La Verdad

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Autor: mrubio
Arquitectura bajo tierra
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Miguel Rubio | 28-04-2014 | 11:54| 0

La tarde que llego a Caprés, el viento sopla con fuerza. Eso sí, nada comparable al día que las rachas tumbaron la antigua ermita dedicada a San Jerónimo. Esta pedanía fortunera, a poco más de 7 kilómetros al norte de Los Baños, está formada por tres caseríos, desperdigados a la sombra de la sierra del Corque, entre un paisaje agreste y reseco, salpicado de oliveras centenarias. Se trata de uno de los pocos núcleos de la Región donde sus vecinos aún mantienen viva la tradición de morar en casas cuevas. Tierra de fronteras y de primitivos eremitas, aparezco en Caprés con el mejor guía que podía llevar, el chef Cayetano Gómez, ganador de la Copa de Jerez en 2011. Sabe de mi atracción por estas viviendas, tan antiguas como el hombre, excavadas en la tierra, y él se ofrece a mostrarme la suya, en la que ya vivieron sus abuelos maternos. Fuera, el sol aún pica, pero dentro se echa de menos la manga larga. De techos abovedados y paredes encaladas, destaca el hogar de la cocina, con su gran chimenea y un horno moruno.

Las casas cueva siempre mantienen una temperatura agradable, sea cual sea la estación del año. Pero lo que más me llama la atención es la paz que se respira en el interior. Un silencio que se cuela por los poros de la piel, y que resulta el mejor bálsamo para desconectar de la vida mundana. Sin embargo, aún hay más. Porque las vistas desde la puerta de la cueva de mi amigo te dejan boquiabierto. Estamos a 420 metros de altitud, y, al anochecer, se ve cómo aparece una alfombra de luces desde Abanilla a Murcia.

Chimenea de una casa cueva en el campo de Molina de Segura.

Caprés ha sido mi último descubrimiento. Pero existen otras aldeas y barrios con vida subterránea. También me sorprendió Comala, en el campo de Molina de Segura, cerca de Campotéjar y La Albarda. Sus viviendas cueva datan del siglo XIX y fueron horadadas en pequeños promontorios por los jornaleros que llegaron de la Vega Media en busca de trabajo. En esta guía tampoco podía faltar Lorquí. Hace dos décadas, 2.000 de sus 5.000 vecinos seguían utilizando las casas cueva, bien para vivir o bien para guardar aperos. Hoy, su futuro es incierto debido al deterioro que presentan. Un estudio publicado por el departamento de Geografía de la Universidad de Murcia en 1993, ya advertía del peligro que corría este “patrimonio etnocultural”, de gran valor para analizar la evolución social de la población. En otras localidades de fuera de la Región, se le ha sacado partido a esta arquitectura popular como alojamientos turísticos. Aquí también se han rehabilitado algunas con este fin. Eso sí, quien mejor ha sabido ver las posibilidades que ofrecen estas construcciones ha sido el Ayuntamiento de Puerto Lumbreras. Su poblado bajo el castillo de Nogalte, que incluso llegó a tener escuela, merece una visita para hacerse una idea de cómo es la vida bajo tierra.

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Un ‘mini-Arqua’ para el barco fenicio
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Miguel Rubio | 14-04-2014 | 6:42| 0

Vuelta al principio con el barco fenicio. El alcalde de Mazarrón, Ginés Campillo, ha dado marcha atrás en su idea de poner en valor el pecio de 2.700 años de antigüedad en el mismo sitio donde está: a 1,80 metros de profundidad en la playa de La Isla. El regidor se había mostrado dispuesto a que el Ayuntamiento sufragara en solitario los 712.000 euros que costaba construir una urna de hormigón y cristal, unida a tierra con una pasarela, para contemplar desde arriba la embarcación sin moverla del lecho marino. Pero, finalmente, el primer edil se ha rendido a la opinión expresada por los expertos en el congreso científico celebrado en la localidad sobre esta joya del patrimonio subacuático, que aseguraban que la mejor opción era extraer la nave, de 8,10 metros de eslora y 2,25 de manga, y exponerla en seco, eso sí, sin que abandonara el municipio. El principal valedor de esta alternativa es el catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza Manuel Martín Bueno. Y la propuesta no es nueva, la planteó en 2010, cuando el ya desaparecido consorcio turístico de Mazarrón encargó un estudio acerca de qué hacer con el barco fenicio. En el reciente congreso, Martín Bueno mantuvo lo mismo que defendió entonces: que existen los medios técnicos para llevar a cabo con éxito la operación de extracción del pecio, para después tratar la madera con un barniz especial y, finalmente, exponer la embarcación en un museo. A la vez, este catedrático advertía de que instalaciones como esa de la urna de cristal y hormigón resultan “caras de mantener”.

Dos técnicos supervisan el barco fenicio.

