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Juan José Ríos

La i de innovación

El liderazgo inverso

Próxima la Semana Santa, recuerdo con nostalgia los lejanos días de vacaciones familiares en Cieza. Después de comer, tras jugar unas partidas de ajedrez en el desaparecido Casino (actual Museo de Medina Siyasa), solía salir al campo en coche, un Seat 127, con mi particular “troupe” infantil: mis hijos y mis sobrinos.

http://www.murciavisual.net/?p=9043

Con independencia del paraje elegido, la experiencia había ido configurando  dos tipos de “programa”, dependiendo básicamente del acompañante adulto (sólo cabía uno en el coche; la parte trasera estaba dedicada enteramente a los niños), que me auxiliaba en las tareas de gobernar a aquellos 5 ó 6 críos en aquellas expediciones vespertinas.

Los candidatos habituales a cubrir la plaza de copiloto disponible eran, por orden de antigüedad, mi padre y mi mujer, si bien la voluntad de mi cónyuge tenía (y tiene) lógica prioridad, y poseía (y posee) su propia capacidad de liderazgo, nada despreciable.

Caso 1: Mi padre

La agenda la marcaba yo inicialmente, y mi padre aceptaba mi “liderazgo”. El destino era variable,  dada la gran riqueza paisajística del entorno ciezano. Una vez llegados al lugar elegido como base, dejábamos el coche y buscábamos nuevas rutas a pie.

Ataviados con ropa deportiva, observábamos la naturaleza, descubríamos plantas que no habíamos visto nunca, analizábamos restos de algún animal, como camisas de serpiente,  que disparaban nuestra imaginación y nos generaban a veces cierta inquietud.

 

 

 

Nos adentrábamos en algún bosquecillo, nos ayudábamos unos a otros bajando terraplenes o escalando suaves colinas. Explorábamos las ruinas de alguna casa construida en un sitio inexplicable, disfrutamos de parajes preciosos que desconocíamos …

Los niños nos desbordaban con sus correrías imprudentes, con sus continuas sugerencias, que la voz de la experiencia intentaba controlar o moderar, pero muchas veces nos arrastraban (siempre dentro de un orden) en su afán de descubrimiento y de aventura,  despertando nuestro aletargado espíritu infantil.

Éramos un equipo comprometido en un proyecto común: pasarlo bien juntos disfrutando de la Naturaleza.

Cuando anochecía, volvíamos a Cieza para ver las procesiones cansados, polvorientos, comentando las peripecias de la jornada, pactando un silencio cómplice acerca de las pequeñas incidencias o arañazos sufridos pero ilusionados, pensando en la excursión del día siguiente, en la que, como siempre, me dejarían marcar inicialmente el rumbo pero ya se encargarían los niños de ir introduciendo, sobre la marcha, las variaciones oportunas, las que le daban emoción a la aventura.

Caso 2: Mi mujer

A mi mujer no le gustaba tanto el campo ni el deporte y prefería  en aquellos momentos un programa, digamos más prudente,  más tranquilo, menos bucólico, como tomar café en alguna venta cercana,  y pasear tranquilamente, tomando el sol por los alrededores.

Piloto y copiloto decidíamos el plan de esa tarde sin escuchar a la “tripulación”. Nosotros hablábamos de nuestras cosas, controlábamos a los peques pero no interactuábamos apenas con ellos.  Los críos se adaptaban, jugaban entre ellos y también disfrutaban con esta opción, pero sin duda, les resultaba más estimulante el caso 1.

El liderazgo inverso

Estos gratos recuerdos personales que me apetece evocar hoy, en este post prevacacional, distendido pero no exento de emoción (mi padre falleció hace 10 años),  ni de mensaje,  ha sido inspirado por un magnífico artículo de Gregorio Delgado: “Los niños nos enseñan a liderar: máxima motivación con liderazgo inverso”.

Qué lejos estábamos mi padre y yo de saber entonces que aplicábamos lo que los expertos en gestión de recursos humanos denominan ahora liderazgo inverso, de abajo a arriba, un concepto que apela a la potencia  innovadora de las propuestas e ideas que los componentes de los equipos pueden hacer a los directivos de las organizaciones.

 

La motivación y la creatividad, típicas de la edad infantil, pueden suponer una fuente de innovación que es fácil de incentivar. Una persona que, motu proprio,  propone ideas de mejora es una persona comprometida, que como mínimo merece ser oída.

Si  los líderes formales de las empresas e instituciones se limitan a hablar sólo con sus copilotos oficiales (equipo de confianza) y no escuchan a sus empleados,  con independencia de su rango dentro de la organización,   seguro que se perderán los beneficios derivados de explorar nuevos caminos.

Congreso Nacional de Innovación y Servicios Públicos (CNIS 2016)

Los pasados 2 y 3 de marzo se celebró en Madrid, organizado por el Club de Innovación este congreso, punto de encuentro de los intraemprendedores públicos, agentes de cambio, que aspiran a contribuir a la transformación de las Administraciones Públicas ejerciendo un liderazgo inverso basado en su  compromiso personal.

Nos ocuparemos con detalle de este evento en el próximo post, pero anticipo una sugerencia que nos trasladó,  a Julián Valero y a mí,  Miguel de Bas, el director del Club de Innovación: la creación del capítulo regional de este club. ¿Quién se anima?

 

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Sobre el autor

Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio, soy Director Adjunto de la Cátedra Internacional de Innovación de la UCAM y participo en un proyecto empresarial.


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