La Verdad

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Fecha: marzo, 2017
Dichosa melancolía
Carlos Escobar 09-03-2017 | 3:25 | 0

 

La música clásica rusa es una preferencia para los melómanos. La calidad de los compositores se refleja en unas obras con un carácter especial y enigmático que denominamos como “estilo ruso”. El  próximo programa de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (OSRM) es íntegramente ruso y por ello hoy entrevistamos a Olga Tinibaeva, una profesora de la sección de violines primeros de la orquesta con mucha experiencia concertística y docente.

Tinibaeva comenzó los estudios de violín en una escuela de música situada en un bello paraje de la zona verde que rodea a Moscú, donde abundan los bosques y los lagos. Posteriormente pasó a la escuela especial para niños prodigio,  un edificio anexo al Conservatorio Estatal de Moscú donde posteriomente completó sus estudios superiores y de postgrado. Ella nos comenta que en Rusia, cuando una persona termina los estudios, tiene la obligación de trabajar. Su primera ocupación fue la de profesora de violín en el Conservatorio de Samarkanda, situado cerca de su lugar de nacimiento. Vuelve a la capital rusa ya casada con el violinista Sadvacas Tinibaev y forma parte de la Orquesta Filarmónica de Moscú (1984-1990). Más tarde, toma la decisión de trasladarse con su familia a España en busca mejores oportunidades y en 1993 se incorpora a la OSRM, alternando la interpretación de la música sinfónica, con la de conciertos como solista o formando parte de grupos de cámara.

Olga es muy feliz en Murcia, donde reside desde hace 24 años, aunque nunca deja de añorar Rusia: “Si, pero cuando voy a allí, algo me llama desde España. Creo que tengo el corazón repartido entre los dos países”.

El alma rusa, según ella, no se puede entender. A pesar de ello, la violinista intenta aclararnos que: “El estilo ruso es difícil de interpretar. Las melodías cantábiles son tan extensas como los paisajes de Rusia. Es muy importante evitar interrumpirlas y por eso es fundamental poner bien los arcos”. Otros elementos del paisaje como los grandes lagos o la vegetación son fuente de inspiración musical: “Hay muchas canciones populares en torno al árbol llamado abedul y que luego las oímos en las sinfonías de Chaikovski”. En Rusia, nos aclara Tinibaeva, las canciones populares se cantan a todas horas, especialmente después de las comidas. Rusia tiene la extensión equivalente a veniteséis veces la de Europa, por lo que en cada región la música tiene algo especial en este sentido.

Sobre el estilo ruso, Olga nos aclara que: “Los rusos somos muy melancólicos, somos exageradamente tristes y ese sentimiento puede estar contenido en una sola nota. Los intervalos de segunda aumentada de Chaikovski son especiales por su melancolía y al interpretarlos hay que hacerlos muy bien. El músico nunca debe romper una melodía rusa a pesar de que toque los acentos contenidos en ellas”. En la música, las melodías suelen reaparecer en distintos momentos y para la violinista rusa es importante que cada vez se toquen de una manera distinta:  “Aunque cambie el color del sonido, nunca se debe perder el carácter de la composición. El músico no debe salirse de la línea melancólica e imaginaria que surca la partitura”.

Otros aspectos que Tinibaeva destaca de la música rusa es en relación con el vibrato: “No es sólo un movimiento de la muñeca, a veces consiste en un matiz o un movimiento del arco. Pero el impulso musical tiene que salir del alma y el oyente se da cuenta de esto solo con sentirlo”.

La enseñanza en Rusia tiene ciertas particularidades también: “Los profesores de escuelas de música cuidan mucho cada nota, ya que por muy corta que sea, está escrita por algo. Además, al alumno se le exige desde el principio y no se permite lo que está “casi hecho”. Tambien se corrige mucho la postura; hay que pensar que la mano derecha es fundamental para poder hablar, para que se entienda lo que queremos decir. Finalmente, destacaría lo que se insiste en el cuidado y respeto del instrumento. El alumno debe referise a su instrumento como “su violín”.

Para nuestra invitada de hoy, es más sencillo explicar con el instrumento que con palabras la música que escucharemos en el concierto de mañana. Del Concierto de piano de Chaikovski piensa que es técnicamente muy difícil, pero destaca más su intención: “Es que es un tema enorme, muy especial y no creo que pueda ser capaz de explicarlo. Se trata de una música muy dolorosa que sale desde el propio alma. Lo que siente el alma de Chaikovski surge poco a poco a lo largo de su música. Lo que no sale en una obra, sale en otra y por ello está todo tan relacionado, con independencia de la armonía propia que tiene el lenguaje del compositor”, aclara la violinista rusa. Para ella, es un concierto en el que aparecen temas populares. Así en los movimientos primero y tercero “escuchamos melodías ucranianas que son muy melódicas y bonitas y en el segundo movimiento usa una canción francesa que cantaban sus hermanos cuando eran niños”.

