La Verdad
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Autor: Miguel Rubio
6.000 años en diez salas
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Miguel Rubio | 26-02-2014 | 11:50| 2

Hablando de museos, parece que lo realmente importante es el contenido, más que el continente. Ya contamos aquí los detalles de la mansión burguesa de finales del siglo XIX, en el barrio de la Cañadica, que se reformará para acoger el nuevo museo de Mazarrón. Así que hoy toca adelantar qué encontrará el visitante en las vitrinas de las nuevas salas. El proyecto redactado por la arquitecta Pepa Díaz Calvo (autora también de la nueva plaza de abastos, que combina en su fachada sillares de piedra y un mosaico multicolor) incluye la restauración de la antigua vivienda y la construcción de un anexo para albergar dependencias auxiliares. A la espera de que se adjudiquen las obras, un tramite que podría completarse en los próximos días, la arqueóloga municipal, María Martínez, trabaja a todo ritmo desde hace meses en la selección de las piezas que formarán la exposición permanente. Ya hay una lista provisional, pero todavía quedan cabos sueltos. Eso sí, el museo se nutrirá de los más de cien yacimientos arqueológicos excavados en el municipio. Algunas de las colecciones se guardan desde hace tiempo en un almacén municipal, a falta de un espacio en condiciones para mostrarlas al público; otras obras están depositadas en museos de la Región. En cualquier caso, no parece que habrá réplicas, y que todo serán originales.

Yacimiento romano en la playa del Alamillo (Mazarrón). / J.M.RODRÍGUEZ

El museo recorrerá la historia de Mazarrón desde el Paleolítico hasta la época contemporánea, si bien sus dos salas principales (de las diez con que contará) estarán dedicadas al pasado romano de la localidad y a la minería. Así se mostrarán pavimentos de la villa romana del Rihuete, restos de pintura parietal del yacimiento del Alamillo y basas de columnas, además de objetos de cuidado personal, como agujas para el pelo, peines de hueso y pulseras de pasta vítrea. También está previsto que el público pueda contemplar la colección del castillo de los Vélez, en la que destacan los platos italianos de la serie ‘berettino’, así como candiles y monedas del siglo XVI. Del poblado neolítico del Cabezo del Plomo, que data de finales del IV milenio antes de Cristo, llegarán materiales de sílex y algunos cuencos cerámicos. La minería estará presente con diferentes tipos de lingotes de plomo, morteros de picar y crisoles. Y esto solo es un ‘aperitivo’. Para conocer la oferta completa habrá que esperar aún unas semanas.

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'Reencuentro' con Fisac
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Miguel Rubio | 24-02-2014 | 5:44| 2

La exposición por el centenario de Miguel Fisac y Alejandro de la Sota echa el cierre en el madrileño Museo ICO; y es ahora cuando se abre la puerta para que la muestra viaje a la Región. Desde el Colegio Oficial de Arquitectos de Murcia (Coamu) se han interesado por traer la colección que recoge el legado de estos dos maestros de la arquitectura española de mediados del siglo XX. Sería de cara a la próxima primavera, si bien las gestiones no han hecho más que empezar. De los dos genios, Miguel Fisac (Daimiel, 1913-Madrid, 2006) fue el que mantuvo una mayor relación personal y profesional con la Región. Así, una de sus obras más destacadas (y que figura en el catálogo de la citada exposición) es el chalé que construyó para su disfrute en Isla Plana (Cartagena) con vistas a la Bahía de Mazarrón. Data de 1968 y los vecinos no tardaron en ‘bautizarla’ como ‘La Cajonera’, por los cuatro contenedores en escalera que dan forma a la construcción. El edificio ha sufrido una profunda transformación para convertirse en dos viviendas independientes. Algunos dicen que está irreconocible.

Vivienda de Fisac en Isla Plana, antes de que se reformara el inmueble en 2007. / J. M. RODRÍGUEZ

A mitad de los años setenta, Fisac cambió Cartagena por Palma de Mallorca como destino para sus vacaciones, y vendió su famoso chalé a un hermano de la catedrática de la Universidad de Murcia Ana María Muñoz Amilibia. En declaraciones a ‘La Verdad’, la profesora, ya jubilada y retirada en Madrid, recordaba así la vivienda: “Como idea arquitectónica, la casa era fantástica y cómoda para vivir”.
El proyectista y viajero incansable dejó otras obras en la Región. Ahí está la capilla de la urbanización Torreguil, a la salida de Sangonera la Verde por la carretera de Mazarrón. Fue una de sus últimas obras antes de morir. La estructura está terminada, pero no así su interior. Es una construcción (ahora en manos de un particular) dominada por el hormigón; sus grandes ventanales dejan ver una techumbre de líneas rectas y a distintas alturas. Del estudio de Fisac también queda una urbanización en Águilas, cerca del nuevo auditorio. En Lorca, levantó el instituto de secundaria Ramón Arcas, de diseño académico y uno de sus primeros trabajos nada más salir de la Escuela de Arquitectura. El terremoto de 2011 ocasionó importantes daños, y, finalmente, se optó por su demolición (conservando solo una parte de la fachada), en contra de la opinión de un grupo de arquitectos que vieron perder una pincelada de este maestro, impulsor del renacimiento moderno de la arquitectura española.