La opción de sacar del mar el barco fenicio entraña riesgos, debido a que la nave es extremadamente delicada. Pero también abre otras posibilidades, debido a que permitiría desarrollar una campaña de excavación en profundidad para comprobar si existen más restos bajo la arena. Los expertos ya han avisado de que puede haber toda una flotilla fenicia hundida. En cualquier caso, al tratarse de un yacimiento protegido, Patrimonio Histórico tiene la última palabra. Y habrá que estar atentos también a lo que diga la Demarcación de Costas, que tiene pendiente la regeneración de la playa de La Isla, afectada por una profunda degradación que la ha transformado por completo.
Con todos estos mimbres, Ginés Campillo ya tiene cita en el Ministerio de Cultura para ver qué cesto componer. El 28 de abril, el primer edil viajará a Madrid con el fin de recabar el apoyo del departamento de Wert para el proyecto de extraer el pecio, ‘restaurarlo’ y exponerlo al público. El Ayuntamiento quiere construir unas instalaciones que funcionen como una delegación del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua) de Cartagena -parece que su director, Iván Negueruela, estaría de acuerdo- en las que mostrar el pecio recuperado del fondo del mar. Ya se barajan dos posibles emplazamientos para este centro: una parcela en la subida al faro y la Casa Rolandi, una villa de veraneo del principios del siglo XX, en la playa del Rihuete, que el Consistorio comprará a sus propietarios.

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La belleza de una fábrica
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Miguel Rubio | 09-04-2014 | 8:25| 0

Con la vista puesta en el Año Europeo del Patrimonio Industrial (que será en 2015), cabe repasar si, en esta materia, la Región progresa adecuadamente. Para el Instituto de Patrimonio Cultural de España, “los testimonios de la industrialización constituyen un legado imprescindible para comprender la historia de los dos últimos siglos”. Y añade que esos elementos “han desempeñado un importante papel en la evolución del territorio y en la formación del carácter histórico de sus sitios, lugares y paisaje”. En fin, que no es una cuestión baladí.

La Región tiene donde elegir. Por ejemplo, el Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (TICCIH) elaboró un catálogo con cien bienes, y cuatro de ellos se localizan en estas tierras: el embarcadero del Hornillo (1903), en Águilas; el paisaje minero de La Unión-Cartagena; el coto minero de San Cristóbal-Los Perules, en Mazarrón, y el arsenal de Cartagena. Los dos primeros ya se han puesto en valor para explotarlos turísticamente, a través de rutas y visitas guiadas. En cuanto a los otros dos espacios, aún queda camino por recorrer. El distrito minero mazarronero sigue abandonado a su suerte, víctima de un expolio feroz, lo que no impide que despierte el interés de los visitantes y que también se haya convertido en escenario para videoclips, por su paisaje de mil colores y sus 2.000 años de historia. Respecto al arsenal, se trata de un complejo militar y defensivo, además de un polo de la industria naval, y no admite visitas debido a que es un enclave estratégico para la defensa del país.

Fábrica de la pólvora, en Javalí Viejo, que acaba de cumplir 150 años. / I. SÁNCHEZ

Pero hay más recursos en nuestro territorio. Un equipo de investigadores de la Universidad de Murcia ha inventariado un centenar de bienes inmuebles de los siglos XVIII, XIX y XX, entre astilleros, fundiciones, instalaciones ferroviarias, fábricas, almacenes y estaciones hidroeléctricas. En el citado catálogo, que ha supuesto un laborioso trabajo de cinco años, merecen un apartado especial las llamadas Reales Fábricas, un conjunto de industrias que tienen sus orígenes en el siglo XVIII. Enclavadas en Murcia, se incluyen la fábrica de la seda de La Alberca; la fábrica de seda piamontesa (solo se conserva la fachada en el edificio de los 9 pisos) y las fábricas del salitre, en la capital, y de la pólvora, en Javalí Viejo. Esta última acaba de cumplir 150 años. Sus pabellones principales fueron diseñados por Francisco Bolarín Gómez, el mismo arquitecto que ideó el edificio original del Casino de Murcia, pero ni los propios historiadores de la Universidad han podido acceder, por los mismos motivos que el arsenal de Cartagena. Además de Águilas y La Unión, otras localidades han puesto sus ojos en el patrimonio industrial como recurso turístico. Molina de Segura trata de sacarle partido a sus antiguas conserveras, a través de una ruta por lo que queda de ellas: sus chimeneas. En ese recorrido también se repasa un interesante patrimonio inmaterial: el recuerdo de las cientos de mujeres que levantaron con su trabajo este imperio.

