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Ana María Tomás

Escribir es vivir

¡POR FIN… UN PAPA CRISTIANO!!!

 

¿Saben aquel que diu…? Que andaba la Sagrada Familia pensando donde irían de vacaciones y Jesús propone: “Podríamos ir al Vaticano”. Y el Espíritu Santo responde: “Eso, eso, que yo nunca he estado ahí”.

Yo sé, los creyentes sabemos, que si en algún lugar ha estado el Espíritu Santo ha sido precisamente en el Vaticano, si no, no se explica que, a pesar de tanta podredumbre como esconde su historia, haya podido mantenerse viva la fe de los católicos.

Estos días -bueno, desde que llegó- el Papa Francisco anda regalando titulares tan absolutamente sorprendentes que hasta los no católicos arden en deseos de serlo con tal de tener un guía como él. Pero lo que muchos consideran asombroso no es más que la más pura expresión de las palabras de Jesús, palabras que nunca debieron perderse bajo capas de sotanas bordadas y corruptas. El mundo, incluido el católico, ha olvidado el mensaje primigenio de Jesucristo, y  Francisco, el Papa, está haciendo lo que ya hizo el otro Francisco del que tomó el nombre: remover los cimientos, airearlos de tanto polvo de prepotencia, riquezas injustificadas  y malas interpretaciones del evangelio. ¡Olé por sus bienaventurados tegumentos!  Claro, por leve que sea la sacudida, al fin y al cabo sólo dice lo que dice el Evangelio, a los más rancios vaticanistas les está pareciendo un terremoto de lo más alto en la escala Richter. Sin ir más lejos, hace unos días, uno de esos sacerdotes (no me dio tiempo a ver su nombre en la pantalla de la tele, sólo pude escucharlo) dijo que “eso” del papel de la mujer en la iglesia… y cito textualmente: “Jesús buscó a doce hombres como apóstoles, si hubiera querido que las mujeres fueran sacerdotes las habría buscado también a ellas”. A ver, mi versadísimo señor, si nos quedamos en el fariseísmo de la interpretación sui generis… ¿podríamos dilucidar que “El amaos los unos a los otros” es también literal y ahí no entra la mujer? Es decir ¿Podría eso explicar los casos de homosexualidad de una pequeña parte del clero? ¿No será más fácil interpretar el evangelio a la luz de todas las acciones de Jesucristo? Está tan clara y transparente la importancia de la Mujer en la iglesia, que el propio Narciso, de mirarse en ella correría más peligro que en un estanque. Porque además de estar demostrado el papel que en la iglesia primitiva desarrolló la Mujer -basta con leer los “Hechos de los apóstoles”-, les recuerdo  que nosotras nos ganamos el derecho a estar en primera línea, por cuatro a uno, al pie de la Cruz. Unos huyeron de miedo, otros lo negaron, casi todos lo abandonaron, pero las mujeres permanecimos, como seguimos haciéndolo siglos después, firmes en la Cruz. Así que, ¿a qué viene ese rasgamiento de vestiduras porque el Papa ha dicho que la iglesia no está completa si en ella no está la mujer? No se puede hacer una lectura de acontecimientos pasados basándonos en premisas actuales. Pues claro que Jesús no nombró sacerdotisas, cómo iba a hacerlo si la idea que se tenía de ellas era la de las vestales, viviendo a cuerpo de rey al margen de las necesidades del pueblo o la de las sacerdotisas de Venus vinculadas a la prostitución sagrada. ¡Por Dios, por Dios!, digo ¡Por el Vaticano!, no podemos olvidar que estamos hablando de una cultura judía de hace más de dos mil años, y aun así Jesús doto a la mujer de un reconocimiento y un protagonismo que hasta entonces no había tenido. Eligió a una mujer para mostrar su resurrección, aunque las malas lenguas digan que lo hizo porque era la mejor forma de que todos se enteraran.

De lo que se trata actualmente es de rehabilitar con nombre y con luces todo el sacerdocio que tantas y tantas mujeres están realizando en muchísimas partes del mundo, en silencio. ¿Qué le faltaba al sacerdocio realizado por la madre Teresa de Calcuta, salvo la denominación?

Seguramente, quienes así se oponen a retrotraer a la Mujer a puestos de intervención directa (todavía recuerdo con vergüenza que en la visita de Juan Pablo II a España, sólo se vieran monjitas para fregar y limpiar el altar), han olvidado que, por el Bautismo, todos los cristianos somos ya sacerdotes, profetas y reyes. O, lo que en palabras de la señora Aido, serían: sacerdotas, profetos y reyas.

Se me queda corto el artículo para el avispero de palabras que azuzan mi mano, así que terminaré repitiendo lo que ya he visto escrito: “Regocijémonos, al fin un Papa cristiano”.

Y ya hablaremos otro día del celibato…

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