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Juan José Ríos

La i de innovación

Gacelas en la selva empresarial

En el argot típico de las escuelas de negocios se manejan nombres de animales para clasificar a la “fauna empresarial” de forma didáctica e intuitiva, atendiendo sobre todo a características como su tamaño, recursos, cultura y capacidad de pivotar, de reaccionar ante los retos que plantea un entorno cambiante.

Las empresas elefante son grandes, complejas, lentas, burocráticas y suelen cotizar en Bolsa, en contraposición con las consideradas ratón, pequeñas, estancadas en su zona de confort, sin grandes aspiraciones pero con capacidad de sobrevivir durante mucho tiempo.

El término unicornio se aplica a las compañías disruptivas de base tecnológica y crecimiento exponencial, pero de futuro incierto, que, sin cotizar en Bolsa, son capaces de conseguir una capitalización inicial privada superior a los 1.000 millones de dólares. Cabify y Letgo son los únicos ejemplos españoles en este apartado.

Un nombre con mucho menos glamour, hasta repulsivo pero muy gráfico, es el concepto de empresas cucaracha, que, por su adaptabilidad, resiliencia y pragmatismo, muchos inversores consideran un refugio más seguro que el reducido hábitat de los rutilantes unicornios.

La grácil y elegante gacela presta su nombre a un tipo de  empresas del que nos vamos a ocupar con un poco más de detenimiento.

Se trata de compañías pequeñas y medianas de reciente creación (menos de 5 años de vida) pero no tan jóvenes como las startups, con más de 10 empleados, no necesariamente tecnológicas, de sectores diversos, que pueden acreditar una facturación mínima de medio millón de euros, y un crecimiento sostenido superior al 20% anual durante 3 años consecutivos, con la consiguiente creación de empleo a un ritmo superior a las empresas no gacelas.

Un reciente estudio de COTEC demuestra que la innovación no sólo es una condición necesaria para que una organización merezca el calificativo de gacela sino que, además, su carácter innovador es una garantía de crecimiento y de supervivencia.

En efecto, estas empresas de rápido y alto crecimiento innovan más que las demás, en sus productos, procesos y mejoras organizativas teniendo siempre al cliente en el centro de sus actuaciones y aplicando los postulados de la innovación abierta.

Según este estudio en España están catalogadas unas 3.600 empresas gacela, el 6% de las pymes teóricamente candidatas, que han multiplicado de forma espectacular su cifra de negocio, sus márgenes comerciales y la eficiencia de su equipo humano, generando 145.000 empleos,  el 40% de los puestos de trabajo creados en el trienio analizado, el 2012-2015.

A pesar de su éxito, la mayoría de estos empresarios gacela se quejan de las dificultades estructurales y financieras que siguen existiendo en nuestro país para apoyar la investigación y la innovación.

El Ranking Iberinform 2017 sólo ha identificado a 374 compañías de estas características en España ese año.  Madrid, con 68 empresas lidera el ránking, seguida de Barcelona con 55. Murcia contabiliza 14 empresas  gacela,  superando a provincias como Zaragoza (12), muy cerca de Sevilla (18) pero lejos de Alicante (29), por ejemplo.

 Contrariamente a lo que cabría esperar, la mayoría de empresas gacela pertenecen a los sectores tradicionales, comercio, alimentación, industria, energía, transporte, hostelería, agricultura, ganadería o construcción.

Algunos consejos que los expertos  recomiendan para convertirse en empresa gacela pueden ser los de contar con un líder innovador, que se rodee de un buen equipo, poner foco en las necesidades de los clientes, estar en permanente estado de alerta tecnológica, vigilar los movimientos de la competencia, realizar un marketing adecuado, desarrollar la capacidad de pivotar y ser prudente con las inversiones y con el manejo de la caja, sobre todo cuando se empieza a manejar mucho dinero como consecuencia del rápido crecimiento típico de esta categoría de empresas.

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Sobre el autor

Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.


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