Vuelos low-cost, ¿volverán?</strong></p>
<p>Si el elevado precio del transporte puede eclipsar aquel soñado -y paradójico- mundo de los “vuelos low cost” (en los que resultaba más barato ir a otro destino situado a más de 2.000 kilómetros de distancia, que visitar otra ciudad de tu propio país en tren o autobús) entonces, no nos quedará otra que recorrer los destinos en autobús.</p>
<p><strong>Yo me bajo en la próxima; ¿Y Vd.?</strong></p>
<p>En Lisboa, el trayecto del tranvía 28 permite una panorámica muy completa de toda la ciudad ya que recorre todos los barrios. Con paradas en lugares panorámicos. Eso sí, como los turistas somos quienes más utilizamos esta famosa línea, ya hay carteles que advierten del peligro de robos en el interior de los vagones. ¡Escondan bien sus carteras nada más subir!</p>
<p>En Berlín, la línea 100 es la que realiza el recorrido completo de la ciudad; En ocasiones hay folletos explicativos dentro del autobús de los lugares por los que va circulando. Se agotan en nada. Esta línea tiene un valor histórico singular ya que fue la primera que se ideó para unir la parte occidental y oriental de la ciudad. Alexanderplatz; la Catedral del Berlín, Puerta de Brandeburgo; la isla de los Museos… todo por unas moneditas no más.</p>
<p>En Londres, es el 159 el que nos muestra todo el centro con el aliciente de que si tenemos suerte y nos acomodamos en la primera fila de la planta alta, tenemos garantizadas unas vistas casi a la altura de un <em>minidron</em>. Una de sus 35 paradas es en Oxford Street, famosa calle con más de 300 tiendas… Lleven cuidado porque también en esta ruta se puede perder la cartera, no por robo sino porque si uno se deja llevar… (¡¡300!! ¿Quién puede resistirse?)</p>
<p>En Ámsterdam el tranvía 300 hace las veces del “city-tour” sobre ruedas. Pero en esta ciudad, lo mejor sin duda es bajarse de él y, sí o sí integrase cual habitante local y pedalear.</p>
<p>Aquella famosa exigencia -casi ilusoria- de la triple “B” (Bueno, Bonito y Barato), ojalá siga vigente y sí sea una realidad en el mundo de los viajes. He aquí un par de euros no más, perdón, un pequeño grano de arena quería decir.</p>
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		<title>Smart villages ¿&#8217;pa&#8217;cuando&#8217;?</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Aug 2020 10:57:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; ¿Aceptaríamos vivir en una época histórica en la que toca decrecer? Sería un escenario igual, pero con el signo menos delante: Cielo con menos aviones; calles con menos bares; menos tiendas. Toda una espada clavada en el corazón del capitalismo. En clase, en una de las prácticas, calculamos cuánta recaudación municipal se obtiene en [&#8230;]]]></description>
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<p>¿Aceptaríamos vivir en una época histórica en la que toca decrecer? Sería un escenario igual, pero con el signo menos delante: Cielo con menos aviones; calles con menos bares; menos tiendas. Toda una espada clavada en el corazón del capitalismo. En clase, en una de las prácticas, calculamos cuánta recaudación municipal se obtiene en una calle céntrica de una ciudad únicamente con las terrazas y mesas. Los que quieren nota, calculan también el monto con los vados para carga y descarga. ¡Jugoso resultado el de esta operación matemática!</p>
<p><strong>El teatro de la vida</strong></p>
<p>El dogma casi elevado a la categoría religiosa es, sí o sí, volver lo antes posible la “nueva normalidad”. Pero ¿y si lo cuestionamos? Pensemos en un señor, un amigo cercano nuestro, que vivió en el campo en su juventud. Allí conoció tiempos de serias dificultades (“nos hemos quedado sin cosecha”, le decía a su mujer, sin mirarla a la cara. Aprovechó las sombras que creaba la lumbre del fuego para evitar que pudiera ver su gran pesar). Pero también recuerda lo ricas que estaban las frutas recién cogidas de los árboles. La tragedia y comedia de la vida.</p>
<p>Sus hijos erre que erre y, con el gancho emocional de que estaría cerca de todos sus nietos (ocho), vive (aprisionado, aunque él no lo dice) en un piso (sexta planta): “¿Pero si ves el jardín desde tu ventana?”, le consuela la hija mayor. “Tienes la partida de dominó en el Centro de la Tercera Edad hoy”, le recuerda el mediano. El más joven (estudia biología en la Universidad, primer curso) se lo lleva alguna vez a sus paseos por la huerta. Entonces: irradia la felicidad (con mayor intensidad en la cara del anciano. Al joven no se le escapa este detalle). Este anciano es mi vecino. Se llama Pedro. Pero podría ser el de cualquiera de nosotros.</p>
<p><strong>Lo que nos ha tocado</strong></p>
<p>En esas franjas onduladas de subida y bajada en las que se transita por la historia, nos ha tocado vivir en las bondades (¿todo son bondades?) de las ciudades. La tendencia actual es hacia un mundo de metrópolis de grandes dimensiones. En el confinamiento una amiga periodista que vive en Londres, cuando se cerró el metro me decía: “Tardaría diez horas si tuviera que ir andando al trabajo desde mi casa”. (Y, otras diez de vuelta).</p>
<p>Pero la cuestión es, tal vez ahora la historia está reclamando un movimiento a la inversa: de la ciudad al campo otra vez. Sí, sé que suena de locos (“¡¿cómo vamos a vivir entre cabras y sin internet?!”). Muchas personas que han pasado un confinamiento estupendo (sin secuelas psicológicas) en sus casas de campo.</p>
<p>He participado en numerosos congresos bajo el lema: “Smart Cities”. En todos ellas, la tecnología era la solución a un mundo feliz. “El conocimiento se crea en las ciudades” escuché en varias ocasiones. También proclamado como dogma incuestionable. Tengo que reconocer que yo siempre salía de estos foros un poco escéptica ante los anunciados milagros: “Vale sí, una pantalla me avisará del autobús más próximo; de cómo esquivar un atasco; a qué hora exacta comenzará a llover… pero los alimentos son necesarios y éstos vienen del campo (sic). Ahora busco y busco (hagan también la prueba) y no hay ni un solo “experto” que hable de las ciudades inteligentes. ¿Fue entonces efímera esta (prometida) tierra urbanizada rebosante de ingenio? Así las cosas, si no en las ciudades, ¿la verdadera inteligencia está en el campo? ¿Nos tocará emigrar de nuevo en su búsqueda? <a href="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2020/08/CALABAZA-red.jpg"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-1425 alignright" src="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2020/08/CALABAZA-red-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2020/08/CALABAZA-red-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2020/08/CALABAZA-red.jpg 640w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p><strong>Uvas por calabazas</strong></p>
