El polvorín de Valencia ha estallado de repente, aunque era de esperar que los estudiantes no tardaran mucho en salir a la calle y manifestarse, por el alto grado de insatisfacción contenida ante las medidas tomadas desde la Generalitat en recortes directos a la educación (centros, profesorado, recursos…) y, además, por esa combinación explosiva de desencanto y desilusión que acampa entre muchos y, en especial entre los estudiantes de secundaria y universitarios, quienes viéndose etiquetados como JASP (jóvenes aunque sobradamente preparados) sienten que ahora se ven en una encrucijada que pinta muy mal, con un alto porcentaje de paro para todos y, en especial para los que quieren iniciarse convencidos de que han estudiado años y que no ven nada claro que puedan a empezar a trabajar. Una situación, sin duda, que desalienta a muchos de nuestros jóvenes que tras largas horas y años de preparación y de espera no saben nunca si con lo aprendido es ya suficiente y se ven sin futuro y en una nube grisácea que los limita y que les exigirá seguir dependientes de sus padres, en sus casas, con más paramentas y verse que se cumplen años al amparo de esa sensación contenida que los minimiza y les hace estar en un paso previo permanente, sin dar el salto.
Ahora, el discurso de la crisis acampa entre nosotros, lo palpamos, ya no es exclusivo de los banqueros, de empresarios, de los políticos, ni de los sindicatos aunque muchos lo piensen y los telediarios nos narcoticen con tanto dato de la deuda, la prima de riesgo o lo que la alemana Merkel diga a los españoles…La crisis ya nos está tocando de cerca, es mucho más, es tema de calle; ahora se dice “ mientras no te toque”… lo que ocurre es que está tocando cada vez más a los sufridores directos, los que tienen que hacer magia diaria para sobrevivir y estar al pie del cañón, hacia adelante, mirando de frente, sin parar. Son esos ciudadanos que andan con sus problemas a cuestas, son las familias, las madres y padres que tienen que cargar la mochila y llenar la despensa que se vacía y no pueden bajar la guardia, son los hijos que tienen que estudiar y seguir entre los libros y mirando de reojo cómo de mal les va a los suyos y a los vecinos; son quienes vamos a las puertas de urgencias y vemos cómo los hospitales están saturados, faltan médicos y las ambulancias se retrasan horas en recoger a los enfermos y, te duele más porque le toca a tu padre…
Mientras tanto los gobernantes andan ocupados ajustando millones de euros y dando buenos consejos, dejando que cada uno acampe por donde pueda y poniendo dosis de moralina, para desviar la atención mientras el Jefe de la Policía de Valencia, identifica a los ciudadanos con los enemigos, un toque bélico, para orientar mejor ¿algo más que decir?