La Verdad
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Autor: Miguel Rubio
Cinco escenarios de un milagro
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Miguel Rubio | 18-11-2015 | 6:04| 2

Aquellos sí fueron tiempos difíciles, y no los de ahora, pese a ese ‘tsunami’ llamado crisis. A finales de 1585, el pueblo de Mazarrón parecía precipitarse hacia su desaparición, acosado por las deudas para pagar el privilegio de villa, los ataques de los piratas berberiscos y la decadencia de la minería. Sin embargo, un milagro cambió el rumbo. Según las crónicas transmitidas hasta nuestros días, la madrugada del 17 de noviembre de aquel lejano año una misteriosa amazona apareció para ahuyentar a los corsarios del temible Morato Arráez,  que, sigilosos y aprovechando la oscuridad, habían desembarcado en la cercana costa para asaltar la localidad. 430 años después, el prodigio se sigue celebrando con la romería más alegre que conozco. La cita es este domingo, con salida a las 8 de la mañana. He aquí cinco escenarios para sacarle todo el partido a esta celebración.

1) Iglesia del convento. Punto de partida de la romería, en la plaza del mercado. La arquitectura de este edificio data del siglo XVIII. Destacan las pinturas del camarín del altar mayor, obra de los religiosos franciscanos. La iglesia se levantó en el paraje del Romeral, donde en el siglo XVI estuvo una ermita dedicada a la Purísima Concepción.Según los testimonios de la época (recogidos en las ‘Nueve declaraciones’), los vecinos escucharon tañir las campanas del pequeño templo coincidiendo con el prodigio. Y cuando llegaron, observaron que el rostro de la imagen religiosa mostraba unas gotas de sudor, que la talla miraba ahora hacia el sur, en dirección a la mar, y que en su manto había restos de arena. A los devotos ya no les quedaron dudas, y atribuyeron a la intervención de la Virgen la desbandada de los piratas.Un cuadro recuerda ese episodio. En el templo también se guarda la bandera del milagro, una enseña que, según cuentan, abandonaron los corsarios en su apresurada huida. La restauración de esta pieza hace unos años sacó a la luz la inscripción en la tela de unos versos del Corán, aunque no se pudo determinar la fecha exacta del tejido.
2) Torre de los Caballos. Anexa a esta atalaya, frente a la playa de Bolnuevo, se localiza la ermita donde reposa la imagen de la Virgen del Milagro todo el año, salvo cuando llega la romería. Es el punto final del festejo. La torre defensiva, de planta cuadrada y dos pisos, se construyó en el siglo XVI para proteger a la población de los piratas. Formaba parte de un cordón defensivo compuesto además por las torres de Santa Elena (La Azohía), la Cumbre (Puerto de Mazarrón) y el Molinete (Mazarrón). Hoy acoge un centro de interpretación, y estos días se organizan visitas guiadas (teléfono 968 594 426) con motivo de la romería del Milagro.

Subida de la Virgen del Milagro a Mazarrón. Este domingo será la romería de vuelta a Bolnuevo. / J. M. RODRÍGUEZ

3) Calas vírgenes. Desde Bolnuevo y en dirección a Águilas se abre un paraje de playas desiertas y aguas cristalinas, todavía hoy libres del ladrillo. En una de ellas, llamada Cueva Lobos (por una colonia de focas monje que hubo tiempo atrás) parece que desembarcaron los corsarios comandados por Morato Arráez, de madrugada, para no ser vistos por las patrullas a caballo encargadas de vigilar la costa. En verano, bañarse en estas calas es un lujo; en invierno, pasear por ellas aporta un bálsamo contra el estrés.
4) Bolnuevo. La amplia playa de fina arena, con un pequeño poblado de pescadores, acoge a los miles de romeros que, una vez terminado el camino, dedican el resto de la jornada a disfrutar de un almuerzo en familia y con los amigos. No faltan las sardinas asadas, la típicas migas y los arroces cocinados en la leña. Dice la leyenda, adornada a los largo de los siglos, que por esta playa fue vista la misteriosa amazona, y que por donde pisó todavía hoy crecen las azucenas.
5) Minas de alumbre. El origen de Mazarrón hay que buscarlo a mediados del siglo XV gracias a la explotación del alumbre, en aquella época un residuo mineral fundamental para la industria textil. El negocio se lo repartieron los marqueses de Villena y de los Vélez gracias a un privilegio real. Los nobles levantaron castillos para proteger sus posesiones e iglesias (San Antonio y San Andrés) para prestar socorro espiritual a sus vasallos. La riqueza hizo germinar el sentimiento independentista, y en 1572 Felipe II firmó el título de villa (hoy desaparecido por un robo) que otorgaba a Mazarrón su autonomía de Lorca.
El alumbre ya es historia, pero  la romería del Milagro está más viva que nunca.

