Hace unos días, un viejo amigo de mi quinta, que aún se resiste a tener el pelo plateado como yo, me recomendó un libro, “Generación Silver”, que he leído con fruición y del que destacaría el capítulo que nos anima a fluir, a tener un propósito que nos estimule para ser más felices en esta última etapa de nuestra vida.
Precisamente en un post que publiqué hace 6 años: “Salud, dinero y amor” se pueden apreciar algunos mensajes similares a los de esta sección de la obra de Lluch, coincidiendo en la calificación del flujo como el secreto de la felicidad.
He tenido la suerte de sentirme en flujo en muchas etapas de mi vida, de disfrutar de una trayectoria laboral larga, intensa y variada, a la par que interesante pero también de padecer el estrés, inherente a veces al pluriempleo y consustancial siempre a la responsabilidad política.
Comencé en la enseñanza, me embarqué en una tesis doctoral que no logré acabar, se cruzó la informática en mi camino, he sido socio y directivo de varias empresas, Secretario de dos Cátedras Universitarias en la UCAM y he estado casi 12 años en la Administración Regional, de la mano del viejo amigo que citaba al principio.
Ahora que se cumple justamente un año de mi jubilación como profesor y también de la publicación del último artículo que escribí en este blog, a modo de testamento: Consejos de un profesor jubilado , he comprobado que no puedo o no sé sacar a las Matemáticas de mi vida y con frecuencia repaso conceptos y abordo problemas que me entretienen…y que me frustran a veces.
Han resurgido mis aspiraciones de llegar a entender los fundamentos cosmológicos, los argumentos físicos y las complejas herramientas matemáticas aplicadas por Einstein o Stephen Hawking en las teorías del espacio-tiempo, de la Relatividad Especial y General y del origen del Universo.
También me he introducido este año en el mundo de las Energías Renovables, de las que por cierto, Leibniz, coinventor junto a Newton del Cálculo Infinitesimal, fue un precursor, diseñando, en 1678, bombas y molinos de viento que usaban la energía eólica e hidráulica para el drenaje de unas minas en Alemania.
Dicen los expertos que la innovación implica un cambio de perspectiva, situando al cliente en el centro de las actuaciones de la empresa. Si lo aplicamos a la enseñanza, el eminente matemático Puig Adam (1900-1960) nos recomendaba a los profesores ” que aprendiéramos ante todo a observar atentamente a los alumnos, a captar sus intereses y sus reacciones, y que apreciáramos la sustancia pedagógica contenida en el libro abierto, eternamente nuevo y sorprendente que es una clase”.
Al hilo de este comentario, en la búsqueda de un propósito ligado a la enseñanza que me ayude a fluir, voy a coordinar, como profesor emérito del Instituto Alfonso X, la puesta en marcha de un proyecto piloto, PROMATES, que describiremos en un próximo artículo, cuyo objetivo fundamental es la promoción del talento matemático en base al protagonismo del alumno.