La Verdad
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Autor: Miguel Rubio
De mansión burguesa a museo
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Miguel Rubio | 13-01-2014 | 7:06| 2

La mansión burguesa, en el barrio de La Cañadica, que acogerá el nuevo museo de Mazarrón no solo mostrará la historia del municipio desde el paleolítico hasta la edad contemporánea. La propia casa tiene su historia particular. Data de finales del siglo XIX y, según recuerda el cronista oficial, Mariano Guillén, perteneció a la familia Monche-Ríos. Los primeros, de origen italiano y dedicados al comercio; los segundos, una de las sagas más acaudaladas de la población, con propiedades en tierras de cultivo y dedicada también a la minería y a la fabricación de salitre.

El miembro más famoso del clan fue Andrés Monche y Ríos (nacido en Mazarrón en 1865), ingeniero de caminos, canales y puerto al que aún hoy se le recuerda por diseñar la prolongación del dique este del puerto de Barcelona. Fue una de las grandes obras de ingeniería de la época, a principios del siglo XX. También recibió el encargo de ampliar los puertos de Tarragona y Valencia. Y en la Región de Murcia diseñó varias carreteras, entre ellas, la que une Cartagena y Mazarrón. Murió en Barcelona en 1917, dejando viuda y ocho hijos,  y sus restos descansan en el cementerio de Montjuic. Su pueblo le dedicó un homenaje en forma de placa con dedicatoria, que estuvo en la casa natal del ingeniero (que no era ésta de La Cañadica) hasta que fue derribada. Después, sus descendientes se la llevaron a Barcelona. Una calle de la localidad lleva su nombre.

Casa de La Cañadica que acogerá el nuevo museo de Mazarrón.

La vivienda solariega de los Monche-Ríos, que destaca por su torreta y sus miradores, pasó a propiedad municipal cuando se urbanizaron los terrenos de alrededor. Durante décadas sufrió el abandono y el olvido. Ahora el Ayuntamiento la convertirá en museo, una idea que se barajaba desde hace un lustro. El proyecto para acondicionar el inmueble ya está en fase de licitación. El presupuesto de partida asciende a 503.245 euros, y las empresas interesadas en las obras tienen hasta el 3 de febrero para presentar sus ofertas. El plazo de ejecución es de seis meses, y el alcalde, Ginés Campillo, confía en que los trabajos se adelanten y pueda inaugurarse el próximo verano. De la gestión se encargará una empresa privada.

Llama la atención que pese al valor arquitectónico e histórico del edificio, conocido también como la casa de don Zenón, nadie se haya preocupado de su protección. Fue a raíz de que se anunciara el inicio de las obras, y que adelantó ‘La Verdad’, cuando la Consejería de Cultura inició los trámites para declarar el inmueble como bien inventariado, la protección más baja que otorga la ley de patrimonio histórico. Algo es algo.

 

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Espray contra el deterioro
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Miguel Rubio | 08-01-2014 | 5:04| 2

Grafiti en la antigua conservera Imperatum de La Ñora (Murcia).

Algunos murales callejeros coloreados a golpe de espray son obras de arte. Tanto es así que aportan su grano de arena a la hora de embellecer barrios enteros. Hay ayuntamientos que utilizan dichas intervenciones dentro de sus planes de recuperación urbana. Madrid, por ejemplo, ha echado mano de esos recursos artísticos en el distrito de Tetuán, con motivo de un programa de mejora del paisaje de la ciudad, duro como el cemento. Vaya por delante que no estoy hablando de los feos grafitis, firmas y pintadas que ensucian mobiliario y edificios, y que, en el caso de Murcia, se castigan como una infracción leve (¿suficiente?), con una sanción de entre 30 y 150 euros, según la ordenanza de limpieza viaria.

Sin abandonar la capital, este arte urbano se ha empleado en la decoración de algunas casetas de transformadores eléctricos, dentro de una actuación municipal con patrocinio de una gran empresa. Independientemente de la calidad artística de los trabajos (predominan paisajes típicos y fiestas populares), desde luego aportan colorido y, a mi juicio, resultan más estéticos que la fría pared. En ocasiones, la iniciativa privada también ha recurrido a esta tendencia. Así ocurre con los comerciantes que piden los servicios de ‘grafiteros’ para que decoren con aerosoles las fachadas y persianas de sus establecimientos. Incluso la parroquia de La Purísima de la pedanía de El Palmar ha sorprendido con un gran mural para ‘borrar’ las pintadas que ensuciaban la tapia del cementerio. Los garabatos fueron denunciados en la sección de La Chincheta de ‘La Verdad’, y la solución buscada para acabar con el problema resultó sorprendente, a la vez que efectiva. ¡Chapó!

