La Verdad

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Autor: mrubio
El Generalife murciano
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Miguel Rubio | 11-06-2015 | 12:56| 0

Durante casi un cuarto de siglo, entre los años 1147 y 1171, Murcia vivió una época dorada de la mano de Ibn Mardanis, conocido por las fuentes cristianas como el Rey Lobo. Hasta que el ejército almohade rompió el sueño, Murcia fue “un centro político y cultural equiparable con las principales capitales islámicas del momento”, como dejó escrito Miguel Rodríguez Llopis en su (imprescindible y ameno) libro ‘Historia de la Región de Murcia’. De aquella etapa de esplendor quedan restos arqueológicos que todavía hoy impresionan; el buque insignia es el conjunto palaciego y defensivo de Monteagudo. Ahora, una iniciativa del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), impulsada por el experto Julio Navarro, llama la atención sobre esta joya del siglo XII, y más concretamente sobre el Castillejo, que albergó las lujosas estancias cortesanas de Ibn Mardanis. Si ha visitado el Generalife de Granada ya puede soñar sobre lo que hubo.

Ocho siglos después, el proyecto Almunia (que adelantamos en ‘La Verdad’) aspira a rescatar del olvido este palacio-huerto, además del los restos del Larache y Cabezo de Torres. Hasta principios de 2016 no se conocerá si llega la necesaria financiación europea para esta ilusionante propuesta, que no solo pretende poner las bases para recuperar aquella fastuosa arquitectura, sino también el vergel (jardines, huertos, acequias) que la envolvía como el más bello papel de regalo.

Muros del Castillejo; al fondo, el Castillo de Monteagudo.

Muros del Castillejo; al fondo, el Castillo de Monteagudo.

Julio Navarro, que fue arqueólogo del Ayuntamiento de Murcia hasta que en 2001 se trasladó a Granada tras ganar una plaza en el CSIS, resalta que el complejo de Monteagudo, hoy abandonado y ruinoso, fue un “proyecto de Estado” que ordenó levantar el propio Ibn Mardanis para mostrar al mundo su poder. En esta estrategia (la arquitectura siempre ha sido una potente arma de ‘marketing’) se incluían otras obras no menos impresionantes, como los castillos del Portazgo y la Asomada, en el Puerto de la Cadena, cuya construcción no pudo terminarse debido al avance almohade.
Viendo los muros de tapial semiderruidos, las huertas olvidadas y los cauces entubados cuesta hacerse una idea de aquel lujo de la taifa mardanisí. Así que bienvenido sea el proyecto Almunia, que puede sentar las bases, si nuestros políticos abren bien los ojos, para la puesta en valor del conjunto arqueológico de Monteagudo (y del resto de yacimientos islámicos de la época) convirtiéndose en el atractivo turístico y cultural que le falta a Murcia.

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Colores de la mina en un altar
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Miguel Rubio | 20-05-2015 | 7:40| 0

La iglesia de San Andrés Apóstol (siglo XVI) de Mazarrón era conocida, sobre todo, por su artesonado mudéjar. Pero a partir de ahora también lo será por sus pinturas decorativas, realizadas durante la ampliación que experimentó el templo en el siglo XVIII. Los murales han recobrado su colorido gracias a las delicadas manos y la paciencia de los profesionales del taller Asoarte, dirigidos por la conservadora Loreto López, tras varios años de trabajo. El proyecto de restauración también ha permitido sacar a la luz el nombre del autor de esta obra, Diego Marín del Pino, un maestro dorador que visitó la localidad para tasar otra obra en la vecina parroquia de San Antonio de Padua, así como la fecha de terminación de la decoración, 1744.
López cree que Marín del Pino, un artesano del que se conocen pocos datos, tuvo que inspirarse en el colorido de las minas que rodean la localidad para llevar a cabo este proyecto. «En esos murales aparecen los pigmentos naturales de la zona: amarillos, ocres, grises, rosáceos, además de la almagra», explica la conservadora. Ese residuo procedente de la fabricación del alumbre es el que se ha empleado para recubrir todo el zócalo de la iglesia, afectado por la humedad.
En el templo resalta ahora la arquitectura fingida (realizada mediante la técnica del trampantojo) dibujada a todo color en el altar mayor, en el que aparecen las imágenes de San Clemente y San Enrique, así como un medallón con una Virgen Apocalíptica. Loreto López define el conjunto como “un dibujo armónico, en una composición acertada”. También llaman la atención las pinturas decorativas a ambos lados del crucero y en algunas de las capillas laterales. La recuperación ha supuesto un duro trabajo, debido al deterioro que presentaban los murales, ocultos bajo varias capas de yeso. Y aunque no se ha podido recuperar el acabado final que tuvo la obra, los feligreses sí que pueden hacerse una idea bastante completa de la decoración que recibió el templo hace ahora 250 años.

