La Verdad

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Lampedusiano
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Alberto Aguirre de Cárcer | 06-11-2016 | 07:25| 0

Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. La frase pronunciada por un personaje de la novela ‘El Gatopardo’, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, dio origen a un término muy usado en política, casi siempre con connotaciones negativas, para describir los cambios ideados para que nada cambie. La apuesta continuista de Rajoy plasmada en su nuevo gabinete tiene aromas lampedusianos porque, aunque incorpora varias caras que dan un cierto aire de renovación y reordena competencias, preserva su esencia con el mantenimiento del núcleo duro (Sáenz de Santamaría, Luis de Guindos y Cristóbal Montoro). Rajoy no ha cambiado todo sino que ha hecho las modificaciones mínimas para intentar que nada cambie en lo sustancial: su programa económico y el control del juego político y sus tiempos, como en su etapa de mayoría absoluta, en un escenario radicalmente distinto. En la inédita situación de inferioridad aritmética en el Parlamento, y ante la avalancha de posibles reformas en el hemiciclo, no es casual que Sáenz de Santamaría haya dejado la portavocía del Consejo de Ministros. Ahora el centro de gravedad se desplaza al Congreso de los Diputados, donde la vicepresidenta tendrá especial protagonismo como responsable máxima de las espinosas cuestiones territoriales, desde el órdago catalán al modelo de financiación y la posible reforma constitucional. Sobre ella recae toda la coordinación entre el Ejecutivo y el grupo parlamentario para engrasar las obligadas tareas de negociación a las que se enfrenta Rajoy.

Aún es pronto para saber si a los intereses regionales les irá mejor con este Gobierno, pero de partida hay un inicio alentador: por lo menos no habrá que explicarle de cero a la ministra de Agricultura la gravedad del problema del agua y sus consecuencias económicas y sociales para la Región. Y, en principio, parece que el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, muy cercano a muchos políticos murcianos, debería tener una especial sensibilidad para con nuestra maldición ferroviaria como exalcalde de una capital de una periférica región uniprovincial.

Otra cosa distinta es caer en la ilusión de que la solución para nuestros particulares lastres puede llegar de un día para otro. Con un ajuste pendiente del gasto público de 5.000 millones, ni los más optimistas sueñan con un impulso inversor. Y respecto al agua, no cabe engañarse. La posibilidad de un consenso nacional es mucho más complicada con la fragmentación del arco parlamentario, más aún si el presidente de Gobierno continúa orillando los desafíos que suscitan conflictos territoriales. A Rajoy le fue muy bien con su mantra de que quien resiste gana. Pero no así a quienes son víctimas de la inacción política y la falta de acuerdos de Estado, como nuestros regantes. Por otro lado, conviene asumir que la figura de los ministros está sobrevalorada. Cierto es que si uno sale malo puede generar desastres. Ahí está Wert como prueba viviente. Pero ni los más eficaces y certeros tienen muchas veces un papel determinante. Ana Pastor (que cada cual la sitúe en el pelotón de ministros aceptables o ineficaces) se enfrentó en Fomento a la gravísima carcoma enquistada en el sector de la obra pública (el ventajismo de las grandes constructoras con los modificados de proyecto y los sobrecostes), pero la ha dejado sin resolver. Y, además. ¿qué más da quién sea el ministro de Fomento si en el interno de Adif al final deciden los mismos de siempre, con sus ritmos, criterios y prioridades? Dicho eso, permanecer 315 días, más los cinco de propina de Rajoy, con ministros interinos fue una insensatez que causó estupor en toda Europa. Son innumerables los asuntos de interés regional paralizados estos meses en los ministerios y sometidos a revisión por legiones de abogados del Estado para intentar darles cauce. Por tanto, lo mejor del nuevo Gobierno, sea lampedusiano o no, es que no está en funciones y tendrá ya que gestionar y rendir cuentas. Entre los aciertos de Pedro Antonio Sánchez está el haber entendido que el progreso regional hay que pelearlo en Madrid, empujando y estableciendo alianzas en el mundo político y en el económico. Eso compensó en buena parte algunos desaciertos en la alineación de su Ejecutivo, donde ya empieza a oler a quemado en varias consejerías. Si el presidente y todos los diputados murcianos apuntan, sobre la base de pactos regionales, en la misma dirección, entonces probablemente sí nos irá mejor.