<p>Cuando despidamos este (horribilis) año, no tendrá sentido tomar las doce uvas. Sí la tuvo en otro tiempo cuando los productores supieron idear una buena campaña de ventas para dar salida a la sobreproducción de uva blanca de aquel momento. Pero yo, sinceramente, creo de debemos cambiarla por trocitos (no se enfaden conmigo por favor) de calabaza; Sí, cual suspenso, si llegado diciembre no hemos aprendido nada de este virus con nombre de realeza, ante el que toca actuar como homo sapiens que somos (ya hace mucho salimos de las cavernas).</p>
<p><strong>La belleza de la flor de la calabaza</strong></p>
<p>Esta planta (la pueden ver en la foto) tiene muchas bondades saludables, de ahí su uso culinario (sobre todo en la zona de México y también en Italia). Ahora en muchas ensaladas, se añaden flores comestibles. El campo enterito ya lo tenemos en la mesa.</p>
<p>Ojalá nos den las uvas, digo, las calabazas. Porque quizás un suspenso pueda ser todo un aliciente para “ponernos las pilas” y salir de la trampa de la normalidad. Porque si una pandemia es toda una rareza entonces ¿por qué hay que ser normal ante ella? Aún tenemos tiempo de “hacer bien los deberes”. ¡Feliz agosto pausado, casero y enmascarado!</p>
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		<title>Espérame de pie</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Dec 2017 10:08:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; -Dentro de 80 días regresaré y habré dado la vuelta al mundo. ‑Venga, déjate de tanto postureo y chulería, que somos amigos. ¡Un gentleman como tú, diciendo esas barbaridades! A ver si te van a oír… &#8211; ¿Cuánto te apuestas a que cruzaré este hall con pruebas fehacientes de haber dado la vuelta al [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>-Dentro de 80 días regresaré y habré dado la vuelta al mundo.</p>
<p>‑Venga, déjate de tanto postureo y chulería, que somos amigos. ¡Un gentleman como tú, diciendo esas barbaridades! A ver si te van a oír…</p>
<p>&#8211; ¿Cuánto te apuestas a que cruzaré este hall con pruebas fehacientes de haber dado la vuelta al mundo?</p>
<p>&#8211; ¿Ah, pero vas en serio? ¿Quieres apostar? No me tientes Phileas… ¿Te jugarías la mitad de tu fortuna?</p>
<p>&#8211; ¡Acepto la apuesta! Tú espérame aquí, de pie, justo debajo del umbral de esta puerta.</p>
<p>Y alzando la mano a modo de despedida le gritaba ya dando los primeros pasos: &#8220;Nos vemos en 80 días. Me voy que tengo un poquito de prisa&#8221;.</p>
<p>Con esta conversación, en versión libre actualizada, dos caballeros ingleses, con sus monóculos y largos bigotes, en uno de los clubes privados londinenses de la calle Pall Mall apostaban: Uno, convencido de que en tan breve plazo de tiempo no se podría cumplir la promesa. El otro, ya se había puesto de camino.</p>
<p>¿El resultado? ¿Quién ganó? Todos lo conocemos por “La vuelta al mundo en 80 días”.</p>
<p><a href="http://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/12/londresredjulio-1.jpg"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-947 alignright" src="//blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/12/londresredjulio-1-226x300.jpg" alt="londresredjulio" width="226" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/12/londresredjulio-1-226x300.jpg 226w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/12/londresredjulio-1.jpg 475w" sizes="(max-width: 226px) 100vw, 226px" /></a>Este edificio y, para ser aún más precisos, la puerta donde le esperaba el amigo incrédulo, está a unos cinco minutos caminando desde Trafalgar Square. Ante esta cercanía merece la pena ser testigos del lugar donde se localizó aquel acto ¿valiente?, ¿demasiado osado?, ¿aventurero?… Porque para hacer una apuesta así y jugarse la mitad de su fortuna hay que tener la autoestima muy alta (sí, sabido es que los dos amigos eran muy pudientes. Pero aún así). <strong>En un momento además en el que el cielo aún no estaba lleno de aviones de aquí para allá.</strong></p>
<p><strong>Londres cuenta con muchos rincones que nos trasladan a la infancia.</strong> Cuando me preguntan amigos, siempre aconsejo este destino para ir con niños. Y no falla, a su regreso, los veo satisfechos: a padres e hijos por igual.</p>
<p><strong>Nuevas rutas</strong></p>
<p>De la parada y desafío londinense seguimos de aventura por Suiza. No sé si también les pasa a Vds. <strong>Saber cómo surgen las primeras rutas en el mundo es siempre muy interesante</strong>. En el colegio asistía con los ojos abiertos a las explicaciones de Cristóbal Colón. Aprobado sin necesidad de repasar antes del examen. Porque dónde esté una buena historia… Y un buen maestro también. Binomio perfecto sin necesidad de deberes después.</p>
<p>De la literatura pasamos a la geografía: El primer ascenso al Mont Blanc también tuvo su punto de osadía. Aquí no fue una apuesta sino un concurso que convocó el geólogo y buscador de minerales Saussure. Este (también) aristócrata quería saber cuál era la altitud de aquella montaña nevada. Y para ello prometió una buena recompensa económica a quien lograra encontrar un camino para llegar a lo alto. Se presentaron al concurso el doctor Paccard con Balmat. Lo lograron. El ascenso -también estuvo lleno de aventuras como las de Julio Verne- marcó el inicio del alpisnismo. Aquí hay otra buena historia de esas que dejan huella.</p>
<p><strong>Cruzar “fronteras”</strong></p>
<p>Ya nos convenció Ryszard Kapuscinski, con aquello de: “el sentido de la vida es cruzar fronteras”. Tanto en sentido literal (él era reportero) como metafórico pues siempre, comenzar un año nuevo nos abre nuevos caminos. Y con ellos nuevos destinos. Así pues, les deseo <strong>¡Feliz Año Nuevo! Y que con él comiencen también “nuevas rutas y aventuras personales” </strong>para todos Vds.</p>
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		<title>Echa por la sombra</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jul 2017 07:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Fiesta y siesta]]></category>
