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Antonio Rivera

A pantalla 'partía'

Mayhem Film Festival (IV): Adiós, carnaval

De la última jornada del Mayhem, el festival de cine de fantaterror de Nottingham, destacó primero ‘Why Don’t You Just Die!’, que viene a significar algo así como ‘¿Por qué no te mueres de una vez?’. El título esconde una doble referencia: por un lado, alude al padre de la novia del protagonista, Matvei, al que todos los personajes le desean el más rápido de los finales por motivos dispares; por otro, al propio protagonista, verdadero saco de boxeo del ruso Kirill Sokolov, que escribe y dirige esta comedia gore para melómanos.

Desde The Animals y su ubicua ‘The House of the Rising Sun’ hasta la paradigmática ‘Fuck You’, de la orquesta verbenera The Hatters, se exhiben por la banda de sonido mientras vuelan los cuchillos, las balas y los electrodomésticos en todas direcciones. Dijeron en el Hollywood Reporter que la alocada trama de la película podría leerse y se leería como un cáustico comentario a la Rusia de Putin, pero que encarnaba en realidad un posicionamiento más bien teórico sobre la violencia en pantalla. Las referencias son verdaderas invasoras de la acción sangrienta de Sokolov, y traen a la memoria a Tarantino y las tonadillas de Morricone en los ‘spaghetti western’. Sin embargo, la espectacularización de los golpes, muy heredera del cómic y sus onomatopeyas y adornos extradiegéticos, y el punto de partida del argumento (un chaval que se presenta en casa de su novia para matar a su suegro por haberla violado) prácticamente suman la confesión de un intento de parodiar la parodia y hacer un ‘remix’ soviético de ‘Scott Pilgrim contra el mundo’.

El tono cambió de forma drástica con ‘Vivarium’, escrita por Garret Shanley y puesta en pantalla por Lorcan Finnegan. Si en la jornada anterior los españoles habían dominado la muestra de cortometrajes, ahí directamente un resucitado Chicho Ibáñez Serrador se paseó por la sala repartiendo lecciones de cómo hacer terror moderno. Rodar un relato de canguelo a plena luz del día y en campo abierto, esa restricción vanguardista que el uruguayo adoptado en nuestra TV se impuso y que redefinía la expresión corporal misma del miedo, es la vía que quieren seguir las cabezas detrás de ‘Vivarium’. En la película, un relato stephenkingiano que parece que Charlie Brooker llevara ocho años intentando copiar sin llegar a conseguirlo, Jesse Eisenberg e Imogen Poots son una joven pareja en busca de una nueva casa que da con sus narices en una urbanización que vende «hogares para toda la vida». Cuando el complejo residencial de casas idénticas de color turquesa se vuelve tan homogéneo que es imposible salir, reciben a un bebé dentro de una caja. Si lo crían, los dejarán libres.

Y el niño crece. Y Virgen del amor hermoso, cómo crece. Chicho (ay, y qué no hizo Chicho…) ya se había hecho una pregunta parecida en ‘¿Quién puede matar a un niño?’. Pero tratándose de ese insecto insoportable, con un repelente acento inglés y un vomitivo flequillo negro repeinado sobre el cogote, el verdadero misterio es quién podría no liquidarlo de un sillazo a los cinco minutos. A partir de ahí todo es paranoia, histeria y degradación de la psique. Según explicó el guionista (y como replica después la sutil simbología de la película), ‘Vivarium’ es un relato circular, trágico en su recurrencia, sobre vivir vidas prefabricadas; nacido de un comentario mucho menos complejo sobre el sistema inmobiliario y erigido finalmente en una historia de terror de las que no se explican. Shanley apuntó que algo típico de la ‘weird fiction’ en general, y típicamente británico en lo tocante al cine, es hacer lo cotidiano siniestro. Recorrer la insoportable angustia de tener que rellenar los huecos del entendimiento.

(Fuente: RTVE)

Es una puñeta escribir sobre finales como estos, porque puede ocurrir que la traca definitiva no sea demasiado espectacular, y ahora te fastidias y le buscas tú la emoción a un texto sobre una última película que tampoco es para tanto. Por eso me gusta pensar que el festival ya lo hizo por mí: ‘Come to Daddy’, la película que pone el broche de oro a esta edición del Mayhem Film Festival, no es la mejor película para concluir, pero sí un buenísimo texto sobre las conclusiones. El trabajo viene tan dado por las conexiones casuales y las buscadas por la organización del evento que poco más puedo hacer que servir de vehículo para ellas. Elijah Wood, protagonista de la cinta, es también el invitado (que no personado) de honor de esta edición del festival, en reconocimiento a la labor de apoyo al cine de género que hace con su productora Spectrevision, artífice de muchas de las vistas en el festival. Incluso le han puesto su nombre a la cerveza oficial del evento, la Ale-Ijah Wood. Hay que ser.

En ‘Come to Daddy’, Wood es el ánfora de uno de los duelos por un progenitor más incómodos y sensorialmente desagradables que yo he visto en mi vida. Según confiesa el propio director en un pequeño aparte que se agarra a la pantalla mientras los créditos finales corren pared arriba, la producción estuvo embalsamada (él mismo utiliza, acertadamente, esa palabra) en la muerte de su propio padre. Y un loco del cine de género no puede hacer una película sobre la muerte de su padre y llenarla de introspección y pucheros: por supuesto, el padre resulta estar vivo y secuestrado por una organización criminal que blablablablabla. Después de cuatro largas jornadas de proyecciones, las manos se me entumecen de repetir lo mismo sobre el teclado; creo que el mensaje ha quedado claro. Esto, esta reunión, esta industria, esta masa social fanática, es un carnaval. Una fiesta al servicio del pueblo. El entretenimiento como refugio compartido. Y los carnavales simplemente no acaban, siempre están ahí. Puede que los fuegos artificiales que firman el cierre no iluminen el alma ni alimenten el paladar, pero sí son la promesa honesta de que volverán cuando caigan de nuevo las hojas.

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Antonio Rivera

Sobre el autor

Periodista y crítico del audiovisual. Este es mi huequecico para reivindicar lo pequeño, pero también lo grande, del cine y la TV.


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