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España sale del bloqueo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 30-10-2016 | 07:14| 0

En el llamado sexenio democrático o revolucionario (1868-1874), España vivió un destronamiento, un régimen provisional, una regencia, una monarquía democrática, una abdicación, una república federal, otra unitaria, varias guerras civiles simultáneas, un nuevo régimen provisional y, finalmente, la restauración de la dinastía destronada al inicio de ese convulso periodo. 2016 no llega ni de lejos a esas cotas de inestabilidad, pero no ha existido desde la Transición democrática otro año con semejante grado de interinidad. Después de más de trescientos días de Ejecutivo en funciones, dos llamadas a las urnas con sendas investiduras fallidas y varios pactos frustrados, Mariano Rajoy se convirtió ayer en presidente del Gobierno. Y curiosamente, después de todo, con el menor rechazo de nuestra reciente historia democrática porque el principal partido de la oposición, el PSOE, no votó ayer en contra de la investidura, sino que se abstuvo en su inmensa mayoría. Solo Pedro Sánchez, que dimitió horas antes, y quince diputados socialistas se mantuvieron fieles al ‘no es no’.

La investidura de Rajoy abre una legislatura de duración incierta, pero a buen seguro tormentosa, para un Gobierno sin un pacto de legislatura y en franca minoría ante una oposición muy fragmentada que saldrá a morder. Cualquier iniciativa legislativa deberá pactarla con más de un grupo de la oposición, que tendrá a merced al Ejecutivo en las votaciones parlamentarias, salvo en aquellos proyectos que implican gastos adicionales porque el Ejecutivo retiene en su mano el escudo de la ley de estabilidad presupuestaria. Esa debilidad parlamentaria supone, sin embargo, una oportunidad para desatascar reformas pendientes de calado, como el modelo de financiación autonómica, el pacto por la educación, el sistema público de pensiones y quién sabe si la reforma constitucional, el problema catalán, el ansiado pacto nacional del agua y la reforma del modelo energético. Más le vale a Rajoy elegir a ministros con talante negociador y habilidad política porque se avecinan tiempos de ineludibles pactos. No es el presidente muy dado a los cambios sobre la marcha. De hecho, ya mantuvo en su anterior equipo, hasta que la presión fue insoportable, a varios ministros (Wert, Mato, Soria..,) que no dieron la talla desde el primer minuto. A otros, los más cercanos (Fernández Díaz y Margallo), los sostuvo contra viento y marea hasta el final. Ahora que Rajoy tendrá que ganarse la estabilidad día a día, ya no podrá optar por otro gabinete de viejos amigos y colaboradores. La elección de sus ministros, que se conocerá el jueves, será el primer mensaje de esta nueva etapa de diálogo forzoso al que Rajoy se cuidó muy mucho ayer de poner límites. No puede olvidar, sin embargo, que le corresponde a él y a su partido tomar la iniciativa para procurar los acuerdos que garanticen la legislatura más estable y fructífera.

Pese a que todos los candidatos acudieron a las segundas elecciones con la promesa de que no habría unas terceras, el desbloqueo solo llegó con el ‘golpe de los coroneles’ socialistas liderado por Susana Díaz contra Pedro Sánchez. La batalla por el control del partido se cobró la cabeza del exsecretario general, que ayer, al anunciar que abandona su escaño, dejó claro que no renuncia a volver a coger el timón del PSOE en unas primarias. Su petición de que la gestora las convoque de inmediato revela sus intenciones. Cuanto más tiempo pase, fuera ya del hemiciclo, menos oportunidades tendrá. Tan claro como que Susana Díaz hará lo posible por retrasarlas al máximo.

