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Categoría: Alhama de Murcia
La herencia del marqués

Seis municipios de la Región de Murcia (Albudeite, Alhama, Librilla, Mazarrón, Molina y Mula) y diez de la provincia de Almería (Albanchez, Albox, Cantoria, Chirivel, Cuevas de Almanzora, María, Oria, Taberno, Vélez Blanco y Vélez Rubio) se han unido para remarcar una página importante de su historia común. En el imponente castillo de Vélez Blanco, representantes de estas dieciséis poblaciones ‘hermanas’ han rubricado la constitución de la Asociación de Municipios del Antiguo Marquesado de los Vélez, con la vista puesta en la promoción del patrimonio ‘heredado’ de estos nobles. Ahora, el acuerdo será refrendado en otro acto solemne, esta vez en la Región, que tendrá como marco el convento de San Francisco de Mula. En unos días la asociación echará a andar formalmente con su primera reunión de trabajo (a celebrar en Cantoria) y la creación de tres comisiones: una institucional para buscar fondos económicos; otra dedicada a la elaboración de programas y actividades, y la tercera encargada de promover el legado histórico y cultural del marquesado de los Vélez, de cara a convertirlo en un reclamo turístico. La archivera de Mazarron, Magdalena Campillo, adelanta que la primera propuesta que pondrá sobre la mesa será retomar la digitalización de los documentos que forman el archivo de esta noble familia. Por desgracia, la tarea se ha quedado a medias debido a la difícil situación económica por la que atraviesan algunos ayuntamientos, cuyas arcas deben sufragar ese proyecto para la conservación de un patrimonio documental de primer orden .
La familia Fajardo, que obtuvo el título en 1507 de la mano de Juana I, levantó un pequeño imperio, extendiendo su poder por buena parte del sureste. El marquesado, que se inició con Pedro Fajardo Chacón, se extinguió en 1837. Antes llegó a controlar veintiún concejos, con una extensión de 3.700 kilómetros cuadrados. En la Región, un ramillete de sus principales monumentos se deben a este linaje. El más conocido, su capilla de la Catedral, con una fabulosa bóveda estrellada. También, los castillos de Mula y Mazarrón, además de otro patrimonio no tan relevante, como posadas, almacenes, molinos y redes de agua.

Castillo de los Vélez de Mazarrón; detrás, uno de los cerros mineros. / G. CARRIÓN

Los marqueses amasaron fortuna gracias a los recursos naturales de estas comarcas. En Mazarrón, por ejemplo, explotaron (de la mano de los marqueses de Villena) el alumbre, un mineral imprescindible para el fijado de los tintes en la industrial textil a finales de la Edad Media. Con el tiempo, esta población (que nunca estuvo bajo el dominio del señorío de los Vélez sino del rey) logró el título de villa (y por tanto su independencia de Lorca) gracias a su riqueza mineral y, por supuesto, con el visto bueno de los marqueses. Estos erigieron una iglesia, dedicada a san Antonio de Padua, para no ser menos que el linaje de los Pacheco, que ya tenía la de san Andrés. Y también construyeron una fortaleza desde la que controlar y proteger sus negocios. Todavía hoy con su porte domina el pueblo.

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Monedas que son un tesoro

Poco a poco se van conociendo nuevos detalles de la gran exposición numismática que prepara la Consejería de Cultura, y que servirá de complemento a la muestra permanente sobre la fragata ‘Nuestra Señora de las Mercedes’, con su carga de monedas de oro y plata, que acaba de abrir sus puertas en el Arqua de Cartagena. Llevará por título ‘Tesoro, materia, ley y forma’, y lo más probable es que se inaugure en octubre en el Museo Arqueológico de Murcia. La Comunidad Autónoma ya ha iniciado los trámites para conseguir la cesión por parte de algunos ayuntamientos de colecciones que se conservan en museos locales y que darán contenido a este proyecto cultural.

