La Verdad
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Fecha: noviembre, 2016
Solución al 12/11/2016 MONEDA FALSA
Alberto Requena 20-11-2016 | 8:52 | 0

Cerrada la fábrica de Otto en Colonia, Daimler dejó Deutz donde había trabajado decisivamente en la producción de los motores de cuatro tiempos de Otto y se trasladó a Cannstatt para producir, ahora, motores propios. Un par de pequeños tornos, algunos bancos de tornillo y dos perforadoras, que funcionaban todas a mano, era todo el instrumental con el que partían. Tres cerrajeros constituían, junto con su colega Maybach y el mismo, todo el personal del proyecto. Logró de ellos unos mecanismos de precisión. Siempre recordaba que el primer constructor de un motor de cuatro tiempos fue un relojero. Construyeron un cilindro de bronce que situaron horizontalmente y lo había fundido un fundidor de campanas; la refrigeración era por aire; el encendido mediante una batería eléctrica y un volante de hierro fundido, esperando conseguir muchas revoluciones. Para ello acortó la carrera del émbolo y mejoró la dirección del encendido.

Si pretendía que el motor fuera a incorporarse al tráfico, tenía que ser ligero. La obsesión de conseguir un mayor número de revoluciones del motor, supondrían más camino en menos tiempo. Pasaba las 200, las 240 y las 250 revoluciones, pero a partir de aquí la marcha fue irregular, fallando los tiempos. No conseguía superar lo que alcanzó en Deutz. Maybach el compañero inseparable de Daimler, estudió el comportamiento llegando a la conclusión que dependía del encendido. Pero Daimler no analizó más las piezas y consideró que ya había calculado bastante. Era momento de dejar paso a la intuición. Se sumergió en el patio de su casa, donde había construido un invernadero, incluyendo pitas, helechos y palmeras, orquídeas, madroños y frutales enanos, melocotoneros y albaricoqueros, etc. Su mundo, pues, se dividía en una nave de motores, junto a una casa que representaba la mitad de la instalación, bien florida. Contemplando sus plantas, tuvo una idea de cómo mejorar el encendido. Ante algo que debía guardarse en secreto, trasladaron las piezas del motor a una parte de la nave, a cubierto de miradas curiosas que durante el día pudieran pretender descubrir las mejoras. Él y su compañero de fatigas Maybach, trabajaban de noche en la mejora del encendido y algunas piezas más del motor.

Un día se presentó en el taller el comisario de policía acompañado de un agente. Le trasladó una queja presentada contra Daimler. Pese a que Daimler pretendió llevarlos a su casa, no consintieron. Los vecinos sospecharon que por la noche ocurrían cosas a puerta cerrada. Daimler no entendía que por una queja estuviera tan serio el comisario, hasta que éste le confesó que se trababa de una denuncia. Le exigió que le enseñara todos los locales. Le preguntó qué es lo que hacían allí, a lo que Daimler contestó que fabricaban motores. El Comisario escudriñó todos los cajones, piezas y objetos, incluso los del local que estaba bajo llave y se sorprendió al ver el motor en la habitación. Preguntó entonces por qué habían tapado las ventanas. Daimler le hizo ver que el motor que tenía ante sus ojos le había llevado arduos trabajos desde hacía años y que era el primer ejemplar que tenía un encendido mediante un tubo incandescente y que ése era el secreto de la habitación. Ahora ya estaba solicitada la patente y el motor alcanzaba hasta 900 revoluciones. Exhibió el motor funcionando ante el comisario, asustándose éste por el chorro de fuego que emergió por el corto tubo de escape.

Fuera de la instalación le dijo a Daimler que no sabía que se dedicaba a esas cosas. Se había sospechado que se dedicaba a fabricar moneda falsa. Daimler contestó con una sonrisa, lo que sorprendió, todavía más al comisario. Se dispuso a darle una explicación. Condujo al comisario a su jardín botánico y le dijo: aquí es donde yo cometo la delincuencia que ustedes sospechaban; aquí cultivo plantas tropicales, propias de Ceylán o de África y las hago brotar y crecer aquí, bajo la impostura de un clima mentido y las mantengo artificialmente en vida. A esto es a lo que yo llamo fabricación de moneda falsa. Naturalmente, el sumario c

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SOLUCION AL 29/10/2016 LOS HECHOS MANDAN
Alberto Requena 10-11-2016 | 1:43 | 0

