En algún despacho se ha pronunciado una frase demoledora: “El Trasvase se ha acabado”. Al menos, por un tiempo indefinido
MANUEL BUITRAGO
El cierre del acueducto Tajo-Segura por un tiempo indefinido, hasta que llueva de forma copiosa para recargar la cabecera en Entrepeñas y Buendía, es como si le hubieran amputado un brazo a la cuenca del Segura y a la economía de la Región de Murcia y del sur de Alicante. Las consecuencias van más allá de la urgencia del momento: es un modelo que se agrieta, atacado por demasiados frentes y cada vez con más enemigos, sin que el Gobierno de turno haya hecho lo necesario para arbitrar una alternativa viable y suficiente. Tiempo ha tenido de resolver el déficit y de garantizar el suministro a una industria agroalimentaria de vanguardia, pero al final se ha recluido en lo más fácil, dejando que se pudra el problema y echando mano de las lentejas de las desaladoras, las tomas o las dejas. Por la vía de los hechos, el Partido Popular ha superado las aciagas expectativas que tanto criticó cuando gobernaba Rodríguez Zapatero.
Cuando la exministra Cristina Narbona y algunos sectores del PSOE movieron los hilos antitrasvasistas, tiempo faltó para organizar dos multitudinarias manifestaciones en Murcia bajo el grito de que el Tajo-Segura era “intocable”. Una de las protestas contó incluso con la asistencia de Mariano Rajoy, entonces en la oposición, de quien nada más se supo hasta que llegó años después a La Moncloa y bendijo el Memorándum, una ley que precisamente recortó el Trasvase hasta dejarlo en el estado actual: con el canal cerrado por falta de excedentes oficiales.
La mano de Cospedal
Alguien con conocimiento y experiencia en la Confederación Hidrográfica del Segura comentó que María Dolores de Cospedal, que entonces mandaba mucho en el PP y en Toledo, se había cargado literalmente el Trasvase. Los regantes se resistieron a creerlo, pero no tardaron en sentirse engañados; mientras que los dirigentes murcianos del PP tragaron dóciles y a la postre se vieron recompensados en sus carreras políticas.
Ahora, el “histórico” problema del agua en el Segura ha llegado a tal estado de deterioro y dejadez que no existe ni siquiera un plan para solucionarlo, salvo la ronda fotográfica de la directora general del Agua, Liana Ardiles, con las comunidades autónomas. Sin ninguna fuerza política y solo para tomar apuntes. El desánimo es tal entre los regantes que no saben siquiera cómo tienen que protestar. Se debaten entre echarse a la calle, montar una gorda o esperar a que llueva. Concentran sus energías en ponerse a la cola para comprar agua desalada, ya que no hay para todos.
En un “sálvese quien pueda”, existe una pelea interna por conseguir recursos como sea. En la desaladora de Águilas hay peticiones que suman 60 hectómetros para disputarse los 10 de la nueva ampliación. En la planta de Valdelentisco han sido sancionados todos los clientes por carecer todavía de concesiones; mientras que el Sindicato de Regantes del Tajo-Segura lucha por conseguir la mayor producción de Torrevieja. A esta organización le quedaban 30 hectómetros a principios de agosto para tratar de aguantar hasta octubre. Después, el abismo. En la Vega Alta también hay graves problemas; y en el Campo de Cartagena se hace todo lo imaginable, y más, para mantener las producciones a cualquier precio, a toda costa, y de noche y de día. Se oye de todo.
A este paso, los abastecimientos necesitarán un extra de recursos de la desalación de 70 a 80 hectómetros anuales para suplir la carencia del Trasvase. Lo hará a costa del regadío. La subida del recibo del agua será inevitable, y habrá que rezar para que no haya restricciones.
“Fuga” de producciones
El agua es ahora la última preocupación de Mariano Rajoy, quien no ha recibido todavía al presidente murciano Fernando López Miras desde que tomó posesión en abril. La debilidad política del Gobierno regional es palpable, para regocijo del Ministerio de Agricultura, que ya no siente la presión que existía hace un año. Algunos realizan oficios y gestiones a la desesperada para hacerle llegar un documento en mano a Mariano Rajoy a través de Fulanito o Menganito. Así está el patio. En Madrid disponen lo que quieren y hasta la ministra se permite comparar el Duero con el Segura, asesorada por un equipo que es cada vez más antitrasvasista. De igual manera, aumenta la resistencia a la hora de autorizar cesiones de derechos porque es una fórmula muy incómoda políticamente.
