Cuando las anginas amenazan con convertirse en dos peasos de huevos de avestruz, yo recurro, a toda velocidad, al veneno de serpiente de cascabel muda. Cuando me siento depresiva, tomo la estricnina que tiene la ignatia amaro o haba de San Ignacio, un árbol originario de la India. Si el riñón me avisa de una infección urinaria, busco el remedio en la mosca española o cantharis. Y si me golpeo alguna parte de mi cuerpo, la embadurno con árnica en crema. Eso sí, todo en dosis infinitesimales. Unas veces la mejoría es rápida y ostensible; otras, menos. Pero me ocurre lo mismo con los remedios conocidos de toda la vida, el socorrido ácido acetilsalicílico, el ibuprofeno o el paracetamol, que unas veces son más efectivos y otras menos.
Así que he de confesar que, cuando leí la polémica desatada entre los profesionales de la medicina murciana por la presencia de una cátedra de homeopatía en la Universidad de Murcia, no lo entendí. En todo caso, podría entender el “enfado” por el patrocinio de dicha cátedra, puesto que lo hace un laboratorio privado dedicado a la homeopatía. Y ahí sí que… si ya entramos en ganancias farmacológicas, sean del color que sean… va a ser que no. Pero dejando intereses espurios aparte y centrándonos en si sí o en si no funciona o deja de funcionar la homeopatía, y al margen de que a mí sí me funciona, como soy relativamente profana en la materia, antes de meterme en harina, recabé información. Yo sabía que D. Guzmán Ortuño, siendo Presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Murcia, realizó un elogioso discurso a uno de los primeros médicos homeópatas españoles que, para más inri, era nacido en la pedanía murciana de Era Alta, así que le pedí que me dijera cuanto supiera del tema. Ya me gustaría poder trasladárselo a todos ustedes, pero esto no da más que para decir que fue, precisamente, uno de los nuestros, el Dr. Tomás Pellicer, nacido en 1816, además, miembro de número de la R.A.M.C. de Murcia, y elegido, por su reconocido prestigio, como médico personal y de Cámara de S.A.R. el Infante D. Sebastián, sobrino de Carlos IV y tío de Isabel II, quien trabajó, recomendó y propulsó la homeopatía en España. Convirtiéndose en 1873 en catedrático y patrono de la Fundación Instituto Homeopático y Hospital de S. José de Madrid, primer hospital homeopático construido en España.
¿Que la homeopatía es una pseudociencia? Como sostiene algún facultativo… Bueno, tampoco la medicina es una ciencia exacta; recordemos a nuestro refranero en aquello de que “Lo que el médico yerra lo tapa la tierra”. ¿Que los productos no los financia la S.S…? Desde hace algún tiempo, la S. S. tampoco financia medicamentos que tomamos en cuanto vemos pelar las barbas de nuestro vecino con algún catarro. Y, si por eso fuera, esos mismos medicamentos pseudocientíficos sí son financiados en otros lugares como Alemania y Francia, así que sólo sería un problema de dinero. ¿Que actúan como placebos…? A ver… llevan mucho tiempo utilizándose en niños que poco o nada saben del efecto placebo. Y han funcionado. Pero, aun suponiendo que sea medicina engañabobos… ¿No sería más engañabobos tumbarse ante alguien considerado “curandero” y que este vaya dando saltitos alrededor de uno, mientras toca unas maracas extrañas y recita palabras ininteligibles? Probablemente sí. Y…, sin embargo, muchos pueblos africanos, americanos, indios…etc. lo practican con un alto porcentaje de curación. El padre Oliver, un sabio franciscano, suele decir que la gripe con medicamentos dura una semana y sin ellos siete días.
Que, ¡oigan!, yo no me creo que los médicos se tapen la cara en las operaciones para no ser reconocidos después, como mantiene una amiga mía, pero sí que a la hora de sanar, cuando el enfermo lo desea fervientemente, puede que sea tan útil un medicamento de última generación como bendecir el agua que se bebe (busquen en Internet: Masaru Emoto y los mensajes del agua, o, en la Biblia, las Bodas de Caná) . Así que, no entiendo esas disquisiciones, sobre todo cuando se trata de ayudar al bien común. Si hay enfermos que consideran que la homeopatía es un engaño, no se preocupen señores doctores alopáticos, porque no van a recurrir a ella. Pero si hay enfermos que consideran que es bueno tomar dosis infinitesimales de productos que causarían los mismos efectos que ellos están sintiendo y les va bien… pues a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Y vamos a centrar las fuerzas en sanar, aunque sea tocando las maracas de Machín.