		<category><![CDATA[Londres]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; No sé si también les pasa a Vds. pero en cuanto llegan los calores veraniegos, a mí me encanta escuchar este principio de piropo español que utilizamos a modo de despedida y, a la vez, consejo de sabia madre. Y lo mejor aún, la fuerza que tiene este imperativo para unirnos. Con él se [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>No sé si también les pasa a Vds. pero en cuanto llegan los calores veraniegos, a mí <strong>me encanta escuchar este principio de piropo español que utilizamos a modo de despedida</strong> y, a la vez, consejo de sabia madre. Y lo mejor aún, la fuerza que tiene este imperativo para unirnos. Con él se rompe la disyuntiva “sol y sombra”.</p>
<p>En cuando la temperatura roza los treinta y pico y durante un par de meses no importa si somos de derechas o de izquierdas; altos o bajos, del Real Madrid o del Barça… todos vamos juntos por la sombra.</p>
<p>Ante la tesitura de tener que recorrer una avenida en pleno mes de agosto <strong>a la hora casi sagrada de la siesta, no lo dudamos: elegimos la acera de la sombra ¡por unanimidad!</strong> Por aquello de cobijarnos un poco en el microclima que se crea. <a href="http://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/07/Sombragranared.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-813 alignright" src="//blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/07/Sombragranared-225x300.jpg" alt="sombragranared" width="225" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/07/Sombragranared-225x300.jpg 225w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/07/Sombragranared.jpg 472w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a></p>
<p>Tengo que confesarles que durante un mes de agosto, me separé de esta regla de fraternidad española unánime. Pero en defensa de mi cordura –y españolidad-, debo alegar que fue casi un supuesto de fuerza mayor. Sí, <strong>me sentía rara yendo yo a mediodía por la calle más larga de mi ciudad en pleno mes de agosto&#8230; ¡por la acera del sol!</strong></p>
<p>Pero, como les decía, tengo excusa absolutoria. Les cuento. Tenía a un grupo de turistas invitados y habían llegado la noche anterior ya de madrugada de Londres. Era su primera visita a Murcia y… ¡querían sentir el sol en todos sus poros! Venían con la humedad casi a modo de bronceado invernal perenne en todos: mayores y niños.</p>
<p>Yo, en cuanto vi el primer semáforo les dije de cruzar al lado de la sombra. Pero ellos no querían. Para ver si lograba convencerles, insistí que era “para integrarnos” con los habitantes locales. &#8220;Like a local&#8221; que está muy de moda, les decía. No les convencí con esta artimaña lingüística. La imagen callejera era: el desierto en la acera del sol (salvo nosotros); la multitud propia de rebajas en hora punta, en la de la sombra.</p>
<p>No me quedó otra que ser yo la que cediera, no fuera a ser que les diera un síncope por la diferencia de temperatura entre Londres y Murcia. Y a una le gusta cuidar a sus invitados siempre. Menos mal que llevaba abanico y gafas de sol. Y menos mal también que no me vio nadie conocido caminar en esa acera solitaria, porque claro: ¿qué español en su sano juicio iría a esa hora por el sol?</p>
<p>Cuánta razón tenía Mecano con aquello tan pegadizo de: “Los españoles hacemos por una vez algo a la vez”. Y es que para la fiesta también nos unimos a la primera de cambio. Aquí, mis invitados sí se integraron rápidamente. No tuve que insistirles esta vez. <a href="http://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/07/Sombramurred.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-814 alignright" src="//blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/07/Sombramurred-227x300.jpg" alt="sombramurred" width="227" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/07/Sombramurred-227x300.jpg 227w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/07/Sombramurred.jpg 467w" sizes="auto, (max-width: 227px) 100vw, 227px" /></a></p>
<p>La llegada de septiembre, trajo las fiestas; Entre ellas, las corridas de toros. Y ya, de nuevo nos separamos en la dicotomía “sol y sombra” y, elegimos las entradas en uno y otro semicírculo del ruedo según sea nuestra afición y tamaño del bolsillo.</p>
<p>Cuando les contaba a los londinenses que las entradas de sombra eran más caras, boquiabiertos no daban crédito. Intuirán también que, por aquello de seguir en el mismo microclima que mis invitados (habían sobrevivido sin síncope), compramos las del sol. Y ya lo creo que se <strong>integraron gritando “olé” tan felices con sus “palomas”</strong> en las manos. ¿Sería cosa del anís? O tal vez, ¿los estragos del sol?</p>
<p>Bendita sombra, cuánto te eché de menos.</p>
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		<title>Trabajo sólo los días soleados</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jun 2017 11:24:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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		<category><![CDATA[Plazas]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Así lo dice, con mucha calma, a todos los que se paran y curiosean en su negocio. Y claro, como está en Londres, intuimos que tendrá muchos días libres. Pero no lo juzguen de gandul, por favor. Hay una razón “escrita” que justifica este horario laboral. Regenta una librería abierta al público dentro de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Así lo dice, con mucha calma, a todos los que se paran y curiosean en su negocio. Y claro, como está en Londres, intuimos que tendrá muchos días libres. Pero no lo juzguen de gandul, por favor.</p>
<p>Hay una razón “escrita” que justifica este horario laboral. Regenta una librería abierta al público dentro de un barco amarrado en uno de los canales del Támesis. De ahí que cuando vamos paseando y nos detenemos en el muelle, comprendemos el porqué de su jornada de trabajo tan <em>sui generis</em>. Sale el sol: “Voy al trabajo”.</p>
<p>Ha sabido aprovechar cualquier rincón del barco para darle un uso literario. La cubierta hace las veces de estantería donde pone “los más vendidos” o “las últimas adquisiciones”. Y claro es comprensible que, en caso de lluvia, sus existencias peligren. De ahí que cierre la cubierta y espere a que mejore el tiempo. No es otra cosa que el principio de prudencia en la custodia del negocio.</p>
