“La educación va siempre por detrás de la sociedad. Hay que repensarla y reimaginarla desde el jardín de infancia hasta el posgrado. Necesita un vuelco total” .
Estas drásticas afirmaciones las hacía en Madrid, hace unos días, el experto Mark Prensky, en el marco de la Jornada titulada: “Imaginando el futuro de la Educación” coorganizada por la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación (WISE) y el Banco de Santander.
Los asistentes al evento confirmaron tesis conocidas: El sistema educativo actual mata la creatividad, y sin ella no hay innovación, el gran motor del cambio de la sociedad de nuestros días. La introducción masiva de la tecnología en las aulas no es suficiente.
Para estructurar nuestra sociedad del Siglo XXI, individuos, familias, empresas, medios de comunicación, líderes de opinión, instituciones públicas y privadas deben propiciar y participar en la celebración de debates valientes y sin prejuicios, como preconiza el citado foro WISE.
Las escuelas están diseñadas para preparar a las personas a desenvolverse en un tipo de sociedad industrial que está superado. El modelo 2x4x6 (2 tapas de un libro, 4 paredes de un aula, 6 horas diarias) está obsoleto, pero su fuerte arraigo mundial y la dificultad de definir un nuevo paradigma justifican su longevidad.
Bien entrados en la era digital y en la sociedad del conocimiento, en los albores de la 4ª Revolución Industrial, la educación parece resistir de forma impasible las exigencias de transformación que exige la realidad socioeconómica del siglo XXI, el entorno VUCA (Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo) de los tiempos actuales.
Un médico del siglo XIX se sentiría absolutamente perdido en un hospital de hoy, pero un profesor del siglo XVIII no tendría grandes dificultades para explicar algunas materias, entre las que no se incluiría la Historia de los siglos posteriores, obviamente.
Podría parecer que el cuestionamiento del sistema educativo ha surgido de forma reciente. Nada más lejos de la realidad.
En 1958, en su lucha por la supremacía en la carrera espacial, tras constatar la deficiente formación matemática de los estudiantes americanos, debido en gran parte a la escasez de profesorado competente en esta materia, se promulgó en EEUU la Ley de Educación para la Defensa Nacional (NDEA), dotada con cuantiosos fondos y recursos destinados a promover programas especiales de fomento de las matemáticas y las disciplinas técnicas, que dio unos resultados espectaculares en pocos años.
Apenas diez años después, Philip Coombs, que fue asesor de Kennedy, decía que “los sistemas educativos de todos los países eran dinosaurios en vías de extinción”.
En 1972, el Presidente americano Johnson encargó un informe que concluyó que “la mejora sustancial de los resultados educativos sólo se puede conseguir a través de un modelo totalmente diferente“.
En 1983, Pogrow decía que “el futuro de la educación no podía ser el mismo que su pasado”.
Estas y otras afirmaciones similares en las que se remarcaba que la búsqueda de un nuevo sistema educativo estaba en marcha en todos los países del mundo civilizado aparecen recogidas por John Tiffin en su libro”La educación en la sociedad de la información”, publicado en 1997.
Una importante reflexión que planteaba el profesor Tiffin hace 20 años, en defensa de la clase virtual, es que el modelo de aula como elemento clave para el desarrollo de la comunicación profesor-alumno, base del modelo de aprendizaje formal, no facilita la personalización de la enseñanza ni permite economías de escala.
Revisar sin prejuicios el modelo 2x4x6, cuya base es el aula, lleva implícita la revalorización del papel de los profesores.
En 2011, en el marco de un proyecto piloto que desarrollamos con las familias en el IES Alfonso X de Murcia (COMPAH), nos hicimos eco de una serie de experiencias en países como Finlandia, Suecia, Singapur o los propios Estados Unidos, en los que se da un factor común digno de ser tenido en cuenta: el respeto y el prestigio social que gozan los profesores, que siempre serán grandes protagonistas de la educación.
En Japón, los profesores son los únicos ciudadanos que no se inclinan ante el emperador, en consonancia con el lema: sin profesores no hay emperadores.
Anticipar el futuro sería mucho pedir a los sistemas educativos, que siempre van a remolque de la sociedad. Tiene cierta justificación una prudente actitud conservadora en asuntos de tanta trascendencia social y económica, pero una cosa es evitar el peligro de dar bandazos temerarios y otra, muy diferente, permanecer anclados en un pasado a extinguir, confinado entre los estrechos límites de un aula.
Se han malgastado demasiados años hablando de la necesidad de transformar un modelo educativo que todo el mundo reconoce que está fallando, que no cubre las necesidades del tercer milenio. Sin embargo nadie parece cuestionarlo de forma decidida y no abundan las iniciativas innovadoras en este sentido.
No basta con pequeños ajustes endogámicos. Como hemos dicho, se precisa un amplio debate social para conciliar la educación formal y la no formal, para articular un nuevo modelo de aprendizaje para toda la vida, para que el mundo de la educación y el de la empresa dejen de ser tribus hostiles, para fomentar la creatividad y las habilidades que se requieren para desenvolverse en la sociedad de la innovación continua.
A este respecto, en la Región de Murcia, el Plan Estratégico 2014-2020, fruto de las aportaciones y del consenso de muchas personas, que no se nos olvide, recoge:
Línea 4: Educación, empleabilidad y capacitación
La transformación del modelo económico y social de la Región de Murcia no es posible sin un cambio en profundidad del modelo educativo. La educación, en sentido amplio, es la piedra angular no sólo de la prosperidad económica de las sociedades sino también un instrumento de equidad y de realización personal.
Precisamente en nuestra región, hay algunos profesores que son dignos de mención, por su labor anticipadora del futuro, como Pablo Riquelme, ganador de la última Olimpíada de la creatividad, o Miguel Zapata, un experto en Pensamiento Computacional, materia que será objeto de un post específico, dada su aplicación con éxito en más de 5.000 centros escolares de todo el mundo, y su contribución, como dice Mark Prensky en el vídeo adjunto, a conseguir un “mundo muy, muy positivo” .