Así, por ejemplo, Jumilla aportará 44 monedas de bronce de época romana halladas en la Cueva del Peliciego, en la sierra de los Grajos. Desde Mazarrón llegarán un conjunto de bronces aparecidos en una tumba de la necrópolis tardorromana de La Molineta y además, probablemente, unos plomos monetiformes de época fenicia, con motivos marinos -como delfines, naves e hipocampos-, que se empleaban como dinero local y que solo circulaban en los cotos mineros. El ‘tesoro de la Pita’, descubierto por un agricultor en Alhama de Murcia, pero que se guarda en el museo de Santa Clara de Murcia, también se incluirá en la muestra, principalmente porque resume el sometimiento de la sociedad islámica al reino casellano. La exposición, que supervisa directamente el jefe de Museos de la Consejería de Cultura y experto en numismática, Manuel Lechuga, se aprovechará para mostrar por primera vez, tras su restauración, uno de los últimos ocultamientos localizados en la Región: las 424 monedas andalusíes (la gran mayoría, dinares de oro) halladas en la calle Jabonerías de la capital murciana.

Monedas halladas en una tumba del yacimiento tardorromano de La Molineta, en Mazarrón.

La muestra pretende hacer llegar al público que, independientemente del metal con el que fueron fundidas, las monedas suponen una fuente de información de primer orden para la investigación histórica. Permiten fijar fechas de momentos claves del pasado gracias a los años de acuñación, desvelan relaciones políticas y económicas entre distintos reinos y clanes, y muestran el poder de algunas ciudades que disponían del privilegio de labrar moneda. En otras ocasiones aportan también detalles sobre el declive de algunos gobiernos, que, para hacer frente a sus apuros económicos, emitían piezas de peor calidad y, sin embargo, de más valor, la conocida devaluación a la que ya recurrieron los romanos y que todavía hoy se practica.

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¿Me devuelve esa pieza arqueológica?

La reapertura del Museo Arqueológico Nacional (MAN), el 1 de abril, tras una remodelación que ha costado 55 millones de euros y tres años de trabajos, pone sobre la mesa una cuestión recurrente: la devolución de piezas y obras de arte a sus lugares de origen. Porque en las flamantes vitrinas del MAN, por ejemplo, se exponen al menos una veintena de objetos de enorme valor procedentes de yacimientos arqueológicos de la Región; y ninguno regresará a casa.
Una arqueóloga me cuenta que dicha dispersión tiene su origen en la política cultural “centralizadora” desarrollada en el siglo  XIX y buena parte del XX, cuando a los fondos de los museos nacionales y regionales iban a parar los ‘tesoros’ hallados en las excavaciones, principalmente porque no existían otras dependencias donde conservar en condiciones todo ese patrimonio. Según esta experta, en los últimos años, “afortunadamente”, esa tendencia ha cambiado, conforme los pueblos han ido contado con unas instalaciones capaces de albergar los hallazgos arqueológicos de su territorio. Lo que se lleva, pues, es la conservación ‘in situ’. Así que, a partir de ahora, y salvo excepciones, ya no debe haber ‘fugas’.
Sin embargo, el conflicto surge cuando se reclama aquello que forma parte de las colecciones históricas de otros museos. Entonces, la respuesta siempre suele ser la misma: un ‘no’ rotundo. Que se lo digan a Jumilla, que ha tratado de recuperar sin éxito una escultura del dios Hyppnos, del siglo II antes de Cristo, que se conserva en Berlín. En Alhama de Murcia hay a quien le hubiera gustado que regresara el llamado ‘tesorillo de la Pita’, formado por 31 monedas musulmanas y alfonsinas, y expuestas en la capital murciana. Mientras que a Mazarrón ya se le escapó el barco fenicio ‘Mazarrón I’, y ahora el Ayuntamiento no quiere que le pase lo mismo con la otra nave que permanece hundida en la playa de La Isla, para lo que (pronto) piensa llamar a la puerta del Ministerio de Cultura, de la mano de la Consejería.

Urna fenicia del yacimiento de La Isla, expuesta en Cartagena. / P. SÁNCHEZ

El argumento para solicitar que se restituya  ese patrimonio no es solo una cuestión sentimental. Estas joyas de la arqueología tienen su tirón para atraer visitantes (e ingresos)  a los pueblos. Pero “no podemos desvestir a un santo para vestir a otro”, alegan desde los museos ‘grandes’. Explican, además, que ellos deben mostrar una selección de lo mejor, y a partir de ahí invitar al público a visitar los museos y centros de interpretación locales.
Sí hay disposición, en cambio, para negociar la vuelta de otros materiales que no se exponen y que se custodian en los fondos, aunque también son “dignos de ver la luz”.  Y en esa tarea, por ejemplo, está trabajando ahora el Ayuntamiento de Mazarrón, con vistas a dar contenido a su futuro museo arqueológico. De momento, no ha trascendido qué piezas podrían regresar a la localidad.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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