Si le interesan estas expresiones artísticas, el próximo domingo tiene la oportunidad de realizar una visita guiada de la mano de la asociación Murcia en bici. La salida es a las 9.30 horas desde la puerta del hospital Reina Sofía, y el itinerario, con una duración de unas tres horas y media,  llega hasta la central ferroviaria de Alcantarilla. En anteriores ocasiones se ha realizado una parada en las antiguas calderas del gas del barrio de San Pío X, donde el colectivo 450 DOOM tiene su Street Museum. Buen viaje.

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Se vende casa cuartel
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Miguel Rubio | 01-01-2014 | 10:13| 2

¿Le interesa adquirir una casa cuartel de la Benemérita? ¿Dispone de 1,4 millones de euros? Entonces es su oportunidad. El plan de venta de inmuebles del Estado incluye entre sus 15.135 propiedades esta ‘oferta’. El edificio en cuestión, con 1.034 metros cuadrados construidos y que en su día llegó a contar con un pequeño huerto de cítricos, se encuentra en la avenida de la Constitución de Mazarrón, la principal arteria de la localidad, y el precio corresponde a una tasación realizada en 2006, en plena burbuja inmobiliaria. El Ayuntamiento ya ha adelantado que no está interesado en la operación de compra. Las dependencias, que pertenecen a la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos de la Seguridad, apenas tienen interés arquitectónico, pero forman parte de la historia reciente del municipio y hay quien piensa que podrían acoger algún equipamiento público.

Fachada principal del antigua cuartel de la Guardia Civil de Mazarrón.

No es el primer cuartel de la Guardia Civil en la Región al que se le cuelga el cartel de ‘se vende’. Ya ocurrió con el puesto de la Benemérita que prestaba servicio en el poblado lorquino de Puntas de Calnegre, y que fue convertido en un albergue turístico, muy recomendable, por cierto, para una escapada en los meses de verano. También ha pasado a manos privadas el cuartel del paraje de Campillo de Adentro, en Cartagena, que queda a la vista cuando se asciende a las baterías de Castillitos, otra visita obligada, en pleno espacio natural de La Muela-Cabo Tiñoso. El edificio, en lo alto de una colina,  llama la atención por su fachada almenada y con pequeñas garitas. La intención del dueño, según me contó en una ocasión, es destinarlo a alojamiento turístico, cuando mejore la situación económica y pueda acometer las obras. Atractivos a la zona no le faltan, ya que conserva uno de los últimos tramos vírgenes del litoral.

En ocasiones, los cuarteles pasan a formar parte de los catálogos que recogen la arquitectura más singular. Es en Puerto de Mazarrón, frente al nuevo puerto deportivo, donde se conserva uno de estos edificios que destacan en el patrimonio del siglo XX, casi siempre olvidado por su cercanía en el tiempo. Estoy hablando del cuartel de Carabineros, también conocido como la Aduana, una obra de 1934 diseñada por Guillermo Martínez Albaladejo, el mismo arquitecto del cine Rex, en Murcia. La Fundación Docomomo, que vela por la conservación de la arquitectura moderna, lo incluye en su registro de 23 ‘joyas’ de la Región, por su diseño con distintos volúmenes. El inmueble, que ahora está en obras, sigue ocupado por la Benemérita, lo que de momento le ha salvado del abandono.

Puesto de Carabineros (1934) en Puerto de Mazarrón, de Martínez Albaladejo.

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Estrenos de oro y plata
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Miguel Rubio | 29-12-2013 | 6:57| 2

Dos estrenos para 2014 con dos tesoros como protagonistas. El Arqua de Cartagena expondrá el próximo año la carga de reales de a ocho, acuñados en plata en el siglo XVIII, de la fragata ‘Nuestra Señora de las Mercedes’, mientras que el museo de Santa Clara, en Murcia, se prepara para mostrar al público el ocultamiento de 424 monedas andalusíes (la gran mayoría, dinares de oro) halladas en la calle Jabonerías. Salvando las distancias (el primero procede de un naufragio y el segundo fueron los ahorros de un comerciante del siglo XI), ambas colecciones contribuirán a aumentar el interés por los conjuntos numismáticos que se conservan en la Región. Las monedas constituyen una pieza clave a la hora de conocer la historia, porque aportan mucha información a los investigadores. Así, permiten fijar fechas de momentos claves del pasado gracias a los años de acuñación, desvelan relaciones políticas y económicas entre distintos reinos y clanes, y muestran el poder de algunas ciudades que disponían del privilegio de labrar moneda. En otras ocasiones aportan también detalles sobre el declive de algunos gobiernos, que, para hacer frente a sus apuros económicos, emitían piezas de peor calidad y, sin embargo, de más valor, la conocida devaluación que aún hoy está en práctica.