La guerra del PSOE tiene muy mal pronóstico. El pasado domingo, como si invocaran inconscientemente la primera frase de una canción de Georges Brassens (‘Morir por una idea es una idea excelente’), llegaron al Comité Federal del PSOE los postulantes del ‘qué parte del no no entiende’ dispuestos a defender su hoja de ruta ¿suicida?: acudir a terceras elecciones sin candidato, divididos y sin un proyecto aglutinador. Pero en Ferraz se toparon con un coro más numeroso de partidarios de la abstención para evitar una debacle electoral . Y así prevaleció finalmente otro verso de la canción de Brassens (‘Muramos por una idea, de acuerdo, pero que sea de muerte lenta’). Susto o muerte, ese era el dilema. Parece que prevaleció la primera opción, aunque según qué bando relate la historia no queda claro cuál de los dos caminos (el no o la abstención) podría conducir al partido socialista a su cadalso. En realidad, no importa tanto quién tuviera razón en esta encrucijada. Lo grave no era el dilema sino la evidencia de la profunda fractura interna en un partido con mil voces. No es un descosido, es un roto imparcheable, que precisa de un traje nuevo y de un líder que lo porte y lo exhiba con convicción. En esta guerra trufada de descalificaciones personales han olvidado hasta la reacción más instintiva en situaciones de peligro. Desde que los humanos se convirtieron en bípedos, agruparse es la mayor garantía para la supervivencia cuando no cabe la huida. Cerrar filas, lo llaman los políticos. Han optado, por el contrario, por desollarse en directo a la vista de todos. Convertido Ferraz en un trasunto del rancho de Waco emerge una pregunta: ¿si tanta desconfianza suscitan los unos en los otros, y viceversa, quién de fuera puede confiar hoy en ellos? Que sirvan de consuelo para los militantes socialistas las intervenciones en la sesión de investidura de posibles compañeros de viaje que no pudieron ser: Pablo Iglesias, otrora el mejor activo y hoy el mayor lastre de Podemos, y el diputado Gabriel Rufián (ERC), abochornante con su vomitivo derroche de bilis.

España necesita un PSOE sólido y unido, pero la respuesta a los problemas del país no puede esperar a la recomposición de los socialistas. La sociedad civil murciana demanda al nuevo Gobierno soluciones, y no más parches, para su déficit hidrológico, financiero y de infraestructuras. Son solo tres de una larga lista de reclamaciones de una Región muy dependiente de las decisiones adoptadas en Madrid. En medio de esta nueva legislatura tan compleja, los diputados murcianos van a tener que pelear mucho para introducir esas aspiraciones en la agenda política nacional. Ya pueden ponerse a trabajar desde hoy.

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Payasada diabólica
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Alberto Aguirre de Cárcer | 28-10-2016 | 07:55| 0

Convertido el Parlamento en una prefiesta de disfraces propia de Halloween (el no de ayer a Rajoy será mañana abstención), Pablo Iglesias escogió el papel del ‘payaso diabólico’ para continuar, supongo, con aquello tan ingenuo de dar «miedo a los poderosos». Pero más que terror lo que produce es repelencia cuando espeta que «hay más delincuentes potenciales en esta Cámara que allí fuera», en alusión a la protesta que rodeará mañana el Congreso de los Diputados. En su afán por erigirse, por las vías de la polarización y la crispación, en el líder de la oposición, Iglesias se ha abonado a los excesos. Como ya es costumbre, el PP entró al trapo, que para eso está siempre presto Rafael Hernando, otro dechado de moderación. Se ve que en política esto de las payasadas diabólicas es viral. Ayer mismo se oyó en la Región otra genuinamente estúpida.

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Una mirada al futuro
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Alberto Aguirre de Cárcer | 23-10-2016 | 06:10| 0

