La Verdad

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La batalla de Madrid
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Alberto Aguirre de Cárcer | 20-11-2016 | 06:47| 0

Con su singular ironía, el escritor y periodista pontevedrés Julio Camba decía allá por 1920 que el «hijo de un gran político gallego tiene desde su nacimiento categoría de ministro; el sobrino tiene categoría de subsecretario o de director general, y así sucesivamente». Galicia, escribía Camba, es tierra de sardinas y políticos: «Las sardinas nacen unas de otras, y los políticos también». Casi un siglo después, las cosas son bien diferentes. Incluso en la patria chica de Rajoy. En la Región de Murcia, los hijos de los grandes políticos, de haber o haberlos habido, nunca han nacido con una potencial cartera ministerial bajo el brazo. A diferencia de la vocación empresarial, que aquí se hereda, la política solo excepcionalmente se trasmite a los vástagos. Gestionar el patrimonio propio siempre ha interesado más que gestionar el de todos. Si a la falta de ADN político por vía germinal se suma un liviano peso en Madrid, propio de una región uniprovincial, no es de extrañar la corta lista de ministros murcianos en la historia de España. Puede que el oficio de ministro esté sobrevalorado desde que ya no reporta, como sugería Camba con su particular humor, un puerto y varias carreteras para el territorio de origen. Pero en nuestro país aún conviene mucho tener aliados en los distintos escalones del Ejecutivo que sean sensibles a los problemas y reivindicaciones regionales. Sobre todo porque nuestra dependencia de la Administración central, tan propensa a los atascos burocráticos, es aún abrumadora en múltiples asuntos. El nuevo Ejecutivo de Rajoy está aún por completar, pero, de momento, hay pérdida de peso específico con las salidas de Isabel Borrego (aunque entró en su día como cuota balear) y, sobre todo, de Jaime García-Legaz. Los exportadores del sector agroalimentario echarán de menos a quien, después de dar no sé cuántas vueltas al mundo en los últimos años, quiere ver crecer a su hija de seis años y deja voluntariamente la Secretaría de Estado de Comercio para incorporarse a la Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación (Cesce). Poco dado al lucimiento personal, ha resuelto no pocos problemas a los exportadores murcianos. Antes de irse, ha dejado franqueada la puerta del mercado chino a la fruta de hueso de la Vega Media a través del ‘tren de la seda’. Y, probablemente, seguirá desde la Cesce siendo un aliado de los intereses murcianos. La buena noticia de la semana es la vuelta de Juan María Vázquez a la Secretaría General de Ciencia y Competitividad, un puesto de gestión clave porque orquesta todo el sistema nacional de I+D+i. Su aportación puede ser decisiva para la captación de fondos y la puesta en marcha de la Agencia Regional del Conocimiento que impulsa Pedro Antonio Sánchez.
El presidente ha entendido bien la importancia de hacer política tanto en el Congreso como en la sede nacional de su partido y el Ejecutivo central. Se le podrán achacar no pocos errores y carencias en su equipo, pero no cabe escatimarle el reconocimiento a su entrega y capacidad de trabajo, gran parte volcado en Madrid. La reunión con cinco ministros en siete días, a partir de mañana, es una muestra de ese empuje. Ahora bien, es el momento de los resultados. Con la foto y vagas promesas no basta. Y lo sabe. Proyectos como el AVE a Murcia y Cartagena, en los términos pactados con la oposición, no pueden esperar más. La Región acabará el año con un crecimiento económico superior al 3% que podría haber reportado muchos más beneficios a la sociedad murciana con esas infraestructuras en funcionamiento. Hay que pelear el agua, el Corredor Mediterráneo y cambios legislativos que impulsen la fotovoltaica. Desde ya.

