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Ana María Tomás

Escribir es vivir

AMADO ASESINO

 

Hace unos días escuché una de esas noticias que te estallan como una bomba en la cara y te da juego para que puedas poner tu personal cristal y mirarla a través de él: se trataba de la boda de una joven argentina con el asesino de su hermana gemela. En un primer momento pensé que no había escuchado bien… que se me había escapado algo porque era tan… monstruoso lo que acababa de oír que no podía ser cierto.

El tipo en cuestión está condenado a trece años de cárcel por asesinato a balazos de su novia, gemela de su ya esposa. La madre de ambas (la pobre madre) asegura que “no tiene nombre” lo que ha hecho su hija y que ella no está bien psicológicamente. Y, en ambas cosas, le doy totalmente la razón. Máxime cuando la muchacha denunció en su día que el “tipo” había abusado sexualmente de ella en varias ocasiones. A ver… que me lo expliquen. Por regla general, cuando los padres vemos que nuestros hijos están enfermos, los llevamos al médico sin pedirles permiso e incluso en contra de su propia voluntad. Y ¿acaso el alma enferma ha de tener menos privilegios que el cuerpo?

Alguien puede decirme que, tal vez, no esté enferma, sino enamorada. ¿Enamorada? ¡Enamorada! Por pura intuición y también, todo hay que decirlo, por la mera observación de la realidad, ya nuestro insigne maestro Lope de Vega decía que entre los varios efectos del amor  estaban: “Desmayarse, atreverse, estar furioso/ áspero, tierno, liberal, esquivo/ alentado, mortal, difunto vivo/ leal, traidor, cobarde y animoso/. Y, si ahora levantara la cabeza, podría comprobar que en pleno s. XXI dichos efectos siguen sin variar un ápice y, si no, que le pregunten a nuestra “traidora” enamorada. Yo no termino de entender qué tipo de mecanismos pueden desconectarse para no encontrar repulsivo a un asesino y no un asesino cualquiera, sino el de tu hermana, y no el de cualquier hermana sino el de tu yo más cercano: ¡tu gemela!; y qué otros pueden activarse para no sentirse traidora a la sangre, a la familia, al sentimiento de pertenencia a…, ni tampoco me atrevería a decir que, si a nuestro D. Juan Tenorio lo redimió el amor de la hija de su víctima, no vaya a ocurrir lo mismo con este otro quitavidas, pero desde luego, lo sí que me atrevo a decir es que esta pareja está para hacer sobre ella la mejor de las tesis sobre la irracionalidad de ciertas decisiones.

 

Algunas hipótesis apuntan que bien pudiera haberla matado su propia hermana y que él, que jugaba a dos bandas, haya cargado con el muerto, en este caso: la muerta. Hoy nuestros científicos, más prácticos que teóricos, guiándose por las investigaciones de laboratorio, nos dicen que el amor no es más que una serie de alteraciones en la química de nuestro organismo, es decir, feromonas, endorfinas, bilirrubina, etc. campando a sus anchas y en pleno desorden por nuestra azotea que, según los expertos, es quien organiza el tráfico, y no el corazón, porque, ya se sabe, con los líos del colesterol, ha quedado reducida a la condición de un órgano más. El problema está en que no hay forma humana de domeñar a estas fieras que, cual caballo de Troya, todos llevamos dentro y, en el momento menos esperado, salen, del escondido artefacto, unos guerreros que nos aniquilan y hacen, a su vez, que aniquilemos a quienes están cerca de nosotros.

Puede que el amor sea un desvarío que surge de pronto, una atracción involuntaria hacia una persona -apropiada o no-, un impulso que nos lleva a enamorarnos de ella y no de otra, y a buscar de forma desesperada el reconocimiento, la reciprocidad -cosa que no siempre se consigue- y que lleva al enamorado a la desesperación, al suicidio o a inmolarse de la peor manera. Pero lo que está claro es que el amor y la muerte siempre han caminado juntos. Ahí están: desde Orfeo y Eurídice hasta Romeo y Julieta pasando por Calixto y Melibea, todos conocen un amor que les desborda, pero también un final trágico.

 

Por esta vez, nada está claro, ni la muerte, ni la vida, ni el amor… Dice nuestro refranero que “Boda y mortaja, del cielo bajan”. Aunque, al parecer, alguien ha decidió poner una sucursal por aquí y “suministrar” ambas cosas a la vez.

 

 

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