En la novela de P. D. James ‘Hijos de los hombres’ (1993), llevada magistralmente al cine por el director mexicano Alfonso Cuarón, la humanidad está condenada en 2021 a la extinción por su incapacidad para tener descendencia. La realidad está todavía muy lejos de la ficción ideada por la escritora británica, aunque los últimos datos del INE reflejan una crisis demográfica en nuestro país que es ciertamente preocupante. Dentro de cincuenta años España habrá perdido más de cinco millones de habitantes, uno de cada tres tendrá más de 65 años y nacerán menos de 300.000 niños. Viviremos más, aunque en creciente soledad. En solo tres lustros, uno de cuatro hogares estará habitado por una única persona en la Región, que será una de las pocas que no decrecerá en población. ‘La Verdad’ ha querido echar un vistazo más profundo a la Región que heredarán nuestros hijos y nietos y ofrece hoy en un amplio reportaje las proyecciones que maneja la Comisión Europea para 2050. En efecto, no perderemos población y crecerá nuestro PIB per cápita, pero habrá un 11% de trabajadores menos en las dos grandes áreas metropolitanas, mientras que las infraestructuras residenciales, industriales y comerciales irán ganando terreno a los espacios verdes. Aunque el futuro no está escrito y la prospectiva es una rama científica llena de incertidumbres, las tendencias observadas en la Región de Murcia no constituyen un hecho aislado, sino que se enmarcan en procesos globales que avanzan con una fuerza arrolladora. Somos una pequeña rama en un río de aguas bravas. Los datos de la Comisión Europea invitan a un análisis pausado sobre los cambios que los propios mercados y las autoridades están ya impulsando. Fomentar la digitalización y la industria 4.0 será positivo para la competitividad de nuestro sector productivo y nuestro PIB regional, pero va a tener un impacto en el mercado de trabajo. Si en el año 2050 tendremos 13.000 habitantes más en la Región y 61.000 empleados menos, nos lo tenemos que mirar desde ya. Porque en el futuro, como en el presente, no habrá nadie que pueda vivir del aire.

La más urgente reforma es la que atañe al sistema público de pensiones. Los cambios introducidos en 2012 se han revelado insuficientes. La caída de cotizaciones a la Seguridad Social por la crisis y su lenta recuperación, junto con el envejecimiento de la población, nos empujan hacia un peligroso desfiladero. De continuar el gasto público en prestaciones a un ritmo de crecimiento del 3%, a muy corto plazo se habrá agotado el Fondo de Reserva de las Pensiones. Sobre la mesa hay múltiples propuestas. Desde una reforma a la baja de las cotizaciones para contribuir a la creación de empleo o un nuevo cálculo más estricto de la pensión en función de la duración de la vida laboral, al vínculo de esta prestación pública al IRPF y el IVA o la creación de un nuevo tipo impositivo. Cada maestrillo tiene su librillo y las recetas, no exentas de carga ideológica, varían entre partidos, sindicatos y empresarios. La buena noticia es que todos los actores sociales están de acuerdo en la necesidad de acometer reformas urgentes. La mala, rematadamente mala, es que en este país se ha convertido en un imposible conseguir un pacto consensuado, ni siquiera en los asuntos que claramente son de interés general y donde nos jugamos uno de los pilares del estado del bienestar que construimos con enorme esfuerzo.

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Deriva radical
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Alberto Aguirre de Cárcer | 16-10-2016 | 05:50| 0

Los debates políticos en España siguen el ciclo de las mareas. Suben y bajan de intensidad por la acción de una fuerza de atracción gravitatoria que nunca es el interés general. A mayor grado de viralidad, efervescencia e insustancialidad más viva es la pleamar de las polémicas y más desolador es el paisaje que después queda expuesto sobre la arena mojada: casi siempre, el rastro de una sociedad que naufragó por la pérdida de valores y ahora le carcome una terrible orfandad de ideas y liderazgos. La última controversia, legítima pero estéril y diseñada para generar división, como casi todas, ha venido a cuenta de la Fiesta Nacional, su fecha y su modo de celebrarla.