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Fiesta de los maniquíes
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Alberto Aguirre de Cárcer | 18-11-2016 | 10:36| 0

Ayer, en Cartagena, a los diputados del PP les dio por hacer en el hemiciclo la última gracieta de moda en las redes sociales, posar como maniquíes para un vídeo grupal. A los de Ciudadanos por teatralizar una impostada ruptura con el Gobierno en la negociación de los Presupuestos. Y al PSOE por amagar con enviar al TC la ley de simplificación administrativa. Nada de eso irá a ningún lado, aunque la palma de los despropósitos sin futuro fue la propuesta aprobada que insta al Gobierno a que la Región tenga el mismo horario que Canarias. Pedimos lo contrario que Baleares y la Comunidad Valenciana, que quieren que anochezca una hora más tarde para favorecer el turismo. Ya puestos, propongo que a las dos horas de diferencia resultantes entre Murcia y Orihuela o Campoamor, Madrid añada otra hora más y así nos ahorramos Camarillas y el AVE. Caben dos posibilidades. O a unas cuantas señorías les sobran muchas horas y se aburren, o se están volviendo nihilistas. Pavoroso.

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Trump y la dinastía del pato
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Alberto Aguirre de Cárcer | 13-11-2016 | 06:49| 0

Un par de meses después de la fallida Cumbre Mundial por el Desarrollo Sostenible de Johannesburgo, que terminó en agosto de 2002 con una sonora pitada a Colin Powell, quien dio la cara por la espantada de George Bush, el Departamento de Estado organizó una visita a EE UU de periodistas europeos para intentar revertir la penosa imagen medioambiental que ofreció al mundo. Durante dos semanas, en compañía de tres colegas de Alemania, Dinamarca y Letonia, me entrevisté con investigadores en el MIT de Boston, alcaldes y responsables políticos del Gobierno federal, pero también con granjeros, fabricantes de especias orgánicas, activistas medioambientales y expertos implicados en la recuperación medioambiental de grandes espacios naturales amenazados.
La escala más interesante del viaje fue el Estado de Vermont, convertido en un auténtico oasis en materia de desarrollo sostenible, gracias en buena parte al liderazgo del exalcalde y senador Bernie Sanders, quien disputó este año a Hillary Clinton la candidatura demócrata a la Casa Blanca. Entonces, la mano derecha de Sanders, Peter Clavelle, era el alcalde de la capital de Vermont, Burlington, una ciudad volcada con el cumplimiento de las recomendaciones de la llamada Agenda 21, fijada diez años antes en la Cumbre de Río para lograr un desarrollo sostenible. El compromiso cívico de Burlington era ejemplar. En el proyecto estaban implicados desde la Universidad de Vermont, la alcaldía y la Cámara de Comercio a colectivos vecinales, asociaciones ecologistas y los agricultores y ganaderos de una ciudad abastecida en una gran parte con energías renovables, con viviendas para los jóvenes, con tren de cercanías, consumidora de productos orgánicos producidos en múltiples granjas locales y volcada en la recuperación de un lago, llamado Champlain, en riesgo como nuestro Mar Menor por los nitratos y los fosfatos generados por la actividad agrícola.
