La Verdad

img
Categoría: Londres
Metamorfosis nocturna… en la ciudad

 

Muchas ciudades tienen una “doble personalidad”. Son totalmente distintas cuando las vemos iluminadas por la noche. Tanto es así que, si pasamos de día y luego otra vez por la misma calle, por la noche, nos podemos hasta despistar. El lugar es casi irreconocible.

Y más aún cuando viajamos que nos entra el ansia de querer “conocerlas a fondo” y por eso nos gusta también verlas a oscuras. Entiéndanme, con las luces encendidas.

Con “el canto del ruiseñor”

Ese momento cuando aparecen las primeras farolas tiene especial encanto en esta transformación urbana que les cuento. Hay casos llamativos y muy famosos como los abusos del neón en las céntricas calles de Tokio, que dicen los expertos que provoca casi una catarsis en el paseante. 

Otro lugar convertido casi en un museo al aire libre para ver estas primeras luces es la ciudad de Andorra La Vella. Justo al anochecer, “se despiertan” –lumínicamente hablando- “Los 7 poetas”. Es un escultura formada por siete hombres que parecen estar sentados “en el aire” con los brazos sujetándose las piernas. Se iluminan con distintos colores en lo alto de unos postes. Lo mejor es descubrirlos casi por azar.  La noche y el arte van de la mano.  Y con mucho arte, valga la redundancia.

Andorra, en sus primeras luces de la noche

El artista, Jaume Plensa, quería que en los paseos por la ciudad, mirásemos todos hacia lo alto. Nada de ir cabizbajos. Y que reflexionáramos, que también se puede hacer con la cabeza erguida. Y lo ha conseguido con estos pensadores. Pero también es verdad que lo tenía muy fácil porque esta ciudad tiene mucha belleza blanca y verde en sus montañas. Así que, un paseo por Andorra y el dolor de estirar el cuello casi van en un tándem.

Luces y… ¡a cenar!

Hay ocasiones en las puede resultar muy complicado poder ver una ciudad encendida. Pues requiere trasnochar mucho. Así sucede en algunas ciudades bálticas en verano, donde pasada la hora de la Cenicienta, aún es de día. Un poco apagado eso sí. Es la sensación de un atardecer que se queda un rato bien largo ahí, posado en el cielo, sin llegar a desaparecer. Sin dejar entrada a la noche.

En las terrazas de los bares en las zonas más céntricas han ideado un sistema muy curioso para que sepamos que estamos cenando y no comiendo. Les cuento el truco. Encienden –siendo aún de día- pequeños faroles y lámparas para “engañar” visualmente a los comensales –sobre todo los que vamos desde otras ciudades-.

Estaba yo un buen día (digo, noche) cenando con unos amigos estonios en Tallin. Ella me contaba que nada más terminar sus estudios, por razones de trabajo, se tuvo que trasladar en pleno mes de julio a EE.UU. Su avión aterrizó a media tarde y, quedó sorprendida cuando apenas un rato más tarde ya era completamente de noche. Cosa que ella jamás había visto antes en su vida. Y es que las sorpresas son en ambos sentidos. Para nosotros, que el día perdure hasta bien entrada la madrugada. Para ella, que de repente hubiera caído la oscuridad en cuestión de minutos.

Helsinki, en el largo trance del día a la noche. Fotografía tomada en verano a las 2.30am

Luces y… ¡a comprar!

Lo que sí está siendo cada vez más bonito es la iluminación de las ciudades en los días previos a la Navidad. En Londres el edificio de los almacenes Harrods se envuelve cual sí él mismo fuera todo un regalo. Qué sabía asimilación de los del marketing para esconder en todo un inmueble el verbo “comprar”.

Hasta que cante la alondra.

Incluso ya en las grandes ciudades hay una nueva moda turística: recorridos en autobús para ver la iluminación por todas las calles. Estas “metamorfosis lumínicas navideñas” encierran su dosis de peligro pues, de tan bonitas, cuesta decir aquello tan romántico de: Pare que yo me bajo en la próxima, ¿y usted?

Ver Post >
Cuando el guía es un beso

A punto de que San Valentín haga de las suyas. El santito amoroso se apunta hoy al viaje. Y es que no podía ser menos: el recorrido es toda una excusa absolutoria para él, pues tenemos un guía sui generis. Sí, sí, nos vamos de viaje… ¡tras las huellas de un beso! ¿Se dejan guiar por él? Aviso a navegantes, perdón a viajeros: no se trata de un beso cualquiera.