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Ruano, el renovador
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Miguel Rubio | 08-11-2015 | 5:00| 2

Para descubrir la rompedora arquitectura del final de franquismo en la Región, solo hay que acercarse, a partir de este martes, a la sede del Coamu (calle Jara Carrillo, Murcia). El Colegio de Arquitectos acoge una exposición para rendir homenaje al proyectista Enrique Sancho Ruano, que a sus 92 años encarna la renovación que experimentó la edificación hace casi medio siglo. Supo captar las nuevas corrientes de la época y, lo que parece más importante, tuvo la valentía de incorporarlas en las construcciones que comenzó a idear en los años 60. En España, entonces, se daba por acabado el periodo gris de la autarquía surgida de la postguerra. La muestra, comisariada por Edith Aroca y José María López, va más allá de un repaso a la obra de ese creador. Porque arquitectura y arte se dan la mano en esta propuesta expositiva que pretende llamar la atención sobre el valor del patrimonio del siglo XX, no suficientemente reconocido y, por lo tanto, amenazado por la piqueta.
Enrique Sancho Ruano, nacido en 1923 en Palma de Mallorca, desarrolló su carrera profesional en la Región con dos estudios, en Murcia y Lorca. Formado en Madrid, como arquitecto de la antigua Diputación Provincial (y después, con la llegada del Estado de las autonomías, de la Comunidad) firmó buena parte de la obra pública que desde la segunda mitad del siglo pasado impulsaron los tecnócratas del gobierno de Franco dentro de su política de modernización del país. Durante años, también desempeñó el puesto de arquitecto de la Diócesis de Cartagena, encargándose del diseño de una decena de iglesias. Y mantuvo, además, una intensa actividad privada. Así que el proyectista dejó una extensa obra, desde bloques residenciales a edificios administrativos, capillas, equipamientos públicos y oficinas. Hasta llegó a montar un astillero para hacer realidad una de sus pasiones: el diseño de barcos.
Aroca y López han dedicado varios meses a bucear en la obra de  Sancho Ruano con el fin de llevar a la exposición una selección de las construcciones más singulares, a través de planos, fotografías y otros documentos (incluida una página del diario ‘La Verdad’) cedidos por el Archivo Regional, el Municipal, la Consejería de Sanidad, la Dirección General de Patrimonio de la Consejería de Hacienda y por la propia familia del arquitecto. De entre los proyectos que han superado el paso de los años, destacan tres conjuntos: la sede de la Consejería de Sanidad, las instalaciones del psiquiátrico de El Palmar y el complejo residencial de Espinardo, que aspira ahora a obtener la protección de Cultura. En esa terna,  Sancho Ruano pone el diseño al servicio de la personas, con la funcionalidad, la practicidad y la comodidad como bandera.

López y Aroca, con planos que se expondrán en la muestra.