LOS HECHOS MANDAN

Mayer, estudiante en la Universidad de Tübingen en Alemania, hijo del boticario de Heilbronn, organizó un movimiento estudiantil, calificado de subversivo y fue juzgado ante un tribunal presidido por el Rector, que actuaba en el paraninfo de la Universidad. El lema de la asociación era: libertad, honor y patria. Se negó a dar los nombres de sus compañeros, entendiendo que eso suponía delatarles. Había ido a estudiar medicina, pero no asistió casi a ninguna clase, aduciendo que no había mucho que oír en ellas. Se quejó amargamente de todos los profesores que se limitaban a enseñar lo que ellos habían aprendido hacía mucho, sin haber aportado nada nuevo. Ciertamente, en la época, siglo XIX, era corriente que las grandes aportaciones no provenían de profesores. Los descubridores de: la electrolisis, la máquina de vapor, el electromagnetismo o la locomotora no eran profesores. Ni Faraday, ni Davy ni Ritter lo eran. Los hombres de ciencia relevantes no habían estudiado, porque no tenían recursos para ello. Mayer decía que estudiaba observando y que esperaba llegar a saber algo, algún día. Este discurso fue interpretado por el tribunal como que no correspondía a una mentalidad sana. La conclusión fue una pena de reclusión durante una larga temporada y recibió el Consilium abeundi, que suponía un consejo coactivo para abandonar la Universidad. Una huelga de hambre hizo que el claustro lo liberara a los seis días.

En febrero de 1840 partía un buque de cuatro palos del puerto de Rotterdam con destino al puerto de Batavia. Fue un viaje lleno de experiencias para un neófito en los mares. Fue interrogado por el timonel, con el que hizo amistad, sobre sus sensaciones, cuando le dejaba las empuñaduras de la rueda del timón en sus manos, tras lo cual le demandó una explicación sobre las razones que justifican que el agua del mar sea más caliente cuando la mueve una tormenta. A Mayer le sorprendió la pregunta. Mientras los marinos lo conocían, él lo ignoraba completamente. Pensando que lo que es válido para lo grande, también debe serlo para lo pequeño, llenó una botella hasta la mitad, tomó la temperatura y después agitó durante cinco minutos y volvió a tomar la temperatura. La temperatura del agua había ascendido un par de grados. Esto le dio que pensar. Al poco, el barco arribo a la bahía de Batavia. Un par de marineros enfermaron, con síntomas de fiebre y problemas respiratorios. Mayer les practicó una sangría, como hacía habitualmente, haciendo manar una sangre casi negra, aunque de la vena salía una sangre clara de color rojo. Pensó que había pinchado una arteria, aunque no se trataba de eso. Le pasó lo mismo con otros enfermos.

El color claro era de una sangre oxigenada, por tanto, no era sangre “gastada” la que detectaba. El cuerpo no necesitaba más oxígeno. La razón explicativa la encontró en que, en los trópicos, el ambiente absorbía menos calor que el aire frío en otras latitudes. Otros efectos derivados del ambiente eran menor apetito y algo más prosaico como que la caldera del buque precisaba menos carga de carbón. Experimentó lo que ocurría con unos marineros muy activos en la descarga del buque, que comían con buen apetito y abundantemente. La sangre también era negra. Logró una explicación: cuando el cuerpo efectuaba un mayor trabajo muscular, tenía que oxidar más alimento y como consecuencia consumía el oxígeno recibido. Era lo que le pasaba a la máquina de vapor del barco: cuando había que caldear más, era cuando la máquina tenía que efectuar mayor trabajo. Por tanto, el trabajo realizado dependía del calor aportado. El calor se transformaba, pues, en trabajo. De aquí dedujo que el calor era igual (“equivalente”) al trabajo. Claro que, por la misma razón, el trabajo se debería convertir en calor. El mar removido era más caliente, según le indicó el timonel. Recordó que cuando era pequeño y jugaba con los amigos a bajar por las barandillas de las escaleras, los pantalones se le calentaban por el rozamiento. Claro que, esto implicaba que el rozamiento era trabajo. Así se justificaba que los indígenas encendieran el fuego frotando maderas. Cuando se danzaba se sudaba, al convertir el trabajo en calor. Fue entonces cuando sospechó que era improbable que se perdiera uno en otro, en cualquier proceso. La capacidad del pensamiento humano no tiene límites, ¡ menos mal ! Aunque muchos lo disimulen.