Los sentimientos no pueden imponerse por ley y habrá que reconocer que si el orgullo de pertenencia a España se resquebraja por algunas esquinas del país es porque han puesto más empeño los que quieren deconstruirla, saltándose incluso el estado de derecho cimentado en el cumplimiento de la ley. No cabía esperar otra cosa de quienes han convertido la independencia en su desesperada vía de escape para sobrevivir políticamente a una gestión nefasta e irresponsable durante los años de la crisis. Lo más llamativo, sin embargo, es que en esa huida hacia adelante hayan encontrado la cómplice muleta de la nueva izquierda representada por Podemos, un conglomerado que aúna desde activistas sociales de larga trayectoria y gentes de izquierda desencantadas con los partidos tradicionales a anticapitalistas furibundos y militantes del comunismo más añejo. Ni siquiera en los tiempos más convulsos de nuestro país, la izquierda más alejada de la centralidad había caído en la trampa secesionista, que ahora consiste en un referéndum constitucionalmente imposible para que una parte decida lo que solo podemos decidir todos. Basta con leer las reflexiones de Manuel Azaña, que antepuso la idea de España a sus propias convicciones republicanas, para constatar lo mucho que han cambiado las prioridades de esa nueva izquierda que asume con naturalidad el uso del populismo como herramienta para alcanzar sus objetivos. Quién sabe. Quizás Azaña, aquel intelectual que trasladó su gobierno al Palacio Real, igual sería considerado hoy parte de la ‘elite encorbatada’ por quienes quieren convencer a las nuevas generaciones de que la democracia nació con el 15M. En su indisimulado asalto a los cielos, el pragmatismo de Pablo Iglesias no conoce límites. De forma que es posible criticar la falta de patriotismo de quienes envían su dinero a Panamá y considerar admisible que sus programas remunerados de tv sean comprados y emitidos por una cadena financiada por Irán. Cabalgar sobre contradicciones, denomina Iglesias a eso que comunmente la gente llama cinismo.

No es un debate ideológico lo que ocupa a Iglesias y Errejón sino táctico y dialéctico. No puede haber otro porque Podemos no trae propuestas ideológicas novedosas. Le basta con tomar prestadas las señas de la socialdemocracia, aprovechando el desgaste sufrido por los socialistas en toda Europa por la obligada aplicación de medidas de austeridad. Hasta los códigos de buen gobierno, de los que hacen bandera y que están basados en la transparencia, la participación y la lucha contra la corrupción, son producto de consensos alcanzados en 2005 por el Consejo de Europa. El populismo en el que se inspiran Iglesias y Errejón se fundamenta en el trabajo del filósofo Ernesto Laclau, para quien lo importante no es tanto la ideología como la retórica, que ambos líderes manejan con destreza en los medios de comunicación y las redes sociales. Por eso, la estrategia de ocupación del poder diseñada por Laclau vale tanto para Podemos en España como para Kitchner en Argentina. En la encrucijada estratégica planteada tras los últimos resultados electorales solo se discutía el tono. Finalmente vencieron los mensajes más radicales de un Iglesias desprovisto ya del primigenio disfraz de la transversalidad, lo que anticipa una línea de conflicto permanente y polarización política. Su apelación a sus militantes a «cavar trincheras en la sociedad civil» muestra cuál será uno de los ejes de acción cuando arranque el trabajo político y legislativo en las dos Cámaras nacionales. En sus prisas por ocupar el poder, Iglesias ya se salió en una curva cuando dijo no a Pedro Sánchez. Ahora vuelve a derrapar con agresividad. Tarde o temprano, el autobús que pilota puede acabar despeñándose por un terraplén electoral.

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‘Don Vito’, por carceleras
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Alberto Aguirre de Cárcer | 13-10-2016 | 22:31| 0

En tono monocorde y sin guitarra, como mandan los cánones de este palo flamenco, ayer Francisco Correa se arrancó a cantar por carceleras en el juicio de la ‘Gürtel’. En pos de una rebaja en su condena, el artista del trinque también conocido como ‘Don Vito’ cogió el martinete y entonó una copla que salpica a Bárcenas, Ana Mato, su exmarido Jesús Sepúlveda y varios exalcaldes populares de la Comunidad de Madrid en todo tipo de trapicheos castigados por el Código Penal. Aunque Correa enmarcó sus negocios en la etapa de Aznar, cuando «Génova era su casa», los mismos que apelan hoy a la responsabilidad del PSOE en la búsqueda del desbloqueo institucional deberían asumir las propias por la existencia de esas corruptelas que presuntamente sirvieron para financiar el partido. Todavía ni siquiera se ha oído una petición de disculpas a la ciudadanía.