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Parada en la estación fantasma
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Miguel Rubio | 19-02-2014 | 7:30| 2

Algunas viven una segunda juventud. Las líneas ferroviarias en desuso se han convertido en una nueva oferta turística, en la que se dan la mano naturaleza y patrimonio industrial. En la Región, disponemos de 200 kilómetros de antiguos caminos de hierro, en un estado de conservación dispar, para disfrutarlos a pie o en bicicleta. Ahora la Comunidad Autónoma quiere llamar a la puerta de la Unión Europea a la busca de fondos para seguir avanzando en su puesta en valor. Por si alguien se anima a adentrarse en esta página de la historia del ferrocarril, aquí van unos apuntes sobre los tres trazados que existen en la Región.

1) Murcia-Caravaca por la vía verde. Es el único antiguo corredor que está acondicionado como recurso turístico. Son 75 kilómetros entre el campus universitario de Espinardo y la Ciudad de la Cruz, atravesando los cultivos agrícolas de la vega del Segura, el ‘paisaje lunar’ de Campos del Río y Albudeite y un mar de pinos en el Noroeste. La línea, obra del ingeniero Manuel Bellido,  funcionó entre 1933 y 1971. La mayoría de las estaciones (un día hablaremos solo de ellas) se han recuperado como albergues, aunque otras instalaciones (naves, apeaderos y casetas guardagujas) esperan que soplen nuevos vientos que permitan su recuperación.

Estación de la línea Cartagena-Totana, en Alhama, que nunca llegó a funcionar. / JUAN LEAL

2) De la costa a la montaña. El ‘plan Guadalhorce’ (1926), para la mejora de la red ferroviaria estatal, incluía un eje que iba a conectar Cartagena y Totana (51 kilómetros), además de un ramal entre Mazarrón y La Pinilla (15 kilómetros). El ambicioso proyecto nunca se terminó, pero sobre el terreno sí que quedó marcado todo el trazado. Incluso se levantaron puentes para salvar los cauces de las ramblas, y hasta una estación justo en el límite entre Mazarrón y Alhama. Ahí sigue, en mitad de la nada, este apeadero fantasma, soportando como puede el paso del tiempo. Los ingenieros de la época proyectaron una línea moderna, acorde con los nuevos tiempos, y ¡sin ningún paso a nivel! Las obras para la puesta en valor de estos 66 kilómetros de corredor ferroviario todavía no tienen fecha de inicio, pero es posible recorrer algunos de sus tramos, aunque están sin señalizar.

3) Historias del ‘Chicharra’. Hasta el verano de 1969, el ‘Chicharra’, un tren de vía estrecha, estuvo transportando viajeros. Conectaba Cieza y Alcoy (Alicante), pasando por Jumilla y Yecla. En total, 135 kilómetros de trazado, donde ahora solo quedan algunos retazos. Por ejemplo, en el paraje jumillano de La Punta se conservan varias casas de antiguos ferroviarios. Yecla mantiene en pie su vieja estación y uno de los viaductos de piedra. La línea del ‘Chicharra’ sí que está recuperada como vía verde en Alicante. Justo en el límite con el término provincial, parte el trazado ‘Xixarra 1’, que lleva hasta el santuario de la Virgen de las Virtudes (Villena).

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Más que un mercado
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Miguel Rubio | 17-02-2014 | 7:54| 2

Punto de encuentro para las relaciones sociales, espacio de convivencia ciudadana y excelente despensa con una oferta de productos de calidad para abastecer nuestros hogares. Todo eso y algo más. Porque algunos de los mercados, plazas de abasto y galerías comerciales de la Región son también ‘joyas’ de la arquitectura; ‘monumentos’ del patrimonio industrial que, en muchos casos, languidecen víctimas del olvido y del brillo de los flamantes centros comerciales, las modernas ‘catedrales’ del consumo.
A veces también protagonizan buenas noticias. La última, procedente de Lorca, donde un grupo de empresarios, con el apoyo del Ayuntamiento, pretenden impulsar la reapertura de los antiguos Almacenes Bertrand como una galería de productos ‘gourmet’. De prosperar la iniciativa, no solo se ampliará la oferta comercial del centro histórico, sino que también se recuperará para uso público uno de los pocos edificios de estilo racionalista de Lorca. Diseñado en 1942 por el arquitecto Leopoldo Blanco Mora, estos almacenes fueron todo un símbolo del comercio local durante la segunda mitad del siglo XX.
En Murcia, el mercado de Verónicas, en el plano de San Francisco, también atesora mucha historia. Su ubicación no es casual. Allí se abría la puerta de la Aduana (todavía queda un escudo que la recuerda, aunque tal alto que casi no se ve), donde se cobraban los impuestos sobre las mercancías que entraban o salían de la ciudad. El actual edificio, que se terminó de construir en 1916, es obra de Pedro Cerdán, en estilo modernista. En 1975, las instalaciones se modernizaron. Este proyecto se encargó al arquitecto Daniel Carbonell, autor también de la sede de la Central Lechera Murciana, una factoría, ahora abandonada, que se incluye en los manuales como ejemplo del crecimiento que vivió la Región en la década de los años sesenta del pasado siglo.