Pero Burlington era, y es, una minúscula gota de 40.000 habitantes en un heterogéneo país donde el grueso de sus 287 millones de habitantes no estaban por la labor de reducir el uso de combustibles fósiles. Pese a ser un caso excepcional, esa comunidad local, como el resto de EE UU, ya comenzaba a sufrir hace catorce años los efectos de la globalización y la consiguiente desconfianza hacia las elites políticas. La madera china hacía añicos la actividad económica que generan los espectaculares bosques de Vermont, donde se temía, además, que el mercado internacional arruinase su pequeña pero vital red de granjas lácteas. En ese estado, que sigue siendo el más izquierdoso del país, Clinton ganó el martes holgadamente a Trump, que se llevó el triunfo final al arrasar con sus mensajes populistas (’América primero’) en el vasto territorio rural, de profundas convicciones religiosas y conservadoras, que se extiende entre ambas costas de Estados Unidos. Las proclamas identitarias y contra el ‘establishment’ de Washington que represataba Hillary Clinton calaron en la clase blanca trabajadora de las empobrecidas zonas industriales del Medio Oeste y en los ‘rednecks’ del medio rural. Es la América invisible, el auténtico macizo de la raza, que no entra en contacto con los millones de turistas europeos que visitan Nueva York, Boston o Los Ángeles. Es la América que aún recela de la teoría evolutiva de Darwin y que no se informa a través de los periódicos más influyentes. A veces ni siquiera por las grandes cadenas de televisión, sino por las redes sociales, donde la verdad carece de importancia si lo que se cuenta entretiene y tiene capacidad viral. Que no disfrutan, como los europeos, con series como ‘Sexo en Nueva York’ o ‘The Big Bang Theory’, sino con realitys de audiencias masivas en la tv por cable, donde los protagonistas son personas reales de esa América profunda, como ‘Duck Dinasty’ (La dinastía del pato), el día a día de una montaraz familia de Louisiana que se hizo millonaria vendiendo reclamos para cazar patos, sin esconder un ápice sus actitudes homófobas y xenófobas.
Pero explicar los resultados de las elecciones estadounidenses como una mera reacción contra el sistema de millones de supuestos paletos racistas sería simplista y equivocado. Que un personaje tan execrable como Donald Trump haya ganado unas elecciones democráticas en EE UU es un aviso de algo mucho más profundo, que está dando alas a las vías más populistas en América y Europa. Aquí como allí, las consecuencias de las políticas de ajuste tras la crisis financiera de 2007 han conducido a un empobrecimiento generalizado de las clases medias y trabajadoras. Obama terminará su mandato con una tasa de paro inferior al 5%, pero con pérdidas de poder salarial que alcanzan a una amplia capa de la población, muy recelosa con una nueva economía global que acentúa las desigualdades sociales. Es indudable que la apuesta de China por un capitalismo salvaje, en términos de costes salariales y derechos de los trabajadores, ha llevado a una profunda caída de la producción industrial en Occidente, no solo en Michigan, Ohio, Pensilvania o Wisconsin. Pero que la solución sean las propuestas de Trump, contrarias a los tratados comerciales, es otra cosa distinta y discutible porque el nuevo presidente ha desestimado que el principal factor para el declive de muchas industrias tradicionales es el cambio tecnológico, y no la supresión de aranceles.
El pesimismo económico, la desafección hacia la clase política y el miedo a la inseguridad colectiva han llevado a la Casa Blanca a un líder político sin experiencia, equipo y conocimiento de los grandes asuntos internacionales. Con el país completamente dividido por una campaña plagada de descalificaciones, Trump se dispone a tomar el mando sin que existan más referencias de su posible acción de gobierno que vagas promesas genéricas y su ristra de improperios y actitudes agresivas hacia numerosos colectivos. Aunque el propio partido republicano pueda embridar posibles desatinos en ambas Cámaras y la propia gobernabilidad le empuje a la moderación, los grandes acuerdos climáticos, comerciales y de defensa con la UE están claramente amenazados. Se avecinan nuevos tiempos de mayor inestabilidad e incertidumbre.