Al hablar de la Sinfonía número 2 en mi menor de Rachmaninov, Tinibaeva se siente más cómoda y nos cuenta que la escribió entre los años 1906-1907 y se la dedicó Serguei Taneyev, que era profesor suyo y a la vez, el alumno predilecto de Chaikovski: “Después del estreno de la primera sinfonía, esta fue criticada duramente y no aceptada, por lo que el joven músico cayó en una profunda depresión. A pesar del éxito del Concierto número 2 para Piano y Orquesta, el seguía sin confiar en sí mismo como compositor. Olga opina que Rachmaninov aquí rompe la forma de la sinfonía al incluir un segundo movimiento distinto al lento habitual. Su música contiene todo el drama que está viviendo y parece que surgen muchas dudas, mucho trabajo mental que denotan su infelicidad como compositor. El maestro ruso en ese momento trabaja como director en el Teatro Bolshoi y el estreno de la Segunda sinfonía en 1908 fue un gran éxito.

Tinibaeva nos resume la obra del siguiente modo: “Comienza con una lenta introducción, cuyo tema es el pilar de toda la obra. Los cellos y contrabajos interpretan una melodía al estilo de los cantos antiguos rusos que nos recuerda el tema de la fatalidad de las últimas sinfonías de Chaikovski. La segunda parte es un scherzo transparente con el que podemos imaginar un típico paisaje invernal ruso: una llanura nevada sin fin, con una troika a lo lejos, el sonido de sus campanillas y una canción que se escucha y se pierde. Luego se oscurece la sonoridad y la ventisca ha alcanzado a los viajeros. En el cuarteto de los metales aparece una melodía oscura coral pero más adelante poco a poco todo se tranquiliza”.

La músico continua explicando que en la lenta tercera parte suena la melodía ensoñadora de los violines, la cual continúa en el solo del clarinete. y que “podríamos comparar con un río que fluye por la estepa rusa, serpenteando sin cesar”.  El final es brillante y alegre, con un movimiento brusco, temáticamente está relacionado con todas las partes que le preceden.

Como han comprobado es un placer conversar con una violinista tan interesante como es Olga Tinibaeva. Creo que sus comentarios despiertan nuestra curiosidad por el estilo ruso y descubrir las particularidades a las que ella se refiere mediante la escucha en directo de este formidable programa.

 

Viernes 10 de marzo, 20 horas. Concierto nº 1 para piano y orquesta de Chaikovski y Segunda Sinfonía de Rachmaninov. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Gabriela Montero (piano). Virginia Martínez (dirección musical). Entradas 14, 12 y 8 euros.

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Invitación a la danza
Carlos Escobar 04-03-2017 | 11:24 | 0

El singular atractivo de los conciertos de Cammerata va más allá de la calidad interpretativa de sus componentes y está ligado a la cuidadosa selección del programa y de los músicos invitados. Para esta orquesta de cuerda, la tentación de abrir su repertorio hacia la música antigua y la temática barroca ha propiciado la feliz conjunción artística con La tempestad, agrupación con sede en la región cuyo perfil profesional y humano ya se reflejó en el post de Música Inesperada titulado “La expresión del afecto” (ver enlace adjunto*).

Hoy hablamos con Silvia Marquez, directora e intérprete de instrumentos de teclado de La tempestad y que hará lo propio en el concierto de mañana: “Escucharemos obras de compositores franceses, italianos y alemanes de los siglos XVII y XVIII caracterizadas por estar originariamente escrita para cinco elementos de distinta tesitura (Dessus, Haute-contre, Taille, Quinte y Basse de violon), con lo que la densidad musical en mayor que en la concepción actual”. Según nos explica Silvia, durante el concierto estos cinco elementos serán representados por el violín primero, violín segundo, viola primera, viola segunda y los bajos (violonchelos y contrabajos), respectivamente. Es más, en Les Boréades de Rameau las violas se reparten un papel principal y otro con la voz del fagot.

Uno de los reclamos de mañana será el escuchar al solista de violín en el concierto de Vivaldi ya que Pablo Suárez Calero es un músico con un virtuosismo de máximo nivel. Además, Silvia Marquez nos invita a acudir al Auditorio Víctor Villegas para disfrutar las distintas danzas que interpretarán los músicos de Cammerata y La tempestad: “Las de Matthew Locke son danzas populares propias de los campesinos. Esta música efectista acompañaba a las representaciones teatrales de La tempestad de Shakespeare donde el público asistente estaba poco cultivado”.

