La Verdad

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Autor: Miguel Rubio
Un barco fenicio del siglo XXI
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Miguel Rubio | 27-11-2013 | 7:57| 2

 
 

Con pino carrasco del parque natural Montes de Málaga se está construyendo en los astilleros Nereo de la capital andaluza una réplica navegable del barco fenicio hundido en la mazarronera playa de La Isla. De mantenerse los planes previstos, la nueva embarcación será botada el próximo verano, y surcará el Mediterráneo hasta la antigua ciudad de Tiro (ahora en Líbano), haciendo escalas en varios puertos. Por supuesto, la nave recalará en Mazarrón, y también en Cartagena. En la iniciativa, auspiciada por la Unesco, colaboran varias instituciones (el Ministerio de Cultura, el museo Arqua y la Fundación Málaga) y el objetivo es que la singladura sirva para llevar un mensaje de “paz y concordia” a los pueblos ribereños, según los promotores, a la vez que se recuerda “aquella sociedad de industrias locales” y la “vorágine que provocó la llegada del alfabeto semita a todos los rincones, la nueva forma de roturar los campos y los adelantos de la industria metalúrgica”.

Boceto del barco fenicio que se construye en Málaga.

Juan Manuel Gambero, arqueólogo de la Fundación Málaga, ha contado los detalles del proyecto en el marco del congreso internacional que sobre el barco fenicio se ha celebrado en Mazarrón. Un encuentro de expertos que ha cumplido las expectativas: ha servido para arrojar luz sobre la conservación del pecio y para remarcar la importancia de estos restos arqueológicos, que finalmente se quedarán en la localidad costera.

La construcción de la réplica de la nave original, hundida hace 2.700 años en mitad de un temporal cuando estaba cargada de mineral, se realiza con herramientas artesanales y con las mismas prácticas de los carpinteros semitas de la costa Sirio-Palestina del segundo milenio antes de Cristo. Así no se emplea ni un solo clavo metálico, sino que las tracas se ensamblan con espigas y lengüetas de olivo. Además, el calafateado se hará con cáñamo y para el embreado se recurrirá a resina vegetal. El alcalde de Mazarrón, Ginés Campillo, se ha interesado por el proyecto y quiere comprobar en persona el estado de los trabajos, por lo que visitará Málaga la próxima semana.

El casco de la nave, en los astilleros Nereo.

La nave, con una tripulación máxima de catorce marineros, medirá 8,16 metros de eslora, 2,20 de manga y tendrá 1,20 de altura hasta la tapa regalada. Portará vela cuadrada de algodón con tiras púrpuras y blancas, ocho remos y un timón de popa. Asida al mástil llevará un ánfora para el agua, tal y como se encontró en el pecio. En la proa irán pintados los ojos de Horus. Lo que no está decidido (aunque sí aparece en los bocetos) es si en la parte delantera del barco también se colocará un ‘hippo’ (cabeza de caballo) y una cola de pez en la popa. Muchos ya sueñan con verlo surcar la bahía de Mazarrón.

 

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A las trincheras
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Miguel Rubio | 25-11-2013 | 6:11| 2

Por esas troneras no se disparó ni una sola bala, ni en estas líneas de trincheras se decidió, finalmente, batalla alguna. A mediados de 1937, en plena Guerra Civil, comenzó a levantarse, desde Águilas a Guardamar del Segura (ya en la provincia de Alicante), un cordón fortificado para defender por tierra la base naval de Cartagena, entonces en el bando republicano. Pero este cinturón de seguridad no se terminó de construir y el conflicto acabó sin que entrara en uso.

Setenta y seis años después, el abandono y el desinterés han hecho que el olvido se adueñe de este patrimonio de la arquitectura bélica. Ahora vuelve a la actualidad porque en la Comunidad de Madrid están trabajando en la puesta en valor de una red de fortines de la misma época levantada para salvaguardar los embalses que abastecían de agua a la capital. Aquí, la Consejería de Cultura todavía ni ha protegido estas obras de la ingeniería militar. “Está en estudio”, se limita a decir un portavoz de este departamento. Así de escueto, sin más explicación.

El plan de defensa por tierra de la base cartagenera se estructuró en núcleos de resistencia, cinco de ellos en la Región, aprovechando los accidentes geográficos y las principales carreteras. Un trabajo de investigación de los arquitectos Francisco José Fernández Guirao y Rebecca A. Tombergs ha servido para redescubrir estos enclaves, en cuya construcción se tuvieron en cuenta las teorías más modernas en fortificación. “Un grupo muy reducido de hombres permitía el bloqueo de las comunicaciones y la paralización del posible invasor”, se explica en el estudio.