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La cobra
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Alberto Aguirre de Cárcer | 09-11-2016 | 13:34| 0

La UCAM y la Consejería sellaron por fin el convenio de las prácticas de Medicina en aparente armonía, aunque sin presencia de los medios, por petición de la primera. Escondidos, como la canción de Bisbal y Chenoa, y con cobra incluida, dado que la universidad privada comunicó minutos después de firmar que no renuncia al contencioso administrativo contra el convenio de Sanidad con la UMU. La parte positiva del acuerdo es que los alumnos de las dos universidades tienen garantizado el ejercicio de las prácticas en un nuevo marco que se adapta al real decreto nacional. La impresión, sin embargo, es que la vía abierta a la UCAM a todos los hospitales públicos mediante convenios específicos, recogida por el decreto, dará paso a futuras negociaciones a tres bandas que no estarán exentas de tensión. ¿Atrapados sin poder salir?

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Lampedusiano
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Alberto Aguirre de Cárcer | 06-11-2016 | 07:25| 0

Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. La frase pronunciada por un personaje de la novela ‘El Gatopardo’, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, dio origen a un término muy usado en política, casi siempre con connotaciones negativas, para describir los cambios ideados para que nada cambie. La apuesta continuista de Rajoy plasmada en su nuevo gabinete tiene aromas lampedusianos porque, aunque incorpora varias caras que dan un cierto aire de renovación y reordena competencias, preserva su esencia con el mantenimiento del núcleo duro (Sáenz de Santamaría, Luis de Guindos y Cristóbal Montoro). Rajoy no ha cambiado todo sino que ha hecho las modificaciones mínimas para intentar que nada cambie en lo sustancial: su programa económico y el control del juego político y sus tiempos, como en su etapa de mayoría absoluta, en un escenario radicalmente distinto. En la inédita situación de inferioridad aritmética en el Parlamento, y ante la avalancha de posibles reformas en el hemiciclo, no es casual que Sáenz de Santamaría haya dejado la portavocía del Consejo de Ministros. Ahora el centro de gravedad se desplaza al Congreso de los Diputados, donde la vicepresidenta tendrá especial protagonismo como responsable máxima de las espinosas cuestiones territoriales, desde el órdago catalán al modelo de financiación y la posible reforma constitucional. Sobre ella recae toda la coordinación entre el Ejecutivo y el grupo parlamentario para engrasar las obligadas tareas de negociación a las que se enfrenta Rajoy.

Aún es pronto para saber si a los intereses regionales les irá mejor con este Gobierno, pero de partida hay un inicio alentador: por lo menos no habrá que explicarle de cero a la ministra de Agricultura la gravedad del problema del agua y sus consecuencias económicas y sociales para la Región. Y, en principio, parece que el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, muy cercano a muchos políticos murcianos, debería tener una especial sensibilidad para con nuestra maldición ferroviaria como exalcalde de una capital de una periférica región uniprovincial.

Otra cosa distinta es caer en la ilusión de que la solución para nuestros particulares lastres puede llegar de un día para otro. Con un ajuste pendiente del gasto público de 5.000 millones, ni los más optimistas sueñan con un impulso inversor. Y respecto al agua, no cabe engañarse. La posibilidad de un consenso nacional es mucho más complicada con la fragmentación del arco parlamentario, más aún si el presidente de Gobierno continúa orillando los desafíos que suscitan conflictos territoriales. A Rajoy le fue muy bien con su mantra de que quien resiste gana. Pero no así a quienes son víctimas de la inacción política y la falta de acuerdos de Estado, como nuestros regantes. Por otro lado, conviene asumir que la figura de los ministros está sobrevalorada. Cierto es que si uno sale malo puede generar desastres. Ahí está Wert como prueba viviente. Pero ni los más eficaces y certeros tienen muchas veces un papel determinante. Ana Pastor (que cada cual la sitúe en el pelotón de ministros aceptables o ineficaces) se enfrentó en Fomento a la gravísima carcoma enquistada en el sector de la obra pública (el ventajismo de las grandes constructoras con los modificados de proyecto y los sobrecostes), pero la ha dejado sin resolver. Y, además. ¿qué más da quién sea el ministro de Fomento si en el interno de Adif al final deciden los mismos de siempre, con sus ritmos, criterios y prioridades? Dicho eso, permanecer 315 días, más los cinco de propina de Rajoy, con ministros interinos fue una insensatez que causó estupor en toda Europa. Son innumerables los asuntos de interés regional paralizados estos meses en los ministerios y sometidos a revisión por legiones de abogados del Estado para intentar darles cauce. Por tanto, lo mejor del nuevo Gobierno, sea lampedusiano o no, es que no está en funciones y tendrá ya que gestionar y rendir cuentas. Entre los aciertos de Pedro Antonio Sánchez está el haber entendido que el progreso regional hay que pelearlo en Madrid, empujando y estableciendo alianzas en el mundo político y en el económico. Eso compensó en buena parte algunos desaciertos en la alineación de su Ejecutivo, donde ya empieza a oler a quemado en varias consejerías. Si el presidente y todos los diputados murcianos apuntan, sobre la base de pactos regionales, en la misma dirección, entonces probablemente sí nos irá mejor.