Altar mayor de la iglesia de San Andrés Apóstol. / Asoarte

La parroquia de San Andrés Apóstol, protegida por su interés cultural, fue levantada por encargo del duque de Escalona a raíz de sus florecientes negocios mineros, que pronto se repartió con su ‘primo’ el marqués de los Vélez. Este otro noble no tardó mucho en desear tener su propia iglesia, dedicada al patrón, San Antonio de Padua. Por eso, en Mazarrón se da la paradoja de que ambos edificios religiosos se encuentran uno tan cerca del otro. San Andrés Apóstol sufrió el abandono hasta que hace un par de décadas se acometió su restauración, recuperándose para los oficios religiosos. Ahora el templo que peor está es el de San Antonio, cerrado a la espera de una rehabilitación que nunca llega.

[La restauradora Loreto López explica hoy jueves, 21 de mayo, a las 20 horas, los detalles de la restauración en una conferencia que imparte en el Museo de Bellas Artes de Murcia, calle Obispo Frutos, 12. Teléfono 968 23 93 46]

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Un barco fenicio por San Juan
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Miguel Rubio | 13-05-2015 | 1:04| 0

Si no se tuercen los planes, la réplica del barco fenicio de Mazarrón tocará las aguas del Mediterráneo en una noche mágica, la del 23 de junio, la noche de San Juan. La botadura será en Málaga, a 364 kilómetros de donde se halla hundido el pecio, en la hoy irreconocible (da pena verla) playa de La Isla. La construcción de la nave a escala real ha corrido a cargo de los artesanos de uno de los últimos astilleros tradicionales que quedan: los astilleros Nereo. Su maestro de carpintería, Alfonso Sánchez-Guitard, ha contado a ‘La Verdad’ que los trabajos, realizados con las mismas técnicas y materiales de hace 3.000 años, han entrado en la fase final: la del embreado del casco. Un tratamiento que le dará el característico color negro que tenían las embarcaciones de la antigüedad. La única decoración sobre los maderos de pino carrasco de los Montes de Huelva será el Ojo de Horus; y no llevará una cabeza de caballo en la proa, como se barajó en un principio, porque científicamente no se ha demostrado que esto fuera así.

La réplica del barco fenicio de Mazarrón en los Astilleros Nereo.

Todo apunta a que el primer viaje será cruzar el Estrecho de Gibraltar, entre Estepona y Ceuta, el próximo mes de agosto. Una travesía que se realizará a vela y remo, aunque no ha trascendido cuántos hombres bogarán. Ese detalle está sujeto a una cláusula de confidencialidad, según Sánchez-Guitard, porque el proyecto de la réplica del barco fenicio forma parte de una completa investigación, con la colaboración del Museo Naval de Madrid, sobre arquitectura naval y sobre la navegación de este pueblo de la mítica Tiro (en el Líbano). Además, la iniciativa tiene otro objetivo: llevar un mensaje de concordia que sirva para estrechar lazos entre las ciudades mediterráneas de raíces fenicias. En esa experiencia la Región tendrá su sitio: la nave recalará en Mazarrón (posiblemente en otoño) y en Cartagena. Lástima que el ayuntamiento mazarronero haya quedado descolgado del proyecto. El exedil de Cultura y candidato a la alcaldía por UIDM, Ginés Campillo, quien en su día tomó parte en las negociaciones, asegura que el consistorio no fue invitado a entrar en el convenio suscrito entre el Ministerio de Cultura y la Fundación Málaga. Con todo, Campillo mantiene que su propuesta sigue en pie: dedicar 30.000 euros a la compra de la réplica del barco fenicio, que se destinaría a ofrecer a los turistas paseos por la bahía de Mazarrón. Ya veremos en qué queda la idea.

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Un tanatorio con premio
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Miguel Rubio | 07-05-2015 | 1:44| 0

Si los premios de arquitectura aspiran a ser una radiografía del momento que vive la Región, la última edición del certamen nos lleva a pensar que perduran los coletazos de la crisis económica y financiera, de la que el sector de la edificación tampoco escapa indemne. En general, y salvo alguna excepción, no hay grandes obras entre los galardonados, mientras que abundan los proyectos sencillos, funcionales y de menor entidad. De hecho, y por primera vez, el ‘premio gordo’  fue para un edificio con tan aparente escaso atractivo como es un tanatorio. A falta de que se haga pública el acta con el fallo de los 14 miembros del jurado, he aquí algunas pinceladas de las valoraciones que se formularon a la hora de otorgar los principales reconocimientos.

Tanatorio Campo de Cartagena (Premio Regional de Arquitectura), de Martín Lejarraga. Destaca la acertada reflexión que propicia en torno a un uso tan sensible, así como por su adecuada respuesta en un contexto -se levanta en mitad de un polígono industrial- frío y hostil. Llama la atención el jurado sobre la composición de volúmenes, el manejo de la luz natural y la austeridad de los materiales.
Centro de salud de Santiago el Mayor (Murcia), de Edith Aroca y José María López. Una pieza arquitectónica que conjuga funcionalidad y racionalidad, con una presencia abstracta que le da su propia identidad.