<p>El capitán-librero anima a saltar al interior por la escalerilla. <strong>Una vez dentro, el camarote es la versión de los hermanos Marx pero repleta de libros.</strong> Los libros-joya están en la cabina del capitán. Toda una sabiduría de marketing a la hora de gestionar la eslora, medida en este caso, en milímetros cuadrados.</p>
<p>Ya les decía yo que este librero, lejos de ser un gandul, tiene muchas millas literarias recorridas y, ahora, las comparte en este anclaje.</p>
<p>Este paseo por Londres por “los hijos del Támesis” tiene un no sé qué de relax que al final, cuando uno llega a este escaparate al aire libre que es esta librería hace que todos nos paremos ante ella. Y, <strong>ya saben, del curiosear al comprar hay un instante nada más. </strong></p>
<p>Y más aún en el caso de libros, que este instante de la “primera vez” que se lee una contraportada te puede atrapar de tal manera que, por favor, lleven cuidado que <strong>estos paseos por los canales no tienen quitamiedos, y no quisiera yo que el embelesamiento en la lectura les llevará a un chapuzón.</strong></p>
<p>Pese al espacio tan reducido, tan solo tiene unos tres metros de cubierta aproximadamente, su dueño <strong>ha sabido “estirar el espacio” y hacerse con una cómoda y amplia &lt;&lt;zona de lectura&gt;&gt;</strong>. Les cuento su truco. <a href="http://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/06/IMG_9141.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-808" src="//blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/06/IMG_9141-300x225.jpg" alt="img_9141" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/06/IMG_9141-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/06/IMG_9141.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Junto a este barco-librería hay un banco en el paseo. Este librero te anima a que si algún libro te gusta, te sientes tranquilamente y… ¡a empezar la lectura! Sí, ahí mismo, sin necesidad de pagarlo antes. Cuando yo pasé, este banco estaba repleto.</p>
<p>Lo mejor es comenzar la ruta a la altura King Cross. Más que nada porque <strong>por allí se encuentra la biblioteca Británica, que es el <em>alma mater</em> de este barquito-librería.</strong> Y ya, puestos en esta ruta cuasi literaria, seguir el curso de estos canales hasta Camden Town. A esta zona le llaman “la pequeña Venecia”. La comparación es muy atinada. Uno se deja llevar por la imaginación y… entre libros y canales, vaya que sí, que se puede confundir un poco.</p>
<p>Siguiendo el curso de este paseo por el Canal Regent, hay una parada casi obligada: Granary Square. No es tan turística como Picadilly o Trafalgar pero, justo al caer la noche tiene lugares para cenar al aire libre; la plaza en sí tiene una fuente luminosa de esas que, como los libros, emboban… Vaya que <strong>se crea un ambientillo propio de una novela con su historia de amor y todo.</strong> Lo digo porque este lugar es el sitio favorito de un amigo porque ligó mucho en esta plaza. Tanto, que cada vez que alguien le pregunta qué visitar en Londres, es lo primero que recomienda.</p>
<p>Serán cosas del amor a la lectura, digo yo.</p>
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		<title>¿A Vd. también le dijeron que los taxis en Londres eran negros?</title>
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		<pubDate>Sun, 21 May 2017 10:15:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y los autobuses de dos pisos, rojos? A mí también. El caso es que yo me lo creí, a pie juntillas. Y no pecamos de ingenuos los que sucumbimos a estos colores tan peculiares del transporte urbano londinense. Hubo una época en la que nadie nos mintió. Y el &#8220;street view&#8221; de antaño se repartía entre estas dos tonalidades.</p>
<p>Pero llegó un momento en el que el dilema era mantener la tradición o, dejarse tentar por el poder de la publicidad.<strong> “Ser o sucumbir, he ahí la cuestión”, que –hablando de Londres-, diría el gran Shakespeare. </strong></p>
<p><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/lontax1red1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-797" title="lontax1red" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/lontax1red1.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/lontax1red1.jpg 640w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/lontax1red1-300x225.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Y no fue pacífico el tema. Pero, <strong>¿qué publicista no quiere que su anuncio “esté rodando” por todos lados y que se pueda ver a todas horas?</strong> Es el summum de todo cartel.</p>
<p>Es muy entretenido esperar en los semáforos londinenses y, como por confusión, miramos a los dos lados, sin saber muy bien por dónde vendrá el taxi, la variedad de la gama en estos giros rápidos de cabeza que hacemos, es variadísima: los hay pintados enteros de rosa;<strong> otros, anuncian chocolatinas y es que… ¿a quién no le amarga un dulce?</strong></p>
<p>Este tema de <strong>la publicidad es uno de los grandes coqueteos del turismo,</strong> visto desde una perceptiva económica. Sucede en todos los destinos, no sólo en Londres. El punto de inflexión es delicado porque cuando el peso se inclina en demasía hacia los euros –libras en este caso-, muchas tradiciones, en esta balanza pecuniaria, llegan a perderse.</p>
<p>Otras veces sí se mantienen las tradiciones, haciéndonos ver a los turistas que todo sigue igual. Pero es sólo una performance. Les cuento un caso curioso y muy conocido: <strong>La Ceremonia del Cambio de Guardia. Todo un retrato sociológico digno de una tesis doctoral</strong>: colas larguísimas; gente abrazada a la verja para no perder esta <em>pole position</em>; por supuesto, empujones, etc.</p>
<p>Antes, en la época en la que los taxis eran negros y autobuses, rojos, este cambio de guardia se hacía todos los días. Ahora, con la excusa (¿) de que hay menos turismo, sólo se realiza en días alternos. Y claro, resulta difícil de entender que si se trata de un trabajo de vigilar un palacio, es decir, esos que día sí y día también; llueva o truene, hay que estar en sus puestos, entonces ¿por qué sólo se hace esta ceremonia unos días sí y otros no?</p>
<p>Un experto me dijo que <strong>el Cambio de Guardia era un “teatro de la seguridad”</strong>. Que se mantiene sólo por tradición, a la vista del gran contingente de gente que atiende impaciente.</p>
