Con cierta frecuencia se escuchan expresiones como éstas: “si le hubieran detectado a tiempo la enfermedad. Si el tratamiento hubiera sido el correcto. Si no hubiera ocurrido en agosto…”.
Para el 2045 está anunciada la muerte de la muerte, el hombre será inmortal, pero de momento, sólo en Estados Unidos, se estima que mueren 45.000 personas al año debido a errores de diagnóstico, tantas como las producidas por el cáncer de mama.
En España no existen registros de este tipo pero, con toda seguridad, fallecen anualmente también muchas personas como consecuencia de errores humanos y demoras en las pruebas clínicas.
Sobre los médicos recae la enorme responsabilidad de acertar con nuestras dolencias, en una breve consulta (6 minutos de media es el objetivo para el año próximo en Murcia) en el caso de la Atención Primaria, la puerta de entrada a los sistemas públicos de salud.
Para un profesional sanitario cada vez resulta más difícil estar al día de los últimos avances cuando cada 5 años se duplica el conocimiento científico en el ámbito de la Medicina. Por citar un ejemplo, sólo en el campo de las enfermedades coronarias se publican unos 5.000 artículos anuales.
Sin embargo, las mismas tecnologías que permiten extender nuevo conocimiento de forma exponencial hasta límites inabordables por la mente humana, hacen posible procesar, en unos segundos, enormes volúmenes de datos convirtiéndose así en un poderoso instrumento de ayuda a las decisiones que deben tomar los facultativos, a los que les puede llegar a facilitar hasta el 80% de sus actividades cotidianas.
Las últimas investigaciones de Google o IBM, con su proyecto WATSON de computación cognitiva, han probado que un ordenador puede diagnosticar la retinopatia diabética o el cáncer de mama con la misma fiabilidad que un médico, al que puede proveer de informaciones muy valiosas sobre la evolución de las enfermedades y de los tratamientos, no sólo de sus propios pacientes sino también de los de sus colegas.
Estamos en los albores de una medicina de alta precisión como resultado de la aplicación de técnicas de Big Data, de Inteligencia Artificial, de conocimiento cognitivo y de impresión 3D.
En los casos más complejos, se facilita enormemente la posibilidad de no depender del criterio de un sólo especialista, aprovechando, en tiempo real, y evitando que se pierda la experiencia atesorada, en soporte digital, por los mejores galenos del mundo.
El médico puede disponer, en 15 segundos, de una ayuda inestimable basada en las modernas técnicas de análisis de datos y de lingüistica computacional que posibilitan extraer correlaciones y hacer predicciones imposibles de realizar por la mente humana, interpretando y modelizando el lenguaje natural en el que se redactan las historias clínicas.
Vuelve a resurgir, en sentido metafórico, corregido y ampliado, la inteligencia colectiva de las “juntas de médicos” que sólo las personas más pudientes podían permitirse, no hace tantos años, ante la presencia de una patología grave.
Aunque en España no se suelen solicitar, “las segundas opiniones son cruciales en los casos de cáncer que van mal,” asegura Miguel Martín, reconocido experto en tumores de mama, actual Presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica.
El conocimiento médico digitalizado es, pues, un poderoso instrumento de prevención y cuidado de la salud, que se puede compartir de forma instantánea, generalizada, ubicua y también económica.
Los costes de los sistemas públicos de salud son enormes, en un contexto de envejecimiento y aumento de los enfermos crónicos. McKinsey estima que las técnicas de Big Data pueden generar ahorros de 250.000 M€ en el sector público.
Las dos terceras partes de esta descomunal cifra se estiman en la reducción de gastos innecesarios en el cuidado de los pacientes, pero no son despreciables los relativos a la gestión y administración de centros de salud y hospitales.
De hecho, en la Digital Health Summit de 2013, los expertos concluyeron que no hay otra salida posible para prevenir la quiebra de los sistemas públicos de salud de los paises occidentales que aplicar las tecnologías de Big Data, de Internet de las cosas y de Inteligencia Artificial (IA).
Invitado por la Consejeria de Sanidad, sobre estos temas nos ilustró en Murcia, hace unos meses, el neurólogo y experto en Big Data, Nacho Medrano, de ascendencia murciana, brillante orador, con un dominio de la escena impropio de su juventud.
No en vano puede presumir de haber sido uno de los escasos científicos españoles becado por la Universidad de la Singularidad, precisamente la institución que ha predicho la inmortalidad en 2045.
Suya es la frase:“El hospital más importante va a estar en Internet, no va a ser un espacio fisico”