Recorreremos tres lugares. El primero tiene mucho que ver con el flechazo (cosas de San Valentín, que se nos ha colado hoy); El segundo, ya sí el beso, perdón “el guía” de esta ruta, de tan poderoso que es, ha cambiado la fisonomía de un barrio entero. Y,  el tercer ósculo, tiene también su aquel: está escondido como si fuera un tesoro.

Las dos primeras paradas nos llevan a Londres. Esta ciudad también tiene su lado romántico. Qué tiemblen París y Roma que ya Londres está casi a su altura.

A modo de pistoletazo de salida, comenzamos con una parada junto a Eros, que es toda una referencia como lugar de encuentro. Si quedamos con amigos, es muy fácil que el lugar elegido para ello sea Picadilly Circus. Si llegamos pronto y nos toca esperarlos, podemos subir la mirada a lo alto de la estatua. Ahí está, con su flecha a punto de disparo (¡sálvese quien pueda del flechazo y la atracción que tiene esta plaza!). Aunque hay quien dice que el de la estatua es su hermano Anteros (mucho más reflexivo).  En este lugar podemos esperar tranquilamente en los escalones. El trasiego de gente en esta plaza es de esos que entretienen y hacen muy  llevadera la espera (caso de que nuestros amigos se retrasen más allá del margen de cortesía).

También en Londres, “tras el flechazo”, podemos dar un bonito paseo, ahora ya sí con besos como leitmotiv y visitar la Tate Modern. En el recorrido hasta ella, si elegimos la opción de ir caminando, podemos cruzar el Támesis por el Puente del Milenio. La sede de la galería está en lo que fue una  antigua central eléctrica (la forma del edificio recuerda el perfil de una fábrica, incluso conserva aún la estructura de la chimenea y todo). En sus salas, en un lugar con mucha visibilidad, se encuentra “El Beso” de Rodin (uno de los tres que esculpió). La fuerza del arte es tal que este barrio ha dejado de ser ya una zona industrial y decaída. Ahora tiene mucha vida comercial. Si después de admirar el beso, necesitan un refrigerio para recomponerse, desde la cafetería de la Tate las vistas son fantásticas.

Terminamos nuestro “recorrido besucón”  en Viena, también con otro beso. Éste, de tan escondido que está, llegar a él es casi como descubrir un tesoro. Así lo sentí yo. Les cuento.

Una de las estrategias de marketing muy utilizada en los grandes supermercados es colocar los productos más voluminosos al final del recorrido, ya que de no ser así, si llenamos el carro de la compra nada más entrar, al verlo casi a rebosar tendríamos ipso facto la sensación de que ya hemos comprado demasiado.

Muy parecida ha sido la estrategia para colocar “El Beso” de Gustav Klimt en la Galería Belvedere (Viena). Ya el edificio en sí y los alrededores son bien bonitos. Tanto que cuando el exterior da este do de pecho, surge siempre la tesitura de si el interior del museo va a estar a la altura. Pues bien, en este caso… ¡la supera! Recorremos pasillos previos (como en el supermercado) que nos van guiando hasta encontrar… ¡el beso!  De verdad que no les exagero al decirles que hallarán un tesoro.

La entrada en la sala en cuestión (a la que se llega tras este “recorrido previo dirigido” que no tiene pérdida, no se preocupen) se oscurece cual cámara secreta acorazada y, pasado el tiempo (breve) en el que nuestros ojos se han acostumbrado ya a la oscuridad, entonces el brillo del dorado despliega todo su esplendor (nos hace parpadear y todo) y… ¡allí está la magia! Prepárense porque la belleza, la ternura, la paralización…  es sólo un botón de muestra de todo lo que, a buen seguro, este “tesoro” les va a provocar.

Cómo será que iba yo en la visita con una señora de Miami y su hija adolescente. La madre me contaba –muy preocupada- que su hija había estado enfadada todo el viaje, sin razón aparente. Y, justo después de salir de la sala, la hija cambió de humor. Yo creo que algo tuvo que ver la fuerza amorosa mágica que desprende este cuadro. Después, en esta armonía familiar recién recuperada, vimos juntas más cuadros de Klimt (éstos ya en el Pabellón de la Secesión) y, al salir me invitaron en el animadísimo Naschmarkt a las famosas ostras con champán. Y todas, tan contentas.