<p>Y ello se entiende –me seguía contando este experto- porque estamos inmersos en el “gran hermano social”, con cámaras de vídeo vigilancia, vallas, sanciones, etc. Y estos guardias han pasado a ocupar sus puestos cómodamente detrás de estas pantallas.</p>
<p><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/lonhamacasred1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-798" title="lonhamacasred" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/lonhamacasred1.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/lonhamacasred1.jpg 640w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/lonhamacasred1-300x225.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>En esta “batalla” entre mantener las tradiciones y el poder arrasador del <em>business</em>, aún podemos encontrar algunos lugares en Londres que no han sucumbido a la tentación de la publicidad, que ya lo dice la máxima: “quien controla el pasado, controla también el futuro”. Por ahora, las hamacas de los parques siguen siendo las típicas de rallas verdes y blancas.</p>
<p>No quisiera yo dar ideas a publicistas, que a mí me encanta <strong>pasar un ratico en estas hamacas a la orilla de este &#8220;mar de hierba&#8221; londinense (a falta de playa, toca consolarse).</strong> Y ya, si sale el sol, no les digo más, el ratico se alarga seguro.</p>
<p>Y, si llueve, habrá que buscar un autobús o un taxi y… que venga la publicidad rodando a nuestro encuentro.</p>
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		<title>No me llames D. Francisco, llámame Paquito</title>
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		<pubDate>Sat, 13 May 2017 07:18:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Aeropuertos]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>A ver en qué familia no hay algún miembro con un diminutivo. Y más en las nuestras que, por tradición, repetimos el nombre del abuelo, que pasa al hijo, al nieto… Y aquel D. José queda, generaciones después, en un “Joselito”, joven que, lo quiera o no, cuando cumpla la mayoría de edad, seguirá con el diminutivo. Y es posible que le dure hasta la edad de la calvicie y/o la jubilación, porque como encierra una gran dosis de cariño, pues ahí queda.</p>
<p><strong>En muchas ciudades también pasa igual que en nuestras familias</strong>. Hoy viajamos con los apodos. <strong>El aeropuerto de Bilbao es conocido como “La Paloma</strong>”. Es uno de los pocos aeropuertos que se pueden ver desde lo alto. Está ubicado en un valle, casi escondido entre montañas y, las carreteras de acceso que bajan permiten verlo (digo: verla) “a punto de volar”, con “sus alas extendidas”, que son las salas de embarque. ¡Una preciosidad! Y, tan sólo una ese de diferencia. <strong>Muy atinado el sobrenombre, tratándose de un aeropuerto donde todo allí, “sale volando”. </strong></p>
<a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Malaga-manquitared.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-785" title="Malaga manquitared" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Malaga-manquitared.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Malaga-manquitared.jpg 1024w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Malaga-manquitared-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Malaga-manquitared-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>
<p>Mis favoritos son los apodos que utilizan en Andalucía. <strong>“La Manquita” en Málaga alude a la Catedral</strong>, a la que le falta una de las dos torres. El aprecio por este defectillo es tan grande, que hay algunos proyectos de reconstrucción (están aún en fase de borrador) que contemplan la construcción de esta segunda torre (en su día faltó dinero para poder alzarla) y, no terminan de cuajar, pues ¿cómo la llamarían entonces?</p>
<p>En Sevilla, muy querido también es <strong>“El Paquito”. Puente de estructura muy similar al Golden Gate de San Francisco </strong>y que, al ser un poco más pequeño, “este hermano gemelo” requiere el uso del diminutivo. A un amigo sevillano se le rompió el coche justo en mitad del puente a altas horas de la madrugada. “Estoy en mitad de <em>El Paquito</em>”, le dijo al servicio de la grúa. No hizo falta añadir ningún dato más. A los cinco minutos allí estaba la camioneta, como angel caído del Cielo.</p>
<a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Sevilla-seta-red.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-783" title="Sevilla seta red" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Sevilla-seta-red.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Sevilla-seta-red.jpg 640w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Sevilla-seta-red-300x225.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>
<p><strong>“La Seta” sin embargo, no es tan querida</strong>. En la plaza de la Encarnación todo sevillano recela de este “puzzle gigantesco”, por el material (que ha dado problemas en otros emplazamientos); por el elevado coste y, porque la ven demasiado rompedora con el entorno. <strong>A mí me encanta este “patito feo” arquitectónico.</strong> Es una gozada pasear por él y ver Sevilla desde lo alto, en un ángulo de 360 grados.</p>
<p>En Londres, uno de los sitios donde todos queremos hacernos la foto es en “La Torre Reina Isabel II”. ¿Qué no saben dónde está? Con este nombre, imposible que alguien en la calle nos pueda indicar dónde se encuentra. Me refiero al “Big Ben”. Ahora sí que todos sabemos de lo que estamos hablando. Nos vamos entendiendo.</p>
<p>Hay una leyenda muy graciosa sobre el origen de este sobrenombre. El capataz de esta construcción se llamaba Benjamín Hall. Ben para los amigos. Era muy dicharachero y también, entrado en carnes. Sobre todo <strong>en su anatomía, la zona de sus posaderas era la que más sobresalía</strong>. Le gustaba contar a la prensa todo el progreso de las obras. Los periodistas, en esta relación cercana y en tono de guasa, hacían chirigotas con este ingeniero peculiar. Cuando la torre ya alcanzaba su punto más alto, a la hora de colocar una de sus campanas, ésta tenía una redondez que recordaba a las formas de… ¡ejem! el trasero del gran Ben. Y <strong>de ahí el apelativo “Big Ben” que perdura hasta hoy. </strong></p>
