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Ana María Tomás

Escribir es vivir

MALA “SOMBRA”

 

 

Un tipo entra en una casa de putas y le dice a la madame que quiere una chica para una relación sado que aguante y que se deje pegar. “Eso le va a costar a usted trescientos euros” le dice la señora. El cliente le contesta que no hay problema. Así pues llaman a Rosita que desaparece con él tras una puerta. Sobra decir que los lamentos de la pobre Rosita se oían a varios kilómetros a la redonda. Una vez que se marcha, las compañeras se interesan por ella y le preguntan: “¿Te ha pegado mucho?”. A lo que ella, entre sollozos, responde: “Hasta que le he devuelto los trescientos eeeeuros”.

Puede que les haga gracia, pero, aunque es un chiste, no tiene ninguna. Y menos ahora con la perniciosa influencia que está ejerciendo entre las mujeres la dichosa novelita, de E. L. James, “Cincuenta sombras de Grey”. A ver, que a estas alturas nadie va a escandalizarse de una relación sadomasoquista. Primero porque no es nada nuevo, y, segundo, porque es verdad que lo que haga una pareja en la cama es sólo asunto de ellos. El problema viene cuando el “asunto” no es de ellos, sino de uno sólo de ellos y el otro traga por… vaya usted a saber los innumerables motivos o razones para ello. Y, para colmo, anda de boca en boca una historia en donde se nos vende “románticamente” que una mujer “no puede” resistirse a la “arrolladora personalidad” de un hijoputa sádico o traumatizado -perdóneseme la reiteración de las comillas, léanlas con cierto retintín-. Vale que puede…, en un determinado momento, subir la líbido, pero de ahí a estandarizar la relación como si se tratase de una revolución sexual, cuando es justo lo contrario, va un abismo. Si ya las chicas lo tenemos crudo con la idea que pueden hacerse de nuestra sexualidad los hombres viendo cualesquiera de las películas porno, pues sólo nos faltaba imitar en las relaciones el contratito de sumisión femenina de los protas del libro.

“La coordinadora del Instituto Andaluz dela Mujerde Huelva ha relacionado directamente el maltrato a las mujeres con la lectura del libro erótico”. Y no me extraña, sobre todo, si lo ha dicho después de enterarse de que, en Suecia, ha muerto una chica, estudiante de intercambio, que llevó, hasta el extremo, con su novio una relación sexual con los juegos sadomasoquistas que emulaban a los protagonistas de las “Sombras”. Ah, y una ejecutiva británica ha demandado a su marido porque se ha negado a practicar los juegos sados que indica el librito, en lugar de darle las gracias ¡Manda “guevos”!.

Sinceramente, no puedo entender la revolución que hay entre la mayoría de las mujeres con la dichosa historia de sumisión del libro cuando la misma protagonista explicita que se siente “humillada, degradada y ultrajada”. Seguramente “las diosas que llevan dentro” (¡Por Dios, que necedad! utiliza ese término una vez por página y tiene 540) están tan dormidas como las de la protagonista.

A ver, sin ofender -que luego se me rebotan los chicos-, todos sabemos lo que hace feliz a un hombre, sexualmente hablando. Que la sexualidad masculina es más sencilla que el mecanismo de un chupete… Valga la… redundancia. Sin embargo, las mujeres somos mucho más complicadas. Y lo somos porque durante siglos se nos ha sometido a los deseos del macho y se nos ha negado el gozo de la sexualidad, el placer del cuerpo. Si quienes han leído las Sombras de Grey hubiesen leído también el libro de la científica, periodista y filósofa Nina Canault, titulado “Cómo pagamos los errores de nuestros antepasados” sabrían que “el disfrute sexual no está inscrito en las células de la mujer de la manera que lo están los sentimientos y el deseo. La necesidad de vivir su sexualidad es una cosa. Y otra es lograrlo, ya que eso implica poner en tela de juicio una herencia de vergüenza y de silencio, lo cual no se puede hacer sin un trabajo serio sobre una misma”.

“Trabajo serio”. Pocas mujeres nos paramos a ser conscientes de la herencia de represión y culpa, por todo, que llevamos en nuestro código genético. Así que, no nos engañemos: la trilogía (la mala sombra) de Grey tendrá mucho éxito pero, ni por el forro, es un libro erótico para nosotras, sino un mapa de ruta machista para seguir jodiéndonos, en la más amplia y variada extensión de la palabra y, encima, hartas a palos. ¿Quién necesita una “diosa” interior -y gilipollas- que se quede de brazos cruzados mientras le zurran hasta el desmayo? Yo no, desde luego. Y usted ¿qué me dice?

 

 

 

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