Cada poema
es como un suicidio a plazos.
Se derrama en la hoja
la tinta,
que es sangre del alma,
liberada
por certero mandoble
de una pluma levísima.
Van cayendo las gotas
y calmándose el pulso.
Al final
quedan todas dispuestas,
con sus propios latidos,
como runas vikingas
esperando…
su lectura sólo es para elegidos.