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La perla de ‘La Mazarronera’
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Miguel Rubio | 07-04-2014 | 8:08| 0

Entre el olvidado y saqueado patrimonio minero de Mazarrón surge una perla. Lleva por nombre ‘La Mazarronera’ y es la única instalación que luce restaurada en todo el distrito (el segundo más importante de la Región, tras la sierra de La Unión-Cartagena), por lo que ha aparecido como imagen para ilustrar algunos carteles turísticos. En los últimos años, el Ayuntamiento ha expresado su compromiso de poner en valor las antiguas explotaciones de mineral. Pero las promesas han caído en saco roto, y ni siquiera se ha conseguido frenar el expolio. Así que, en mitad de tanta desolación y abandono, sorprende el oasis que representa ‘La Mazarronera’ y su pozo San Carlos. Su remozado aspecto es fruto del trabajo llevado a cabo por el propietario, que rehabilitó la mina con sus propias manos. En una ocasión, contacté con él para dar a conocer su historia, pero rehusó cualquier publicidad. Es más, en sus palabras noté un cierto tono de disgusto porque, cuando pidió ayuda a la Administración para acometer las obras, no encontró respuesta.

Mina 'La Mazarronera', en las Pedreras Viejas. / M. RUBIO


‘La Mazarronera’ (al igual que las minas Santa Isabel y San Francisco) se esconde en mitad de las Pedreras Viejas, una erosionada franja de terreno en la pedanía de Leiva, entre la carretera de Águilas y la autopista de Vera. De los tres cotos mineros del municipio, quizás éste sea el más desconocido, aunque no por ello goce de menor relevancia histórica. Según recuerda el catedrático Pedro María Egea Bruno, varias de las principales explotaciones de alumbre se localizaron aquí. Este mineral, empleado en la industria textil para el tintado, es el de “mayor tradición” en Mazarrón. Los marqueses de los Vélez y de Villena se repartieron su explotación en el siglo XV, y, con grandes altibajos, la actividad se mantuvo viva hasta 1953.  Llama la atención, pues, que las Pedreras Viejas carezca de la misma protección que el Coto Fortuna y el del cerro de San Cristóbal-Los Perules. Hace unas semanas supe que, mientras que estos dos parajes mineros cuentan con la declaración de bien de interés cultural (BIC), aquél solo está protegido por el planeamiento urbano, un escalafón menor en la normativa. Aún así, desde el Ayuntamiento aseguran que este patrimonio “no corre peligro” y que la Consejería de Cultura sigue los trámites para lograr la protección BIC también para las Pedreras Viejas. No hay fecha para completar el papeleo. A ver cuánto tiempo transcurre.

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El tesoro de Jabonerías da respuestas
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Miguel Rubio | 02-04-2014 | 8:55| 0

Monedas del tesoro áureo de Jabonerías, la mayoría del siglo XI. / M. BUESO

Dos investigaciones, que acaban de publicarse, sobre la excavación arqueológica que desenterró el tesoro de la calle Jabonerías (424 monedas de oro de época islámica, halladas en 2012), aportan más luz acerca de cómo era la Murcia del siglo XI; aunque dejan, también, algunos interrogantes. Según la profesora de la Universidad de Alicante (UA) Carolina Doménech Belda, experta en numismática musulmana, el conjunto monetario, ”de gran interés”, al que ha dedicado varios meses de trabajo, vendría a apuntalar la hipótesis de que la urbe vivía un momento de auge con un floreciente comercio. Esa actividad mercantil explicaría el ‘viaje’ a Murcia de este tesoro, compuesto en un 65% por piezas acuñadas en cecas del norte de África y Sicilia a nombre de los califas fatimíes. Por su parte, el arqueólogo Mario García Ruiz, que dirigió la excavación de la vivienda taifa donde aparecieron las monedas, dentro de una orza, concluye  que “un comerciante relativamente adinerado” mandó construir la casa, donde se diferencian claramente unas dependencias, más decoradas, para recibir a clientes y huéspedes,  y otras, más sencillas, para uso privado.

Ambos estudios aparecen publicados en el último número de la revista ‘Tudmir’, que edita el museo Santa Clara de Murcia. Sin embargo, en el aire siguen flotando algunos misterios. Por ejemplo, ¿por qué este rico comerciante ocultó esa fortuna, que después no recuperó? Doménech Belda no llega a una conclusión clara. Pero duda de que el motivo fuera un peligro inminente o el clima de inestabilidad del momento, como se ha apuntado en varias ocasiones. La profesora de Arqueología de la UA argumenta que en esas situaciones, cuando “el fenómeno de ocultación de numerario se acentúa considerablemente, las casas en al-Andalus no parecen ser lugares muy utilizados para esconder monedas, ya que la mayor parte de los conjuntos andalusíes relacionados con hechos bélicos han sido localizados fuera de las viviendas”. Y otro interrogante: ¿quién era ese rico comerciante? Mario García señala que, pese a localizarse una estrella de seis puntas como motivo decorativo de los enlucidos del patio, esta figura es utilizada “tanto por los judíos como por los musulmanes, por lo que su mera aparición no es indicativa, en absoluto, de su vinculación al mundo hebreo”.

En fin, que el tesoro de Jabonerías seguirá dando juego a los investigadores. Mientras tanto, María Ángeles Gómez, directora del museo Santa Clara, una vez que se ha dado por concluida la catalogación de las monedas, confía en exponer el conjunto áureo antes de que acabe el año, en un lugar destacado de sus vitrinas. Pinchando aquí es posible descargar los dos interesantes estudios.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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