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Categoría: marilyn
Sinatra y el macho Alfa




Si Marilyn era el sexo, Sinatra era el prototipo de macho alfa.  Ya saben, ese tipo de hombre dispuesto a propagar su semilla por la tierra, incluso por toda la faz de la tierra. Animalicos. Yo los entiendo. Porque lo mismo hay un prototipo de hembra alfa y los científicos no se han enterado. Es decir. No saben que existo y que soy un ejemplar raro. No me entendáis mal. No es que quiera propagar mi semilla por toda la faz de la tierra pero creedme que me siento tan identificada con los Alfa, son tan buenos amigos míos, que me siento uno de ellos. Es lo que tiene ser Sagitario. Somos expansivos por naturaleza.
Pero hablemos de él: ese tipo ante el que sucumben las mujeres. Que no es especialmente guapo (o sí); que tiene esa virilidad perturbadora que nos hace sentir intimidadas y acogidas, todo a la vez; que nos hace creer que su cuerpo es nuestra casa hasta hacernos olvidar que su cuerpo tiene otras muchas habitantes. A veces hay tantas huellas de “las otras” que es preciso acallar las señales con un manotazo y pensar en otra cosa. Porque el macho Alfa las quiere a todas por igual. Caray. Qué capacidad. Pero él es así. Lo he visto con mis propios ojos. Y por todas se preocupa. Es como el gran padre celestial… pero con pene, claro.
Según mi amigo, el científico Marcos Egea, el macho compite con otros ejemplares masculinos por sembrar su esperma en las mejores candidatas posibles,  pero yo tengo claro que eso no lo necesita el Alfa. Cierto que Sinatra se vino a España para rescatar a Ava Gardner de las garras de Mario Cabré pero no por un sentido de la propagación de sus genes. Era una cuestión de ego. O quizá el amor. No lo sabremos, nunca estuvimos en el corazón de Sinatra aunque sería bonito. Imaginaos por un momento que sentía cada vez que cantaba “You go to my head”. ¿Quién estaba en su cabeza? ¿Quiénes eran sus musas? Sabemos lo de Ava pero hubo muchas más ¡Si hasta se casó con Mía Farrow! ¿Tenía algún interés sexual en ella? No lo creo, en la época de su enlace ella era la chica de “La semilla del diablo”. Parecía un pajarillo asustado que buscaba papi. Y lo encontró en Frankie.
Los machos-Alfa es lo que tienen, que son protectores por naturaleza. Hasta con sus amigos. ¿Os acordáis de Sinatra y sus colegas del Rat Pack? Algunos salvaron la vida, lo poco que les quedaba de hacienda gracias a aquel invento y a los años de éxito en Las Vegas.
Me gustan los Alfa. Son directos, generosos. A veces les darías un punta pié en la espinilla pero acto seguido te los comerías a besos. Claro, esta bipolaridad está contraindicada para la supervivencia y esto no hace falta que me lo diga ningún científico. Estar con un macho Alfa y tomárselo en serio acaba con la salud mental de cualquiera. Así que, chicas, si queréis pasar un verano divertido, apostad por este ejemplar en vías de extinción. No pondrá un anillo en vuestro dedo pero os hará reir. No le creáis una palabra porque no habla su boca si no ya sabéis qué y, por supuesto, estad dispuestas a encontrar a más de una ex novia suya por el camino.
Algunos Alfa crearon escuela y estilo: Brando, Alberto Closas, Sancho Gracia, Bogart, Antonio Banderas, Guillén Cuervo, Mel Gibson o, mi favorito de los tiempos modernos, Clive Owen. Por suerte, todavía quedan muchos Alfas anónimos. Feliz Verano y ya me contáis.

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El poder del culo

 

 

 Un buen pandero es capaz de mover montañas. Es la llamada de la selva. Es el origen del mundo.  Sofía Vergara, más lista que el hambre, enseña el tanga en Twitter. Nadie olvidará su nombre en la entrega de los últimos premios Emmy. Viggo Mortensen cae al suelo, desnudo, en una sobrecogedora escena violenta de “Promesas del Este” y  yo, ¡Ay, bendito! No puedo quitar los ojos de esas nalgas de acero, perfectas, níveas, como moldeadas por un Dios.

 La culografía humana es variopinta. No hay dos culos iguales. Incluso uno mismo, en función del estado de ánimo  –apagado, alerta, a la búsqueda, acomodado – se mimetiza con un trasero diferente.  Lejos de querer ocasionar un altercado público, les sugiero que aprovechen un día de paseo, uno de esos días en los que  no van con demasiada prisa, y estudien las asentaderas de los viandantes.

 Personalmente, desconfío de los  huidizos. Mala señal. Poco ejercicio, dejadez y, quizá, igual que huye el culo, huye su poseedor cuando surge un problema. No olvidemos que sobre la nalga hay un tronco, sobre este unos hombros y sobre ellos la noble y testaruda cabeza. O alocada, fulera, débil, venerable, obtusa cabeza.