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España sale del bloqueo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 30-10-2016 | 06:54| 0

En el llamado sexenio democrático o revolucionario (1868-1874), España vivió un destronamiento, un régimen provisional, una regencia, una monarquía democrática, una abdicación, una república federal, otra unitaria, varias guerras civiles simultáneas, un nuevo régimen provisional y, finalmente, la restauración de la dinastía destronada al inicio de ese convulso periodo. 2016 no llega ni de lejos a esas cotas de inestabilidad, pero no ha existido desde la Transición democrática otro año con semejante grado de interinidad. Después de más de trescientos días de Ejecutivo en funciones, dos llamadas a las urnas con sendas investiduras fallidas y varios pactos frustrados, Mariano Rajoy se convirtió ayer en presidente del Gobierno. Y curiosamente, después de todo, con el menor rechazo de nuestra reciente historia democrática porque el principal partido de la oposición, el PSOE, no votó ayer en contra de la investidura, sino que se abstuvo en su inmensa mayoría. Solo Pedro Sánchez, que dimitió horas antes, y quince diputados socialistas se mantuvieron fieles al ‘no es no’.

La investidura de Rajoy abre una legislatura de duración incierta, pero a buen seguro tormentosa, para un Gobierno sin un pacto de legislatura y en franca minoría ante una oposición muy fragmentada que saldrá a morder. Cualquier iniciativa legislativa deberá pactarla con más de un grupo de la oposición, que tendrá a merced al Ejecutivo en las votaciones parlamentarias, salvo en aquellos proyectos que implican gastos adicionales porque el Ejecutivo retiene en su mano el escudo de la ley de estabilidad presupuestaria. Esa debilidad parlamentaria supone, sin embargo, una oportunidad para desatascar reformas pendientes de calado, como el modelo de financiación autonómica, el pacto por la educación, el sistema público de pensiones y quién sabe si la reforma constitucional, el problema catalán, el ansiado pacto nacional del agua y la reforma del modelo energético. Más le vale a Rajoy elegir a ministros con talante negociador y habilidad política porque se avecinan tiempos de ineludibles pactos. No es el presidente muy dado a los cambios sobre la marcha. De hecho, ya mantuvo en su anterior equipo, hasta que la presión fue insoportable, a varios ministros (Wert, Mato, Soria..,) que no dieron la talla desde el primer minuto. A otros, los más cercanos (Fernández Díaz y Margallo), los sostuvo contra viento y marea hasta el final. Ahora que Rajoy tendrá que ganarse la estabilidad día a día, ya no podrá optar por otro gabinete de viejos amigos y colaboradores. La elección de sus ministros, que se conocerá el jueves, será el primer mensaje de esta nueva etapa de diálogo forzoso al que Rajoy se cuidó muy mucho ayer de poner límites. No puede olvidar, sin embargo, que le corresponde a él y a su partido tomar la iniciativa para procurar los acuerdos que garanticen la legislatura más estable y fructífera.

Pese a que todos los candidatos acudieron a las segundas elecciones con la promesa de que no habría unas terceras, el desbloqueo solo llegó con el ‘golpe de los coroneles’ socialistas liderado por Susana Díaz contra Pedro Sánchez. La batalla por el control del partido se cobró la cabeza del exsecretario general, que ayer, al anunciar que abandona su escaño, dejó claro que no renuncia a volver a coger el timón del PSOE en unas primarias. Su petición de que la gestora las convoque de inmediato revela sus intenciones. Cuanto más tiempo pase, fuera ya del hemiciclo, menos oportunidades tendrá. Tan claro como que Susana Díaz hará lo posible por retrasarlas al máximo.

