Carlos Herrera, en su programa de radio matinal, me puso hace poco sobre la pista del importante empresario vitivinícola de la Ribera del Duero, José Moro.
Si en el post anterior elogiaba a Rafael Juan, máximo responsable de Dulcesol, como líder innovador, ahora, de manera casual, me encontraba con otro empresario de su estilo hablando de transformación digital, de agricultura de precisión, de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) , que tiene su propio blog, como aquél y que, curiosamente, es coetáneo suyo.
Aunque disfruto ocasionalmente del buen vino y me interesa la cultura que lo rodea, lo que captó inmediatamente mi atención fue el entusiasmo con el que su propietario hablaba del ambicioso proceso de transformación digital en el que estaba inmersa la empresa familiar que preside, las Bodegas Emilio Moro.
Internet de las cosas, Big Data e Inteligencia Artificial,… constituyen la base del proyecto transformador de Bodegas Moro. Conceptos emergentes, que comienzan a manejarse con profusión pero que todavía parecen de una incierta y lejana aplicación práctica generalizada, sobre todo, en el sector primario.
Una iniciativa pionera basada en tres pilares: la tradición, la innovación y la RSC, bajo el lema “información de la cepa a la copa”, que pretende resumir el cambio de un paradigma fundamentado en la intuición y la experiencia a otro apoyado en las certezas que aportan los datos.
Galileo decía que el vino es la luz del sol atrapada por el agua y, en efecto, son estos elementos, junto a la temperatura y la humedad, los determinantes de la calidad de las cosechas.
Entre estos factores climatológicos, el hombre sólo puede controlar directamente el agua que usa para regar las vides, pero los sensores desplegados en las más de 200 Has de viñedos son capaces de obtener datos relativos a todos los elementos que afectan a los cultivos, de procesarlos y de propiciar las mejores decisiones para optimizar costes y reducir el impacto medioambiental.
La red de sensores, combinada con datos históricos de las imágenes vía satélite de los últimos 18 años, permite no sólo disponer de un mapa preciso en tiempo real del estado general del viñedo, cual organismo vivo que es, sino también realizar predicciones para optimizar la cosecha.
La tecnología desplegada (NarrowBand-IoT de Vodafone) usa baterías de larga duración para evitar los costes de instalación de las placas solares necesarias en los parajes donde no llega la electricidad.
Con anterioridad, la empresa había firmado un acuerdo con Telefónica para el desarrollo de proyectos de I+D+i en el sector agrotech, como el del uso de herramientas de geolocalización que contribuyen a la gestión inteligente del viñedo, dentro del paradigma de agricultura de precisión basada en la Internet de las cosas.
Estas iniciativas se suma a otras puestas en marcha por esta innovadora bodega, como el acuerdo con la Universidad Complutense para el desarrollo de sus propias levaduras, en lugar de utilizar otras genéricas para la fermentación del mosto, provenientes de otras latitudes, que pueden hacer perder al vino su identidad.
“Hacer dinero trae felicidad, pero hacer felices a otros o ayudar a resolver problemas sociales trae superfelicidad” (Yunus, Premio Nobel de la Paz 2006)
Con presencia en 70 países y un incremento en su facturación de un 17% sobre las cifras del año pasado (más de 20 M€), Bodegas Moro apunta a la superfelicidad a través de las actividades de innovación social que desarrolla por medio de su Fundación, creada ahora hace 10 años.
Es estimulante reconocer las figuras de empresarios españoles, auténticos líderes, como Rafa Juan y José Moro, que se basan en la tradición, y que, por su edad, no son nativos digitales pero que apuestan decididamente por la innovación y la RSC como binomio imbatible de diferenciación y de competitividad.
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