A mí, desde hace años, cuando me preguntan la edad que tengo, respondo invariablemente que treinta y cinco. Una vez, uno de mis amigos, queriéndose pasar de listo, me dijo: “Pero si eso mismo fue lo que dijiste el año pasado y el otro anterior y el otro”… Y yo, sin inmutarme le respondí: “Para que veas que soy una mujer de firmes convicciones. Que no cambio de parecer de un día para otro”.
Pero, por lo visto no todo el mundo es así, unos van diciendo una edad diferente cada vez que les preguntan, a veces, incluso distinta en el mismo año, mienten tanto que terminan por no saber la edad que realmente tienen. Y otros, como el holandés Emile Ratelband, se ha empeñado en que los tribunales le quiten, de manera oficial, veinte tacos de sus calendarios. El payo, que tiene la edad de sesenta y nueve años, dice que con esa edad no liga en una red de ligues, pero, ¡cómo es posible!, si está en la edad erótica, pues se ha empeñado en tener legalmente cuarenta y nueve. Oigan, que no se ha enterado de nada, que no sabe que los “años son inevitables pero que envejecer es opcional”, y no le basta con sentirse joven, que quiere serlo de papeles también, aunque su cuerpo chirríe más que los ejes del carro de la canción de Atahualpa Yupanqui. Nada, que se ha obstinado en demostrar fehacientemente que los años y la madurez no van de la mano. Dicen que los hombres que se buscan mujeres mucho más jóvenes e inmaduras que ellos es por estar al mismo nivel mental de raciocinio. ¡Señor, Señor!
El buen hombre argumenta que si se puede cambiar legalmente de género y de apellido, por qué no va a poder borrar de un plumazo veinte años de vida. Dice, además, que los médicos le han dicho que su cuerpo es de un hombre de cuarenta cinco y él se define, nada más y nada menos, que como “un dios joven”. Y digo yo, con lo que le ha costado a este chorvo llegar a esa edad con esa vitalidad, y esa infantil mente… ¿ahora quiere eliminar los caminos que le han conducido hasta ahí? Pero si un joven guapo no es más que un… ¿producto?… ¿regalo?… ¿accidente? de la naturaleza, mientras que una persona mayor atractiva es realmente una obra de arte hecha a sí misma…
¿Por ligar? Pues sí, por ligar. Por lo visto se cree que porque ponga en su documentación que tiene veinte años menos, su cuerpo se lo va a creer. Claro, su cuerpo y las payas que vayan a ligar con él. Que seguro que si ahora le dicen lo bien que se mantiene para los años que tiene, en cuanto elimine veinte años del carné, lo que puede empezar a escuchar es lo mal conservado que está para esos años. Ahora podría decir que duerme envuelto en papel albal, pero luego a ver cómo justifica las arrugas y la flacidez. Porque es posible que pueda engañar a su mente, pero qué me dicen de ese dolor de huesos que hace que estos se encasquillen cuando se lleva unas cuantas horas sentado… que salimos caminando como el “Jorobado de Notre Dame”, y porque no hablamos de la pérdida de oído o de vista, aunque también es verdad que esto tiene sus ventajas y sus desventajas, porque, por una parte puede que no se vean las letras de cerca, pero, por otra, sí se ven los gilipollas de lejos. Aunque imagino que ser uno de ellos producirá cierta inmunidad para distinguirlos. Tiene que ser como esa frase que circula por internet de autoría desconocida: “Cuando te mueres no sabes que estás muerto, no sufres por ello, pero es duro para los demás. Lo mismo ocurre cuando eres imbécil”. Pues eso.
A ver, que es totalmente legítimo que este buen hombre, en lugar de apreciar el punto hasta donde Dios, la vida, la salud – o lo que él quiera creer que lo sostiene- le ha permitido llegar, quiera suicidarse veinte tacos del calendario, renunciando, incluso a la pensión que, por ahora es su única fuente sustento, pero mirando bien la cosa no deja de tener su punto patético. Pues no deja de ser patético tratar de impresionar, o de ligar, presumiendo de algo que se sabe a ciencia cierta que no se tiene.