La guerra del PSOE tiene muy mal pronóstico. El pasado domingo, como si invocaran inconscientemente la primera frase de una canción de Georges Brassens (‘Morir por una idea es una idea excelente’), llegaron al Comité Federal del PSOE los postulantes del ‘qué parte del no no entiende’ dispuestos a defender su hoja de ruta ¿suicida?: acudir a terceras elecciones sin candidato, divididos y sin un proyecto aglutinador. Pero en Ferraz se toparon con un coro más numeroso de partidarios de la abstención para evitar una debacle electoral . Y así prevaleció finalmente otro verso de la canción de Brassens (‘Muramos por una idea, de acuerdo, pero que sea de muerte lenta’). Susto o muerte, ese era el dilema. Parece que prevaleció la primera opción, aunque según qué bando relate la historia no queda claro cuál de los dos caminos (el no o la abstención) podría conducir al partido socialista a su cadalso. En realidad, no importa tanto quién tuviera razón en esta encrucijada. Lo grave no era el dilema sino la evidencia de la profunda fractura interna en un partido con mil voces. No es un descosido, es un roto imparcheable, que precisa de un traje nuevo y de un líder que lo porte y lo exhiba con convicción. En esta guerra trufada de descalificaciones personales han olvidado hasta la reacción más instintiva en situaciones de peligro. Desde que los humanos se convirtieron en bípedos, agruparse es la mayor garantía para la supervivencia cuando no cabe la huida. Cerrar filas, lo llaman los políticos. Han optado, por el contrario, por desollarse en directo a la vista de todos. Convertido Ferraz en un trasunto del rancho de Waco emerge una pregunta: ¿si tanta desconfianza suscitan los unos en los otros, y viceversa, quién de fuera puede confiar hoy en ellos? Que sirvan de consuelo para los militantes socialistas las intervenciones en la sesión de investidura de posibles compañeros de viaje que no pudieron ser: Pablo Iglesias, otrora el mejor activo y hoy el mayor lastre de Podemos, y el diputado Gabriel Rufián (ERC), abochornante con su vomitivo derroche de bilis.

España necesita un PSOE sólido y unido, pero la respuesta a los problemas del país no puede esperar a la recomposición de los socialistas. La sociedad civil murciana demanda al nuevo Gobierno soluciones, y no más parches, para su déficit hidrológico, financiero y de infraestructuras. Son solo tres de una larga lista de reclamaciones de una Región muy dependiente de las decisiones adoptadas en Madrid. En medio de esta nueva legislatura tan compleja, los diputados murcianos van a tener que pelear mucho para introducir esas aspiraciones en la agenda política nacional. Ya pueden ponerse a trabajar desde hoy.

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Payasada diabólica
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Alberto Aguirre de Cárcer | 28-10-2016 | 07:55| 0

Convertido el Parlamento en una prefiesta de disfraces propia de Halloween (el no de ayer a Rajoy será mañana abstención), Pablo Iglesias escogió el papel del ‘payaso diabólico’ para continuar, supongo, con aquello tan ingenuo de dar «miedo a los poderosos». Pero más que terror lo que produce es repelencia cuando espeta que «hay más delincuentes potenciales en esta Cámara que allí fuera», en alusión a la protesta que rodeará mañana el Congreso de los Diputados. En su afán por erigirse, por las vías de la polarización y la crispación, en el líder de la oposición, Iglesias se ha abonado a los excesos. Como ya es costumbre, el PP entró al trapo, que para eso está siempre presto Rafael Hernando, otro dechado de moderación. Se ve que en política esto de las payasadas diabólicas es viral. Ayer mismo se oyó en la Región otra genuinamente estúpida.

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Una mirada al futuro
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Alberto Aguirre de Cárcer | 23-10-2016 | 06:10| 0

