“La magia de alterar la realidad mediante la ciencia es algo muy especial. Cuando dominas la física o las matemáticas y ves lo que puedes crear con ellas, te entusiasmas. Puedes cambiar el mundo” (Darío Gil, Director de Investigación de IBM)
En quinto curso de carrera tuve la suerte de ser alumno de uno de los matemáticos españoles más eminentes de los últimos tiempos, que empezó siendo Ingeniero Agrónomo, tras abandonar Derecho: D. Manuel Valdivia.
Han pasado más de 40 años desde entonces y no recuerdo si en sus magníficas clases este ilustre catedrático llegó a citar en algún momento la íntima conexión del Análisis Funcional, que era la materia que explicaba, con la Mecánica Cuántica, la moderna física de lo invisible, de las leyes que rigen el mundo microscópico y que hacen posible el emergente paradigma de la computación cuántica.
El caso es que de la misma forma que el Cálculo Diferencial e Integral surgió en gran medida para dar cumplida respuesta a los problemas de la física clásica, los requerimientos de la Mecánica Cuántica impulsaron el nacimiento del Análisis de Funciones, a principios del Siglo XX, constituyendo, en la actualidad un importante foco de desarrollo e investigación matemática.
El húngaro Frigyes Riesz fue uno de los principales fundadores de esta última disciplina, inventando la teoría de operadores, que se aplican, por ejemplo, para calcular los posibles niveles de energía de un electrón en un átomo.
Su Teorema de Representación de espacios de Hilbert justifica la notación bra-ket típica de la Mecánica Cuántica.
Todavía conservo en buen estado, salvo la marca de un clip oxidado, los apuntes de aquella asignatura, casi totalmente olvidada, y de la que acabo de descubrir su vigencia y aplicabilidad este verano, al cabo de tantos años de haberla estudiado.
Como curiosidad, con grandes dosis de nostalgia y con eterna admiración por D. Manuel Valdivia, fallecido en 2014, a los 86 años, me permito adjuntar el enunciado del Teorema de Representación de Riesz para formas lineales, tal como lo tomé en sus clases, cuya demostración, magistralmente explicada por el profesor Valdivia, abarcaba unas 10 páginas.
Volviendo al principio, la frase inicial ha sido entresacada del reportaje, inspirador de este post, que la revista XL Semanal dedicó este mes de agosto a Darío Gil, el murciano que dirige el Departamento de Investigación de IBM, con motivo del lanzamiento comercial del primer ordenador cuántico comercial del mundo.
Como profesor de Matemáticas no es la primera vez que resalto en mis artículos la creciente importancia del dominio de esta ciencia en el mundo actual y el efecto motivador que tiene para su estudio señalar las aplicaciones prácticas de los conceptos abstractos que se manejan en el Análisis Funcional, el Algebra Lineal o la Teoría de Probabilidades entre otras.
La computación cuántica va a disparar a corto plazo la demanda de especialistas en las materias implicadas, no sólo en el ámbito de las Matemáticas sino también en el de la Física, Ingeniería Electrónica y de Telecomunicaciones e Informática fundamentalmente, y los planes de estudio deberán adaptarse más pronto que tarde a estos requerimientos.
Gobernantes, autoridades académicas, profesores, alumnos,… todos debemos sentirnos concernidos, cada uno desde su ámbito de responsabilidad.
La divulgación del conocimiento científico en un lenguaje entendible es condición necesaria para promover la cultura tecnológica en una sociedad innovadora, empezando por fomentar la curiosidad de los más jóvenes, auténticos protagonistas del futuro.
Nuestro paisano Darío Gil y el canario-burgalés Javier Santaolalla , sin olvidar al riojano Eduardo Saénz de Cabezón, son grandes expertos en computación cuántica que, además, poseen la habilidad de hacernos entender los fundamentos de una disciplina tan compleja de forma amena. Sin duda, merecen un monumento macroscópico.
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