Reales de plata hallados en la plaza Esteve Mora de Murcia.

Cada pueblo tiene su tesoro, y la mayoría se expone al público en museos. En Puerto de Mazarrón (sala de la factoría romana de salazones) se pueden ver, por ejemplo, unos plomos monetiformes, con motivos marinos, como delfines, naves e hipocampos, que se empleaban como dinero local y que solo circulaban en los cotos mineros. Jumilla conserva una colección de denarios de la Roma republicana. El tesoro de La Pita, hallado en Alhama y expuesto en Santa Clara, con moneda islámica y maravedíes de Alfonso X El Sabio, muestra el inicio de la consolidación del poder castellano en el Reino de Murcia. Y en el Arqueológico de la capital murciana es posible contemplar 523 denarios romanos republicanos que un soldado dejó ocultos cuando fue llamado a filas para luchar en las guerras civiles que enfrentaron a César y Pompeyo hacia el año 50 antes de Cristo. Nunca regresó.

Otros tesoros esperan tiempos mejores para volver a ver la luz. Ocurre así con los 1.040 reales de plata encontrados en un derribo en la murciana plaza de Esteve Mora. Son similares a las monedas de ‘La Mercedes’, pero no se muestran al público porque falta una sala en condiciones.

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Un imperio, con ayuda de mujeres
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Miguel Rubio | 22-12-2013 | 9:20| 2

Primero llegaron las madres, después, sus hijas también. Generación tras generación ayudaron con su esfuerzo a levantar un imperio: el de la industria conservera, que tanta fama dio a Molina de Segura. Es una página de la historia que aún tiene capítulos por escribir. Cientos de mujeres se desplazaron hasta la localidad, principalmente de la Vega del Segura y de la comarca del Río Mula, durante las distintas campañas de trabajo. De aquel ‘boom’ quedan unos pocos vestigios de las fábricas, además de un legado inmaterial con los recuerdos de las trabajadoras.

Escultura de Pepe Yagües, junto a la chimenea de La Molinera.

Los orígenes del sector de la conserva vegetal hay que buscarlos a finales del siglo XIX, con Maximino Moreno. El apogeo se vivió en las décadas de los años sesenta y setenta del pasado siglo. Ahora ya no quedan fábricas en el casco urbano, pero el paisaje de la ciudad todavía se ve salpicado por las chimeneas de las factorías, a uno y otro lado de la antigua carretera de Madrid. Este patrimonio industrial forma parte de una nueva ruta turística que muestra la historia y la cultura de Molina. La próxima cita es el 11 de enero (inscripciones en el teléfono 968 28 85 22).
La industria conservera se abasteció de mano de obra femenina, barata, “dócil”  y con la pericia necesaria para estos menesteres. Lo normal era que las niñas acompañaran a sus madres, por lo que en las factorías se mezclaban juegos con trabajo. Algunas empezaron con solo 14 años. Lo cuenta la investigadora María Dolores Palazón en un artículo publicado en la revista Llámpara. Trabajaban en unas condiciones duras, sin contratos ni prestaciones, con jornadas sin límites fijados y que dependían de la producción; su labor la realizaban de pie, a veces bajo las malas maneras de algunos encargados, y debían traer sus propios utensilios y uniformes. Por supuesto, no existían comedores, y almorzaban en la puerta de la fábrica. Todo esto comenzó a cambiar, a mejor, hacia 1976, gracias a la gestación de una conciencia obrera.
Con el paso del tiempo, muchas de estas mujeres acabaron por afincarse en la localidad. Los propios industriales levantaron entonces edificios para alojar a las nuevas familias. Fue una época de expansión de la ciudad hacia el norte, con la creación de barrios enteros, como los de Fátima, San José, San Antonio, San Miguel y El Carmen. En solo dos años, entre 1992 y 1994, este imperio se derrumbó.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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