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Categoría: Cieza
Las cenizas de Cieza

Las tecnologías del siglo XXI, al servicio de las figuras que nuestros antepasados pintaron (aún sin que se sepa muy bien por qué) en el interior de abrigos y cuevas hace 17.000 años. Modelos en 3D, fotografías de alta resolución y termografías están sirviendo como útiles herramientas para examinar al detalle los conjuntos paleolíticos de las Cabras, Jorge y Arco, en Cieza, que resultaron afectados por el incendio del pasado mes de agosto. Aunque los resultados definitivos aún tardarán un tiempo, los primeros datos apuntan a que la conservación de este delicado tesoro se mantiene, de momento, bastante estable.

Los expertos han dado un suspiro de alivio, porque nos encontramos ante un bien protegido como patrimonio mundial por la Unesco. Ningún otro de la Región goza de ese reconocimiento internacional. Así que los servicios de Patrimonio Histórico y Medio Ambiente, que han ido de la mano, no han ahorrado esfuerzos para llevar adelante la investigación acerca del alcance de esta catástrofe ambiental (ardieron 300 hectáreas de pinos y matorral) sobre las pinturas rupestres. Aunque el fuego no llegó a penetrar en las cavidades, las altas temperaturas registradas (hasta 600 grados) y el hollín supusieron una amenaza cuyas consecuencias todavía no están claras. Para comprobar cómo evoluciona el estado de esas representaciones pictóricas del paleolítico (son únicas en la Región y en el resto del arco mediterráneo resulta difícil hallar algo similar) se han tomado unas mil imágenes de altísima definición que servirán ahora de base para conocer cualquier alteración que pueda producirse a lo largo del tiempo. El estudio se ha completado con 400 termografías para medir la temperatura de las paredes de los abrigos. Esta prueba resulta de gran ayuda ya que permite detectar posibles desprendimientos en la piedra, y por tanto avisar de la desaparición de las pinturas.

El incendio de Cieza es hoy solo cenizas. Pero ha servido para aprender una lección acerca de cómo proteger el patrimonio de las llamas. En este sentido, la Comunidad Autónoma ya trabaja en un plan pionero, que se pondrá en marcha el próximo año, para la mejora del entorno forestal de los bienes de interés ubicados en montes público.s Una idea por la que ya se han interesado otras regiones

Toma de imágenes de las pinturas paleolíticas de la cueva del Arco (Cieza). CARM

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Parada en la estación fantasma

Algunas viven una segunda juventud. Las líneas ferroviarias en desuso se han convertido en una nueva oferta turística, en la que se dan la mano naturaleza y patrimonio industrial. En la Región, disponemos de 200 kilómetros de antiguos caminos de hierro, en un estado de conservación dispar, para disfrutarlos a pie o en bicicleta. Ahora la Comunidad Autónoma quiere llamar a la puerta de la Unión Europea a la busca de fondos para seguir avanzando en su puesta en valor. Por si alguien se anima a adentrarse en esta página de la historia del ferrocarril, aquí van unos apuntes sobre los tres trazados que existen en la Región.

1) Murcia-Caravaca por la vía verde. Es el único antiguo corredor que está acondicionado como recurso turístico. Son 75 kilómetros entre el campus universitario de Espinardo y la Ciudad de la Cruz, atravesando los cultivos agrícolas de la vega del Segura, el ‘paisaje lunar’ de Campos del Río y Albudeite y un mar de pinos en el Noroeste. La línea, obra del ingeniero Manuel Bellido,  funcionó entre 1933 y 1971. La mayoría de las estaciones (un día hablaremos solo de ellas) se han recuperado como albergues, aunque otras instalaciones (naves, apeaderos y casetas guardagujas) esperan que soplen nuevos vientos que permitan su recuperación.