Crece la alarma entre los regantes, mientras que el abastecimiento a la población pende de un hilo. Se estima que un tercio de la producción hortícola está ya deslocalizada. La ministra no tuvo en cuenta este factor cuando dijo que el sector hortofrutícola goza de buena salud. Para complementar su actividad y atender los pedidos de las grandes cadenas europeas de distribución, hay empresas de la Región que han intensificado el traslado de sus cosechas a zonas con garantías de agua de Castilla-La Mancha, Andalucía y Madrid. Los cultivos de invernadero están más anclados al terreno porque requieren de grandes inversiones, pero se sienten igual de expuestos a ese cambio de modelo productivo alentado por el Gobierno central.
No se pretende solucionar el déficit aportando el agua necesaria, sino reduciendo indirectamente ese déficit, ajustando la demanda para acompasarla a los recursos naturales y artificiales del territorio de la cuenca: lo que aporten el río Segura, los pozos y las desaladoras. ¿Qué diferencia hay entre esta política actual del Ejecutivo del PP y los postulados antitrasvasistas de los colectivos y de los gobiernos de Castilla-La Mancha y Aragón?
Mala regulación
Sustituir el Trasvase del Tajo por la desalación forzosa ha sido coser y cantar. Es cierto que existe una sequía brutal, pero también lo es que no existe, pese a las promesas del PP, otra alternativa al acueducto mediante la redotación de la cabecera o la construcción de un nuevo canal. “El Trasvase se ha acabado”, es una frase demoledora que se ha oído estos días en algún despacho, junto a otras sentencias de semejante cariz. El problema no es tanto que el canal esté cerrado desde mayo, sino cuándo se abrirá y de qué forma. Es una situación diabólica y engañosa: si la cuenca del Segura logra sobrevivir a nueve meses sin el agua del Tajo, los detractores pensarán que el Trasvase no es necesario, y menos para los regadíos. ¿Cómo se gestiona eso?
La sequía ha influido, pero también la regulación en la cabecera del Tajo, ya que existen sospechas de que se ha desembalsado alegremente río abajo, con caudales ambientales por encima de lo aconsejable, para acelerar el punto de “trasvase cero” y hacer más difícil la recuperación. Entrepeñas y Buendía están ahora al 11%, con unos 285 hectómetros. Es decir, tienen que remontar hasta los 400 para que se pueda mandar algo a la cuenca del Segura.
Mientras tanto, el Consejo de Ministros, tan oportuno, ha aprobado unas nuevas tarifas que obligan a pagar los costes fijos del acueducto aunque no se trasvase agua. Dichos costes incluyen el “impuesto político” a Castilla-La Mancha, Extremadura y Madrid. El Ministerio, que dice basarse en una sentencia, cambia las reglas casi 40 años después de que se pusiera en marcha el acueducto, y justo cuando está cerrado a cal y canto en la mayor crisis de su historia.
La danza de la lluvia
Entre medias, el circo político no cesa. Atacando de raíz la política de su propio Gobierno, el PP de Castilla-La Mancha arremete contra el Ayuntamiento socialista de Hellín por vender agua para que beba la población del Segura. Todo por un miserable puñado de votos. Al mismo tiempo, se mantiene de forma vergonzante el suministro de agua con camiones cisterna en algunos municipios de Castilla-La Mancha solo con el propósito de atacar el Trasvase. No falta agua, sino canalizaciones. Años ha tenido el Ejecutivo castellano-manchego para solucionarlo con las indemnizaciones que recibe de Murcia, pero le resulta más interesante difundir que hay pueblos que pasan sed.
La Región se ha quedado sola con su problema, en el peor escenario imaginable. En estos años se han dado pasos atrás. Privada esta tierra de otras alternativas, la desalación se ha convertido en una obsesión como única tabla de salvación. Bullen ideas y proyectos para incrementar como sea la producción de agua industrial. Otros prefieren la danza de la lluvia.