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Ana María Tomás

Escribir es vivir

SILENCIO

“No he de callar por más que con el dedo/ ya tocando la boca o ya la frente/ silencio avises o amenaces miedo” que ya dijera, hace algunos siglos, mi adorado Quevedo.

Aunque… con toda franqueza ¿sirve de algo que haya “algún espíritu valiente” o insensato que denuncie con denuedo e insistencia las tropelías que se suceden de continuo en este país que parece ir, cada vez más, a la deriva?

Me duele el alma y la mano de denunciar que las leyes en nuestro país están para proteger los derechos de ladrones, sinvergüenzas, cuatreros, estafadores y asesinos en todas sus vertientes, como, por ejemplo y por pura actualidad: el hijoputa de Rafita, uno de los tipejos que violó, atropelló y quemó viva a la niña Sandra Palo, o el Manolito Carcaño de los tegumentos que él sabrá lo que le hizo e hizo con Marta del Castillo, o tantos y tantos otros que se han carcajeado de la Justicia y siguen riéndose de ella y de quienes, con las leyes en la mano, no pueden hacer absolutamente nada para sacarles la verdad o para que paguen por sus canalladas. Mientras que sus víctimas y las familias de sus víctimas (víctimas perpetuas) están desamparadas, desoladas y dejadas de la mano de Dios.

Vivimos en un país que es un auténtico paraíso judicial para gentuza que ha hecho de la delincuencia su medio de vida. Y ahí los tenemos robando una y otra y otra y otra y… (así podría estar hasta el final del artículo) en calles, metros y casas, torturando, violando, amenazando… porque ¿no me negarán que cuando a un testigo presencial de un homicidio se le “olvida” la cara y los hechos ocurridos y no puede, de ningún modo, testificar en contra del asesino… no me digan que ese ataque de amnesia no tiene nada que ver con una buena y efectiva amenaza? Además, seamos francos, ¿para qué se va nadie a arriesgar a decir “ése es” si sabe que sólo servirá para que entre por una puerta y salga por otra? Y, desde luego, pueda ir a buscar a quien se atrevió a señalarle.

Se habla, se dice, se comenta sobre la reinserción. Pero la evidencia demuestra que no siempre es posible. Se sabe con certeza que violadores y psicópatas son “inreinsertables” en la sociedad. Al igual que muchos niñatos que ya apuntan maneras criminales. He ahí el Rafita, pillado de nuevo con las manos en la masa. Pero ¿de verdad merece una segunda oportunidad, y en tan poco tiempo, alguien que ha cometido semejante crueldad, ferocidad, bestialismo con una niña deficiente?

Me parece más que demencial la política de armas que existe en EEUU, creo que se le ha ido a todos la pinza, pero al paso que vamos, a la desprotección que confesamos y sostenemos que sufrimos los ciudadanos de este bendito país… pues, la verdad, o nos buscamos un Capitán Trueno (disculpen, es que soy de esa generación) que nos defienda, o vamos a tener que ir pensando en agenciarnos algún pistolón porque lo que es poner la esperanza en nuestros políticos para que cambien las cosas… es cómo esperar que el genio de la lámpara maravillosa arregle el mundo.

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