En el capítulo de construcciones religiosas, sobresalen la iglesia de Barranda (Caravaca de la Cruz) y las capillas integradas en los citados conjuntos de El Palmar y Espinardo. Hombre profundamente religioso, Enrique Sancho estaba al tanto de las nuevas doctrinas del Concilio Vaticano II, que también alcanzaron al arte. Frente al barroco recargado, los nuevos templos se limpiaron de ornamentos para no distraer la atención, facilitar la espiritualidad y favorecer la idea de comunidad entre los feligreses. Los espacios diáfanos, las líneas puras y los nuevos materiales (como el hormigón y la piedra artificial) ganan terreno, y la luz natural, coloreada con vidrieras, llena esos modernos espacios de recogimiento como un símbolo del camino hacia Cristo.
Pero la exposición no se centra exclusivamente en las soluciones arquitectónicas que introdujo Ruano. Un buen número de sus construcciones se completan con la creatividad de artistas del momento. Vidrieras, murales, esculturas, piezas de orfebrería y hasta mobiliario forman parte imprescindible de esas obras en “una concepción integral del proyecto”, resalta José María López. Así que un apartado importante de la muestra se dedica a las obras de estos escultores, pintores y artesanos que con sus obras contribuyeron a engrandecer esos edificios. En la iglesia del conjunto residencial de Espinardo destacan, por ejemplo, un grupo escultórico de González Moreno y un friso en bronce de Francisco Toledo. El templo de San Pedro, en Alcantarilla, conserva varias piezas de Anastasio Martínez Valcárcel. Y la capilla del psiquiátrico, del alicantino Miguel Losan (destaca un espectacular ángel trompetero junto al altar) y Párraga, mientras que Hernández Carpe dejó su sello en la parroquia de Barranda.En la obra civil también se cuidan esos detalles. De Manuel Muñoz Barberán son las vidrieras que se salvaron del Club Remo y que hoy se conservan en la biblioteca municipal de la pedanía de Santiago el Mayor. El mural exterior de la Consejería de Sanidad corresponde a un diseño del citado Martínez Valcárcel, y Párraga aportó su colorido a un edificio de viviendas del murciano barrio de Santa Eulalia

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Retrato de la ruina
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Miguel Rubio | 04-11-2015 | 5:47| 2

¿Puede atesorar algún destello de belleza el patrimonio condenado irremediablemente a la desaparición? Es la pregunta a la que el fotógrafo Juan Antonio Cerón ha intentado dar respuesta en su primera incursión artística. Y el resultado se puede ver, hasta el próximo domingo, en la sala los Postigos de Molina de Segura, a través de una selección de instantáneas de edificios que destilan cierto poder de atracción en mitad de la decrepitud y la ruina que los corroen. A este proyecto estético, Cerón ha dedicado dos años de trabajo; cientos de kilómetros recorridos por toda la Región en busca de localizaciones, 5.000 disparos con sus cámaras para, al final, quedarse con catorce fotografías. En ‘Donde habita el olvido’, que así se titula la exposición, el autor trata de mostrar “el último latido de belleza” de unos espacios deshabitados que se resisten a morir. Un homenaje a un patrimonio humilde de la arquitectura tradicional formado por escuelas vacías, cortijos abandonados, molinos parados para siempre, ventas en ruinas, viviendas olvidadas por su dueños. Una llamada de atención “al valor de las cosas cotidianas, tan cercanas que por lo general no vemos”, advierte el fotógrafo. “Cuando solo observamos la belleza en aquello que nos deslumbra, en la perfección, en lo ostentoso, ignoramos la bondad y la serenidad de las pequeñas cosas”, reflexiona Cerón. Las catorce imágenes de la exposición destacan por una apariencia plástica, como si fuera una pintura, que puede llegar a confundir al ojo del espectador, llevándole a pensar que el desconchón o la grieta de esa fachada se puede tocar con las manos. Para este trabajo, el artista se ha valido de lentes focales fijas, con valores de apertura muy bajos para retener la mayor cantidad de luz sin necesidad de trípode. Y, por supuesto, de mucha paciencia. Porque Cerón ha tenido que regresar en más de una ocasión hasta alguno de los escenarios escogidos con el fin de disponer de la luz necesaria para el enfoque perfecto.
‘Donde habita el olvido’ recorre desde Gañuelas (Mazarrón) hasta Raspay (Yecla), desde Fortuna a La Paca (Lorca), mostrando una arquitectura sin vida que emite un último pálpito antes de esfumarse. Un trabajo que aúna el aspecto histórico y documental del objeto fotografiado con un discurso estético basado en la fuerza de esas construcciones. “Viendo esos edificios abandonados he sentido ganas de llorar”, admite el fotógrafo. La muestra llegará a principios de año a Espacio Pático (calle San Lorenzo) de Murcia.

Juan Cerón, junto a la fotografía que abre su muestra.