En la novela de P. D. James ‘Hijos de los hombres’ (1993), llevada magistralmente al cine por el director mexicano Alfonso Cuarón, la humanidad está condenada en 2021 a la extinción por su incapacidad para tener descendencia. La realidad está todavía muy lejos de la ficción ideada por la escritora británica, aunque los últimos datos del INE reflejan una crisis demográfica en nuestro país que es ciertamente preocupante. Dentro de cincuenta años España habrá perdido más de cinco millones de habitantes, uno de cada tres tendrá más de 65 años y nacerán menos de 300.000 niños. Viviremos más, aunque en creciente soledad. En solo tres lustros, uno de cuatro hogares estará habitado por una única persona en la Región, que será una de las pocas que no decrecerá en población. ‘La Verdad’ ha querido echar un vistazo más profundo a la Región que heredarán nuestros hijos y nietos y ofrece hoy en un amplio reportaje las proyecciones que maneja la Comisión Europea para 2050. En efecto, no perderemos población y crecerá nuestro PIB per cápita, pero habrá un 11% de trabajadores menos en las dos grandes áreas metropolitanas, mientras que las infraestructuras residenciales, industriales y comerciales irán ganando terreno a los espacios verdes. Aunque el futuro no está escrito y la prospectiva es una rama científica llena de incertidumbres, las tendencias observadas en la Región de Murcia no constituyen un hecho aislado, sino que se enmarcan en procesos globales que avanzan con una fuerza arrolladora. Somos una pequeña rama en un río de aguas bravas. Los datos de la Comisión Europea invitan a un análisis pausado sobre los cambios que los propios mercados y las autoridades están ya impulsando. Fomentar la digitalización y la industria 4.0 será positivo para la competitividad de nuestro sector productivo y nuestro PIB regional, pero va a tener un impacto en el mercado de trabajo. Si en el año 2050 tendremos 13.000 habitantes más en la Región y 61.000 empleados menos, nos lo tenemos que mirar desde ya. Porque en el futuro, como en el presente, no habrá nadie que pueda vivir del aire.

La más urgente reforma es la que atañe al sistema público de pensiones. Los cambios introducidos en 2012 se han revelado insuficientes. La caída de cotizaciones a la Seguridad Social por la crisis y su lenta recuperación, junto con el envejecimiento de la población, nos empujan hacia un peligroso desfiladero. De continuar el gasto público en prestaciones a un ritmo de crecimiento del 3%, a muy corto plazo se habrá agotado el Fondo de Reserva de las Pensiones. Sobre la mesa hay múltiples propuestas. Desde una reforma a la baja de las cotizaciones para contribuir a la creación de empleo o un nuevo cálculo más estricto de la pensión en función de la duración de la vida laboral, al vínculo de esta prestación pública al IRPF y el IVA o la creación de un nuevo tipo impositivo. Cada maestrillo tiene su librillo y las recetas, no exentas de carga ideológica, varían entre partidos, sindicatos y empresarios. La buena noticia es que todos los actores sociales están de acuerdo en la necesidad de acometer reformas urgentes. La mala, rematadamente mala, es que en este país se ha convertido en un imposible conseguir un pacto consensuado, ni siquiera en los asuntos que claramente son de interés general y donde nos jugamos uno de los pilares del estado del bienestar que construimos con enorme esfuerzo.

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Deriva radical
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Alberto Aguirre de Cárcer | 16-10-2016 | 05:50| 0

Los debates políticos en España siguen el ciclo de las mareas. Suben y bajan de intensidad por la acción de una fuerza de atracción gravitatoria que nunca es el interés general. A mayor grado de viralidad, efervescencia e insustancialidad más viva es la pleamar de las polémicas y más desolador es el paisaje que después queda expuesto sobre la arena mojada: casi siempre, el rastro de una sociedad que naufragó por la pérdida de valores y ahora le carcome una terrible orfandad de ideas y liderazgos. La última controversia, legítima pero estéril y diseñada para generar división, como casi todas, ha venido a cuenta de la Fiesta Nacional, su fecha y su modo de celebrarla.