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SOLUCION AL 15/10/2016 ETERNA VIGILIA
Alberto Requena 10-11-2016 | 1:37 | 0

ETERNA VIGILIA

La idea llega al inventor y no éste último a aquélla. El objetivo de un inventor es el invento. Pero éste responde a una idea. Una vez que empiezan a tomar vida, les queda un largo camino por recorrer hasta llegar, o no, a eso que con tanta frivolidad se denomina innovación. Menos de 1 en 10.000 inventos, llegan a ser innovaciones. En corporaciones muy profesionales 1 invento de cada 2.000 logra generar una innovación. El lenguaje mal empleado y “pateado” en fondo y forma, hace que en la sucesión: ocurrencia, idea, novedad, invento, prototipo, desarrollo, innovación, sistemáticamente se salten todos y se califica de innovación al más leve de los cambios que ni siquiera terminarán representando ningún avance, ni siquiera para los promotores, mucho menos para la Humanidad, como requeriría, canónicamente. el término innovación,

El nombre del inventor no siempre se asocia el invento. Casi nunca recordamos quién fue el padre de la idea. Los inventos se conocen, se confirman, se utilizan, sin asociarlos, casi nunca, a quienes los idearon. Los inventos generan una técnica nueva, se enseñan, trabajan y producen. Pero rara vez se tiene presente a la mente, como la nuestra, que vivió mucho más intensamente que nosotros, los problemas, los afanes, las esperanzas, también los desengaños que alimentaron lo que ahora disfrutamos de forma anónima. No somos demasiado conscientes de que siempre hay personas pendientes e inclinadas sobre problemas. No cuestiones relacionadas con hacer más dinero, lograr mayor fama o alcanzar mayor reconocimiento, sino intentando resolver el problema que han decidido encarar. Encontrar la solución, desentrañar la intimidad, para conocerla y tratarla. Lograr explicar cómo acontece algo. Conseguir una mejora. La idea está siempre en vigilia. En eterna vigilia.

Afortunadamente, han sido numerosas las personas que se han dedicado a estar en vigilia para que los demás nos aprovechemos. Cuando se cumplen años, en cantidad ya, no estaría mal que la reflexión nos llevara a un repaso de lo que hemos aportado a los demás. No cuanto hemos ganado o las metas que hemos conseguido, sino logros que han representado para los demás avances colectivos, innovaciones. Nos sobrarán, incluso las manos, no ya los dedos. Algunos como Siemens, aportaron inventos abundantes, equilibrando lo de muchos otros humanos estériles. Dio la respuesta europea continental a la máquina de vapor de agua del escocés Watt. Siemens fue el pionero de la electrotecnia, desarrolló un proceso de galvanización, un telégrafo de aguja y presión, cables eléctricos aislados con gutapercha para tendidos submarinos, ejecutó tendidos telegráficos continentales y transoceánicos y produjo locomotoras eléctricas. Sabiendo la importancia de la Ciencia y la Técnica y valorando ajustadamente su importancia, fue un mecenas de la investigación y participó en la fundación del Instituto Imperial de Física y Técnica, en Alemania, de la mano de von Helmholtz. No se trataba de producir cosas para su negocio, sino para el avance de la Humanidad. La muerte de su mujer, Matilde, le sumió en una depresión notable. La paradoja es que él, que tanto hierro había manejado, no fue capaz de suplir la deficiencia de su mujer que también presentaba anemia cuando falleció. Hasta entonces, Siemens había trabajado para lograr la felicidad, ahora lo hacía para olvidarse de la que había tenido hasta entonces.

Arago había descubierto que colocando una bobina aislada alrededor de un núcleo de hierro y haciendo pasar corriente, el núcleo de hierro se hacía magnético. Faraday invirtió el experimento y se originaba una corriente en una bobina colocada en el interior de una barra imán. En Francia e Italia se pretendía producir corriente eléctrica en grandes cantidades, haciendo girar una bobina entre dos imanes de acero. La corriente que se obtenía era muy débil. Se supuso que los polos magnéticos eran débiles. Se aumentó el tamaño de las máquinas, pero no de la corriente. Siemens tuvo una idea: todo magneto inducido artificialmente tiene una huella de magnetismo y este remanente es suficiente para producir corriente en un rotor. Si conducimos esta corriente por las espirales de la magneto, reforzamos su magnetismo y producirá a su vez, en el rotor, una corriente nueva más intensa. Si obramos así sucesivamente la incrementaremos hasta el límite de la instalación. En el primer ensayo reventó el galvanómetro. Siemens había descubierto el principio dinamo-eléctrico. El trabajo se convertía en energía eléctrica. Esta a su vez en trabajo. Los electromotores empezaron a rodar. Se inauguraba la era del alto voltaje. Probablemente la más alta invención jamás realizada por el hombre. Supuso una innovación. Ahora lo sabemos. ¡Y disfrutamos!