Las danzas de Lully son gavotte y minuetti de la corte con su típicas entradas iniciadas con un golpe de bastón, según nos comenta esta clavecinista y directora musical: “Y las de Muffat recogen los estilos francés e italiano y se disponen entre movimientos de un carácter mas lento y pacificador, lo que supone un factor sorpresa”.

Aunque en el Concierto grosso de Geminiani no hay danzas, la música está llena de contrastes que surgen sin pausa alguna y de alternancias entre partes de solo y tutti orquestales. “Las danzas de Rameau son puro teatro – nos explica Silviaya que la música describe por imitación elementos como un reloj o el céfiro, el viento suave y mensajero de la primavera”.

Como ven, los fenómenos atmosféricos rondan sobre los atriles de Cammerata y La tempestad, lo que sin duda es una auténtica invitación a compartir con intensidad y en directo el espíritu de la música barroca.

 

*http://blogs.laverdad.es/musicainesperada/2015/12/10/la-expresion-del-afecto/

 

Lunes 6 de marzo, 20h. Auditorio de Murcia. Obras de Locle, Lully, Vivaldi, Muffat, Geminiani y Rameau. Cammerata y La Tempestad. Pablo Suárez Calero (violín). Antonio Clares (viola). Silvia Marquez (dirección musical). Entradas: 10 euros y 8 euros (estudiantes con acreditación).

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El piano con duende
Carlos Escobar 01-03-2017 | 2:21 | 0

Manuel de Falla vivió en París durante 7 años (1907-1914) y allí conoció a destacadas personalidades del mundo de la música, danza, pintura y literatura. El célebre Diaghilev le pidió de forma reiterada que compusiese una obra típica española para ser representado por los Ballets Rusos y el maestro español creó El sombrero de tres picos. Diaghilev le encargó la coreografía a Leónidas Massine, los decorados y vestuarios a Picasso y la dirección musical a Ansermet.

La temática burlesca del ballet narra la historia del corregidor de Guadix, que lleva un sombrero de tres picos, que se encapricha de una joven y guapa molinera que intenta reirse de él con la colaboración de su marido. Finalmente, los vecinos del pueblo se mofan de su situación y lo ridiculizan en un manteo colectivo. La pieza originaria orquestal consta de dos suites de tres números cada una.

Posteriormente, Falla hace una versión para piano de tres movimientos: Danza de la Molinera, Vecinos y Danza del molinero. Si Diaghilev necesitara un pianista para representar esta versión, pediría que el intérprete sintiese el flamenco en sus venas y que tuviese una cuidada técnica pianística. Precisamente estas son cualidades que atesora Isabel Amparo Martínez Túnez (Jaén, 1988), pianista muy implicada con la música española y el baile flamenco, a los que se dedica con pasión.

Amparo Martínez es uno de los músicos que participan en el concierto del próximo sábado 4 de marzo en el que tocará la Danza de la molinera y la Danza del molinero de El sombrero de tres picos. Además, interpretará junto al violinista Pablo Roca las seis danzas de la Suite popular española del propio compositor gaditano.

Para tocar la obra de Falla, esta pianista nos comenta que: “Me apoyo mucho en el carácter rítmico andaluz, en el zapateado y el rasgueo de la guitarra flamenca. Si no pensara en eso, no podría tocarla, no tendría la fuerza que se necesita para interpretarla”. 

La joven pianista formada en el Conservatorio de Murcia cree que la Danza del molinero le va a gustar más al público que la Danza de la molinera: “La primera es más corta y se trata de una farruca con partes distintas que logran impactar al público. La Danza de la molinera, es un fandango en el que se repiten los temas con el atractivo de que cada vez lo hacen en un tono diferente”.

El concierto del sábado tiene el título de Diaghilev, según nos cuenta Amparo, y forma parte de un ciclo de cinco programas dedicados al bailarín Félix García, un artista importante en el pasado que ha recobrado interés tras las interesantes investigaciones de Antonio Hernández, profesor de la asignatura de Música. Amparo tocará en otro concierto del ciclo la pieza Vecinos del Sombrero de tres picos de Falla que es una seguidilla con marcado carácter andaluz.

Espero que se animen a asistir al concierto y a disfrutar de los giros melódicos de Manuel de Falla, un músico andaluz que se impregnó del estilo neoclásico y de los aires rusos para crear una obra eterna.

 

Sábado 4 de marzo, 19 horas. Aula de Cultura de la Fundación Caja Mediterráneo. Música de Falla, Albéniz, Rossini, Schumann, Bizet, Massenet y Delibes. Entrada 10 euros.

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