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Mar Peté

Desde mis tacones

Maldita lotería

sexy_xmas_girl-500x412Pues sí, aquí estoy un año más, tan pobre como ayer o tan rica como siempre, según se mire. Pero lo cierto es que ni a mí ni a un buen puñado de españoles nos ha tocado ni una perra en la maldita lotería. Pero yo, que soy muy de sacar de donde no hay, creo que esto es una señal ¡y de las buenas! La verdad es que todos los años me empeño en pellizcar a la suerte y la suerte, ni caso. O quizá sí.

Y mientras, aquí estoy yo, jugueteando con los décimos que ya no sirven ni para sonarme los mocos… ¡Ay, mi gozo en un pozo! Y tiro a la papelera la lotería sin premiar junto con todas mis ilusiones de creerme millonetis. De pronto, miro de reojo mi armario y me pregunto dónde pensaba yo meter los miles de modelitos y los cientos de tacones de marca que iba a comprarme como hacen las ricachonas.

Si es que la vida es muy sabia y claro, seguro que antes de llenar los bombos con los números, algún duendecillo de la suerte se ha dado una vuelta por mi casa y ha corrido la voz de que no me falta de ná y yo que lo ratifico. Si es que cada vez que se me va la mano y caigo en la tentación de comprarme alguna chuminada, me viene el eterno dilema, porque a ver quién es la lista que es capaz de decidir qué otra chorradilla, de las que ya tengo, quito para poner el último caprichito. Así que, al final termino convocando a la chupipandi, hago una merienda-mercadillo, con tómbola incluida, y así dejo espacio para las novedades, porque me da a mí que las apreturas no son buenas para nada en esta vida.

Lo cierto es que una Navidad sin regalos va a ser como que no. A mí, desde bien pequeñita, me gustaba regalar a todo el que me cruzaba, y como antes no había una tienda de los chinos en cada esquina, pues me iba agenciando los regalos como podía. Y entonces rebuscaba entre los cajones de mi madre, era como ir de compras pero sin tarjeta, vamos lo que viene a llamarse una shopping-house. Después hacía paquetitos requetenvueltos en papel de colorines y lo divertido llegaba cuando los iban abriendo y mi madre descubría que había regalado un cenicero de plata aboyado, su reloj sin pila y con la correa rota, una bolsita con las cuentas de un collar que jamás arreglaría… y entonces, mi madre se reencontraba con todos sus tesoritos repartidos entre los primos y los vecinos, y sé que hasta le daba gusto el reciclaje sorpresa de sus cajones.

Por eso, yo me niego a dejar pasar unas navidades sin vivir la ilusión porque a mí me encanta dejarme llevar por las luces de las calles y apretar entre mis manos un cucurucho de castañas asadas mientras que me arde la boca con el primer mordisco y aprovecho para jugar a echar vaho imaginando que voy fumando como en las películas en blanco y negro. Y la Navidad se me mete hasta bien dentro, y la ilusión me llena de regustito, y cierro tanto los ojos que me parece que las estrellas se van encendiendo a mi paso y brillan tantísimo que no conozco a nadie que se niegue a sentir el espíritu navideño. Incluso con un esfuercito voy a ponerle buena cara a la prima renegona y, si me apuras, hasta soy capaz de comprarle un regalo sorpresa al cuñado sabelotodo y acertar de pleno.

Yo, esta Navidad, no quiero nada y lo quiero todo. Me pido llenar mi casa de risas y de niños dando el follón. También me encantaría levantarme al día siguiente con la cocina toda revuelta, con cientos de copas para fregar y el salón patas arriba. Espero que no se me olvide dejar un hueco para que quepa, junto a los pedacitos de turrón y mazapanes, cientos de abrazos de todos vosotros, esos con los que durante el año he tenido minutos de gloria llenos de amistad. Pero sobre todo estoy deseando volver a sentarme con esa amiga que, sin darnos cuenta, un día dejamos de cruzarnos por los caminos pero que yo la he tenido en el runrún de mi corazón miles de veces.

Qué lista es la vida y qué tonta que soy a veces. Todavía no sé en qué estaría yo pensando el día que me fui como las locas a comprarme un puñado de décimos de lotería. Para qué habré derrochado tantas ilusiones deseando que me tocara, pues no me faltaba otra que meterme en un lío de cientos de millones de euros y que se me amontonasen las ilusiones verdaderas con las listas de caprichos… Y aquí estoy yo, con los armarios a reventar y mi corazoncito, en cambio, llenito de sueños cumplidos.

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Sobre el autor

Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

diciembre 2017
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