Así las cosas creo yo que no quedaría de todo exagerado si hoy me despido de Vds. con un beso.

 

 

Ver Post >
Londres para curiosos y tacaños

¿Se animan a dar un paseo por el centro de Londres? Eso sí, hay una alta probabilidad de que llueva. Como buenos previsores, cogemos el paraguas por si las moscas pero…  ¡Vaya! Justo al salir del hotel nos hemos cuenta de que nos hemos dejado la cartera.

¡Tranquilidad en el frente! No tienen que regresar a por ella. Nuestro paseo será totalmente gratis. Los tacaños (¡perdón, los que buscamos siempre cómo ahorrar un poquito) estamos de suerte. Pasaremos una mañana completa por el centro para prestar atención a ciertos detalles curiosos, de esos que aportan mucho significado y…. ¡sin gastar ni un euro!

Detalle de la "alfombra roja" a vista de pájaro

Primero nos acercamos a ver el cambio de guardia. Encontrar un buen sitio, en ocasiones, resulta complicado. Es que la curiosidad tiene algo que contagia y… de ahí la gran multitud que se concentra sobre las 11.00. Esta ceremonia, como les digo es de las atrae a muchos turistas. La coordinación de los guardias que entran y los que salen, llama siempre la atención. El dato curioso lo encontramos en los alrededores del Palacio de Buckingham. El asfalto en todas las calles adyacentes cambia su tonalidad y pasa a ser rojo, por aquello de simular una larga alfombra real. Detalles de la realeza. Nosotros podremos decir con orgullo y satisfacción que también pisamos “la alfombra roja”.

Los parques de Londres son de esos lugares donde uno quiere estar sin mirad el reloj y sin prisas (y, a ser posible, sin que llueva). Los domingos en una esquina de Hyde Park (“speaker corner”) se da la oportunidad a quien lo desee de poder comentar –y criticar- los temas políticos en voz alta. Eso sí, hay un requisito legal que todos deben cumplir. Para poder criticar con legitimidad, no se puede hacer pisando directamente el suelo británico. Por esta razón, veremos a todos subidos a un taburete, una caja o cualquier otro utensilio que rompa la secuencia directa con la tierra. Cosa que por otro lado se agradece, pues con este requisito legal, los que estamos más lejos o somos más bajitos, lo tenemos más fácil para poder ver al orador.

Este parque es de esos que será muy difícil que nos quedemos en esta esquina, pues invita a entrar y perderse por él. Sí, lo de perderse lo digo en sentido literal, pues de tan grande, es fácil que no sepamos cómo regresar. Este recorrido sin rumbo a buen seguro nos llevará a la otra esquina del parque donde, justo al salir encontramos el Museo de Historia Natural. Y si empezamos nuestro paseo sintiéndonos “como reyes” pisando la “alfombra real” y hemos rozado la tranquilidad por el parque, ahora toca pasar un poco al ajetreo; Sí, sí, en sentido literal, que de todo (menos gastar dinero) hay en esta mañana londinense. En este museo, podemos experimentar un terremoto. Una de sus salas se mueve… ¡Madre mía que sí se mueve!  Menos mal que tiene agarraderas (yo me sujeté a ellas con fuerza) donde poder superar el trance.

Y ya, a estas alturas nos toca regresar al hotel porque, entre la caminata (que se me olvidó decirles que la alfombra roja mide varios kilómetros) y el susto del movimiento terrestre bajo nuestros pies, es probable que nos haya entrado un poquito de hambre y ahora –mal que nos pese- para estos menesteres, sí que vamos a necesitar el monedero.

¡Ah! un último dato más, también apto para curiosos. Si van con pequeños, no olviden buscar los “animales” que “viven” en el metro de Londres. No son peligrosos. Les dejo el elefante a modo de muestra. En este “hábitat subterráneo” conviven gatos, caracoles, tortugas… Peculiar, cuanto menos esta fauna del “tube” que sigue el ritmo de la manada al grito de: “Mind the gap”

Tuvimos suerte… ¡no llovió en nuestro paseo! Si lo llegamos a saber, nos hubiéramos dejado también el paraguas en el hotel junto con la cartera.

Ver Post >
Sobre el autor Inma

Otros Blogs de Autor