<div id="attachment_784" style="width: 208px" class="wp-caption alignright"><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Londres-bigbenred.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-784" class="size-medium wp-image-784" title="Londres bigbenred" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Londres-bigbenred.jpg" alt="" width="198" height="300" /></a><p id="caption-attachment-784" class="wp-caption-text">Big Ben forever</p></div>
<p>Y llega un momento en la vida en el que uno se arma de fuerza, “le da la vuelta a la tortilla” y dice a toda su gente que ya no es Paquito, que le llamen Francisco. Unos, sí lo consiguen. El Big Ben me temo que lo tiene más complicado. Y además, gracias a él, podemos conocer a quien fue su jefe de obras.</p>
<p>Les dejo que me voy a tomar &#8220;una marinera&#8221; en &#8220;El Tontódromo&#8221;. ¿Mande? que diría un turista en Murcia. Pero sólo el primer día.</p>
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		<title>Ahí están</title>
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		<pubDate>Mon, 01 May 2017 07:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Alicante]]></category>
		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
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		<category><![CDATA[Londres]]></category>
		<category><![CDATA[Murcia]]></category>
		<category><![CDATA[verano]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Pero tenemos que llevar cuidado porque no siempre se las ve. Están bajo tierra, y cuando dicen de salir a la superficie, si vamos un poco despistados, baño asegurado. Sí, lo han adivinado son esas fuentes escondidas bajo el pavimento que, como si fueran “topos acuáticos”, sin previo aviso, ¡zas! se ponen en marcha [&#8230;]]]></description>
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<p>Pero tenemos que llevar cuidado porque no siempre se las ve. Están bajo tierra, y cuando dicen de salir a la superficie, si vamos un poco despistados, baño asegurado.</p>
<p>Sí, lo han adivinado son esas fuentes escondidas bajo el pavimento que, como si fueran <strong>“topos acuáticos”, sin previo aviso, ¡zas! se ponen en marcha</strong> y, como van unidos a decenas y con todos los chorritos al compás, vaya que si vamos paseando justo por el centro, <strong>este campo de batalla acuático nos dará un buen remojón. </strong></p>
<a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Murcia-artilleriared.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-791" title="Murcia artilleriared" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Murcia-artilleriared.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Murcia-artilleriared.jpg 640w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Murcia-artilleriared-300x225.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>
<p>Estos <strong>grifos que surgen de repente del suelo sorprenden sobre todo a los turistas</strong>, porque los habitantes del lugar ya están familiarizados con ellos y hasta conocen sus “ritmos acuáticos”. Y claro, pueden esquivarlos con más facilidad, llegado el caso.</p>
<p>En Murcia están junto al Cuartel de Artillería. Una vez paseando junto a ellos (les confieso que los iba esquivando por si acaso de repente se activaban) vi a un grupo de chavales que jugaban con un amigo. Lo habían metido en un carrito de los centros comerciales y lo paseaban. Y claro<strong> cuando vieron que de repente se ponían en acción estos chorritos, no se lo pensaron dos veces, empujaron el carrito -con el amigo dentro- hacia la fuente y, risas a mansalva </strong>que, eso sí, todos los demás se quedaron fuera del perímetro del agua, excepto el que estaba dentro del carro de la compra. El resultado: un buen baño de este zagal que no se lo tomó a mal. Era verano.</p>
<a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Dresdered.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-790" title="Dresdered" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Dresdered.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Dresdered.jpg 1024w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Dresdered-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Dresdered-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>
<p><strong>En Dresde estas fuentes que juegan al escondite tienen doble personalidad. </strong>Por la mañana, las madres llevan a sus hijos pequeños a este lugar como si fuera la piscina pública en mitad del paseo. Los dejan en pañales y, de nuevo, muchas risas de todos. Da gusto verlos disfrutar. Vaya que hasta da un poco de envidia. Y es que eso de hacerse adulto, muchas veces aboca a perderse estos momentos de risas aseguradas. Pero por la noche estos grifos se transforman en un juego de luces que iluminan el agua y, otra vez los adultos, los esquivamos. <strong>¡Con lo divertido que sería jugar en esta “discoteca acuática” a ras de suelo!</strong></p>
<a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Londres-fuentes-suelored.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-788" title="Londres fuentes suelored" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Londres-fuentes-suelored.jpg" alt="" width="300" height="211" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Londres-fuentes-suelored.jpg 640w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Londres-fuentes-suelored-300x212.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>
<p>En Londres están colocados estratégicamente junto al río Támesis. Entre que el recorrido por los canales es un poco estrecho y no tiene quitamiedos, uno va con la preocupación de no acercarse demasiado al borde no vaya a ser que, por un traspiés… Que, <strong>a ver luego cómo uno cuenta, de regreso, que se cayó en los márgenes del Támesis</strong>. ¡Eso sí que serían risas aseguradas para todos los demás! Pero aún con esta pequeña preocupación, esta ruta de los canales es muy relajante. Calculando bien este rincón en el que la fuente sumergida activa sus chorritos.</p>
<div id="attachment_787" style="width: 270px" class="wp-caption alignright"><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Elche-espejored.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-787" class="size-medium wp-image-787" title="Elche espejored" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Elche-espejored.jpg" alt="" width="260" height="300" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Elche-espejored.jpg 640w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2017/05/Elche-espejored-261x300.jpg 261w" sizes="auto, (max-width: 260px) 100vw, 260px" /></a><p id="caption-attachment-787" class="wp-caption-text">Espejo de agua en Elche</p></div>
