Hoy quiero escribirte a ti: putero. Y, por si tienes alguna duda de si eres o no el destinatario de esta misiva, me permito aclarar que el término “putero”, según el diccionario de la lengua española Julio Casares: “Se aplica al hombre que va de putas”. Y, putas, a su vez, son definidas como “Mujeres que se entregan al comercio carnal por interés”. Lo que ya no dice el diccionario, ni creo que tú te detuvieras a leerlo, es que ese “interés” no siempre es económico, en muchas ocasiones el único interés es el de mantenerse vivas o, peor aún, el que sus hijos o sus padres sigan estando en este más acá en lugar de ese más allá al que continuamente son amenazados por los chulos mafiosos que las explotan y, por tanto, una gran mayoría de las mujeres que se entregan a ese comercio carnal no lo hacen de manera voluntaria.
Como te imagino muy atareado recorriendo carnicerías humanas en busca de la pieza que te ponga más a tono, pienso que no dedicarás mucho tiempo a leer o ver las noticias, así que te pongo en antecedentes: Esta semana, en Madrid, enmarcada en una reunión de la “Red de Organizaciones Cristianas contra el Tráfico de Seres Humanos (COATNET) y que ha contado con la participación de 60 expertos de 33 países, según informó la directora de Incidencia de Cáritas International, Martina Liebsch, se ha estado debatiendo sobre ti y sobre otros muchos como tú. ¡Ah!, ¿Que no lo sabías? Pues sí, porque aunque de lo que realmente se ha hablado ha sido del problema humano que representa la trata de blancas, lo cierto es que, si no fuera por individuos como tú, poco tendrían que hacer las malditas mafias.
Quizá no te interese mucho saber que la trata de seres humanos con fines de explotación sexual es el negocio ilícito más lucrativo, justo por detrás del tráfico de drogas y de armas. Con toda seguridad, tampoco te importará mucho ese cuerpo al que recurres en busca de placer. Pero ese cuerpo no es el de una muñeca hinchable, sino el de un ser humano con alma, con sentimientos, alguien a la que están explotando horas y horas sin considerar si está enferma o no, si tiene la menstruación o no. De todas formas, en ningún caso te enterarías, ya se encargan los mafiosos de drogarlas, de silenciarlas, de obligarlas a colocarse unas esponjas en la vagina para que, pese a cualesquiera circunstancias, ellas sigan siendo máquinas de ganar dinero. Ese dinero que tú pagas sin tener en cuenta cuáles son las canallas circunstancias que las colocan bajo tu poder.
Hace unos días hablaba un médico de las terribles infecciones producidas por esas esponjas disimuladoras de la regla que llevan a estas pobres mujeres incluso a la muerte al ser obligadas, en esas circunstancias, a estar continuamente al servicio de quienes las soliciten.
¿Te has parado a pensar, por unos momentos, que esa mujer que está siendo forzada de la manera más cruel a prostituirse fuera tu madre, tu hermana, tu hija…? ¿Eres capaz de visualizar a alguna de ellas teniendo que soportar que un… (llamémoslo) hombre tras otro pase por su cuerpo como el que pasa por una escupidera a deshacerse de una flema? ¿Te imaginas a algunos de los tipos que van en su búsqueda? Puede que tú seas limpio, te laves los dientes y seas hasta resultón, pero echa un vistazo a alguno de los tipos que, como tú, pulula por los escenarios en cuestión. ¿Eres capaz de imaginarte la escena sin que una enorme arcada te nazca desde lo más intestino de tu ser?
No. No sirve como analgésico a tu conciencia que no sabes nada o pienses que pueden escapar. Ni pueden, ni tienen garantías de que puedan hacer su denuncia, tener un proceso judicial y obtener un permiso de residencia, lo ha denunciado la experta en trata de Cáritas Española, Francesca Petriliggieri, pese a los organismos involucrados, tanto judiciales como de seguridad. Así que, ¿para qué lo van a intentar? ¿Para enfadar un poco más a su ya perenne enfadado chulo?
Individuos como tú que las utilizas como una mera mercancía eliminándoles el alma hacen que otros de la misma calaña -no te engañes creyéndote mejor que los mafiasos- sigan raptando, engañando, traficando con niñas y jóvenes; que las compren, las vendas, las intercambien, las aparten de sus familias y las torturen imponiéndoles tipejos como tú.
Ojalá las mujeres explotadas sexualmente supieran que en todas ellas vive una valiente Judit que sabe que el holofernes de turno no es ningún gigante, sino sólo un enano de sombra engañosa y no dudaran en hacer como ella: cortarles la cabeza (cualquiera de las dos).