Estación de la línea Cartagena-Totana, en Alhama, que nunca llegó a funcionar. / JUAN LEAL

2) De la costa a la montaña. El ‘plan Guadalhorce’ (1926), para la mejora de la red ferroviaria estatal, incluía un eje que iba a conectar Cartagena y Totana (51 kilómetros), además de un ramal entre Mazarrón y La Pinilla (15 kilómetros). El ambicioso proyecto nunca se terminó, pero sobre el terreno sí que quedó marcado todo el trazado. Incluso se levantaron puentes para salvar los cauces de las ramblas, y hasta una estación justo en el límite entre Mazarrón y Alhama. Ahí sigue, en mitad de la nada, este apeadero fantasma, soportando como puede el paso del tiempo. Los ingenieros de la época proyectaron una línea moderna, acorde con los nuevos tiempos, y ¡sin ningún paso a nivel! Las obras para la puesta en valor de estos 66 kilómetros de corredor ferroviario todavía no tienen fecha de inicio, pero es posible recorrer algunos de sus tramos, aunque están sin señalizar.

3) Historias del ‘Chicharra’. Hasta el verano de 1969, el ‘Chicharra’, un tren de vía estrecha, estuvo transportando viajeros. Conectaba Cieza y Alcoy (Alicante), pasando por Jumilla y Yecla. En total, 135 kilómetros de trazado, donde ahora solo quedan algunos retazos. Por ejemplo, en el paraje jumillano de La Punta se conservan varias casas de antiguos ferroviarios. Yecla mantiene en pie su vieja estación y uno de los viaductos de piedra. La línea del ‘Chicharra’ sí que está recuperada como vía verde en Alicante. Justo en el límite con el término provincial, parte el trazado ‘Xixarra 1’, que lleva hasta el santuario de la Virgen de las Virtudes (Villena).

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Más que un mercado

Punto de encuentro para las relaciones sociales, espacio de convivencia ciudadana y excelente despensa con una oferta de productos de calidad para abastecer nuestros hogares. Todo eso y algo más. Porque algunos de los mercados, plazas de abasto y galerías comerciales de la Región son también ‘joyas’ de la arquitectura; ‘monumentos’ del patrimonio industrial que, en muchos casos, languidecen víctimas del olvido y del brillo de los flamantes centros comerciales, las modernas ‘catedrales’ del consumo.
A veces también protagonizan buenas noticias. La última, procedente de Lorca, donde un grupo de empresarios, con el apoyo del Ayuntamiento, pretenden impulsar la reapertura de los antiguos Almacenes Bertrand como una galería de productos ‘gourmet’. De prosperar la iniciativa, no solo se ampliará la oferta comercial del centro histórico, sino que también se recuperará para uso público uno de los pocos edificios de estilo racionalista de Lorca. Diseñado en 1942 por el arquitecto Leopoldo Blanco Mora, estos almacenes fueron todo un símbolo del comercio local durante la segunda mitad del siglo XX.
En Murcia, el mercado de Verónicas, en el plano de San Francisco, también atesora mucha historia. Su ubicación no es casual. Allí se abría la puerta de la Aduana (todavía queda un escudo que la recuerda, aunque tal alto que casi no se ve), donde se cobraban los impuestos sobre las mercancías que entraban o salían de la ciudad. El actual edificio, que se terminó de construir en 1916, es obra de Pedro Cerdán, en estilo modernista. En 1975, las instalaciones se modernizaron. Este proyecto se encargó al arquitecto Daniel Carbonell, autor también de la sede de la Central Lechera Murciana, una factoría, ahora abandonada, que se incluye en los manuales como ejemplo del crecimiento que vivió la Región en la década de los años sesenta del pasado siglo.

Un operario pule el suelo del mercado público de La Unión. / A. GIL

Hay más mercados famosos. Como el de Santa Florentina, en Cartagena, diseñado por Lorenzo Ros Costa, un proyectista que ha pasado a la historia de la arquitectura moderna de la Región por sus escuelas del paseo de Alfonso XIII. De finales de la década de los años veinte datan las plazas de abastos de Águilas y Cieza. Esta última, obra de Julio Carrilero, está protegida como bien de interés cultural.
En esta relación no podía faltar el mercado público de La Unión, también BIC y convertido en sede del Festival Internacional del Cante de las Minas. Levantado a principios del siglo XX, cuando el pueblo vivía un momento álgido por la pujanza de la minería, responde a un proyecto, en estilo modernista, del catalán Víctor Beltrí.
Pero este artículo no podría terminar sin hacer mención al patrimonio inmanterial que atesoran estos recintos, protagonizado por los comerciantes que allí tienen sus puestos y que dominan como nadie el arte de la venta.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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