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Juan José Ríos

La i de innovación

Tiburones y delfines

“Las personas prosperan más cuando hay desafíos en su medio ambiente” (Hubbard)

El ser humano tiende a la ley del mínimo esfuerzo. Los seres vivos, en general, necesitan presión para estar en forma. Es conocida la anécdota del tiburón en los tanques de los pesqueros japoneses para evitar que los peces se “relajaran” y no tuvieran un sabor fresco, vivo, del gusto de los exigentes degustadores nipones.

Innovar no es fácil. No lo es para las empresas, que están sometidas a una presión asfixiante por “tiburones” de especies tan abundantes en nuestras costas como lo son las ventas, la competencia, los clientes, los nuevos productos y métodos de gestión, las tecnologías o la financiación.

En el ámbito público no existe, en general, esta tensión inherente al sector privado. La burocracia se asemeja a un estanque sin “tiburones” que impongan el movimiento permanente para sobrevivir. La cultura del control, del inmovilismo, la ausencia de competencia,  la falta de incentivos personales, la garantía vitalicia del puesto de trabajo (esto no es así en muchos países desarrollados), … son trabas paralizantes.

Como toda organización seria, máxime siendo financiada con recursos de todos, las Administraciones Públicas necesitan aplicar mecanismos de control de la actividad y del rendimiento de los empleados públicos en el cumplimiento de sus compromisos con los ciudadanos.

Por otra parte, la sociedad demanda, cada vez, más eficiencia, calidad, transparencia y rendición de cuentas a  las instituciones públicas. Resultan  curiosas iniciativas como la del Gobierno de Perú, con su concurso “el trámite de más”   basada en una idea del  Gobierno mejicano  (Méjico es la cuna de Cantinflas, aquí se puede ver su famoso vídeo sobre la burocracia),   que apelan a la colaboración de los ciudadanos para inyectar presión al sistema burocrático.

Es justo reconocer que en nuestro país se están produciendo grandes avances por lo que respecta a la facilitación de trámites engorrosos, como los de nacimiento o defunción, abordándolos desde una perspectiva integral del proceso, centrada en el ciudadano. Y la Agencia Tributaria viene siendo, desde hace muchos años,  un referente en el nuevo modelo que requieren los tiempos:  una Administración que haga todo el trabajo interno posible para evitarle molestias al ciudadano.

Evaluación del desempeño, rendición de cuentas, publicación de resultados, condiciones de trabajo más en consonancia con el sector privado, que es el que sustenta las instituciones públicas, y tiene todo el derecho a demandarles la máxima calidad y eficiencia en los servicios que recibe de aquéllas,  son “tiburones” que pueden contribuir a que las AAPP estén en continuo movimiento de adaptación a un entorno  cambiante y cada vez más exigente.

Los retos, tan abundantes en el entorno administrativo, los desafíos,  a los que alude Hubbard,  para mejorar los servicios públicos serían los “tiburones amables”, más bien delfines,  que en mi opinión, necesita la Administración para transformarse en una organización innovadora. Pero nada ocurre por generación espontánea. En el entramado burocrático, hay mucho talento dormido y desmotivado que hay que despertar.

En todas las organizaciones, y el ámbito público no es una excepción, a pesar de su estructura tan jerarquizada, hay “bichos raros”, como les llama Alberto Ortiz de Zárate, un referente en innovación pública. Gente creativa, entusiasta, permanentemente automotivada,  con vocación de cambiar las cosas, que hacen más de lo que se les exige o se les encarga, que se salen del guión establecido de forma generosa.

En la literatura especializada estos bichos raros reciben el nombre de intraemprendedores públicos. Identificarlos, formarlos, renovar su, ya de por sí, alta motivación, reforzar su creatividad, fomentar que trabajen en equipo, orientarlos a la mejora de los servicios públicos y a la resolución de problemas sociales, así como extender progresivamente su número,  como si se tratara de una “epidemia de talento”  contagiosa, es la base de la transformación que necesitan las AAPP.

Temas

Alberto Ortiz de Zárate, burocracia, Cantinflas, el trámite de más, innovación pública, intraemprendedores públicos, tramites engorrosos

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Sobre el autor

Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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