Anda la cosa revuelta con un libro que ha editado el Arzobispado de Granada con el sonoro título de “Cásate y sé sumisa”, escrito por la periodista italiana Costanza Miriano. ¡Manda huevos! A estas alturas el consejito o el titulito…
Andan diciendo que quienes critican el libro es porque no lo han leído, pero ¡Dremiiiiadelamorhermoso…! Si es que con ese título… Porque, a ver, si el contenido nada tiene que ver con el título, han estado menos que acertados en la elección. Y si, como piensan muchos, el título no es más que el compendio de lo que se va a encontrar dentro… es para ir dándole a la autora con el libro hasta que se coma la última de sus páginas.
Hace unos meses me enviaron un archivo titulado “Cómo hacer bien el amor”. Normalmente suelo abrir los archivos, independientemente del título que traigan, así que no tuve ningún reparo en abrirlo. El archivo contenía una hermosa oración con una reflexión final: “Si este archivo hubiera llevado el título de “Oración” ¿lo habría abierto?”. En mi caso, sin duda, por supuesto. Soy creyente y lo hubiese abierto con expectación, pero lo cierto es que, con el título que llevaba, tanto creyentes como descreídos lo abrirían sin tardar, aunque más de uno se llevara una total decepción. Ya sabemos que el mundo, por mucho que digan que lo mueve el amor, lo mueve el sexo. Vamos, que lo que quiero decir es que un título llamativo se busca como señuelo para lectores y no para espantarlos.
Porque, vamos a ver, que eso lo diga San Pablo hace dos mil años, en un contexto en donde una caca de camello valía más que una mujer… pues no es que, con nuestros ojos, se entienda, ni se disculpe, pero qué le vamos a hacer, salvo lo que ya llevamos haciendo las mujeres a lo largo de tantos siglos: luchar e intentar arañar apenas un poquito del inmenso territorio que domina el hombre, pero que ahora venga una… (¡Aysss, Dios! que no quiero insultarla) italiana a decir que nos casemos y que seamos sumisas… ¡¿Más?! Pero si llevamos siéndolo desde la noche de los tiempos. Con lo que nos ha costado conseguir, (en algunas partes del mundo, que esa es otra) unas pequeñas cotas de igualdad… ¿Se puede permitir que una mujer -¡una mujer!- venga a pedirnos semejante despropósito? Igual que la otra, la autora de “Las sombras de Grey”, venir, ahora con el cuento de que una relación de sometimiento y humillación continua es lo más normal del mundo. Así nos va. Esa es la ventaja de los hombres, la gran ventaja: las mujeres no somos capaces de mantenernos unidas frente a cualquier tipo de estupidez o de dominación masculina. Somos la primeras, como yo ahora (mea culpa), en despotricar contra otras mujeres. Aunque, sinceramente, creo que, en este caso, mi cabreo está más que justificado. Porque por mucho que, desde Italia, quieran decirnos que allí ha sido un éxito de ventas -nada más y nada menos que más de setenta mil ejemplares vendidos- al parecer, aquí se los van a tener que comer con patatas.
Hace unos días, vi en la tele que algunos políticos de izquierda clamaban al cielo ¡huuuuy!, perdón! clamaban a Marx para que las mujeres políticas del Gobierno de la Nación se pronunciaran sobre el libro en cuestión. Y, aunque sé que la política es tan penosa que hasta a la palabra más hermosa como es “madre”, cuando le añades “política”, la conviertes en suegra, no dejó de parecerme, como poco, cínica la cuestión. Me pregunto por qué, cuando salió al mercado el otro libro en el que también la dignidad de la mujer quedaba menoscabada con la asunción de que las relaciones de total sometimiento sexual de la mujer a los caprichos de un sádico eran poco menos que el clímax del clímax, nadie dijo nada de nada ni pidió que se pronunciara nadie. ¿Acaso el sometimiento sexual es menos indignante que el doméstico?
Lo que resulta tremendamente preocupante no son las paridas, más o menos divergentes, de estas dos autoras, ni siquiera que pueda ser un éxito de ventas lo que a muchos puede parecernos un desatino, sino que a estas alturas andemos todavía las mujeres siendo moneda de sumisión para el hombre.