<p>En otros lugares, esta <strong>lluvia que desafía la gravedad queda convertida en un espejo de agua reposado en el suelo y … ¡multiplica la belleza! Así sucede en Elche</strong> con rincones donde las palmeras se ven reflejadas en el paseo o en la plaza de la Bolsa en Burdeos.</p>
<p>El<strong> summum se encuentra en Ginebra</strong>. Lo conocemos todos como el famoso “Salto de Agua” que alcanza una altura parecida a la torre de una catedral. No exagero. Lo mejor, además de ver la fuerza del agua en sentido contrario al de una catarata, es <strong>jugar con el viento y ponerse, si es verano, a sotavento.  Y, claro que sí, jugar a ser niños de nuevo. Risas aseguradas, ya verán y nada&#8230; ¡que disfruten del baño!</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Metamorfosis nocturna&#8230; en la ciudad</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2016 12:10:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arquitectura]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Muchas <strong>ciudades tienen una “doble personalidad”.</strong> Son totalmente distintas cuando las vemos iluminadas por la noche. Tanto es así que, si pasamos de día y luego otra vez por la misma calle, por la noche, nos podemos hasta despistar. El lugar es casi irreconocible.</p>
<p>Y más aún cuando viajamos que nos entra el ansia de querer “conocerlas a fondo” y por eso <strong>nos gusta también verlas a oscuras. Entiéndanme, con las luces encendidas</strong>.</p>
<h3>Con “el canto del ruiseñor”</h3>
<p>Ese momento cuando aparecen las primeras farolas tiene especial encanto en esta transformación urbana que les cuento. Hay casos llamativos y muy famosos como los abusos del <strong>neón en las céntricas calles de Tokio, que dicen los expertos que provoca casi una catarsis en el paseante. </strong></p>
<p>Otro lugar convertido casi en un museo al aire libre para ver estas primeras luces es la ciudad de Andorra La Vella. Justo al anochecer, “se despiertan” –lumínicamente hablando- “Los 7 poetas”. Es un escultura formada por siete hombres que parecen estar sentados “en el aire” con los brazos sujetándose las piernas. Se iluminan con distintos colores en lo alto de unos postes. Lo mejor es descubrirlos casi por azar.  <strong>La noche y el arte van de la mano. </strong> Y con mucho arte, valga la redundancia.</p>
<div id="attachment_716" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Andorra-lucesred1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-716" class="size-medium wp-image-716" title="Andorra lucesred" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Andorra-lucesred1.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Andorra-lucesred1.jpg 1024w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Andorra-lucesred1-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Andorra-lucesred1-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-716" class="wp-caption-text">Andorra, en sus primeras luces de la noche</p></div>
<p>El artista, Jaume Plensa, quería que en los paseos por la ciudad, mirásemos todos hacia lo alto. Nada de ir cabizbajos. Y que reflexionáramos, que también se puede hacer con la cabeza erguida. Y lo ha conseguido con estos pensadores. Pero también es verdad que lo tenía muy fácil porque esta ciudad tiene mucha belleza blanca y verde en sus montañas. Así que, un paseo por Andorra y el dolor de estirar el cuello casi van en un tándem.</p>
<h3>Luces y… ¡a cenar!</h3>
<p>Hay <strong>ocasiones en las puede resultar muy complicado poder ver una ciudad encendida. Pues requiere trasnochar mucho.</strong> Así sucede en algunas ciudades bálticas en verano, donde pasada la hora de la Cenicienta, aún es de día. Un poco apagado eso sí. Es la sensación de un atardecer que se queda un rato bien largo ahí, posado en el cielo, sin llegar a desaparecer. Sin dejar entrada a la noche.</p>
<p>En las terrazas de los bares en las zonas más céntricas<strong> han ideado un sistema muy curioso para que sepamos que estamos cenando y no comiendo</strong>. Les cuento el truco. Encienden –siendo aún de día- pequeños faroles y lámparas para “engañar” visualmente a los comensales –sobre todo los que vamos desde otras ciudades-.</p>
<p>Estaba yo un buen día (digo, noche) cenando con unos amigos estonios en Tallin. Ella me contaba que nada más terminar sus estudios, por razones de trabajo, se tuvo que trasladar en pleno mes de julio a EE.UU. <strong>Su avión aterrizó a media tarde y, quedó sorprendida cuando apenas un rato más tarde ya era completamente de noche</strong>. Cosa que ella jamás había visto antes en su vida. Y es que las sorpresas son en ambos sentidos. Para nosotros, que el día perdure hasta bien entrada la madrugada. Para ella, que de repente hubiera caído la oscuridad en cuestión de minutos.</p>
<div id="attachment_717" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Helsinkilucesred1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-717" class="size-medium wp-image-717 " title="Helsinkilucesred" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Helsinkilucesred1.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Helsinkilucesred1.jpg 1024w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Helsinkilucesred1-300x225.jpg 300w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2016/12/Helsinkilucesred1-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-717" class="wp-caption-text">Helsinki, en el largo trance del día a la noche. Fotografía tomada en verano a las 2.30am</p></div>
<h3>Luces y… ¡a comprar!</h3>
<p>Lo que sí está siendo cada vez más bonito es la iluminación de las ciudades en los días previos a la Navidad. En Londres el edificio de los almacenes Harrods se envuelve cual sí él mismo fuera todo un regalo. <strong>Qué sabía asimilación de los del marketing para esconder en todo un inmueble el verbo “comprar”.</strong></p>
<h3>Hasta que cante la alondra.</h3>
<p>Incluso ya en las grandes ciudades <strong>hay una nueva moda turística: recorridos en autobús para ver la iluminación por todas las calles</strong>. Estas “metamorfosis lumínicas navideñas” encierran su dosis de peligro pues, de tan bonitas, cuesta decir aquello tan romántico de: Pare que yo me bajo en la próxima, ¿y usted?</p>
