Admiro a varios escritores y escritoras por razones distintas. De algunos me gustan sus historias, de otros, cómo cuidan su imagen pública. Hay quienes tienen muchísimo éxito, a pesar de que sus libros me parecen simples, aún así les admiro. ¿Por qué? Porque valoro el trabajo y el esfuerzo. Y todas y todos estos escritores tienen algo en común: su capacidad de trabajo y su constancia.
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A lo largo de los años he vivido en primera y en tercera persona situaciones desagradables, que me han hecho reflexionar sobre algo obvio: hay personas que, en vez de admirar, prefieren envidiar, porque la envidia es mucho más cómoda que la admiración.
Cuando eres escritora y admiras a otra escritora, encuentras en ella una fuente de inspiración para ponerte en movimiento y actuar. Tienes la oportunidad de canalizar de forma positiva tu energía y fijar objetivos. Esto no significa que vayas a triunfar como tu referente, pero has iniciado el camino.
Cuando eliges envidiar a un escritor, tu energía se malgasta hablando mal de esa persona en redes sociales o a sus espaldas, dejando reseñas negativas de sus libros en las plataformas de venta y clavando alfileres en un muñeco vudú. Con la envidia, hay escritores que justifican su statu quo, y el éxito de una escritora, a sus ojos, queda reducido a la suerte o a sus padrinos.
Cierto es que hay escritoras y escritores que han alcanzado metas por casarse o liarse con alguien importante, por ser guapos, por tener madrinas, por haber estado en el lugar y momento oportuno… Pero, no nos engañemos, la mayoría de escritoras y escritores que han triunfado lo han conseguido gracias a su capacidad de trabajo y a su constancia.
Todo el mundo puede criticar el trabajo de cualquiera, pero lo importante está en por qué se critica. La envidia es más cómoda que la admiración porque el foco no está en ti, está en los demás. La culpa de tu fracaso no es tuya sino de la injusticia del mundo. De esta forma evitas enfrentarte a ti mismo, a lo que has hecho mal, a tus limitaciones, a tus carencias… Un proceso demasiado doloroso.