El de mayor superficie y mejor conservado está en Purias (Lorca), formado por dos casamatas (de tres y cuatro ametralladoras), dos kilómetros de trincheras y otras ochenta posiciones. Muy cerca, en Tébar (Águilas), existe otro núcleo de resistencia, con una casamata y 1.250 metros de trincheras. Los más accesibles (por si le interesa echarles un vistazo antes de que desaparezcan) están junto a la carretera que atraviesa la pedanía totanera de Paretón-Cantareros (cuatro búnkeres para dos ametralladoras cada uno) y en el nudo de las autovías de Fuente Álamo y Mazarrón, en Alhama, con tres casamatas, dos ‘plantadas’ en mitad de un naranjal al que no se puede acceder y la tercera ‘carcomida’ por la explanación de los terrenos colindantes. En Murcia, en las inmediaciones del área recreativa del Puerto de la Cadena, se conserva, entre pinares, el quinto de estos núcleos fortificados, con varios puestos de ametralladoras, tres casamatas y 300 metros de trincheras.

Angosta entrada a una casamata.

Un resumen de este trabajo apareció recogido en la publicación de las XXII Jornadas de Patrimonio Cultural de la Región de Murcia, de 2011. Ya en 2009, ‘La Verdad’ se hizo eco de la dejadez que pesa sobre la arquitectura militar de la Guerra Civil. A Fernández Guirao nada le desanima; sigue con sus investigaciones y puede que pronto den nuevos frutos. Aquí lo contaremos.

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Moneo, de colores
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Miguel Rubio | 21-11-2013 | 7:50| 2

Supongo que si el Ayuntamiento de Murcia ha querido ensalzar el edificio Moneo con una iluminación especial de colores (que no a todos convence), quizás sea porque hasta ahora no se le ha dado la relevancia que merecía el inmueble consistorial, pese a que lleva el sello del arquitecto español vivo más premiado. La iniciativa municipal coincide con la exposición retrospectiva sobre la obra de Rafael Moneo que acoge la Fundación Barrrié de La Coruña, y en la que no podía faltar la ampliación del Ayuntamiento capitalino (1998) en la plaza del Cardenal Belluga, encargada en la recta final del mandato del alcalde socialista José Méndez.

Recreación de la fachada del edificio Moneo con la nueva iluminación.

Siempre que visito el vanguardista edificio me marcho con la misma sensación desapacible: la nueva sede consistorial padece cierto abandono. Marcas de goteras en algunas paredes, estancias vacías, pasillos a oscuras, alfombras raídas… Como si el inmueble civil no hubiera encontrado su sitio en la geografía urbana.
Ese olvido está presente en otras construcciones modernas de la Región. Un grupo de expertos ha acuñado el término ‘patrimonio ausente’ para referirse a unas obras de la arquitectura del siglo XX que podrían desaparecer ya que, pese a su relevancia, no gozan de protección alguna. Advierten de que «la gran mayoría han soportado mutilaciones, desafortunados añadidos o reformas sin criterio que impiden su lectura y comprensión».
La pregunta que se hacen es qué quedará de la arquitectura del siglo pasado, si no se aborda una selección que permita separar el grano de la paja, para, a continuación, actuar en consecuencia. La ciudad de Murcia conserva algunos ejemplos que pasan desapercibidos. La Central Lechera Murciana, de Carbonell Ruiz, en Monteagudo, es uno de ellos. La ruina campa a sus anchas pese a que simboliza la época de crecimiento económico que se vivió en los años sesenta. Otros edificios sí se conservan en buen estado, pero pocos se detienen a contemplarlos, como la sede de la Delegación del Gobierno (1954), de Prieto-Moreno, y la Consejería de Sanidad (1961) en Ronda de Levante, de Sancho Ruano y Sevilla Llorca.
El catálogo de la Fundación Docomomo, una institución que trabaja para el reconocimiento y la conservación de la arquitectura moderna, destaca varios proyectos más. Ahí están los edificios de viviendas de José Luis de León-Díaz Capilla en Trapería, 3 (1934) y ‘El acorazado’ (del mismo año), en Santo Domingo, 12; la torre del Banco Vitalicio (1965) de Antonio Escario Martínez, José Antonio Vidal Beneyto y José Luis Vives Ferrero, y los colegios de Maristas La Fuensanta y Monteagudo de Pan de Torre. ¿Hasta cuándo este desinterés?

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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