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		<title>Cuando el guía es un beso</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Feb 2015 08:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inma</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arquitectura]]></category>
		<category><![CDATA[Ciudades]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>A punto de que San Valentín haga de las suyas. <strong>El santito amoroso se apunta hoy al viaje. Y es que no podía ser menos: el recorrido es toda una excusa absolutoria para él, pues tenemos un guía <em>sui generis</em>. Sí, sí, nos vamos de viaje… ¡tras las huellas de un beso!</strong> ¿Se dejan guiar por él? Aviso a navegantes, perdón a viajeros: no se trata de un beso cualquiera.</p>
<p><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/picadilly.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-303" title="picadilly" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/picadilly.png" alt="" width="300" height="226" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/picadilly.png 755w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/picadilly-300x226.png 300w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Recorreremos tres lugares. El primero tiene mucho que ver con el flechazo (cosas de San Valentín, que se nos ha colado hoy); El segundo, ya sí el beso, perdón “el guía” de esta ruta, de tan poderoso que es, ha cambiado la fisonomía de un barrio entero. Y,  el tercer ósculo, tiene también su aquel: está escondido como si fuera un tesoro.</p>
<p>Las dos primeras paradas nos llevan a Londres. Esta ciudad también tiene su lado romántico. <strong>Qué tiemblen París y Roma que ya Londres está casi a su altura.</strong></p>
<p>A modo de pistoletazo de salida, comenzamos con una parada junto a Eros, que es toda una referencia como lugar de encuentro. <strong>Si quedamos con amigos, es muy fácil que el lugar elegido para ello sea Picadilly Circus.</strong> Si llegamos pronto y nos toca esperarlos, podemos subir la mirada a lo alto de la estatua. Ahí está, con su flecha a punto de disparo <strong>(¡sálvese quien pueda del flechazo y la atracción que tiene esta plaza!)</strong>. Aunque hay quien dice que el de la estatua es su hermano Anteros (mucho más reflexivo).  En este lugar podemos esperar tranquilamente en los escalones. El trasiego de gente en esta plaza es de esos que entretienen y hacen muy  llevadera la espera (caso de que nuestros amigos se retrasen más allá del margen de cortesía).</p>
<p>También en Londres, “tras el flechazo”, podemos dar un bonito paseo, ahora ya sí con besos como leitmotiv y visitar la Tate Modern. En el recorrido hasta ella, si elegimos la opción de ir caminando, podemos cruzar el Támesis por el Puente del Milenio. La sede de la galería está en lo que fue una  antigua central eléctrica (la forma del edificio recuerda el perfil de una fábrica, incluso conserva aún la estructura de la chimenea y todo). En sus salas, en un lugar con mucha visibilidad, se encuentra “El Beso” de Rodin (uno de los tres que esculpió). La fuerza del arte es tal que este barrio ha dejado de ser ya una zona industrial y decaída. Ahora tiene mucha vida comercial. <strong>Si después de admirar el beso, necesitan un refrigerio para recomponerse, desde la cafetería de la Tate las vistas son fantásticas.</strong></p>
<p><strong><a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/tate.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-full wp-image-304" title="tate" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/tate.png" alt="" width="186" height="234" /></a></strong><strong>Terminamos nuestro “recorrido besucón”  en Viena, también con otro beso. Éste, de tan escondido que está, llegar a él es casi como descubrir un tesoro</strong>. Así lo sentí yo. Les cuento.</p>
<p>Una de las estrategias de marketing muy utilizada en los grandes supermercados es colocar los productos más voluminosos al final del recorrido, ya que de no ser así, si llenamos el carro de la compra nada más entrar, al verlo casi a rebosar tendríamos<em> ipso facto</em> la sensación de que ya hemos comprado demasiado.</p>
<p>Muy parecida ha sido la estrategia para colocar “El Beso” de Gustav Klimt en la Galería Belvedere (Viena). Ya el edificio en sí y los alrededores son bien bonitos. Tanto que cuando el exterior da este do de pecho, surge siempre la tesitura de si el interior del museo va a estar a la altura. Pues bien, en este caso… ¡la supera! Recorremos pasillos previos (como en el supermercado) que nos van guiando hasta encontrar… ¡el beso!  De verdad que no les exagero al decirles que hallarán un tesoro.<a href="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/klimt1.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-306" title="klimt" src="/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/klimt1.png" alt="" width="300" height="238" srcset="https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/klimt1.png 367w, https://blogs.laverdad.es/zonadeembarque/wp-content/uploads/sites/28/2015/02/klimt1-300x239.png 300w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>La entrada en la sala en cuestión (a la que se llega tras este “recorrido previo dirigido” que no tiene pérdida, no se preocupen) se oscurece cual cámara secreta acorazada y, pasado el tiempo (breve) en el que nuestros ojos se han acostumbrado ya a la oscuridad, entonces el brillo del dorado despliega todo su esplendor (nos hace parpadear y todo) y… ¡allí está la magia! Prepárense porque la belleza, la ternura, la paralización…  es sólo un botón de muestra de todo lo que, a buen seguro, este &#8220;tesoro&#8221; les va a provocar.</p>
<p>Cómo será que iba yo en la visita con una señora de Miami y su hija adolescente. La madre me contaba –muy preocupada- que su hija había estado enfadada todo el viaje, sin razón aparente. Y, <strong>justo después de salir de la sala, la hija cambió de humor. Yo creo que algo tuvo que ver la fuerza amorosa mágica que desprende este cuadro</strong>. Después, en esta armonía familiar recién recuperada, vimos juntas más cuadros de Klimt (éstos ya en el Pabellón de la Secesión) y, al salir me invitaron en el animadísimo Naschmarkt a las famosas ostras con champán. Y todas, tan contentas.</p>
<p>Así las cosas creo yo que no quedaría de todo exagerado si hoy me despido de Vds. con un beso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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