Capilla del tanatorio, de Martín Lejarraga.

Casa en la Mota del Río (Murcia), de Antonio Abellán y Javier Esquiva. Una actuación sensible al lugar (en plena huerta) que no solo interactúa con el paisaje, sino que va más allá al tratar de poner en valor el espacio agrícola que rodea la construcción, pegada al cauce del Segura.
Rehabilitación de una vivienda unifamiliar en el Campo de Cartagena, de Rosa María Ballester Espigares. Una acertada reinterpretación de la casa tradicional de esta comarca, con un lenguaje depurado y minimalista. Entre sus virtudes, la configuración de espacios y ambientes permeables al exterior.
Restauración de la capilla del Rosario (Lorca), de Juan Carlos Cartagena Sevilla. Rigor, coherencia y respeto en la rehabilitación del patrimonio histórico.
Plan integral de fachadas (207-2014) de Cartagena, de Marcos Ros Sempere. Una estratégica intervención para recuperar la identidad de un centro histórico, a la vez que se contribuye a la puesta en valor de todo el espacio urbano.
Además, el auditorio de El Batel (Cartagena), de José Selgas y Lucía Cano, se alzó con el premio a la permanencia de los valores arquitectónicos. En principio, podría haber sido un firme candidato para el máximo reconocimiento, sin embargo, las bases del concurso establecen que solo pueden aspirar al premio regional aquellos edificios terminados dos años antes de la convocatoria, esto es, a lo largo de 2013 y 2014. El que se marchó sin medalla (aunque estuvo entre los finalistas) fue el palacio de deportes de Cartagena, del estudio Ad-Hoc, salpicado, quizás, por el continuo cruce de reproches que ha salido a la luz pública a cuenta de los retrasos en las obras y el coste final. Sus autores lo defienden: “El edificio existe y responde, en bastante medida, a los presupuestos iniciales: economía, compacidad y plasticidad”.

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Moderno a los 90
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Miguel Rubio | 29-04-2015 | 1:54| 0

A punto de cumplir 91 años, Enrique Sancho Ruano recibe el reconocimiento de sus compañeros de oficio. En la última edición de los Premios Regionales de Arquitectura, el proyectista (Palma de Mallorca, 1923) recogió un galardón especial por su trayectoria profesional. Sancho Ruano destaca como un referente de la arquitectura moderna en la Región. Prueba de ello es que una de sus obras, la sede de la Consejería de Sanidad, figura en el selecto catálogo de la Fundación Docomomo, una entidad que vela por la conservación y la difusión de la arquitectura del siglo XX. El inmueble, enclavado en la murciana Ronda de Levante, data del año 1965 y “es el primer gran edificio público construido en la ciudad de Murcia que apuesta por un lenguaje decididamente moderno”, según queda recogido en la ficha de la citada base de datos. Como funcionario de la antigua Diputación Provincial (y después de la Comunidad Autónoma), en la carrera de Sancho Ruano ocupan un lugar protagonista los encargos de la Administración. Ahí están, por ejemplo, el centro psiquiátrico de El Palmar y las oficinas del Cebas, ambos iniciados en 1958, además de la citada sede de Sanidad. Varias iglesias de la Región también llevan su firma, como la de Barranda (Caravaca de la Cruz), San Pío X y Santa María de Gracia (ambas en Murcia) y la de San Pedro Apóstol de Alcantarilla.

Iglesia de la residencia de Espinardo (Sancho Ruano, 1965). / Mª Ángeles Muñoz Cosme

No todas sus construcciones han llegado hasta nosotros. Cuando en la mente de todo arquitecto resulta difícil de concebir la idea de que su obra desaparezca antes que el propio creador, Sancho Ruano ha tenido que ver cómo la pala acababa con varios de sus edificios, como el Club Remo de Murcia (1960) o la iglesia de Cabo de Palos (1965). Otro de sus proyectos pioneros también corre peligro ahora. Se trata del complejo residencial de Espinardo, junto al parque científico de Murcia, en el campus universitario. En su época (data de 1970) se situó como modelo a seguir de la edificación asistencial, con unas soluciones arquitectónicas propias del movimiento racionalista. Las crónicas hablan de una inversión de 200 millones de pesetas. Fruto del desarrollismo de los últimos años del franquismo, el régimen parece que no ahorró en gastos con el proyecto. Incluso recurrió a artistas del momento para ‘engrandecer’ aún más la obra. En la actualidad, varios de sus edificios están en desuso y abandonados. Entre ellos, la iglesia, con esculturas de Francisco Toledo y Juan González Moreno, y el teatro. La Comunidad Autónoma, propietaria del recinto residencial, quiere deshacerse de estos inmuebles, aunque de momento no ha encontrado comprador. Mientras,Cultura medita si protege el conjunto como bien catalogado. Habrá que esperar, pues, para ver cuál es el final de esta historia.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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