Sola y olvidada, como desahuciada queda la playa.
Puertas cerradas, ventanas enclavadas y barcas varadas.
Húmeda bruma matutina oscurece el día.
Y el cansino ritmo de las olas acompañan mi solitario paseo.
Nada encuentro, bueno si, mirando los pantalanes del puerto, tu rítmico aleteo te delata.
Cuando vi tu figura pidiendo ayuda.
Tu piar, una sonata, con tus tres metros y largas alas, torpemente te posas en el espigón de poniente.
Buscas tu fiel pareja, cincuenta años unidos, y anidarás tu único descendiente que tu naturaleza impone y no deseas dejar en el olvido.
Pero cuidado, sufriste la tragedia, comiste del plástico que el mar te ofrecía creyendo ser un calamar.
Se repite la fatal muerte por ingestión de un bello ejemplar en vías de extinción.
En la oscura ventana, las gotas seguían su lento deslizar, como una sinfonía acompañaban tu lenta agonía, mientras, tu compañera espera que pudieras volar y alcanzar las costas del lejano oriente.
En tanto, la tarde enrojece y el sol desvanece, mi ilusión de verte desaparece.
Al final, tu pareja intentará regresar sola, sabiendo que no lograrás llegar, quizás el próximo verano, si la contaminación lo permite.
Y yo, yo necesito del mar porque me enseña a respetar la naturaleza y contemplar tu belleza oceánica.
Consecuencia y propuesta: Calentamiento global creciente por no respetar el medio ambiente. Siendo esta un ave en extinción. Y me viene a la mente, la siguiente reflexión; “respeta la naturaleza heredada de nuestros abuelos y prestada a nuestros nietos”.
Murcia, 24 de febrero de 2023.– Salto del Grillo