Los sentimientos no pueden imponerse por ley y habrá que reconocer que si el orgullo de pertenencia a España se resquebraja por algunas esquinas del país es porque han puesto más empeño los que quieren deconstruirla, saltándose incluso el estado de derecho cimentado en el cumplimiento de la ley. No cabía esperar otra cosa de quienes han convertido la independencia en su desesperada vía de escape para sobrevivir políticamente a una gestión nefasta e irresponsable durante los años de la crisis. Lo más llamativo, sin embargo, es que en esa huida hacia adelante hayan encontrado la cómplice muleta de la nueva izquierda representada por Podemos, un conglomerado que aúna desde activistas sociales de larga trayectoria y gentes de izquierda desencantadas con los partidos tradicionales a anticapitalistas furibundos y militantes del comunismo más añejo. Ni siquiera en los tiempos más convulsos de nuestro país, la izquierda más alejada de la centralidad había caído en la trampa secesionista, que ahora consiste en un referéndum constitucionalmente imposible para que una parte decida lo que solo podemos decidir todos. Basta con leer las reflexiones de Manuel Azaña, que antepuso la idea de España a sus propias convicciones republicanas, para constatar lo mucho que han cambiado las prioridades de esa nueva izquierda que asume con naturalidad el uso del populismo como herramienta para alcanzar sus objetivos. Quién sabe. Quizás Azaña, aquel intelectual que trasladó su gobierno al Palacio Real, igual sería considerado hoy parte de la ‘elite encorbatada’ por quienes quieren convencer a las nuevas generaciones de que la democracia nació con el 15M. En su indisimulado asalto a los cielos, el pragmatismo de Pablo Iglesias no conoce límites. De forma que es posible criticar la falta de patriotismo de quienes envían su dinero a Panamá y considerar admisible que sus programas remunerados de tv sean comprados y emitidos por una cadena financiada por Irán. Cabalgar sobre contradicciones, denomina Iglesias a eso que comunmente la gente llama cinismo.

No es un debate ideológico lo que ocupa a Iglesias y Errejón sino táctico y dialéctico. No puede haber otro porque Podemos no trae propuestas ideológicas novedosas. Le basta con tomar prestadas las señas de la socialdemocracia, aprovechando el desgaste sufrido por los socialistas en toda Europa por la obligada aplicación de medidas de austeridad. Hasta los códigos de buen gobierno, de los que hacen bandera y que están basados en la transparencia, la participación y la lucha contra la corrupción, son producto de consensos alcanzados en 2005 por el Consejo de Europa. El populismo en el que se inspiran Iglesias y Errejón se fundamenta en el trabajo del filósofo Ernesto Laclau, para quien lo importante no es tanto la ideología como la retórica, que ambos líderes manejan con destreza en los medios de comunicación y las redes sociales. Por eso, la estrategia de ocupación del poder diseñada por Laclau vale tanto para Podemos en España como para Kitchner en Argentina. En la encrucijada estratégica planteada tras los últimos resultados electorales solo se discutía el tono. Finalmente vencieron los mensajes más radicales de un Iglesias desprovisto ya del primigenio disfraz de la transversalidad, lo que anticipa una línea de conflicto permanente y polarización política. Su apelación a sus militantes a «cavar trincheras en la sociedad civil» muestra cuál será uno de los ejes de acción cuando arranque el trabajo político y legislativo en las dos Cámaras nacionales. En sus prisas por ocupar el poder, Iglesias ya se salió en una curva cuando dijo no a Pedro Sánchez. Ahora vuelve a derrapar con agresividad. Tarde o temprano, el autobús que pilota puede acabar despeñándose por un terraplén electoral.

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'Don Vito', por carceleras
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Alberto Aguirre de Cárcer | 13-10-2016 | 22:30| 0

En tono monocorde y sin guitarra, como mandan los cánones de este palo flamenco, ayer Francisco Correa se arrancó a cantar por carceleras en el juicio de la ‘Gürtel’. En pos de una rebaja en su condena, el artista del trinque también conocido como ‘Don Vito’ cogió el martinete y entonó una copla que salpica a Bárcenas, Ana Mato, su exmarido Jesús Sepúlveda y varios exalcaldes populares de la Comunidad de Madrid en todo tipo de trapicheos castigados por el Código Penal. Aunque Correa enmarcó sus negocios en la etapa de Aznar, cuando «Génova era su casa», los mismos que apelan hoy a la responsabilidad del PSOE en la búsqueda del desbloqueo institucional deberían asumir las propias por la existencia de esas corruptelas que presuntamente sirvieron para financiar el partido. Todavía ni siquiera se ha oído una petición de disculpas a la ciudadanía.

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