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Ana María Tomás

Escribir es vivir

¿NOS ESTÁN ENVENENANDO?

 

Que “morir tenemos”, “ya lo sabemos”, pero todos esperamos hacerlo tras una vida larga y lo más sanos posibles, no con el afán de ser el muerto más sano del cementerio, sino con la aspiración de vivir lo mejor posible. Algo que, cada vez nos están poniendo más difícil desde todos los frentes. No se trata ya de no comer carne o no beber leche porque ande o deje de andar hasta las trancas de antibióticos, es que tampoco podemos volvernos vegetarianos porque la tierra está envenenada. De pesticidas, pensaran rápidamente ustedes. Pues no, señores míos, o, al menos, no sólo de ellos.

Parece ser que, hace más de sesenta años, se utilizaban armas de manipulación climática. La primera vez que se tiene conocimiento del manejo de las mismas, según doña Josefina Fraile, licenciada en Ciencias Políticas y promotora de la asociación Terra S.O.S.Tenible, fue en la guerra del Vietnam.  EEUU intentó inhabilitar la famosa senda Ho Chi Minh, utilizada para enviar suministros a la guerrilla del Viet Cong, pretendiendo ampliar la época de los monzones a cincuenta días, de manera que, haciendo caer un verdadero diluvio sobre esa senda, fuera absolutamente intransitable para cualquier tipo de abastecimiento. Fue tal la hecatombe que causó este tipo de arma que, en el año setenta y seis, se prohibió por Naciones Unidas el uso de armas climáticas para la guerra o para propósitos hostiles. Háganse una idea: quienes manejen armas de manipulación climática tienen en sus manos el grifo del mundo y con él el control de los recursos alimentarios del planeta, puesto que con este control se es capaz de generar lluvias, tormentas, descargas eléctricas… Y también todo lo contrario: deshacer frentes lluviosos o provocar sequías prolongadas o hambrunas. Pero, pregúntense ¿por qué alguien que puede tener tanto poder va a ser capaz de renunciar a él?

Así que, más de uno pensaría: “vamos a aparcar el nombrecito y vamos a ver cómo seguimos manteniendo la sartén por el mango”. Hay países que disponen de este tipo de tecnología, aunque la disfrazan llamándola Geoingeniería. Y nos venden que, en base a ella, se estabilizará en el planeta el calentamiento global. De hecho John Holdren, asesor de Obama, asegura que los Chentrails (aviones fumigadores) salvarán al planeta. “¿Cómo?” preguntarán ustedes. Pues desde los laboratorios de donde salió la bomba nuclear (nada sospechoso ¿verdad?). Edwart Teller, padre de la bomba de Hidrógeno, mantuvo la peregrina idea de que, metiendo por todos los cielos de nuestro planeta  aviones que lanzaran aerosoles de partículas metálicas, el sol rebotaría en ellas y lanzaría la luz al espacio, evitando, de esa forma el calentamiento global. Una estupidez según algunos científicos y una locura según otros.

Podemos pensar que todo eso nos queda como un poquito lejos, ¿verdad? Pues no. Por si no lo saben, en la comarca de La Guareña, de Zamora, un lugar de cultivo especialmente ecológico, hay una intensificación de aviones que, sin bandera alguna, lanzan casi de continuo partículas que brillan junto a extrañas escamas y fibras larguísimas de más de cinco metros, que están contaminando la tierra, el agua y el aire y que están produciendo nuevas enfermedades cutáneas.

Según la señora Fraile, el 19 de julio del año pasado ya se puso una denuncia en el Seprona, pero al ser un tema desconocido no hay debate público.  En los medios de comunicación se habla del problema del calentamiento, pero no del que producen los Chemtrails.  “Y es necesario que esto se sepa, porque se está realizando un atentado con consecuencias genocidas” mantiene “Terra SOStenible.

Dice Machado en uno de sus poemas: “Caminante, no hay camino, sino estelas en el mar”. En este caso las estelas no son el mar, sino en nuestros cielos. Y quizá el mantener una idea romántica de las estelas, pueda hacer que no nos haya preocupado demasiado y hasta que nos hayamos familiarizado con ellas. Pero la cicuta no es menos venenosa porque venga en un caramelo.

Existe una petición expresa para que el Parlamento Europeo investigue esas fumigaciones clandestinas

Qué pena que el ser humano llegue a niveles tan aberrantes de imbecilidad y no entienda, como ya alguien dijo de nuestra preciosa casa azul, que “El planeta no es la herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos.

 

 

 

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