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Ana María Tomás

Escribir es vivir

“ESTO ES CRIMINAL, SIMPLEMENTE CRIMINAL”

 

Una inmensa náusea me sube desde la boca del estómago hasta el infinito del alma mientras explotan, como una bomba, ante mis ojos las palabras que anuncian la muerte de una niña yemení, de ocho años, por lesiones sexuales, en su noche de bodas con un hombre de cuarenta años. Básicamente, le reventó el útero y la niña murió desangrada. Leo que varias organizaciones en pro de los derechos humanos han pedido que se castigue al marido que le quintuplicaba la edad. ¿Al marido?, me pregunto. A quien habría que cortarles el cuello es al padre, a todos los salvajes que promueven y permiten semejante aberración y, desde luego, también al marido.

¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo mujeres y niñas serán víctimas de violaciones? Unas tan legales como las que sufren las menores yemenís que son casadas a los ocho años con viejos mastodontes que las destrozan, y otras, bastante menos legales pero no menos aterradoras, como las sufridas por infinitas mujeres en todas las partes del planeta y desde que el mundo es mundo.

Ahora, en pleno siglo XXI, en donde, por fortuna, muchos hombres jóvenes (los mayores, normalmente, siguen siendo machistas) apoyan, ayudan, aman, respetan, comparten y son cómplices de la Mujer, siguen existiendo especímenes neandertales cuyo único objetivo en la vida es la utilización del cuerpo de la mujer para sus deseos más abyectos.

En India se producen violaciones constantemente, con absoluta impunidad (¡Dios mío! parece de ciencia-ficción que pueda violarse a una chica en un autobús en marcha y que, incluso el chofer, participe en ella), ante la pasividad y la permisividad de autoridades, y de una sociedad canalla e insensible. Pero no sólo en India, o no sólo en sitios de conflicto bélico, como puede ser el Egipto actual, sino en lugares en donde, supuestamente, la mujer ha conquistado un territorio junto al hombre, como puede ser el ejército americano. Según un informe del pentágono difundido por la CBS, una de cada tres mujeres soldado ha sido violada o ha sufrido abuso por parte de sus compañeros, ¡bestial!.

Las niñas Kumari, en Nepal, son vendidas por sus padres a los siete años, a los seis, a los ocho… por apenas cincuenta euros, para ser utilizadas como esclavas domésticas y sexuales… ¿Se dan ustedes cuenta?… Desde la más tierna infancia, en demasiados puntos de nuestro caliente planeta, las mujeres siguen siendo vendidas, compradas, explotadas, violadas sistemáticamente… destruyéndoles el cuerpo y  el alma. Tener una hija, en muchos lugares, puede ser la mayor desgracia, incluso las comadronas que ayudan en el parto cobran menos si es una niña quien nace.

Las redes sociales se ponen a mil porque, una vez más, algún  que otro político es incapaz de estar a la altura que se espera de él, pero el mundo entero parece anestesiado ante el brutal crimen que continuamente sufren mujeres y niñas. Llámenme ilusa, pero yo también tengo un sueño: que desaparezcan cualesquiera tipos de agresión a mujeres y niñas. Sobra decir que lo mismo pienso para niños y hombres. En realidad, me gustaría que se les cayera el pene a cachos nada más realizar semejante infamia.

El caso de la pequeña fallecida no es aislado aunque haya sido, desgraciadamente más conocido que otros. Una de cada cuatro niñas, según la publicación Albawaba, es obligada a casarse antes de los quince años. De nada sirvió que Yemen aprobase en 2009 una ley que establecía como edad mínima los diecisiete años para casarse: fue revocada porque algunos… ¿cómo llamarlos? -elijan ustedes la denominación- la consideraron anti-islamista. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) cada día se casan unas treinta y nueve mil niñas menores de dieciocho años.

He tenido la oportunidad de ver y escuchar a una preciosa pequeña: Nada al-Ahdal, otra de las pequeñas yemenís obligada a casarse con once años, pero que se fugo de casa para impedir la boda. Ya a salvo, daba las gracias a los periodistas parapetada tras unos enormes y preciosos ojos negros,  argumentando con una madurez asombrosa para su edad y un desparpajo convincente -que debería ser suficiente para sacudir el alma del mundo-, que lo que hacen con los niños es “criminal, simplemente, criminal”, que denunció a su madre porque “¿Qué padres amenazan así? Dijeron que me matarían si no me casaba. Venga, hazme casar y me mato yo. Han destruido nuestros sueños. Todo dentro de nosotros. No queda nada. ¿Qué han hecho mal los niños? ¿Por qué les hacen esto? Casaron a mi tía con catorce años con un hombre que se emborrachaba y le pegaba con cadenas. Duró un año. Un día se roció con gasolina y se quemó… ¿No tienen ninguna compasión?”.

Entiendan que no pueda añadir una palabra más.

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