Hace ahora justamente un año, el Parlamento Europeo aprobó una resolución oficial en la que condenaba por igual los crímenes del comunismo y del nazismo, atribuyéndoles las sobrecogedoras cifras de 100 millones y 6 millones de asesinatos, respectivamente.
Pero no son los execrables regímenes políticos totalitarios los que han causado el mayor número de víctimas a lo largo de la Historia. Los grandes asesinos de la Humanidad no tienen ideología ni respetan fronteras: se trata de los microscópicos gérmenes patógenos.
En este macabro ranking de letalidad de las pandemias que han asolado a la raza humana destaca la producida por el virus de la viruela, que ha causado la muerte a más de 500 millones de personas sólo en el siglo XX y desfigurado a otras muchas.
Con la viruela totalmente erradicada desde 1980, le siguen en esta tétrica lista de enfermedades que siguen amenazando a la raza humana el sarampión, la gripe española de 1918, la peste negra y el SIDA.
En el caso de la viruela, que mataba a una de cada tres personas infectadas, se comprobó que las que sobrevivían quedaban inmunizadas de por vida, pero algunas se quedaban ciegas o tan horriblemente marcadas que se consideraba una suerte sufrir una infección leve que garantizara la inmunidad posterior hasta el punto de que, ya en el siglo XVIII, en Turquía y China había personas que arriesgaban su vida inoculándose polvo de costras o de exudados de las pústulas de enfermos.
La “vacuna” era una afección transmitida por las vacas que producía síntomas parecidos a los de la viruela, pero más leves, y se creía que las personas que la superaban quedaban inmunizadas contra ambos males.
Para confirmar esta creencia popular, sin ningún fundamento científico, en mayo de 1796, el médico inglés Edward Jenner inoculó supuraciones extraídas de las pústulas de una mujer que padecía la “vacuna” al hijo de su jardinero, un niño de 8 años, que no resultó afectado, en vista de lo cual Jenner le repitió la inoculación con el virus de la temible viruela, con resultados igualmente satisfactorios. Poco después vacunó a su propio hijo.
Jenner se convirtió en un héroe pero pudo haber sido acusado de temerario cuando no de criminal por jugar con la vida de dos niños sin conocer realmente las bases científicas de la vacunación. Tuvo que transcurrir medio siglo para que Louis Pasteur descubriera la teoría de los gérmenes y sentara los fundamentos de la inmunidad y la explicación biológica de las enfermedades infecciosas, cuestiones desconocidas hasta entonces.
La COVID- 19, dada su complejidad, tiene la consideración de proyecto interdisciplinar de megaciencia, en el que colaboran científicos y técnicos de todo el mundo, lo que está permitiendo que se aceleren los avances en vacunas, tratamientos, respiradores y protectores faciales, así como en la aplicación de tecnologías de la información, como el blockchain, que facilitará el necesario despliegue de la vacunación masiva o el Big Data para la explotación inteligente de la enorme cantidad de información que se va a generar.
Aparte del desarrollo de diferentes tipos de vacunas, entre ellas tres españolas, como la del equipo del Dr. Mariano Esteban, que se basa en una variante atenuada del virus de la viruela, ya se está trabajando en alternativas más eficientes que la aplicación vía intramuscular de las mismas como son los microparches, las tabletas sublinguales o las inhalaciones.
No obstante, a pesar de que las vacunas previenen 1 muerte por minuto en el mundo, han surgido grupos de negacionistas y de vendedores de remedios milagrosos que añaden incertidumbre a la situación pandémica creada por el coronavirus, un germen catalogado por la OMS como 10 veces más letal que el de la gripe.
La ciencia, la tecnología y la innovación son los pilares básicos que deben sustentar la batalla contra este enemigo común de toda la Humanidad que está contribuyendo a la creación de una conciencia global de protección de la salud y del planeta que llevará aparejada una serie de cambios en todos los órdenes de nuestra vida presididos por la ética, el respeto al medio ambiente y la justicia social, dando lugar al nacimiento de la llamada era de las personas.