Un operario pule el suelo del mercado público de La Unión. / A. GIL

Hay más mercados famosos. Como el de Santa Florentina, en Cartagena, diseñado por Lorenzo Ros Costa, un proyectista que ha pasado a la historia de la arquitectura moderna de la Región por sus escuelas del paseo de Alfonso XIII. De finales de la década de los años veinte datan las plazas de abastos de Águilas y Cieza. Esta última, obra de Julio Carrilero, está protegida como bien de interés cultural.
En esta relación no podía faltar el mercado público de La Unión, también BIC y convertido en sede del Festival Internacional del Cante de las Minas. Levantado a principios del siglo XX, cuando el pueblo vivía un momento álgido por la pujanza de la minería, responde a un proyecto, en estilo modernista, del catalán Víctor Beltrí.
Pero este artículo no podría terminar sin hacer mención al patrimonio inmanterial que atesoran estos recintos, protagonizado por los comerciantes que allí tienen sus puestos y que dominan como nadie el arte de la venta.

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Dos truhanes en La Bastida
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Miguel Rubio | 13-02-2014 | 12:16| 2

El yacimiento de La Bastida (Totana), conocido como la ‘Troya de Occidente’, y que ahora vuelve a abrirse a las visitas(teléfono 968 418153), tiene también, por desgracia, una historia de expolio y picaresca. El caso más sonado lo protagonizaron, a finales del siglo XIX, un payo y un gitano. Según un artículo que llega a mis manos [gracias, Juan], escrito por el arqueólogo Cuadrado Ruiz, que fue director del Museo Arqueológico de Almería; ‘El Rosao’ y ‘El Corro’, dos vecinos sin mucha formación, inundaron de obras falsas, supuestamente extraídas de La Bastida, numerosas colecciones particulares, e incluso llegaron a engañar a los directores de varios museos de Europa. Su negocio consistió en copiar, al principio con la ayuda de un alfarero, vasijas de cerámica como las que aparecían en el citado yacimiento, que data de principios de la Edad de Bronce.
Estos dos personajes, o bien llevaban directamente las piezas falsas para su venta a anticuarios, aficionados a la arqueología, tratantes y museos, o bien, una vez fabricadas, las enterraban en el cerro de La Bastida, hasta donde acompañaban a los compradores más entendidos en la materia, para mostrarles la mercancía “en su propia salsa”, según llegó a declarar ‘El Corro’. Y argumentaba: “Al ver que las sepulturas eran auténticas, ya no dudaban que lo fuese también lo que había dentro de ellas y caían en el lazo”. “Se podrían contar por centenares los señores que desfilaron por el yacimiento”, admitió. Como se ve, una técnica bastante depurada, que les reportó suculentos beneficios.
Pero la avaricia rompe el saco, y un día el ‘pastel’ se descubrió. A estos falsificadores se les acabó la suerte la mañana que el cura de Totana les enseñó un par de revistas (‘La Ilustración Española y Americana’ y ‘La Ilustración Ibérica’). Allí aparecían unas láminas con imágenes de cerámica precolombina azteca, y no se les ocurrió otra cosa que realizar también réplicas para hacerlas pasar por material hallado en la zona, sin importantes que había un océano de por medio. Es más, a ‘El Rosao’ parece que le dio la vena artística y se dedicó también a elaborar “figuras grotestas, verdaderos mamarrachos, de su exclusiva invención”, según ‘El Corro’.

Una restauradora recompone una vasija original de La Bastida.

Con todo, todavía dieron algunos golpes más. De hecho, parte de las piezas estuvieron expuestas en las vitrinas de algunos museos hasta que, ya con técnicas modernas, se pudo constatar que eran falsas.
El profesor Javier García del Toro, que también recuerda esta historia, considera que La Bastida ha sido el yacimiento “más expoliado de España”. Y apunta que fue entre los años 1960 y 1975 cuando se registraron los mayores daños.
Pero ahora La Bastida vive otro momento. Las excavaciones que lleva a cabo el equipo liderado por Vicente Llul y Rafael Micó han servido para poner en valor esta impresionante ciudad, colgada sobre la rambla de Lébor y el barranco Salado, que estuvo habitada entre los años 2.200 y 1.500 antes de Cristo. Su trabajo no solo se ha centrado en sacar a la luz casas, tumbas, talleres y balsas; en consolidar una muralla única; en arrojar luz sobre esta sociedad clasista y violenta, desaparecida repentinamente dejando un mar de misterios. También han desarrollado una labor callada para ir recuperando muchos de los restos expoliados o que, por uno u otro motivo, acabaron lejos de su lugar de origen.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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