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El tiempo entre costuras
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Alberto Aguirre de Cárcer | 11-10-2016 | 22:49| 0

La gestora del PSOE, haciendo suya la oferta de Susana Díaz de «coser» la brecha para recuperar la unidad perdida, ha atemperado los ánimos, pero está lejos del consenso preciso para el comité federal que debe decidir si se abstiene en la investidura de Rajoy. Los siete diputados catalanes ya advirtieron ayer de que no se moverán del ‘no es no’, aunque suponga quebrar la disciplina de partido. Si hay abstención, que parece lo más plausible ante la perspectiva de desastre en unas terceras elecciones, va a hacer falta mucho hilo. Ambos bandos se han dejado el cuerpo cosido a puñaladas y del primer sondeo electoral no sale bien parada la supuesta triunfadora. Los votantes preferirían antes a Sánchez que a Díaz. A la lideresa le ocurre lo que a la Cruzcampo. Que gusta en Andalucía, pero mucho menos fuera. Y lo sabe.

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Pintan bastos
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Alberto Aguirre de Cárcer | 09-10-2016 | 06:54| 0

La descarnada guerra por el poder en el PSOE entre los sanchistas y los barones críticos se ha desvelado como una crisis más profunda que difícilmente encontraría solución con un congreso extraordinario y nuevas primarias. Si este partido está abocado a un debate más profundo en un congreso de refundación se sabrá con el tiempo, pero está claro que la brecha no obedece solo a una dicotomía entre el ‘no es no’ a Rajoy y una abstención en la investidura para recomponerse en la oposición. Al partido que más se parecía a España le han achicado los espacios Ciudadanos y Podemos, que le intenta arrebatar cuando le conviene las señas de identidad de la socialdemocracia. El PSOE es el partido que más ha avanzado en democracia interna, aunque eso no le ha servido para ganar elecciones porque la legitimación interna que confiere la elección directa por las bases, como se ha visto, no garantiza un liderazgo sólido. Ni dentro ni fuera del partido. Más aún en una organización poco propicia a la cohesión ideológica porque está estructurada con un modelo ideado en los años 70, donde cada federación intenta imponer sus propios mensajes e intereses territoriales en un juego de equilibrios con la ejecutiva federal. Esta disputa interna perjudica seriamente a los socialistas murcianos en sus expectativas, dado que evoca directamente a sus propias batallas, aquellas que le hicieron perder el poder y luego la empatía social. Al PSOE le lastra en la región más española la indefinición de su modelo territorial, basado en un apuesta por el federalismo que nadie sabe explicar, y la ausencia de un criterio unitario en asuntos territoriales que son clave para Murcia, como la política hidrológica, totalmente dependiente del trasvase Tajo-Segura. Ahora que pintan bastos, el PSRM no puede obviar su particular reflexión. Gran parte de su poder municipal depende de un volátil apoyo de Podemos. Si el PP no logró solucionar las grandes carencias de los murcianos en 20 años, y sigue siendo de lejos el partido con más respaldo social, es obvio que el PSRM se lo tiene que mirar a fondo. Siempre que quiera ser un partido de mayorías y alternativa de gobierno.

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El Gobierno, en su encañizada
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Alberto Aguirre de Cárcer | 09-10-2016 | 06:01| 0

El empeño en la pasarela es incomprensible. No existe estrategia de conservación, en ningún espacio natural relevante del mundo, que incluya nuevas infraestructuras que acentúen el riesgo de masificación turística

Quien haya recorrido, a pie o en bicicleta, el triángulo formado por el Parque Regional de las Salinas de San Pedro del Pinatar, la playa de la Llana y las charcas de lodos de Lo Pagán estará de acuerdo conmigo en que es un paseo de excepcional belleza por un paraje natural único. Estoy convencido de que respondería afirmativamente cualquiera de mis amigos de fuera de la Región si, ‘in situ’, le preguntara si apoyaría una pasarela, medioambientalmente aceptable, que comunicara esa ruta con la zona norte de La Manga. Pero seguro que la opinión sería diferente, si antes o después, le informase de que científicos de la UMU, por encargo de la Consejería de Fomento, concluyeron que cualquiera de las alternativas posibles produciría daños a un frágil ecosistema que está ya bastante degradado.

