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Ana María Tomás

Escribir es vivir

¡Ni se le ocurra!

Si usted está viendo una película, pongamos que trate del viaje de Colón cuando descubrió América, o del viaje espacial de cuando el hombre puso el pie en la luna, y está con algún amigo, o compañero de lo que sea, compartiendo esos momentos, no se le ocurra hacer comentario alguno sobre el éxito de la culminación de ambos trayectos, nada de desvelar que, efectivamente, Colón pisó tierra o el astronauta Armstrong la luna. Todo lo contrario, ponga cara de circunstancias o de angustia ante las tormentas marinas o la oscuridad del espacio. Y no digamos ya si se trata de algún libro que este leyendo el susodicho amigo y que usted, por casualidad, haya leído anteriormente… vamos, ¡ni se le ocurra! No señor, no, que la gente está muy “volá” pero que mucho. Les cuento, resulta que un científico ruso, Sergei Savitsky, ha apuñalado a su colega Oleg Beloguzov, en la Antártida por destriparle los finales de los libros que compartían.

Entiendo que un spoilers “termino inglés que, en nuestra lengua, suele emplearse para nombrar al texto que anticipa la trama de una película, un libro u otra obra” pero que, según Pérez Reverte, nosotros deberíamos utilizar la palabra destripar, pues eso, que entiendo que el destripe de una obra que nos tenga absorbido el seso, el sexo y el tiempo es una auténtica putada, pero de ahí a perder los papeles y encontrar un cuchillo debería ir un abismo.

 

Yo creo que todos conocemos a alguien especialista con jorobarnos un buen chiste adelantándosenos a contar el final, o incluso fastidiárselo a ellos mismos alterando cándidamente el chasco comenzándolo justo por donde termina. O que disfruta largándonos quién es el asesino en la película de turno. O contarnos el final del libro que acabamos de comprar en cuanto nos lo ve en la mano. Luego están esos otros inocentes adivinos, entre los que me encuentro, que casi al empezar la película intuyen quien va a traicionar a quién, quién está muerto en realidad, o cómo se va a realizar el crimen. Y que encima aciertan, bueno, acertamos, lo cual es una putada si estás viendo la peli en familia o con amigos en el salón, porque, claro, se suele decir en voz alta y lo que los demás no habían pensado va tomando forma en su mente al tiempo que van perdiendo el interés al ver que, efectivamente, las cosas toman el cariz que anunciaste como piedra seca. Y da igual que se trate del Titanic o del mayor misterio jamás contado.

 

Lo que ocurre es que con esto de los spoilers o, mejor dicho, los destripamientos hay mucha tela que cortar porque nunca se nos ha ocurrido pensar que el simple hecho de hacer una quiniela es uno de los mayores destripamientos que podemos hacer, porque no sólo nos estamos adelantando al final sino que, en muchas ocasiones, estamos traicionando los propios colores porque cuando sabemos que el equipo de nuestros amores se va a enfrentar a uno que es, a todas luces superior… le ponemos la equis en la casillica que imaginamos que nos va a dar la pasta gansa, aunque eso suponga poner que perdemos.

 

Una de mis mejores amigas se compra chicles en grageas de menta y de fresa, después los mezcla todos en una bolsa y se deja sorprender cada vez que toma uno de ellos. Le gustan tan poco el que le cuenten lo que va a ocurrir, sea en libro o en película… y le gustan tanto las sorpresas… que estoy segura que lo que hizo el ruso con el bocazas de su amigo sería nada para lo que haría ella con alguien que le “spoileara”  libro tras libro lo que va a acontecer en él.

 

Por suerte para el otro ruso bocazas sólo tuvo que recibir un par de puñaladas antes de que otros compañeros los separaran. Y aunque “El consejo del escarmiento las más de las veces llega tarde” que diría el gran Quevedo, estoy segura de que se lo pensará más de dos veces la próxima ocasión que decida contar a otro cómo termina el libro que esté leyendo.

 

No cabe duda de que es un gran lector, lo cual, por otro lado, dice mucho en su favor, aunque posiblemente esté pensando que leer tanto perjudica seriamente la salud. Él le destripó al otro libro a libro y este otro terminó casi destripandolo a él.

 

 

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