Abuelo quiero que cuentes lo que anoche soñé:
En un espacio muy grande como la tierra, pero sin límites ni vallas de alambre, vivían todas las personas, los animales corrían por el cercano bosque donde grandes árboles llegaban casi a la luna, ríos de aguas transparentes con todos los peces del mundo.
No madrugábamos para ir al colegio, pero, en una gran plaza los ancianos nos enseñaban la magia de los números, los secretos del universo, las fases de una planta, el arte de la danza, a pescar y a pensar y a no perder la esperanza.
Pero mandaban los niños, los adultos respetaban sus decisiones, sin leyes, aplicaban sortilegios y acertijos de los cuentos infantiles. Sus mentes estaban limpias de prejuicios, de codicia y envidia.
Cuando éstos se hacían mayores les sustituían otros niños. Había un ejercito de policía, sin armas, que ayudaban a los mas débiles. No había hospitales, no necesitabas medicamentos porque nunca te ponías malo.
Cuando eras muy viejo pues te morías, pero sin sufrir, y te enterraban bajo un árbol para que tu alma floreciera y tu experiencia no se perdiera. El respeto al medio ambiente y al prójimo era nuestro credo y religión. Nos contaron que veníamos de la naturaleza y a ella volvíamos, casi sin hacer ruido.
Abuelo, un compañero de colegio tiene un amigo sirio, dice que sus padres lo enviaron a Europa pagando a unos desconocidos 3.000 euros, pero tiene otro hermano de 12 años que ha sido secuestrado por los malos y lo han hecho soldado, con fusil de verdad, no como el que tú me regalaste por Navidad.
Abuelo, yo quiero que todos los niños podamos jugar, ver los dibujos y que los mayores nos dejen crecer, crecer en el país del sueño, sin llantos ni dolor y alcanzar tu edad con salud y alegría, abuelo son ya 66, quién lo diría.
Dice mi profe que el tiempo es lo único que no puedes reemplazar, ni comprar ni vender, por ello quiero enmarca tus sueños en un cuadro que pintaré con lápices de colores y así percibir tus largos silencios cuando te creía disgustado o cabreado.
Pero ahora me doy cuenta que invocabas recuerdos del ayer, de un pasado que no volverá, fuiste monaguillo, parrandero, financiero, esposo, padre y, sobre todo, abuelo.
Pero no te preocupes, yo me encargaré que se conozcan… aquí estoy para cuando tu memoria falle o las campanas tañen, seguiré cantando tus años y escribiendo historias para ti, y sobre ti.
Murcia, 3 de noviembre