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SOLUCION AL 1/10/2016 A TONO
Alberto Requena 10-11-2016 | 1:28 | 0

­­­A TONO

No puedo evitar la evocación que me produce este título. Respetado y recordado. Siempre tenía el mismo. Con cariño. Tono es uno de esos términos polisémicos, de amplio espectro, que dirían los castizos. Es usual entenderlo en el contexto del ámbito acústico, en el que se traduce por la propiedad de los sonidos que los clasifica según su frecuencia y, cualitativamente, los ordena de agudos a graves. Pero, en otros ámbitos, como en el de la luz, se asimila al nivel luminoso de un color. En el ámbito de la pronunciación pasa a designar el acento particular de ésta. Hay otras acepciones del término que, en todo caso, incorporan conceptos de nivel, altura o conveniencia de algo, según los propósitos de quién lo exhiba.

En acústica, se traduce a una escala de altura, entre bajo y alto. A tono nos indica que algo está acorde con las circunstancias. Una especie de armonía en relación a éstas, incluso en la esfera sexual. Indica, también, que algo se expresa en concordancia con las condiciones anímicas del interlocutor, de uno mismo o de ambos. Los músculos, en una especie de antropromorfización, se contraen y expanden, con o sin el tono que requiere la circunstancia anatómica. Incluso, sirve para designar una señal sonora con la que responde algún aparato, (telefónico, usualmente) para darnos a entender que procede o puede proceder establecer una comunicación. Un comentario se sitúa en un tono, que si es elevado o bajo, indica el nivel, pero si es subido pasa a referirse al grado de obscenidad y si, definitivamente, se sale de tono, nos indica algo inapropiado al momento, lugar o interlocución, que puede volver a su cauce si se “baja el tono” y, en la intimidad, deberíamos “estar a tono”.

Etimológicamente, deriva del latín tonus, que proviene del griego “teino”, tensar. Del latín derivan tónico o tonal, mientras que del griego provienen barítono, átono, oxítono o peritoneo, entre otros. En música, tono es un intervalo que en el sistema temperado equivale a un sexto de octava. La mitad de tono es un semitono y equivaldrá a un doceavo de octava. Cualquier escala procedente de los modos gregorianos consta de cinco tonos y dos semitonos.

Según Oosgod, las palabras pueden representar cosas, “porque producen en nosotros una cierta réplica de la vida real”. La expresividad en música tiene una servidumbre, dado que lo que alguien nos dice acerca de su modo de percibir, necesariamente tiene carácter metafórico, poético, más que analítico. Según Esther Gatewood, la música nos transmite un efecto: triste, serio, divertido, sosegado, nostálgico, patriótico o irritado. Pero Langer apunta que, además del lenguaje esencialmente metafórico de la descripción musical, hay que distinguir entre lo que una persona cree sentir con la música y su percepción del carácter de la música en sí. Ejemplo: una música patriótica o solemne, puede resultar divertida a un extraño, por pretenciosa, por ejemplo.

Hay emociones sentidas directamente y otras contempladas y captadas imaginativamente. Hay que distinguir entre escuchantes y oyentes, según Vernon Lee. No es la forma de oír, sino la actitud, la determinante. El escuchante califica la distracción, en la escucha, como un defecto, mientras que el oyente piensa que no se precisa una atención permanente, una concentración continuada. En música, se puede distinguir una amplia gama de clases de movimientos: extensión, retracción, coalescencia, extrusión, integración, desintegración, ritmos de desarrollo característicos de los seres vivos. Toda percepción requiere un ajuste físico y cualquier actividad física o mental, deja una huella residual, incluyendo los pensamientos. Un oyente, puede evocar situaciones de su propia vida, la biografía del compositor o las gafas del que está enfrente de él. Para un escuchante, esto son distracciones.

La música transmite emociones y una forma de hacerlo es con los acordes (tres o más notas simultáneas), cuyo arte de combinación se denomina armonía. Los acordes mayores y menores, no solamente suenan diferente, sino que la respuesta a nivel fisiológico es distinta, como evidencia la resonancia magnética nuclear funcional. Se activan zonas del cerebro diferentes. Un acorde mayor, transmite alegría, mientras que uno menor produce tristeza. Así se transmiten emociones. Un estribillo en tono mayor, nos transmite optimismo. No incide el ámbito cultural del sujeto, la percepción es universal. Convertir una partitura de un tono mayor a uno menor, altera la percepción. Todo cambia. Samir Zeki, conoce mucho de esto. El cerebro empieza a ponerse a tono.

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Sobre el autor Alberto Requena
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