 Hay culos jamoneros, huertanos, urbanos, lozanos, caribeños, bohemios, sofaleros ,burgueses, serranos, generosos, respingones tacaños, peludos; culos como melocotones y culos como balcones. Algunos con esa redondez lunar, con la perfección del círculo; otros, labrados al gusto apolíneo. ¿Qué me dicen de aquellos marmóreos del Clasicismo y del Renacimiento? Nunca la piedra habló tan alto y tan claro. Estoy convencida que el síndrome de Stendhal no lo ocasionó la Santa  Croce, sino un bello trasero florentino de carne y hueso.

Si los grandes artistas se han rendido ante su magnificencia por algo será. Todos los maestros dedicaron el tiempo preciso para mostrar rubicundos, oliváceos, perfectos, descarnados, sensuales traseros. Desde Rubens a Velázquez. Desde Picasso a Van Harleen. Una profesora de arte neoyorquina sostiene que la sonrisa dela Giocondano es otra cosa que un culo. Gire la imagen noventa grados et voilà!

Las nalgas son el foco del pecado, el tam-tam, el redoble de tambor. Pulsiones desatadas a cada compás. El culo es Marilyn en Niágara, es Brando en La ley del silencio, es el Bond de las chicas Bond. Es incluso el espíritu audaz y aventurero de 007. Ya lo dijo Dalí: “A partir del culo, los mayores misterios se hacen comprensibles”

Tal y como está el patio, querido lector, para qué le voy aburrir con independentismos, bancos centrales europeos, titulares del New York Times o pactos fiscales. Con la que está cayendo, lo mejor es refugiarse en la belleza castiza, rotunda, visceral de un buen culo. Y que llegue la fin del mundo.


(La imagen es de Robert Mapplethorpe)

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Marilyn, año cero

Imagen de Marilyn de aquí

Imagen de la habitación del  Roosevelt Hotel donde Marilyn pasaba largas temporadas y que cuenta con una imagen de la actriz al fondo y un espejo sobre la cama

Nunca fui muy de Marilyn hasta que visité la ciudad de Los Ángeles. Su fantasma está en el aire. En ocasiones es un disfraz a las puertas del Chinese Theatre, en otras, un parte de defunción tras la vitrina de un casposo museo donde flota, leve, el olor a zotal.
La constatación fehaciente de que todo el mundo hizo y hace caja a costa de Marilyn me sumió en una profunda tristeza. Un tipo pagó porque lo enterrasen encima de sus delirantes huesos en el cementerio de Westwood. La minúscula lápida llena de monedas y flores es una metáfora de su “gran” vida. Marilyn estuvo sola siempre, salvo escasos momentos. Pocos se molestaron en conocerla de verdad; ni el presuntuoso Miller, ni los hermanos Kennedy, amistades peligrosas que jugaban a asfixiarla metiendo su cabeza en una bañera. Hoy, la habitación del Roosevelt Hotel que presenció orgías y mañanas de resaca y angustia, lleva su nombre. Luce un espejo en el techo, el reflejo azulado de la piscina se cuela en la estancia. La luz es fresca e inocente, quién lo diría.
Todos los sueños y juguetes rotos danzan un vals macabro en las avenidas de Los Ángeles. Norma Jean fue una niña fagocitada por la ciudad y por la industria del cine. Al final de sus días vagaba por sus calles en busca de un chute orgásmico con desconocidos. Las portadas, los flashes, los fans jamás le dieron lo que ella necesitaba. La hermosa criatura vivió rodeada de gente que se enamoró de una fotografía.
Probablemente habría sido una persona normal si su padrastro y hermanastro no hubiesen abusado sexualmente de ella. Apenas contaba 11 años. Al igual que sucedió con grandes estrellas como Rita Hayworth (violada por su propio padre, el jefe de la troupe Cansino) fueron víctimas de su hermosura y supervivientes al horror ¿Pero quien puede sobrevivir mucho tiempo a una alienación continua de su persona? ¿Alguien quiso de verdad a la deliciosa Sugar?
Marilyn luchó sin cuartel para escapar del fantasma de la locura, heredado de su madre, esa cortadora de negativos de la RKO. Recurrió al psicoanálisis, estudió, vivió en Nueva York, todo por no embarrancar en el pantano de sus obsesiones. Al final, dejó un bonito cadáver exhibido sin respeto hasta la saciedad. Con ella, el ser humano descubrió una nueva forma de canibalismo que se ha repetido con tantos ídolos caídos y que abruma por su frialdad.
Marilyn era el sexo pero no por su espectacular físico sino por un perpetuo juego de seducción. El sexo era una herramienta para alimentar su maltrecha autoestima. Sentirse deseada por todos espantaba el vacío al menos por unas horas. Pobre chica guapa.
El 50 aniversario de la muerte de Marilyn que se celebra este 2012 quizá sólo sea otro ardid para que su nombre dé sabrosos dividendos – memorias, libros conmemorativos, una película— o quizá sirva para que por fin el mundo la comprenda y la conozca de verdad.
Donde quiera que estés, niña perdida, descansa en paz.

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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