{"id":419,"date":"2015-08-14T16:30:53","date_gmt":"2015-08-14T14:30:53","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/zonadeembarque\/?p=419"},"modified":"2015-08-14T16:30:53","modified_gmt":"2015-08-14T14:30:53","slug":"un-britanico-enamorado-de-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/zonadeembarque\/2015\/08\/14\/un-britanico-enamorado-de-espana\/","title":{"rendered":"Un brit\u00e1nico enamorado de Espa\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Les cuento un caso legal ver\u00eddico, con una historia de amor detr\u00e1s, y un l\u00edo de leyes en conflicto. Tomen asiento.<\/p>\n<p><strong>El Sr. Dimas, brit\u00e1nico, estaba enamorado de la costa levantina<\/strong> y tambi\u00e9n, de su segunda esposa, D\u00f1a. Vicenta. Vendieron todos sus bienes en el extranjero \u00a0y se quedaron a vivir en J\u00e1vea.<\/p>\n<div id=\"attachment_420\" style=\"width: 378px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"\/zonadeembarque\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2015\/07\/CasaMediterraneored.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-420\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-420\" title=\"CasaMediterraneored\" src=\"\/zonadeembarque\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2015\/07\/CasaMediterraneored.jpg\" alt=\"\" width=\"368\" height=\"277\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2015\/07\/CasaMediterraneored.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2015\/07\/CasaMediterraneored-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/28\/2015\/07\/CasaMediterraneored-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 368px) 100vw, 368px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-420\" class=\"wp-caption-text\">El Mediterr\u00e1neo, desde la costa italiana<\/p><\/div>\n<p>Era propietario de una casa con porche y jard\u00edn. Disfrutaban como aut\u00e9nticos espa\u00f1oles, con su paella dominguera y todo.<\/p>\n<p>Un buen d\u00eda el <strong>Sr. Dimas decidi\u00f3 hacer testamento<\/strong> y fue a una notar\u00eda cerca de su casa, en Teulada (Alicante). En su testamento, casi una declaraci\u00f3n de amor, le dejaba todo su patrimonio a su mujer: la vivienda de J\u00e1vea. Viv\u00edan la mar de felices junto al Mediterr\u00e1neo, hasta que un d\u00eda, \u00e9l falleci\u00f3.<\/p>\n<p>Su esposa, D\u00f1a. Vicenta se qued\u00f3 con la casa seg\u00fan la voluntad de su marido. Pero, <strong>D\u00f1a. Elvira, hija del primer matrimonio del Sr. Dimas, entr\u00f3 en acci\u00f3n. Ella tambi\u00e9n quer\u00eda la casa.<\/strong><\/p>\n<p>Como hija, era heredera legal seg\u00fan la ley espa\u00f1ola por la que forzosamente los hijos heredan a los padres. Ella pensaba que por derecho espa\u00f1ol le correspond\u00eda la casa de J\u00e1vea. Ya les digo, era un inmueble precioso.<\/p>\n<h3>\u00bfDe qui\u00e9n es la casa: de D\u00f1a. Vicenta o D\u00f1a. Elvira?<\/h3>\n<p>El asunto que enfrentaba a D\u00f1a. Vicenta y a D\u00f1a. Elvira \u00a0termin\u00f3 en los despachos de abogados. Y ah\u00ed comenzaba el l\u00edo de leyes.<\/p>\n<p>a.-) Seg\u00fan la Ley brit\u00e1nica, existe libertad absoluta a la hora de hacer testamento. Uno puede dejarle los bienes a quien desee. Luego: El Sr. Dimas, que era brit\u00e1nico, hab\u00eda actuado correctamente y la heredera era D\u00f1a. Vicenta, su mujer.<\/p>\n<p>b.-) Seg\u00fan la Ley espa\u00f1ola, los hijos heredan forzosamente a los padres. Era, pues, D\u00f1a. Elvira la heredera. El Sr. Dimas ten\u00eda la condici\u00f3n de \u201cresidente\u201d en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>c.-) Pero, a su vez, en un apartado especial, la Ley brit\u00e1nica, \u201cretornaba\u201d a la Ley espa\u00f1ola, cuando \u201clos bienes estuvieran en Espa\u00f1a\u201d. Luego por este reenvi\u00f3 de retorno, <strong>se llegaba a la prevalencia del derecho espa\u00f1ol (ya que la vivienda estaba en Espa\u00f1a),<\/strong> lo que daba derecho a la hija a quedarse con ella. Y as\u00ed fue finalmente como lo declar\u00f3 el Tribunal Supremo. Elvira gan\u00f3 la batalla legal y se qued\u00f3 con la casa.<\/p>\n<p>Son muchas las urbanizaciones en las que residen brit\u00e1nicos ya en edad de jubilaci\u00f3n que <strong>han encontrado en la costa levantina el para\u00edso con el que so\u00f1aban de j\u00f3venes<\/strong>. Y, una vez que adquieren una casa, hasta rejuvenecen y todo. Yo voy con frecuencia a estas urbanizaciones y la verdad es que cuando hablo con ellos, est\u00e1n todos la mar de contentos en este &#8220;cachito de cielo&#8221; junto al Mediterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>Pero los tiempos cambian. Ya ha entrado en vigor una nueva normativa para regular estos casos, tan numerosos, de nacionales que residen y tienen bienes en otros pa\u00edses. <strong>Ahora ya s\u00ed cada uno podr\u00e1 elegir la ley que quiere que sea la que rija a la hora de su testamento.<\/strong><\/p>\n<p>La pena es que muchas veces las nuevas leyes llegan m\u00e1s tarde de lo que uno desea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Les cuento un caso legal ver\u00eddico, con una historia de amor detr\u00e1s, y un l\u00edo de leyes en conflicto. Tomen asiento. El Sr. Dimas, brit\u00e1nico, estaba enamorado de la costa levantina y tambi\u00e9n, de su segunda esposa, D\u00f1a. Vicenta. Vendieron todos sus bienes en el extranjero \u00a0y se quedaron a vivir en J\u00e1vea. 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