No encuentro nada reprochable, al contrario, en que el Gobierno regional busque potenciar La Manga y el Mar Menor como destino turístico, siempre que no sea a costa de dañar la laguna, su principal valor y atractivo. Como no cabe suponer que esa sea la intención del Ejecutivo no termino de entender, como muchos ciudadanos, su tozudo empeño en un proyecto como la pasarela de Veneziola a la Llana, más aún en las actuales circunstancias. Buscando la cuadratura del círculo (preservar la laguna salada e impulsar las infraestructuras turísticas al mismo ritmo), el Ejecutivo regional se ha metido en su propia encañizada de la que no sabe salir. Quizá ha olvidado, o no quiere asumir, que no existe ninguna estrategia de conservación de la biodiversidad en ningún espacio natural relevante del mundo que incluya nuevas infraestructuras que acentúen el riesgo de masificación turística. El Ejecutivo debe armonizar múltiples intereses, pero no puede olvidar cuál es hoy la prioridad y la principal amenaza. La consulta realizada este verano a los bañistas de las playas de La Manga incumple directamente el Convenio de Aarhus, ratificado por España y que fija los criterios sobre el acceso a la información, participación pública en la toma de decisiones y acceso a la Justicia en materia de medio ambiente. Después de acertadamente crear un comité científico independiente y multidisciplinar que estudie en profundidad la situación del Mar Menor, el Gobierno rozó el género bufo con un sondeo en base a un escueto papelito repartido en las playas y en un portal de participación donde la multiplicidad del voto no está técnicamente imposibilitada. Si como dice la Consejería el encargo a la UMU sobre la pasarela fue exclusivamente un dictamen genérico, la pregunta es por qué se malgasta el dinero de todos. El colofón fue la afirmación de que no se hará la pasarela sin el aval de una declaración de impacto ambiental, toda una obviedad hablando de un enclave natural protegido con muchas figuras jurídicas. Todas las opiniones de la ciudadanía merecen ser escuchadas, pero a diferencia de lo que ocurre con los votos, no todas tienen el mismo valor. La mía, por ejemplo, no puede equipararse a la de cualquier científico implicado en el estudio del Mar Menor porque su nivel de conocimiento e información es muy superior. Si alegremente y sin ningún rigor se utilizan las consultas populares para legitimar decisiones políticas previas nos encontraremos ante un ardid inaceptable que puede dar al traste con ese esfuerzo colectivo por mejorar la participación ciudadana en los asuntos públicos.

Frente a los anteriores del mismo signo, este Gobierno regional ha dado pasos en materia de transparencia y participación que, siendo tímidos, suponen un avance positivo. Pero la ejecución de sus decisiones estratégicas no siempre están acompañadas de la eficacia y seriedad que se precisan para avanzar en los estándares del buen gobierno. Con demasiada frecuencia, la potente estrategia de comunicación que despliega resulta inútil porque no puede enmascarar una evidente falta de coordinación en la toma de decisiones de las distintas Consejerías en temas donde convergen sus competencias, como es el caso del Mar Menor. Esto es lo que ocurre cuando todo el peso político se sustenta en la figura del presidente y el juego consiste básicamente en centrar balones templados al área para que los remate el delantero centro. Si la estrategia no está clara, no todos corren con igual intensidad o entienden el juego en equipo a su manera, llega el barullo y los goles en propia meta.

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La universidad ya no es elitista
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Alberto Aguirre de Cárcer | 07-10-2016 | 07:01| 0

La universidad, la pública como la privada, está cambiando muy deprisa hacia no sé dónde. La singularidad del mundo académico regional me tiene perplejo, aunque lo más probable es que servidor, desde hace años alejado de las aulas como docente, está completamente desfasado. La ciencia de excelencia nunca tuvo muchos apoyos externos en los campus, pero ahora, bajo la frivolidad imperante, se sitúa también en un segundo plano desde dentro, con centros superiores de enseñanza que brillan más por sus exitosos clubes deportivos profesionales que por sus laboratorios y su producción científica, o que crean cátedras de innovación ecuestre dando marchamo académico a nuevas terapias de eficacia científica no contrastada. La ‘buena’ noticia es que la universidad se ha abierto a la sociedad y ya no es elitista: mañana cualquiera puede ser catedrático honorífico o presidir una cátedra internacional.

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