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Del casino a Beltrí
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Miguel Rubio | 25-10-2015 | 8:26| 2

Recuperar el patrimonio olvidado es una de las asignaturas pendientes de Mazarrón. La tarea figura entre los deberes que surgieron del proyecto Arquitectura ON, una iniciativa impulsada por la Universidad Politécnica de Cartagena con el objetivo de proponer ideas para la regeneración urbana. La pelota está ahora en el tejado del equipo de gobierno, obligado a tirar del carro con soluciones imaginativas. Y, a la vista del desolador panorama que ofrece el antiguo municipio minero, el encargo resulta arduo. Parece claro que el Consistorio no dispone de músculo económico suficiente para abordar por sí solo el ambicioso proyecto; así que debe implicar a otras administraciones, captar la inversión privada con fórmulas atractivas y, por supuesto, movilizar a la adormecida ciudadanía. De momento, convendría realizar una radiografía de ese patrimonio olvidado, con vistas a fijar prioridades, no sea que se vaya a iniciar la casa por el tejado. En un análisis rápido, surgen edificios como el infrautilizado casino (de corte modernista), el castillo de los Vélez (desaprovechado desde que su recuperación quedó a medias), el casón burgués de la Cañadica (¿para cuándo el anunciado museo municipal?), la casa cuartel de la avenida Constitución (¿un albergue turístico? ¿un centro juvenil? ¿viviendas sociales?…), las instalaciones de la Benemérita del Puerto (una poderosa construcción en un lugar privilegiado), la Casa Rolandi (villa de veraneo de principios del XX), el teatro circo (o lo queda de él) y la vecina fuente adornada con hermosos azulejos (en mi opinión, uno de los rincones con más encanto del pueblo), por no hablar de los monumentos funerarios en los que el gran Beltrí dejó su sello. Claro está que no es posible olvidar otras joyas que aún esperan tiempos mejores y que aspiran a convertirse en el ‘buque insignia’ de la oferta turística y cultural de Mazarrón: los tres cotos mineros y el yacimiento fenicio de la playa de La Isla. Por supuesto, la lista queda abierta para que usted, lector, aporte sus sugerencias.

Azulejos de la fuente junto al teatro circo. / M.R.M.

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Visita gratis a una casa con premio
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Miguel Rubio | 07-10-2015 | 1:43| 2

La arquitectura de nuestros días llama a la puerta. Así que, adelante, anímese y pase. Durante dos meses, el Coamu celebra el Día de la Arquitectura con visitas guiadas, cine, conferencias y una exposición (abrirá al público el 5 de noviembre) dedicada a Enrique Sancho Ruano, el proyectista que contribuyó a la renovación del diseño en la edificación durante la década de los años sesenta en Murcia. Es una oportunidad única para adentrarse en las nuevas tendencias de esta disciplina capaz de despertar nuestros sentidos y que debería contribuir a hacernos la vida más cómodo; también, para conocer de primera mano algunas de las construcciones que triunfaron en la última edición de los Premios Regionales de Arquitectura. Las celebraciones arrancan este jueves con un recorrido por dos de esas edificaciones laureadas: la Casa en la Mota del Río (de Antonio Abellán y Javier Esquiva) y el centro de salud de Santiago el Mayor (obra de Edith Aroca y José María López). Lo mejor de todo es que serán los autores quienes acompañarán al público para explicarles los detalles de sus proyectos, cómo idearon sus diseños, las dificultades a las que tuvieron que enfrentarse y si alcanzaron los objetivos marcados. Lo dicho, una buena ocasión para descubrir con otros ojos hacia dónde camina la arquitectura salida de la imaginación de nuestros creadores. Estas visitas se reanudarán el 14 de diciembre con otras dos paradas obligadas: el tanatorio del polígono industrial La Palma, en Cartagena, con el que Martín Lejarraga se alzó con el Premio Regional de Arquitectura, y la casa de campo, en pleno Campo de Cartagena, rehabilitada por Rosa María Ballester Espigares, una reinterpretación de la vivienda tradicional de esta comarca con un lenguaje depurado y minimalista. Estas visitas son gratuitas, solo es necesario inscribirse llamando al teléfono 968 213268.

Casa de la Mota del Río, en Murcia. / CARM

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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